29.10.07


La reina de Saba (magnífico anticipo de El Comercio)

Guillermo Niño de Guzmán ha traducido para Península La Reina de Saba, libro póstumo del novelista francés André Malraux (La esperanza, El tiempo del desprecio). El Dominical de hoy trae un adelanto que a continuación reproduzco en parte.

DE NUEVO SOBREPASAMOS LAS NUBES

Esta vez ya no se trata del banco del sur. Las nubes rasgadas se desplazan velozmente detrás de un tumulto geológico de montañas abigarradas y de una masa rojiza de picos enhiestos, desligadas del cielo y de la hoguera de abajo. Esas montañas pasan por ser las más sobrecogedoras del mundo junto con las del Tíbet. Y, en efecto, recuperan y hacen bullir dentro de nosotros un alma de hechiceros primitivos. Sobre una bruma tan tupida como la de las estampas japonesas, pero enrojecida y amenazadora, una colosal dentadura de tiburón irrumpe ahora aislada en el cielo. Y, a medida que avanzamos, la desaparición de la superficie le da a estas formas un carácter cada vez más irreal, como si sus pendientes verticales no se juntaran en ningún punto y como si sus colmillos penetraran hasta las profundidades de la tierra. No obstante, se abalanzan sobre nosotros como una gigantesca tropa prehistórica, aún sublevadas por el grito que Alá soltaba al hablarles del profeta: "¡Y ustedes, montañas, canten con él mi gloria!". Ellas, por otra parte, aparecen escalonadas, cada vez más hacia arriba, como para entonar un canto triunfal alrededor del Dios único. El aparato se encabrita y se alza con el movimiento del caballo que duda ante el obstáculo que va a saltar. La segunda barrera surge frente a nosotros, menos aguda, más maciza, muy turbia: nuestra visibilidad no llega a los diez kilómetros. Mucho menos espesa que a ras del suelo, la bruma de arena alcanza, al disiparse, una altura considerable. Todo aquello que nos podía ser de ayuda desaparece de golpe: ni pensar en la carretera -una simple pista- ni en los postes de telégrafo, y, ni siquiera, en las montañas que podrían servirnos de guía.

Por el extenso fragmento adelantado, puede verse que se trata de una suerte de novela histórica –o con mucha carga histórica- escrita en clave de relato de viajes. Niño de Guzmán dice en su introducción:

En un frágil avión de turismo, con mapas poco confiables y una autonomía de vuelo que no superaba las diez horas, Malraux y su compañero se lanzaron a la aventura. Para colmo, es una exploración no autorizada. Por tanto, saben que si se produjera una falla mecánica y tuvieran la suerte de sobrevivir a un aterrizaje forzoso, serían aniquilados por los nativos que les disparan cada vez que divisan su aeroplano. El resultado es un emocionante testimonio que fue difundido por entregas en su momento y que no había sido recuperado en forma de libro.

Si examinamos la imagen del libro que se nos da con este fragmento, a la luz de las fascinantes Antimemorias de Malraux, y si, como parece, el autor ha sabido conservar la destreza narrativa y fuerza que supo fijar en la archifamosa La condición humana y sus otras novelas, puede que estemos entonces frente a uno de los acontecimientos literarios más significativos del año.

(Malraux en sus años mozos)
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Límbicas
*González Vigil sobre novela de Lucho Freire. "Como vallejista estimo que Vallejo da para más que la novela de Freire Sarria, para un libro de envergadura, totalizante de nuestra época; empero, considero que Freire Sarria ha tejido una obra valiosa, acorde con la personalidad de Vallejo, sagazmente nutrida de escritos suyos: el sabroso diálogo con Paco Yunque o la admirable forma como sostiene que la casa en que nació no "lo olvidó nunca" (p. 144, se inspira en el poema en prosa "No vive ya nadie en la casa"). El acierto mayor: humorista contumaz, Freire Sarria ha rescatado el espíritu burlón e irreverente de Vallejo (ampliamente testimoniado), verbigracia cuando ante una provocativa española reacciona así: "España, acerca hacia mí este cáliz -la piropeó Vallejo, midiéndole las curvas" (p. 130). La novela de Freire se titula César Vallejo se aburrió de seguir muerto en París.
*José Güich plantea debate en Correo. "Ya contamos con un grupo de narradores –nacidos después de 1960– decididos a franquear esa barrera. Algunos nombres ya son referentes indudables, como Carlos Herrera, Enrique Prochazka o José Donayre. Si estos autores, entre otros, encarnan una continuidad respecto a ilustres pioneros como Adolph, Buendía, Durand o Loayza, la discusión deberá ampliarse fuera de los límites de este espacio", dice el crítico, y tiene mucha razón. Esto dentro de una reseña a Cuentos de bolsillo, de Harry Belevan.

1 comentario:

  1. A mí me pareció magnífico el párrafo final del artículo de José Güich:

    "En cuanto al panorama actual de la literatura fantástica en estas tierras, los síntomas son estimulantes. Incluso la ciencia ficción, noble capítulo, anuncia su inminente salida de las catacumbas, en una explosión justa y necesaria. Festejemos que los monstruos ya reptan, dispuestos a reclamar esos territorios vedados por el sistema."

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