30.9.07



Camilo Marks y una crítica del estilo

Acabo de leer en la Revista de libros de El Mercurio una virulenta crítica del enfant terrible de la crítica chilena, Camilo Marks –abogado y especialista en Seguridad Social, para más señas-, sobre Radio Ciudad Perdida, de Daniel Alarcón. Voy a evitar una serie de sensaciones que me deja su texto, entre ellas la de un curioso encono contra la narrativa joven latinoamericana (recordemos sus ataques a Fuguet, Bisama, y cuando le reprochó "demasiada inteligencia" al narrador y editor Juan Forn, entre otras perlas), para centrarme en lo (poco) que dice sobre el libro.

…el texto es estilísticamente pobre, reiterativo, opaco, sin ningún rasgo particular que lo distinga de cientos de productos similares forjados a medio camino entre la internet, la wikipedia o el youtube

Me pregunto si una riqueza de estilo –asumiendo que el de Alarcón sea, como él quiere, pobre- nos garantiza algo más que el beneplácito onanista de un crítico impresionista. Me pregunto si lo que el crítico consideraría un estilo “brillante”, “claro”, es lo único que debe tener una novela para ser considerada recomendable. Si así fuera, ¿a dónde irían entonces tantos libros cuyo estilo es oblicuo, deliberadamente árido o simplemente ambiguo? Qué haremos ahora con algunos libros de Gracián, Broch, Beckett, Lobo Antunes, Bellatin y muchos otros?

Luego de resumir apuradamente la trama de Radio Ciudad Perdida, Marks anota:

Radio... se transforma en una trama tan fantasiosa, tan espectral, tan hermética, que no solo cuesta seguirla, sino que el interés inicial que pudo despertar se va perdiendo en medio de una marejada de situaciones y conflictos por completo abstractos, indiferenciados, difusos hasta lo ininteligible.

El crítico habla como si lo espectral y hermético fueran rasgos negativos en la literatura. Esto evidencia un desconocimiento agresivo de una buena parte de la narrativa del siglo pasado, y de este. Las grandes novelas de anticipación y antiutópicas -estamos hablando de Nosotros, de Zamiatin; 1984, de Orwell; de Neuromante, de Gibson; pero también de otros universos: Kafka, Pynchon, Palacio, Levrero...- son asfixiantes, herméticas y ciertamente deben de ser leídas como “abstracciones”, “elaboraciones” por alguien tan cerrado de miras, tan negado para lo nuevo como para decir (en esta entrevista) que:

Hay gente de 30-40 años que manifiesta un síndrome de originalidad desesperada. Ese estilo sofocado que puso de moda Fuguet lo emplean todos, Sergio Paz, Álvaro Bisama. Esa cosa retorcida, ¡si la originalidad agota! Una persona original es entretenida 10 minutos, pero qué haces con una persona original, ¡te mueres de aburrimiento!

!Qué pobre percepción de la originalidad, qué cerrazón necia (revestida de “lucidez”) a la experimentación y lo nuevo! ¿Será necesario recordarle al crítico que al repudiar de esa manera la búsqueda de nuevos caminos en literatura, lo que está haciendo es afincarse en una cómoda y burguesa concepción del arte que no solo es poco revolucionaria -ya que estamos en su nota- sino que avanza hacia los linderos de lo arbitrario? Sí.

Bajando un poco el tono, puedo comprender que a un crítico le repelan las novelas futuristas, la búsqueda de la narrativa joven y la sci-fi. Gustos son gustos. Hasta es entendible que un crítico como él piense que una novela como RCP sea “mortecina” y “de laboratorio”. Sabemos por las novelas que ha publicado (y elogiado) que más bien aprecia las historias políticas, históricas, con una contextualización explícita y un rollo sociológico. Solo me preguntaré: ¿ese gusto personal justifica el hacer pública una impresión tan subjetiva e inútil como la vertida en su reseña? ¿Es permisible intentar desmoronar con una crítica de estilo y prejuiciosa a un libro exitoso como este solo para continuar construyéndose una imagen de crítico implacable y destructor?
Creo que la tarea inicial de un crítico es desconfiar de sus propios gustos. Otra es evitar el facilismo de forjarse una imagen de poder por medio del ejercicio del ensañamiento y de la injusticia crítica. Marks falla en ambos puntos. Es cierto, la formalidad lo ampara; por lo menos publica sus efluvios seudolúcidos con su nombre. Desde la ética, la cosa es absoluta y diametralmente distinta. Por último, es una lástima que hayamos llegado al punto en que el énfasis brutal, el atrevimiento irresponsable y la efectista visceralidad hayan llegado a ser considerados signos de inteligencia. Un buen tema para una novela futurista. ¿Alguien se anima?
(Camilo Marks)

7 comentarios:

  1. Es bueno que nuestro Camilo no se apellide Marks.

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  2. Anónimo1.10.07

    muchos escritores chilenos actualmente toman a broma las críticas del selor Marks, por la cantidad de sandecez que ha derramado desde El Mercurio. Comparto tu indignación pero es que nosotros estamos ya acostumbrados.

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  3. Anónimo1.10.07

    claro, te refieres a Camilo Torres no espléndida?

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  4. el datero2.10.07

    Faverón también reprocha a Marks:


    Él simplemente declara al libro fallido en todos y cada uno de sus aspectos, desde el fraseo hasta la estructura argumental. Su trama le parece absurda --a pesar de que la historia del programa de radio que Daniel cuenta en la novela es, como sabemos los peruanos, real--, pero no explica qué tiene de absurda. Le reclama a la novela una supuesta debilidad de la intriga, pero olvida que la intriga no es un requisito de toda novela y no sé si no comprende o no quiere hacer notar que Lost City Radio no es una novela ni de suspense ni de misterio ni de intriga.

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  5. Tal parece que la introducción de elementos futuristas o fantásticos (en un registro de fantasía distinta a la de Tolkien, por poner un ejemplo) es un poco difícil de digerir para algunos. ¿Por qué a algunos les cuesta admitir que no entienden algo (a cualquiera le puede ocurrir), y en cambio, optan por hablar mal de lo que no conocen?

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  6. Anónimo2.10.07

    El crítico siempre tiene la posibilidad de abstenerse de opinar sobre un libro si no lo entiende, le disgusta demasiado el género o no está capacitado para abordarlo. Si a pesar de eso, lo critica desde posiciones precarias, solo por oponerse a su éxito o por estar a contracorriente de la nueva narrativa o poesía, entonces estamos frente a un caso de mala fe o estulticia.

    Qué eso se venda como lucidez, o como inteligencia -como se ha dicho acá-, es ya demasiado.

    Fidel K

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  7. Anónimo4.10.07

    Obviamente si se emparienta la novela de Alarcón con tantas y tales obras de artistas renombrados, todo lo que cualquiera puede decir en su contra suena fatuo e invidioso. Pero por qué no analizar la obra de alarcón por sí misma? ¿funciona narrativamente? ¿la historia produce la serie de efecto diversos que pueden resumirse en el clásico deleitar y enseñar? ¿es una mejor aproximación a la violencia política que guerra a la luz de las velas (para situar al autor dentro de su propia obra). Falta gente que se anime a chequear el texto a fondo y no recurrir a la ética y la moral para amordazar al que disgusta.

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