6.8.07


Críticos le dan con palo al Planeta 2007 en ABCD

El suplemento cultural del importante diario ABC de España se muestra inclemente esta semana con las novelas premiadas por el Premio Planeta 2007. En especial con El enigma de París, del argentino Pablo de Santis. De dicha novela, el importante crítico Miguel García-Posada dice que es producto de las exigencias del mercado, un producto íntegramente comercial, sin mayores pretensiones que las de entretener. Pero no solo eso:

Distinguido cónclave. El enigma «va» de detectives, pero no de cualesquiera detectives sino de los mejores, El Club de los Doce Detectives, que se reúne en París, en 1889, con motivo de la Exposición Universal. Club selecto cuya finalidad es la de conocer su relación con los más célebres casos de asesinato y su visión del mundo del crimen. Pero el asesinato del Detective de París altera el distinguido cónclave y desencadena una serie de peripecias que desembocan en la apoteosis del crimen y la aparición de un sorprendente asesino en serie.
Inútil buscar aquí indagación alguna en el problema del mal. Todo es mecánico, superficial, y los personajes son en consecuencia absolutamente planos. En realidad, es casi una ingenuidad plantearse tales cuestiones con obras de esta índole. Planos, los detectives (y sus ayudantes) son, para la complacencia de los lectores, de diferentes nacionalidades, lo que acrecienta el exotismo y estimula la curiosidad, y al autor le permite moverse entre estereotipos y no complicarse con otras dimensiones. Esta es una literatura de estímulos; si no, ¿de qué?
Todo ello entre librerías misteriosas, libros envenados, mujeres es, templos egipcios, desoladoras morgues. Y además, la exposición que los grandes detectives hacen de algunos casos criminales resueltos con la brillantez y perspicacia que cabe suponerles. Estas exposiciones recuerdan las alegaciones autoexculpatorias que hacen los personajes en algunas novelas de Agatha Christie, madre y maestra popular del género, cuya evocación aquí no ha de ser considerada ninguna blasfemia.
Aunque pueda resultar paradójica esta afirmación, el más inocente en todo este embrollo comercial y/o literario es el autor mismo, trátese de Pablo de Santis o de cualquier otro, pues lo que importa es el producto y el proveedor -sí- es apenas un pretexto.


Mejor le fue a Susurro de la mujer ballena, de nuestro compatriota Alonso Cueto. El comentarista de turno, Arturo García Ramos (mucho gusto), se muestra menos reticente a reconocerle méritos al texto. Luego de hacer consideraciones previas sobre la novela histórica y la novela que construye un presente, afirma:

Para el narrador peruano, el mundo aparece poblado de seres a los que identifica la liviandad, la insoportable levedad o inconsistencia del éxito personal, de la imagen que proyecta el cuerpo que habitamos. Sin ambiciones que nos procuren una vida más intensa, deambulamos por el laberinto-mundo a la espera de calmar nuestra ansiedad. De entre las angustias, ninguna tan punzante e insoportable como la de la soledad; la soledad es el fracaso, y el odio, un reducto preferible a la indiferencia. Para Cueto, el presente es una realidad que deseamos atenuada y lánguida; Lima o Nueva York son escenarios globalizados, es decir, impersonales. Y trivializamos la existencia para que nos duela menos, como un sentimiento de lejana nostalgia.

(Alonso Cueto, le va mejor que a De Santis en España)

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