9.9.07


DeLillo y Blanchot en ABCD

Juan Manuel de Prada examina en el suplemento cultural del diario ABC el reciente libro del escritor norteamericano Don DeLillo (White noise, Underworld), titulado en castellano El hombre del salto:

Se suele acusar a DeLillo de confeccionar personajes fragmentarios y bidimensionales, bosquejos de hombre extirpados de alma. ¿No será que en realidad los hombres contemporáneos somos así, que hemos extraviado esa tercera dimensión que nos completa? Los protagonistas de esta novela quizá sean algo más humanos de lo que en DeLillo es habitual; pero la mirada del autor sigue siendo la mirada clínica de siempre, esa mirada que convierte el mundo en una geografía gélida y abstracta, sin luz ni color, a la vez familiar y extraña: reconocemos los lugares que los personajes habitan, pero son lugares despojados de las cualidades de la vida real: coherencia, inteligibilidad, sentido. Ése es el universo de Don DeLillo: una pesadilla de extrañamiento y alienación, un «fragor de derrumbe» como el que se nos describe en las soberbias páginas iniciales, donde el fulgor helado de su prosa se muestra en su máximo esplendor, un mundo extirpado de alma, como la imagen de esa camisa que flota en el aire de la mañana, a la deriva, agitando los brazos en un aspaviento convulso. El hombre del salto es un elegía hechizante y amedrentadora, con el efecto petrificador que tenía la mirada de la Gorgona.

La naturaleza posapocalíptica y límbica de la novela (y de la realidad actual) –explorada bajo sus parámetros por Cormac Macarthy en The road (2007)- es señalada por el escritor español con claridad:

Vivos en el limbo. Una elegía sin sentimentalidad que conmemora a los muertos, pero sobre todo a quienes sobrevivieron al atentado y arrastran una condena acaso más lacerante, que es la de seguir vivos en una suerte de limbo. Nos hallamos ante la mejor novela de su autor desde Submundo: aunque la lastren algunos desfallecimientos, El hombre del salto nos devuelve en plena forma al zahorí de nuestra época, penetrando con clavidencia entre las cenizas de un mundo en el que, como en un paisaje posapocalíptico, Dios es la voz que dice: «No estoy aquí». (ver artículo completo)

Blas Matamoros, en otra reseña, aborda en el año del centenario del nacimiento de Maurice Blanchot, de manera crítica, la producción intelectual del francés. Dice Blas que

de sus comienzos quedan algunas novelas que podemos adjetivar de filosóficas: Tomás el oscuro, Aminadab. Luego se afianzó en el ensayo: Pasos en falso, La parte del fuego, La entrevista infinita (entretien: entretenimiento, empresa, sustento), El libro por venir, Lautréamont y Sade, Kafka, El espacio literario, La amistad, La comunidad inconfesable, creo que todos ellos accesibles en castellano. Pasó junto a sucesivas modas culturales sin envolverse en ellas. Si recabamos sus fuentes, puede sorprendernos su heterogeneidad: Artaud, Hölderlin, Mallarmé, de nuevo Kafka. De Heidegger heredó la profesión de dar vuelta a las palabras, no como hermeneuta ni filólogo sino para que ellas dialogaran entre sí. Heideggeriano pero del costado Gadamer: pensar es conversar, discutir, hacerlo contra sí mismo. Nos habituó a pensar fuera de la congruencia, de la coherencia, en el partido de la oposición que empieza por definirnos como opositores de nosotros mismos. En esto, quizá deba lo suyo a Nietzsche. Y, ya que estamos, a Valéry, que buscaba en la oscura profundidad lo inagotable posible.

Luego de señalar con buen criterio histórico el nihislismo filosófico del autor de Thomas el oscuro, el crítico determina una esencia romántica en el ensayista francés (el enigmatismo que profesó Blanchot apenas lo he esbozado en una nota publicada aquí):

Parece una herencia romántica, pero se trata de una permanencia romántica, que no resulta lo mismo. Ciertamente, de Kafka tuvo en cuenta el dictamen: escribir como si estuviéramos muertos. Ya Chateaubriand había propuesto instalarse en la ultratumba para rememorar. De este viaje al más allá se vuelve al más acá con un puñado de páginas escritas que son capaces de zafarse del tiempo, sus usuras, sus agresiones, su definitiva extinción. A veces, no hay estricta escritura, hay música -signos que se significan a sí mismos, que son un mundo, en tanto la palabra trata de hacer lo mismo y no puede: significa al mundo- o memorables garabatos que nos asombran por su presencia aunque daten de milenios: el bisonte de Altamira. (leer completo)

Blanchot y DeLillo, dos escritores de profunda originalidad que marcan ciertas pautas en las literaturas de la segunda mitad del siglo veinte, en el caso del francés, y de la primera mitad del veintiuno, para el americano. Dada sus capacidades de penetrar crativamente en sus respectivas realidades, es imprescindible frecuentarlos.

