2.9.07


La Catedral: muerte, poesía, otras contradicciones

Todos recordamos a esa maravilla arquitectónica natural que fue La Catedral, desaparecida con el reciente terremoto en Pisco. El poeta Salomón Valderrama pasó allí buenos meses este año, inspirándose. En retribución a esos buenos momentos, ha escrito un texto y un poema sobre ese fabuloso sitio. Va el texto primero.


Abrupto abres estilo
Y te mueres desterrado
Íntegro en tu sueño
Metálico y feliz


Aparecer. Desaparecer. Ese es el acto de crear. Aquel que crea sufre, ejecuta una desintegración, la realidad misma se desarma, se hace pedazos en él para luego jugar, a riesgo de extravío, a rearmarlo todo despacio. Muy despacio encumbrar las nuevas murallas para evitar que otros vean nuestro gran, imposible y delicado reino. Solo posible por nuestra elección de exilio, de estilo. Por nuestro atrevimiento y desafío hacia aquellos grandes hombres locos que lo remozaron todo en su cataclismo y enfermedad capaz de circundar y limitar a todos.

Así es la belleza que florece. Su aparición es rústica, una locura, hasta que por fin nos pervierte. De inevitables: nos fascina. Dramatis personae envuelta solo obedece. Su refrenamiento en lo que aniquila ya no es posible.

Golpe a golpe inconmensurable se avecina una destrucción. El cuerpo es solo carne. Carne podrida que hace belleza. La gran contradicción es la madre todopoderosa; no se calma hasta hacer el gran fin y el gran principio. Nada es coincidencia. El azar no existe. Los núcleos siempre se encuentran. La belleza aplastará belleza.

Nada nos ha atado tanto a la vida como la muerte. La espectrante longevidad que execramos y espectamos irse debe ser nuestro nacimiento. Y la furia que detuvimos ante nosotros mismos en la lejanía debe crear y ponderar la liberación de los que no tendrán jamás la oportunidad de ver nada más que todo lo hermoso que dejó aquella carne consumida. Transformada en irse: horrendas bellezas se abrazan felices.

Uno llega del aire, del vacío inexplicable o de una puerta tan cercana a nosotros mismos que no la vemos. No hay salida en uno: el retorno es otro, extrañísimo. Y ay del que se reconozca: ¡su presencia será borrada! Pero todo será imposible. Nuestra carne tan propincua a la madera se ha astillado en nuestra creación terca, irresistible, en derrumbamiento constante, se abre fácilmente por delicada, torna imposible su propio sustento y casi ya muerta descubre en su utopía un saber metálico, robótico, para equilibrar los nuevos sueños entre otras luces y obscuridades descubiertas.

La vida en su máxima altura y maravilla de ser entre todas las cosas debe también comprender la necesidad de verse intensamente copiada por las masas inertes. La búsqueda de equilibrio entre lo muerto y lo vivo está dado desde el principio. Su extensión y armonía se vislumbra ubicuamente. Seres metálicos viven y son cumbre en alguna realidad.

La desaparición absoluta de las cosas y entre ellas de la vida ¡ya no es posible! En nosotros, en nuestra mente, se ejecutan los lazos interminables con otros lejanos orígenes.

He pensado con la ciencia de la poesía y hacia ella voy con mis peligros puros. Abriendo y cerrando otras contradicciones en un poema que vive y siente a través de mí esta causalidad viviente de lo vivo en lo muerto y viceversa. La misma que ensangrentada florece en la obra de Juan Ojeda, Gérard de Nerval, Paul Celan, William Blake y otros que no soportaron pero evidenciaron tal mácula.

(Recuerdo de la bóveda)

1 comentario:

  1. Anónimo3.9.07

    ya no veremos más la catedral. felicitaciones por el nuevo formato, es más amplio. saludos.

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