19.8.07


Entrevista a Ricardo Piglia en Artes y Letras (El Mercurio)

Pedro Pablo Guerrero le hace unas preguntas al autor de Respiración artificial con ocasión de los 40 años de la publicación de La invasión (1967), libro de cuentas que acaba de ser reeditado por Anagrama con cuentos adicionales. Por si acaso, ya lo puedes encontrar en Lima. Mientras termina su nueva novela, Blanco nocturno, el escritor argentino habla sobre Roberto Bolaño y Moby Dick. Unas preguntas.

-Los personajes de sus libros suelen tener ideas fijas, perseguir metas inalcanzables o ser víctimas de un recuerdo o adicción que no pueden abandonar.

-La estructura de la ficción tiene cierto elemento épico de mucha intensidad. En Moby Dick, por ejemplo, veo una especie de adicción; yo digo en broma que es una novela sobre la cocaína, porque el capitán Ahab no puede sacarse de encima esa ballena blanca que para él tiene una carga que los demás no terminan de entender. Me gustan los personajes construidos a partir de la noción de una idea fija, eso les da una suerte de densidad trágica. La adicción sería una de las posibles metáforas del asunto, un poco lo que Borges hace en "El Zahir": un objeto que no se puede olvidar, esa obsesión llena de potencialidades que es finalmente el dinero.

-Tema que ronda todas sus ficciones y ensayos.

-Sí, y me impresiona que cada vez se haga más abstracto. Antiguamente las monedas valían lo que pesaban en metal, pero los billetes son objetos muy particulares, con esas caras de héroes y el hecho de que alguien los firme, lo que implica todo ese complejo asunto de la autenticidad y la falsificación. Por eso me ha interesado tanto Arlt y su gran fantasía de hacer dinero en el sentido literal de la expresión: tener una máquina para fabricarlo. Fue también lo que me capturó en la historia de Plata quemada. El hecho de quemar el dinero me pareció un gesto muy extremo. Por otro lado, sería un contraataque de la cultura, de los escritores. La economía tiene un peso cada vez mayor en la vida cotidiana, los economistas son los nuevos intelectuales orgánicos, opinan de todo, son los gurús de la sociedad ocupando el lugar que antes tenían los médicos.

-Usted ha reflexionado largamente sobre el complot. ¿Cree que Bolaño usó conscientemente este procedimiento para situarse en el campo literario?

-Me parece que sí, con ironía, como Gombrowicz. Bolaño inmediatamente trató de definir los campos, fue muy arbitrario, desde luego, y deliberadamente injusto en muchos casos. La lucha y las tensiones que se producen entre escritores y críticos son previas al mercado, y él enfrentó las condiciones a partir de las cuales se iban a leer los libros. Sabía que si te digo que un libro es bueno, lo lees de una manera, y si te digo es pésimo, quizás no lo leas. Esta condicion es anterior a la lectura misma. Tampoco leemos del mismo modo un primer libro que el de un escritor conocido, vamos con otra expectativa. Lo interesantísimo de Bolaño es que narra eso, no sólo lo hace. Construyó novelas donde la figura del escritor está muy presente: poetas perdidos, falsos poetas, crímenes en juego o situaciones de violencia que coloca en mundos literarios. Hay un enigma con un texto que se lee de un modo o de otro.

(Piglia termina nueva novela)

2 comentarios:

  1. Anónimo20.8.07

    La delegación cubana del Bogotá39 tiene una particularidad: de los cuatro autores invitados, tres son mujeres. Se trata de Karla Suárez, Ena Lucía Portella y Wendy Guerra. El único hombre es nuestro conocido Ronaldo Menéndez, un escritor que vale la pena leer, tiene cuentos estupendos y su novela es muy interesante (muero de curiosidad por leer la nueva), quien vivió en Lima hasta hace unos años. En el diario "El Tiempo" aparece una reseña de los cubanos del Bogotá39 y en "El Espectador" nos entrevistan a los representantes del Perú: Daniel Alarcón, Santigado Roncagliolo y yo.
    Saludos desde Colombia.
    Iván

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  2. Gracias a Iván por su reporte, espero más de él. Saluditos.

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