5.10.07


URGENTE: Sobre un reclamo de Diego Trelles y otro reclamo pendiente a Doris Moromisato

Cumplo con publicar -a pedido del poeta- un texto que por fortuna no se queda entorno al reclamo más bien ramplón de por qué no invitaron a tal escritor a tal feria -lo que no quita que haya exclusión en estas decisiones-, sino que avanza hacia el planteamiento de cuestiones concretas como la difusión de una revista literaria y el merecido homenaje al maestro Pablo Guevara, negado por la organizadora de las FIL Perú. Va el texto sin correcciones para evitar problemas; tengo que decir que no comparto algunas apreciaciones del autor.

Rodolfo Ybarra


Estos últimos reclamos sobre invitaciones literarias no resueltas o marginaciones suspicaces, sutiles o “involuntarias” por decirlo de algún modo soft, me lleva a una reflexión mayor en relación a como se mueven los “poderes secretos”, las camarillas, los hilos invisibles –y desdeñables- de la literatura peruana, para no ir tan lejos y delimitar el campo de acción -que imagino debe ser peor –o más palpables- en países donde la competencia y publicidad de escritores responde más a cuestiones de marketing, merchandising e imagen –basta revisar la revista española “Qué leer” y apreciar los cambios de look obligados que notamos de libro a libro en estos escritores, para darnos cuenta de lo retorcido que es la movida escritural en estos tiempos- y donde los agentes literarios, invento innecesario de la división internacional del trabajo, tienen que demostrar sus mejores ardides de relacionistas públicos y triquiñuelas propias de un saltimbanqui, canibalizándose unos a otros, despellejándose y fagocitándose según las “correctas” y draconianas leyes del mercado-.

Quiero hacer antes la salvedad que a un escritor “verdadero” -o a quien se precie de serlo- no le urge tener una tribuna o un ejército de lectores u oidores para seguir escribiendo o continuar con su trabajo creativo; eso es algo sucedáneo, superfluo o hasta cierto punto patológico: adicción a los lectores, y lo digo sin ánimos de minimizar los bienintencionados reclamos de Diego Trelles –con quien me solidarizo, al margen de lo que él mismo esté buscando con este reclamo, es desdeñable cualquier tipo de marginación-, lo digo habiendo, yo mismo, publicado 8 libros y ser –al margen de mi calidad y mi acercamiento a premios nacionales- permanentemente ninguneado y vetado por los periódicos y los grupos que manejan y controlan al modo de Orwell el proceso literario en nuestro alicaído Perú, los típicos letratenientes –de los que hablaba Pimentel-, sargentos y policías de tránsito literario acostumbrados a manejar el semáforo a su favor, e impidiéndonos cruzar libremente la pista de la difusión o las pistas de la información de la que retorizaba B. Gates en su libro “Camino al Futuro”.

Por otro lado, quiero apuntar que un escritor simplemente escribe, casi por inercia, las cuestiones de publicación tienen más que ver –según mi visión, cuestionable, pero irreversible, por cierto- con la nece(si)dad por “formalizar” un producto que se engendra y elucubra en la imaginación del escritor y se materializa en la edición del libro.

No creo que sea conveniente –o quizás sí- “interesarnos” por qué un escritor en particular no ha sido invitado a tal o cual evento o por tal o cual institución, al menos que este interés nos lleve a una reflexión macroliteraria e interdisciplinaria –y este es el caso- en la que podemos entrar, dentro de las diversas aristas: racismo, despotismo intelectual, lucha de clases (escritores burgueses, apadrinados por los dueños de los instrumentos de producción versus los escritores “proletarios”, -aunque este término envejecido por los académicos protoburgueses y asustadizos libremercadistas lo podríamos cambiar por el de “escritores de a pie”, si se quiere- y para quienes publicitarse se convierte en una tortura por la falta de acceso a los mass medias o a las instituciones que subterráneamente defienden un poder impuesto por el gran capital, empujados escleróticamente por una obesa y gerontológica burguesía burocrática y compradora o viceversa).

