21.8.07


El Jean Santeuil, de Marcel Proust

A principios de este año la editorial española Valdemar republicó la novela de iniciación Jean Santeuil, de Marcel Proust, aquel genio de ese librito que todos hemos leído: En busca del tiempo perdido. JS es un libro de considerable volumen (unas 850 páginas en la edición de Alianza Editorial, 700 en la de Santiago Rueda) que es visto por los críticos como un escrito autobiográfico donde el joven Proust construye al que sería el primer gran personaje de su narrativa.

Dividido en 10 capítulos e innumerables secciones tituladas, el libro discurre por un discreto mar de temas y lugares, aunque las constantes son los pequeños homenajes a sus escritores favoritos de juventud: Balzac, Flaubert (algunos dicen que el estilo de este libro es más flaubertiano que proustiano; a mí me parece excesiva la afirmación), Hugo, Stendhal; así como el abordamiento de tópicos de la época como el sonado caso Dreyfus. Según el escritor André Maurois –quien descubrió la novela entre los papeles de Proust y la publicó en 1952 con un prólogo ya célebre- Jean Santeuil “está escrito de un tirón, como salga, sin los pacientes retornos” de En busca del tiempo perdido.

Puede ser, pero precisamente eso hace más interesante este texto desde el punto de vista poético. Libre hasta cierto punto de las acrobacias técnicas de la opera magna, de su estructura compleja, el narrador se abandona a frecuentes comparaciones e imágenes que enriquecen el lenguaje y llegan al lector con visos iluminadores. He revisado las dos traducciones al castellano que circulan: la de Consuelo Berges y la de Marcelo Menasché (que recomiendo), y en ambas es cierto lo que dice Maurois en el párrafo final de su prólogo:

“Los proustianos encontrarán aquí de nuevo al Proust que aman, pero más joven, a veces inhábil, a menudo gran artista, y descubrirán un Proust desconocido”. Ver, como se hace demasiado a menudo, en el Jean Santeuil una suerte de proto En busca del tiempo perdido es injusto para ambas obras. La fama y resplandor de la segunda son, por cierto, justificados; pero los momentos de plácida poesía y feliz libertad que nos puede brindar JS son incomparables a su modo (y más raros en la novela mayor).

(Portada de la edición de Gallimard)

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