20.9.07

Plagios psíquicos

Hace un par de semanas nos enteramos por el blog de Jean Francois Fogel que se había desatado una polémica en medios franceses alrededor de una acusación de plagio psíquico hecha por la escritora Camille Laurens a su hasta entonces amiga Marie Darrieussecq. Según la acusadora, la autora de la novela Tom est mort (POL, 2007) habría plagiado su novela publicada en 1995, titulada Philippe, donde narra un hecho que le sucedió a ella, a Laurens: la muerte de su hijo poco después del parto. "Laurens afirma que Darrieussecq hace un “plagio psíquico” de su obra al relatar la muerte de un niño aunque nunca pasó por esta situación", nos cuenta Fogel.

Por cierto, tanto Darrieussecq como los propios editores de su novela han señalado que el pleito era un despropósito entre otras cosas porque el duelo es, evidentemente, un tema universal, y porque no se puede calificar de plagio a una reelaboración -en el peor de los casos- de un tema de novela. Inmediatamente recordé el caso de Violette Leduc y Jean-Paul Sartre, que está, digamos, evidenciado en el libro póstumo de la autora de La locura ante todo, La cacería del amor (1973). Luego de revolver cielo y tierra en mi casa, logré encontrar el libro, así que puedo contarles todo.

Leduc debe ser uno de los casos más célebres de la literatura moderna de gente con perturbaciones mentales que logra hacer una obra de calidad. En cierto modo prácticamente todas sus novelas pueden ser calificadas como autobiográficas, y en ellas el miedo, la paranoia, la enfermedad, y crudos sentimientos de inferioridad y carencia afectiva son explicitados. Yo he leído La Bastarda y La cacería del amor, y en ambos he hallado situaciones embarazosas de delirio tratadas con un estilo algo lírico -histriónico, por partes- muy característico de ella. Cito la parte en que se refiere al autor de El ser y la nada en su libro póstumo:

Un crujido. Dos crujidos. El vampiro de guardia está en su puesto. ¿Dónde podré vivir en paz, inquisidor? Han traído ratas para perturbarme, ratas disfrazadas de vampiro. mi vida está acabada, y viviré. Sartre. Sí, usted. Lo estimo, lo admiro. No sospechaba de usted. Ahora sospecho. Usted me ha escarnecido. No hubiera creído eso de usted. Hay un loco en Los secuestrados de Altona. Ese loco soy yo. A usted le han dado informes. Quizá Simon de Beauvoir le haya hablado de mí. Usted se ha inspirado en mi estado de ánimo. Mi estado de ánimo me pertenece. Me pertenecía, usted se ha apoderado de él. Eso no está bien, Sartre, eso no está en modo alguno bien. El hombre siempre encerrado en lo alto de la casa soy yo. El vampiro le habrá ido con cuentos. Usted lo ha copiado todo: mi cuarto, mis gritos, mis explicaciones. (énfasis mío)

Supongo que no tengo que recalcarles el extraordinario parecido de la situación entre estos dos escritores con la que viven ahora Marie Darrieussecq y su ex amiga. En general, todos tendemos a creer, cuando sufrimos en extremo, que lo que nos pasa es solo nuestro y es una experiencia "única". Bueno, el asunto es que Leduc, aunque no llevó a los tribunales a la pareja perfecta, hizo cierto ruido mediático con sus quejas, y el incordio pasó a la posteridad como una acusación exacerbada de una escritora talentosa cuya dependencia psíquica (y editorial) con respecto a la Beauvoir y a Sartre era por todos conocida en los sesenta. Además, no hay que olvidar que la autora de El segundo sexo confesó que había suprimido varios pasajes del manuscrito original de La cacería del amor y de otros libros de Leduc, según ella porque eran pesados y reiterativos.

Pero esos no son los únicos temas que trató Leduc en sus libros. La cuestión de la censura falocéntrica y homofóbica, por ejemplo, ha sido bien estudiada en su obra. Tomemos el ejemplo que examina Eugenio Nuñez Ang en su estudio "La sexualidad femenina en cinco escritoras del siglo XX. Colette, Violette Leduc, Monique Wittig, Marie Cardinal y Catherine Millet":

Mi construcción se viene abajo. La censura ha hecho caer mi casa con la punta del dedo. Si pudiera echarme a sus pies me echaría. Me explicaría. Le diría que el principio de Estragos no es puerco. Es verdadero. Ensuciará al que quiere que lo ensucien. Es amor, son descubrimientos. Thérèse e Isabelle son inocentes. Se aman en un colegio durante tres o cuatro noches. No ven el mal. ¿Lo vería la censura donde no esté Thérèse e Isabelle? Son demasiado auténticas para ser viciosas. No hay vicios. Hay enfermas que necesitan curarse. (…) El editor teme la censura, ya lo he dicho. Le repele la franqueza de un texto. Se acabó, he perdido mi tiempo, Isabelle. No eres una mercancía que se vende con rebaja en los muelles. Eres un artículo ajado. No te mostrarán a la clientela. Tenía dieciocho años. Thérèse la ha perdido, Thérèse la pierde aún […] La literatura es un abismo. Estoy en ese abismo. Soy un parásito con parásitos ante mí.

¿Cómo? ¿El editor también? Demasiados enemigos, me parece. Además, habría que discutir cuál es la idea de verdad que maneja la escritora ("el principio de Estragos no es puerco, es verdadero"). Aunque en este caso el reproche -plañidero, para mi gusto- esté justificado. Violette Leduc vivió una vida atormentada sobre todo por sí misma (lo que no le impidió hacer amistades notables) que, sin embargo, no le dio como para llevar al curso legal su acusación de plagio psíquico al gran Jean-Paul Sartre. Tal vez en el fondo sabía que había algo de ridículo y gratuito en sus crisis paranoicas (pero no en sus obras).

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Límbicas

*Encuentro de Editoriales Independientes. Hoy jueves 20, a las 7:30 pm en el auditorio del Centro Cultural Peruano Británico (Jr. Bellavista 531. Miraflores) continúa la tercera fecha del I ENCUENTRO DE EDITORIALES INDEPENDIENTES, con la presentación de (sic]Libros, Editorial Estruendomudo y Borrador Editores. El conversatorio tendrá como ponentes a Germán Coronado, Jaime Vargas Luna y Pedro Villa. No falten.

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