Ahora, por cierto, hay diferentes y abundantes tipos de clasificación, que no voy a discutir ni proponer, ya que este terreno es un caldo de cultivo para cualquier tipo de malainterpretación y abanico hermenéutico. Lo que sí está claro es que las argollas literarias son cada vez más estrechas y no perdonan los cuestionamientos o los reclamos, ni tan sólo los cuchicheos negativos, a quienes ello acometen se les “castiga” disparándoles con una pistola con silenciador y no invitándolos a ningún evento posible y excluyéndolos de las antologías, “encuentros”, estudios venideros o de cuanto lugar posible o imposible. Horror vacui. Crímenes de mentes domésticas o esponjiformes. He probado esas balas de salva que sólo hieren la pátina del ego y las ansias por un reconocimiento que no se debería reclamar con altoparlante o megáfonos de mercado, sino con actos de “contrición” y con la misma obra, que si es de calidad, habrá de derrumbar, como a los muros de Jericó, la mordaza y el maltrato a que nos tienen acostumbrados. “Saltar el cerco” como dice certeramente nuestro amigo Dante Castro o en su defecto descensus at inferus.

Es necesario recalcar como atenuante literario –por una cuestión de aclare de conceptos- que términos como soberbia, egolatría, engreimiento intelectual, etc. encuentran una dimensión logarítmica, en el estro común de los escritores -ni qué decir de los poetas-, sobre todo en los de la última generación, a los que he tenido la afabilidad de conocer, lo cual sin necesariamente ser “malo” es ya una traba imperceptible –pero no por imperceptible menos trabazón- en el proceso extraño que es ser “escritor” , más aún en un país humilde y difícil como es el Perú, (obsérvese los antagonismos conceptuales de forzada correspondencia). Por ello los reclamos siempre nos van a llevar a las típicas preguntas de lead periodístico ¿por qué? y ¿para qué? o qué tan real puede ser una protesta o un reclamo, o mejor dicho qué es lo que hace que un escritor tenga que ser considerado a la hora de una invitación -en el caso de Trelles, a la Feria Internacional del Libro-, si por demás aún cuando se tenga un buen libro o dos bien escritos, a una feria se va a conversar, a debatir, y es conocido el hecho que no siempre un buen escritor es un buen orador. O sea hay otros caracteres aleatorios que habría que analizarse y someterse a crítica y debate; y porque también una buena oratoria no justifica o no alcanza para justificar a un escritor pensante.

Viendo el otro lado de la moneda o la otra cara de la luna, es también sorprendente el grito (The Howl) de Doris Moromisato, gran animadora cultural y mejor poeta, por la aparente exclusión en un evento narrativo donde no hubo ni una mujer–qué empecinamiento nos puede obligar a un comportamiento lascivo-, más espíritu incluyente y posmodernista, aunque aquí hay más cuestiones de género y de medida de fuerzas sobre todo en la expresión: ¡¡cuando el único ghetto es el de los hombres!!, términos que no me atrevo a analizar por no herir susceptibilidades, pero que delatan una carga de ismo fémino que de alguna forma –y por ciertos vasos comunicantes y controversiales- me hace recordar la vez que conversé con Doris en un centro cultural –y en presencia de varios escritores- sobre la posibilidad de presentar en la Feria del Libro el último texto escrito en vida por Pablo Guevara “Hospital”, el cual fue publicado por cuatro amigos y por quien esto escribe, a lo que la Moromisato, sosteniendo el libro, asintió alegremente, pero la invitación nunca llegó –a pesar de los emails enviados- y no hubo el homenaje que ella –alumna también de Pablo- prometió, quisiera pensar que fue olvido -¿amnesia literaria?- o hubo un traspapeleo burocrático o “prioridades mayores” u otra disculpa asentible a la hora de elaborar las agendas que me apenó particularmente porque conozco a Doris desde casi inicios de los noventas cuando trabajaba con onegés ecologistas y mostraba un espíritu alejado del esplín literario, aquel no lugar o “Morada donde la luna perdió su palidez”.

Valga también, aprovechando la coyuntura, este “reclamo” delatorio –y casi personal- ad puertas que en unas semanas se cumple un año (1ero de noviembre) de la desaparición de este valioso y entrañable vate y se estará publicando –disculpa la indiscreción Gladys Flores- un número más de la ninguneada -y combatida hasta el anonimato- revista “Homúnculus”, dedicada íntegramente a Pablo Guevara, la cual esperamos, apelando al espíritu necrofílico de nuestra sociedad, que se pueda presentar en la Feria del Libro y en todos los eventos que ameriten su presencia. La memoria de este gran poeta se los agradecerá. Por mi parte, la oscuridad –obligada o voluntaria- me sienta bien, aunque esta pequeña salida a la luz rompa mi rutina práctica y mi paz ficcionada. Saludos Literarios.

