19.8.07


Roth y un legado a seguir (el de su escritura, no el de su ebriedad)

Si el único Roth que has leído es el autor de El lamento de Portnoy o La mancha humana, ya puedes salir corriendo a la librería más cercana a barrer con lo que encuentres del austro-húngaro (Brody, su pueblo, queda hoy en Ucrania) Joseph Roth (1894-1939), obseso y alcohólico que dejó un puñado de libros que son, como dice el título del artículo que le dedica hoy Alvaro Matus en la Revista de Libros de El Mercurio, Testigos de su tiempo. Y es que el Roth europeo nunca dejó de luchar contra el régimen nazi y fue crudelísimo crítico del poder, lo cual se ha reflejado en sus valiosos escritos periodísticos y políticos recientemente publicados. Matus resume bien algunas de sus novelas más importantes.

La tela de araña (1923)
Escrita para alertar sobre la amenaza moral y espiritual que representaba el nazismo, esta breve novela apareció en un periódico vienés tres días antes del fracasado intento de Hitler de tomar el poder en Munich. Theodor Lohse, el protagonista, es un antiguo oficial alemán que, después de la Primera Guerra Mundial, se convierte en espía de una organización clandestina de extrema derecha. Los sueños heroicos y la sed de venganza son los elementos que mueven tanto a Lohse como al resto de conspiradores que pululan, como arañas venenosas, por las páginas de este libro en el que se vislumbra el estilo atemperado y condensado que caracterizará la narrativa de Roth.

Job (1930)
Reescritura de la historia bíblica que significó el primer gran éxito de Roth. Mendel Singer es un judío que siente que todos sus infortunios se deben a un castigo divino. La pobreza, el frío y la enfermedad parecen no tener fin, hasta que surge la posibilidad de marcharse a América. Singer se va junto a su familia, pero deja abandonado a un hijo tullido. El despreciado, sin embargo, se convertirá en un destacado violinista, mientras que el padre continuará dando tumbos por la vida. Con esta novela se inicia una segunda etapa en la obra de Roth, la de los años treinta, que de acuerdo a Enrique Vila-Matas está "dedicada al Diablo, un tal Lakatos, cuya imagen era la de la irracionalidad que se había apoderado del mundo, dejándolo asfixiado espiritualmente".

La marcha Radetzky (1932)
Esta "novela de la desilusión", como diría Sebald, comprende la historia de tres generaciones de los Trotta, una familia que ascendió a la nobleza gracias a que su fundador salvó la vida del emperador Francisco José en la batalla de Solferino. La desintegración de esta familia corre pareja al desmembramiento del imperio austro-húngaro, reflejando así la caída de los viejos ideales que imperaban en Europa Central: multiplicidad de lenguas, de etnias, de religiones. Como bien ha subrayado el escritor y crítico Marcelo Cohen, los héroes de Roth "caen severamente, empachados de sucesos, y el tiempo no les da un intervalo para pensar la experiencia".

La leyenda del Santo Bebedor (1939)
Andreas, un vagabundo con un riguroso sentido del honor, se encuentra bajo los puentes del Sena con un desconocido que le ofrece 200 francos. Éste sólo le pide que, cuando pueda, se los restituya a santa Teresita de Lisieux. A partir de ese momento, Andreas luchará con todas sus fuerzas por resistir a las múltiples tentaciones (mujeres, amigos, alcohol) y llegar a la iglesia de Sainte Marie des Batignolles, donde además de pagar la deuda, podrá alcanzar un poco de paz interior. Publicada después de su muerte, la novela es el testamento estremecedor de un autor que por esos años también vivía en París, en un minúsculo cuarto de pensión, escribiendo y bebiendo. "Así soy realmente: maligno, borracho, pero lúcido", declaró Roth poco antes de morir.

(Joseph Roth, alcohólico y genial)

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