26.9.07

Horacio Quiroga y el orden de los factores

Una de las cosas más gratificantes que le brinda un blog a un escritor es la libertad de no tener que esperar el aniversario de un nacimiento, o la muerte de algún escritor, o los 20, 30, 40, 50 años de la publicación de un libro, para hablar de ellos. Haciendo uso de esta deliciosa libertad hoy quiero referirme brevemente a la obra de Horacio Quiroga. Más específicamente, me referiré a la teoría del cuento del autor de Los desterrados (1926). Y más específicamente todavía a un consejo (un truc, como él lo llamó) que no recogió en su archifamoso “Decálogo del perfecto cuentista”. Cito de la preciosa edición de los Cuentos completos (ALLCA, 1996):

Entre los pequeños trucs diseminados por un relato, sea cual fuere su género, hay algunos que por la sutileza con que están disfrazados merecen especial atención.
Por ejemplo, no es lo mismo decir: “Una mujer muy flaca, de mirada muy fija y con vago recuerdo de ataúd”, que: “Una mujer con vago recuerdo de ataúd, muy flaca y de mirada muy fija”.

En literatura, el orden de los factores altera profundamente el producto.

Según deduzco de mis lecturas, en estas ligeras inversiones, de apariencia frívola, reside el don de pintar tipos”. (Los trucs del perfecto cuentista”, pp 1191-1192)

Yo restringiría la genial observación de Quiroga al relato: “En cuento, el orden de los factores altera profundamente el producto”. En la novela –salvo que seas un Vila-Matas, un Baricco- hay más permisividad con la frase desmañada, con la expresión suelta en cuanto a la ordenación de las palabras, pues los objetivos de la novela son más amplios (y distintos) que los de los cuentos.

Ahora, puede que el escritor uruguayo extrajera está máxima de su experiencia con la poesía. Es en este género donde constituye una regla casi general, y en muchos casos un presupuesto común. La idea es perfectamente admisible si recuerdan que el primer libro que publicó Horacio Quiroga, Los arrecifes de coral (1901), contiene dieciocho poemas de un simbolismo tardío que, más allá de su valor estético, evidencian una preocupación extrema por la expresión –dio fe de ello en su momento Julio Herrera y Reissig.

Claro, se puede objetar que a Quiroga, como a Arlt, se le reprochó “la incorrección y descuido" en la escritura –lo dice Abelardo Castillo en su prólogo a los Cuentos Completos-; pero bien visto esto no se condice con la preocupación por el orden de la frase y su capacidad de comunicar. ¿Se puede ser un obseso de la expresión y tener algunos errores ortográficos o reiteraciones? Yo creo que sí. El gusto por la poesía francesa dio a Quiroga un sentido poco común ya en su época (no hablemos de esta) de cómo decir lo que quiere decir. Este plus hizo que el gran cuentista del siglo pasado reparara en detalles cruciales que no pocos escritores, incluso hoy, descuidan.

(Horacio Quiroga)
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Límbicas
*Marcha de solidaridad con El ojo que llora. Transcribo un mensaje llegado a mi correo: “Se invita a todas las personas e instituciones a participar de manera pacífica y firme, sin caer en provocaciones. A las 10:30AM del JUEVES 27 DE SEPTIEMBRE se realizará una pre-concentración en la Plaza 2 de mayo, para salir a las 11AM con destino a la Alameda de la Memoria, pasando por la Av. Wilson, Av. 28 de julio, Av. Salaverry, Jr. Nazca y Av. Central, para culminar en torno al memorial ‘El ojo que llora’. Allí, daremos lectura a un manifiesto ciudadano y rendiremos homenaje a todas las víctimas sin exclusión alguna, cuya memoria y dignidad han sido manchadas y agredidas por la acción vandálica.” (Colectivo Ernesto Castillo Paez).
*Nace Alianza Peruana de Editores. Perú 21 da cuenta hoy de la creación de la ALPE, organismo que agrupa a las editoriales peruanas sin importar su tamaño, según dicen.
*David Huerta sobre los críticos literarios en El Universal: "Uno de mis dogmas —no les tengo miedo a la palabrita y a su significado, por lo menos en el campo literario— es que quien no sabe de poesía no sabe de literatura. Casi nadie sabe de poesía, por lo tanto… (complete el silogismo el amable lector de esta columna). Pues bien, los opinadores de marras afirman, en medio de esas animadas conversaciones, como si tal cosa, que tal o cual poema es una maravilla, o simétrica y no menos contundentemente, que se trata de una mamarrachada; en ningún caso aducen razones para documentar su parecer. Lo que importa es el aplomo con el que emiten o expelen su verdad. Cuando uno los interroga tímidamente sobre asuntos elementales de poesía, fruncen el ceño y rechazan, levemente indignados, esas inquisiciones o impertinencias. (Sigue leyendo)

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