(Rodolfo Ybarra lo dice todo o casi todo)
---------------------------------------------------------------------------------
Límbicas
*La orgía perpetua. En Perú 21 Augusto Alvarez Rodrich se da cuenta de todo con respecto a la acusación a Toledo: “pero Espinoza ya ha hecho méritos suficientes para estar en esa categoría de congresista 'multiuso' listo para servir como peón del rey de turno. En su caso, el daño sería menor porque tiene poco por perder. La pregunta relevante es, entonces, por encargo de quién actuó Espinoza. La poco explicable inquina que los apristas ya han demostrado tenerle a Toledo a través de más de un ataque absurdo -el más reciente fue del premier Jorge del Castillo al criticar la cita con Ollanta Humala-, ponen al gobierno en la mira de la sospecha. De ampliarse los indicios de que ha sido así, la consecuencia sobre el prestigio del gobierno del presidente Alan García sería muy grave, pues lo pintaría nada menos que como un émulo del fujimontesinismo, al recurrir a armas que deberían estar vedadas en una democracia".
*The Barcelona Review. El número 60 de esta revista trae un adelanto de la novela de Mathias Énard, Manual del perfecto terrorista, un ensayo de Jesús Nieves Montero, “Bolañitos, borgecitos y otros párvulos literarios”, y poesía de Concha García:“Ya nada es rito y otros poemas”.
*Juan Goytisolo publica. Leo en El País que el escritor español radicado en Marruecos acaba de publicar Fronteras de cristal, su nuevo libro. Goytisolo es muy apreciado en el país islámico: "es de los pocos escritores occidentales que entienden a los musulmanes", apunta el joven periodista, de 27 años, Nabil Driouich, afincado en Casablanca. "Yo lo considero imprescindible para el entendimiento entre España y Marruecos", precisa. Y expone un novedoso argumento: "Hasta ahora hemos vivido más cerca de la cultura francesa que de la española, pero creo que ha llegado el momento de corregir este rumbo. Y Juan Goytisolo es imprescindible para ello".

8 comentarios:

  1. Anónimo5.10.07

    BUENA YBARRA! ASI SE HABLA! HASTA PARA RECLAMAR LO JUSTO HAY QUE TENER OVOS. SALUD!

    ResponderEliminar
  2. Anónimo5.10.07

    en el fondo tanto Ibarra como Trelles están reclamando su cazuela en el parnaso limeño, sino que de diversas maneras. Trelles es más bruto, Ybarra más inteligente, ambos ambiciosos.

    Richi

    ResponderEliminar
  3. el datero5.10.07

    Paisaje después de la batalla
    La narrativa peruana, invitada de la XXV Feria Internacional del Libro de Barcelona, ha sido marcada por la guerra y la huida

    A lo largo del siglo XX, la narrativa peruana forjó dos buques insignia que no dejaron de bombardearse mutuamente, cada uno de ellos con una versión distinta de la política, la literatura y la vida. Me refiero a José María Arguedas y Mario Vargas Llosa.

    Arguedas era un autor mestizo, socialista y rural. Concebía la literatura como una lucha política a favor de los oprimidos, especialmente del mundo andino. En cambio, Mario Vargas Llosa es un autor blanco, liberal y urbano, que defiende la literatura como creación de un universo paralelo a la realidad, libre de subordinaciones ideológicas. Arguedas se suicidó en 1969, y tras el derrumbe de la izquierda política, sus libros fueron perdiendo visibilidad internacional. Vargas Llosa fue candidato a la presidencia, y hoy en día, su nombre es reconocido en el mundo como sinónimo de la literatura peruana.

    El duelo entre ambos tuvo un claro ganador. Sin embargo, el choque entre ambas visiones continúa determinando la literatura de mi país. Los escritores de mayor edad siguen separándose a sí mismos en dos grupos: en una esquina del ring, los andinos, seguidores de Arguedas como Luis Nieto Degregori, Óscar Colchado, Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso (quien aún se proclama marxista). Estos autores, en la tradición latinoamericana de los años 60, combinan temáticas sociales con una gran complejidad formal.

    En la otra esquina, los costeños, como Alonso Cueto, Fernando Ampuero o Guillermo Niño de Guzmán, prefieren textos realistas e intimistas escritos con mayor economía de recursos bajo la influencia de autores anglosajones como Carver o Hemingway. Y por cierto, tienen más sentido del humor que los primeros. Sin embargo, en los últimos años, algunos de ellos han escapado a esta definición. La obra del novelista Jorge Eduardo Benavides es una muestra de gran ambición estructural, en la tradición de Vargas Llosa, y dirige el foco hacia la violencia política y la corrupción del Perú, igual que el Cueto de La hora azul o Grandes miradas.

