12.7.07


Chuang Tzu y el buen ejercicio del poder

Este texto pertenece a uno de los siete libros reconocidos como auténticos de un antiguo maestro Taoísta chino de gran prestigio entre la llamada literatura clásica del país de Confucio. De hecho este último filósofo aparece con frecuencia como personaje en los textos de Chuang Tzu (siglo III a.C.), a veces como maestro, a veces como no muy aprovechado discípulo. Otra versión, más literaria, de este mismo texto aparece interpolada en mi novela Rito de Paso (Norma, 2006).


Hacía diecinueve años que el emperador Amarillo reinaba como hijo del Cielo, y el mundo entero acataba sus órdenes. En esto oyó decir que maestro Huangcheng habitaba en el monte Kongtong. Fue a verlo y le dijo:

-He oído decir maestro mío, que habéis alcanzado el Tao supremo. En mi osadía quisiera preguntarte por la esencia sutil de ese Tao supremo. Es mi deseo poseer la esencia del Cielo y de la Tierra para favorecer el crecimiento de los cinco cereales, y así poder alimentar al pueblo. Y también es deseo mío administrar el Ying y el Yang para que se conformen con todos los seres. ¿Qué debo hacer?

-lo que deseas conocer –dijo el maestro Hunagcheng es la sustancia de las cosas y lo que deseas administrar son las heces de las cosas. Desde que gobiernas el mundo, llueve antes de que el vapor de las nubes se haya condensado, y las hojas caen antes de que yerbas y árboles hayan amarillado; y el brillo del Sol y de la Luna se ha apañado. ¿Cómo podría yo hablar del Tao supremo?

Retiróse el emperador Amarillo, y abandonando el gobierno del mundo, se hizo labrar una casita, que luego alfombró con esterillas de junco, y en ella vivió tres meses. Cumplido este tiempo, fue de nuevo a pedirle enseñanza.

Maestro Huangcheng se hallaba acostado, vuelta la cabeza al sur. Llegase hasta él el emperador Amarillo con grandísimo respeto, avanzando sobre las rodillas, y luego de tocar el suelo con la frente, le dijo:

-He oído decir, maestro mío, que habéis alcanzado el Tao supremo. En mi osadía quisiera preguntaros cómo se ha de gobernar la propia persona para vivir largo tiempo.

Se levanta el Maestro y le dice:

-¡Es buena pregunta! ¡Acércate! Te hablaré del Tao supremo. La esencia sutil del Tao supremo es profunda y oscura. La cumbre del Tao supremo está oculta y es silencio. Nada mires, nada escuches, conserva la quietud del espíritu y tu cuerpo se mantendrá recto por sí mismo (…) cuida de tu interior, ciérrate al exterior, que el mucho entendimiento lleva a la ruina. Te ayudaré a subir a las alturas de la gran luminosidad y alcanzarás las fuentes del supremo Yang.


(El maestro. www.scudit.com)

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