(Don DeLillo)

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*Historia de las mentalidades en El dominical. Jorge Paredes hace una interesante entrevista hoy en este suplemento al prestigioso historiador francés Michel Vovelle, con ocasión de su visita al Perú. Pregunta. ¿Cómo el modo de pensar influye en el proceso histórico? Las mentalidades tienen importancia en la evolución histórica, pero por supuesto aquella no se reduce solo a una asociación de mentalidades, de representaciones colectivas. Yo diría que existe un cruzamiento entre lo mental y lo material y recupero lo que decía Althuser, quien se preguntaba qué era lo determinante en la historia, y afirmaba que existía un entrelazamiento de tiempos: el tiempo de la economía, el de la mentalidad y el de la coyuntura social. En los procesos históricos todos estos tiempos están combinados de forma compleja y se alimentan recíprocamente. (sigue)
*Lauer sobre Mulder en La República. “Un mongo” se titula la columna donde el poeta y periodista analiza la figura política de Mauricio Mulder. Dice Lauer: “El reguero de desatinos gratuitos (de Mulder) es interminable: Paniagua desactivó los teléfonos de tres cifras, Humala está detrás de la supuesta huelga policial, la oposición dañó la licitación de patrulleros por "críticas sin pruebas" (la especialidad de Mulder, nada menos), emplaza a la APCI y a la Cancillería. (…) Muchos personajes oficiales incómodos comentan que Mulder no es toda el Apra y que no tiene nada que ver con el gobierno. En los hechos el congresista aparece como una especie de Julio Favre versión Alfonso Ugarte, aunque allí probablemente no sobreviviría una semana sin el indispensable apoyo de Alan García, su inventor.

*Vargas Llosa sigue cuestionando. Me entero por El Universal de México que MVLL sigue con la mecha prendida. Esta vez el manoseadísimo realismo mágico la sufre: "Durante mucho tiempo (la expresión realismo mágico) se usó como una etiqueta para englobar toda la literatura latinoamericana. Eso era impreciso", dijo Vargas Llosa como parte de una respuesta acerca de como veía la literatura latinoamericana después del realismo mágico (...) "La etiqueta realismo mágico ni siquiera sirve para englobar a escritores de literatura de imaginación como Juan Rulfo, García Márquez, Julio Cortázar o Borges. Cada uno tiene su propia mitología personal y su propio mundo", agregó el escritor. Tal vez sea difícil coincidir con la ideas políticas de Vargas Llosa, pero cuando se pone en plan de cuestionar ideas literarias es admirable.

*Y, por supuesto, no pueden perderse la entrevista que le hace hoy Antonio Muñoz Molina a Don DeLillo en El País. "El acto de escribir requiere una concentración muy intensa, que lo fuerza a uno a examinar las cosas con más profundidad. Me sucede muchas veces, en algunas situaciones, que no estoy seguro de lo que pienso sobre un cierto asunto hasta que no me pongo a escribir sobre él. He escrito a veces sobre cine o sobre música de jazz, y el hecho de saber que tenía que escribir acerca de una película o de un disco me hacía mirar y escuchar con más claridad. Hay gente que se pregunta si no será demasiado pronto para escribir una novela sobre el 11 de septiembre. ¿Con qué escala de tiempo podemos medir la distancia adecuada? Un escritor no opone resistencia a una idea poderosa, y tampoco elige del todo el tema de una novela. ¿Cuánto tiempo habría que esperar? Pero yo ya no tengo 25 años...". (sigue)

3 comentarios:

  1. Anónimo9.9.07

    víctor he leído las dos reseñas que recomiendas y la verdad que da envidia el nivel de los comentaristas de libros de los diarios españoles. Ojalá tuviéramos algo parecido acá.

    Carlos Cuevas
    DNI 18542232

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  2. Anónimo10.9.07

    BUENO, LAS CRÍTICAS QUE HACE NIÑO DE GUZMAN NO ESTÁN MAL, NO?

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  3. Sí, recuerdo mucho una semblanza que hizo de Robert Walser, magnífica. Incluso Enrique Vila-Matas me escribió contándome que la haabía leído y le pareció excelente.

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