17.7.07


Más, mucho más sobre Chau Bákula y Quijano

Cumplido el cometido del post anterior, dejo por ahora a los literatos puristas por conveniencia y paso a cosas mayores. Alexandro Saco, abogado y comunicador, conduce actualmente el programa radial "Civilización" por las ondas de Radio San Borja (6-7 am, si mal no recuerdo). Me envía un artículo sobre el asunto Quijano que me apresuro a postear.

Previamente quiero contarles que José Alejandro Godoy ha avivado el fuego de la protesta contra la incalificable censura, en su blog Desde el tercer piso. Dice Godoy:

En términos generales lo que se plantea es un cuestionamiento a la falta de política cultural por parte del gobierno en general y otras decisiones controvertidas tomadas por la actual gestión del INC: enviar al cuestionado Hernán Garrido Lecca para "negociar" la devolución de las piezas robadas por Hiram Bingham de Machu Picchu, la falta de transparencia en la contratación de personal y su portal electrónico o los criterios para permitir modificaciones en el patrimonio cultural de los peruanos.
Creo que el resumen de todo es el siguiente: en un país donde pocas personas quieren hacerse responsables por sus errores, es necesario que los funcionarios lo hagan, sobre todo aquellos que se precian de su corrección personal. Por ello, esperamos que el relojito que hemos puesto en este blog tenga algún rebote más, para que la Sra. Bákula pueda hacer una seria autocrítica sobre su gestión y dar el paso al costado.

Agregaría a lo expuesto que es un sutil pero dañino error comenzar a tratar el delicado asunto de la censura a Quijano como un "tema de blog", que luego de unos días o semanas deba ser superado, o dar pie a reflexiones aledañas, como si la ausencia de crítica literaria en diarios es una forma de censura, o si la censura misma es inherente al ser humano, etcétera. La opción mejor me parece centrarse en el caso concreto del acto contra Quijano y no diluir las fuerzas. Si dejamos pasar esta primera muestra de censura, luego vendrán otras y no tengo que citar a Brecht para decirles cómo podemos terminar. El artículo ofrecido:


La ameba filantrópica

Por Alexandro Saco


Han sido minoría las voces que de alguna manera han justificado el retiro del afiche de Quijano en la Casa Mariategui. Una la de Hugo Neira y otra la de Jaime Bedoya. Ambos han hecho comparaciones en las que otros estados, en circunstancias análogas, hubieran podido actuar en el mismo sentido. Si bien es cierto que no existe una política estatal de control de creaciones artísticas, lo sucedido expresa una concepción de lo que es la perspectiva de los gobernantes y del poder sobre la creatividad.

Como señalan ambos análisis, el Estado tiene el derecho y la obligación de defenderse. Pero debe defenderse de sus enemigos, de aquellos agentes internos o externos que lo quieren destruir. Si bien el arte, más allá del caso Quijano, descree de la organización y de las estructuras de poder, su objetivo no es acabar con el Estado. Que pueda contribuir en ese sentido si es que es utilizado en determinada circunstancia social o histórica, es un asunto independiente del acto de creación. Por eso, el arte comprometido no existe; el arte es o no es arte. La creatividad no sabe de compromisos y menos políticos.

El problema es que el Estado es una ameba y su naturaleza expansiva. No hay noticia de un Estado que por sí mismo pretenda reducir su extensión, influencia o poder. Por el contrario, manifiesta una voluntad clara de abarcar todo ámbito en el que pueda hacer sentir su influencia o dirigir a la sociedad. En ese sentido, mientras dejemos que el Estado a través de sus representantes, funcionarios civiles o militares, siga considerando idóneo emitir juicios de valor con consecuencias prácticas, más lejos estaremos de una sociedad menos dirigida por esta gran ameba. La ameba filantrópica no debe seguir siendo avalada en sus desvaríos.

Existe cierta lógica en los planteamientos de Neira y Bedoya, pero ésta obvia un aspecto. El referido a la naturaleza del Estado. El Estado no es propiedad ni campo de experimentación de los gobiernos, aunque así se asuma; éste en todo caso nos pertenece y representa a todos los peruanos. En ese sentido, la comparación de lo que se haría en la Rusia de Putin, en los EEUU de Bush, en la Cuba de Castro o en la Inglaterra de Brown con determinada caricatura o manifestación artística que vaya en contra del orden estatal o se considere ofensiva a él, es un consuelo, y demuestra que el Estado en nuestro planeta, a pesar de decirse socialista o liberal, o democrático como está de moda, finalmente es el mismo. Y es justamente a esa concepción del poder estatal a la que hay que confrontar, porque su naturaleza de ameba siempre pretenderá limitar o invadirnos.

No se les pide a los funcionarios estatales salir de la cuadratura en la que consideran debe manejarse su poder. Pero creo que es excesivo afirmar que lo que se quiere es una dictadura de la sociedad civil como señala Neira; por el contrario, deberíamos observar con buenos ojos esta emergencia social es un país al que se le acusa, desinformadamente, de letargo y paciencia excesiva. La protesta social no esta limitada a las marchas callejeras y a las piedras, sino se constituye también en el rechazo escrito o hablado cuando se percibe cierta arbitrariedad. El Estado es arbitrario, su origen le permite serlo. Por eso siempre será preferible confrontar que poner alfombra roja a la ameba filantrópica.

(Bákula, Chau)

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