31.7.07


Cinencuentro homenajea a Ingmar Bergman

Me uno al homenaje que le hace un sitio especializado en cine, a un grande que ayer se fue. Cinencuentro resalta –y yo con ellos- el libro de memorias Linterna mágica, del cual posteo algunos fragmentos.

La felicidad

A veces hay una especial felicidad en ser director de cine. Una expresión no ensayada nace en un instante y la cámara la registra. Eso ocurrió hoy. Sin ensayarlo ni prepararlo, Alexander se queda muy pálido, una expresión de puro dolor se dibuja en su rostro. La cámara registra el instante. El dolor, el inasible, pasó unos segundos por su rostro y nunca volvió, tampoco había estado allí antes, pero la película captó el instante preciso. Entonces me parece que todos esos días y meses de minuciosa planificación han valido la pena. Tal vez yo viva para esos cortos instantes. Como un pescador de perlas.

Imitación de la vida

El trabajo cinematográfico es una actividad fuertemente erótica. La proximidad a los actores no tiene reservas, la entrega mutua es total. La intimidad, el afecto, la dependencia, la ternura, la confianza, la fe ante el mágico ojo de la cámara, nos dan una seguridad cálida, posiblemente ilusoria. Tensión, relajamiento, respiración común, momentos de triunfo, momentos de fracaso. La atmósfera está irresistiblemente cargada de sexualidad. Tardé muchos años en aprender finalmente que un día la cámara se para, los focos se apagan.

Tarkovsky

Cuando el cine no es documento, es sueño. Por eso Tarkovsky es el más grande de todos. Se mueve con una naturalidad absoluta en el espacio de los sueños; él no explica, y además ¿qué iba a explicar? Es un visionario que ha conseguido poner en escena sus visiones en el más pesado, pero también en el más solícito de todos los medios. Yo me he pasado la vida golpeando la puerta de ese espacio donde él se mueve como pez en el agua. Sólo algunas veces he logrado penetrar furtivamente. La mayoría de mis esfuerzos más conscientes han terminado en penosos fracasos.

Fellini, Kurosawa y Buñuel se mueven en los mismos barrios que Tarkovsky. Antonioni iba por ese camino, pero se mató, ahogado en su propio aburrimiento. Mélies estuvo siempre allí sin pararse a reflexionar en ello. Es que él era mago de profesión.

Hollywood

Otra cena, otra noche: mi agente Paul Kohner, veterano de Hollywood, había invitado a algunos ancianos directores a su mesa. William Wyler, Billy Wilder, William Wellman. El ambiente fue cálido y cordial, casi jovial. Hablamos de la directa y soberana dramaturgia del cine norteamericano. William Wellman contó como él, a principios de los años 20, aprendió el oficio dirigiendo cortos de dos actos. Se trataba sobre todo, de establecer la situación rápidamente: la escena representa una calle polvorienta fuera de un “saloon”. En la escalera hay un perrito. El héroe sale por la puerta, acaricia al perro, monta a caballo y se va. El malo sale por la puerta, le da una patada al perro, monta a caballo y se va. El drama puede empezar. El espectador ha distribuido en un minuto sus simpatías y antipatías.

The end

Me retiro antes de que mis actores o mis colaboradores vislumbren al monstruo y los invada el asco o la compasión. He visto a demasiados colegas morir en la pista del circo como payasos cansados, aburridos de su propio aburrimiento, silbados o abucheados, o cortésmente silenciados, apartados de los focos por bondadosos y despectivos mozos de pista. Cojo mi sombrero porque aún llego a la percha, y me voy andando solito, aunque me duela la cadera. La creatividad de la vejez no es, en verdad, un axioma. Es periódica y está condicionada, aproximadamente como la sexualidad, que se va extinguiendo suavemente.

(Maestro)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.