    El regreso de estos autores a los temas sociales ha tardado más de dos décadas. Y la razón de su tardanza está fuera de la literatura: en la guerra. Durante los años ochenta, las visiones del mundo aquí descritas colisionaron en ámbitos mucho más concretos –y sangrientos- que la narrativa. El conflicto armado entre la banda maoísta Sendero Luminoso –originaria de la Sierra Sur- y el estado peruano –centrado en la capital-, causó casi 70.000 muertes y desapariciones. Como en pocos conflictos, la cifra de bajas fue muy similar de ambas partes. Tras 12 años de fuego y muerte, no parecía que las palabras pudiesen servir para algo. No parecía posible introducir algún sentido en el caos. Y, a pesar de la derrota de Sendero, esta vez no había un ganador tan claro. Sólo millones de perdedores.

    Quizá por eso, muchos de los escritores peruanos surgidos después optaron por inventar sus propias geografías personales. A partir de los 90, los narradores no escriben para retratar al Perú sino para huir de él. Mario Bellatín ambienta sus historias lejos de cualquier referencia a un país concreto. Iván Thays ideó Busardo, una ciudad de ecos mediterráneos. Los personajes de Leyla Bartet recorren Tokio, Caracas, Bulgaria. Enrique Prochazka viaja de la ciencia ficción al Asia medieval. Y tras ellos llegaron Luis Hernán Castañeda, con títulos tan elocuentes como Casa de Islandia u Hotel Europa. O Ezio Neyra, cuyos falsos policiales están ambientados en Lima, pero bucean en las ciénagas de la infancia y la identidad individual.

    Por supuesto, esta rápida clasificación –como todas- es parcial y deja muchos cabos sueltos. Por ejemplo, sería difícil situar aquí a Fernando Iwasaki, cuyo sentido del humor se mueve con la misma soltura en el barroco español y en las calles del centro de Lima. Y por supuesto, cuesta encajar a Daniel Alarcón. Sus personajes son desaparecidos y guerrilleros. Sus escenarios son los barrios pobres de Lima y la selva azotada por el ejército. Así las cosas, cuesta creer que Alarcón creció en Alabama y escribe en inglés.

    Y es que el Perú se está mudando. Los peruanos –como los colombianos, dominicanos, ecuatorianos- ya no nacen sólo en el territorio nacional. Mientras los que están dentro tratan de huir, los emigrantes buscan su memoria y su origen en el territorio de la ficción. No es fácil precisar qué define a un peruano. Ya no es su punto de residencia. Ni siquiera su lengua. Y por supuesto, en ningún caso es su temática.

    De hecho, los géneros tampoco son lo que fueron. Arguedas, obsesionado con documentar la realidad peruana, se sorprendería al ver que lo más innovador de la literatura peruana es el periodismo. Sergio Galarza acaba de publicar en España una crónica sobre Los Rolling Stones en el Perú. Sergio Vilela escribió la historia de la creación de La ciudad y los perros. Gabi Wiener, radicada en Barcelona, prepara un libro sobre el sexo en locales de intercambio de parejas. Toda una nueva generación de escritores busca historias en una realidad que desborda a la ficción, y en un mundo cada día más ancho y más ajeno.

    ResponderEliminar
  4. Anónimo5.10.07

    muchos escritores e intelectuales que viven en el extranjero sienten mucha necesidad de ser vistos y escuchados en el Perú. Si tanto les duele que los olviden, para qué se van?????

    ResponderEliminar
  5. Anónimo6.10.07

    De lo que se trata es de combatir a las camarillas, los argolleros, los que siempre están pensando más allá de la literatura, en cuestiones de egolatría y de billete.

    ResponderEliminar
  6. Me parece perfecto que la gente se manifieste contra el cenáculo de seudoartistas que se protegen entre ellos. Apoyamos a Ybarra, viejo mutante que ha permanecido -y permanece- congelado y marginado por los literatos formales y burgueses. Es notable su capacidad de respuesta y su honor a prueba de balas como pocos. No lo conozco en persona, pero lo que he leído de él me habla correctamente. Apoyamos a Trelles, también,aunque a este último le falte lectura y oficio. Todo es cuestión de tiempo.
    Saludos

    Fernando

    ResponderEliminar
  7. Anónimo9.10.07

    Imagino que los que se van es por cuestiones económicas ya si por ahí les liga la de "literatos"...cuestiones de la Tinka, pues

    ResponderEliminar
  8. Anónimo9.10.07

    bien ybarra, pateáles el locus solidus a los reyezuelos y pequeños tiranos de la literatura.

    ResponderEliminar

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.