1.11.07


El ferrocarril y la lectura según Alessandro Baricco

Hace unos diez años el lugar que hoy ocupa en Europa Jonathan Littell y su novela Las benévolas, lo ocupaba el italiano Alessandro Baricco con Seda (1996), una novela de calidad inobjetable que, si es que aún no la han leído, justifica que dejen la compu en este momento y se vayan corriendo a comprar la edición de bolsillo, a precio muy asequible, que existe hoy en librerías locales.

Aprovechando el éxito justificado de Seda, Anagrama publicó en 1998 la edición española de Castelli di rabia (1991), la primera novela del escritor italiano, traducida como Tierras de cristal. Para ser una primera novela deja un sabor de genialidad que por cierto anuncia el logro mayor obtenido posteriormente con la famosa Seda y con Océano mar.

La acción está centrada en el pueblo imaginario de Quinnipak, ubicado en algún lugar ambiguo de Europa, en un tiempo que parece ser el siglo diecinueve. Este pueblo está lleno de personajes extraños y, en el fondo, tristes, que se empeñan en proyectos delirantes como la construcción de un ferrocarril hacia ninguna parte, lo que simboliza acaso los sueños y temores de una burguesía naciente enfrentada al futuro. Cito del libro:

Hay que imaginárselo, el miedo por un lado y aquel bombardeo de imágenes por otro, o, mejor, uno, el miedo, dentro del otro, el bombardeo, como ondas concéntricas de un único ahogo, angustioso, claro está, pero también… algo así como un imprevisto desgarro en la percepción (…) una progresiva aceleración del ritmo de las percepciones, desde la lenta partida hasta la carrera sin barreras por el interior de las cosas, todo un protocolo vertiginoso de imágenes que se hacinan en desorden empujándose en los ojos, heridas incurables en la memoria, y astillas, rastros de paso, fugas de objetos, polvo de cosas…

En este fragmento –que me recuerda en la importancia que da al ferrocarril, a un libro de Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire, donde el crítico examina, entre otras cosas, los registros literarios de los cambios traídos por la máquina- el narrador proyecta el impacto psicológico y de percepción que pudo significar dicho medio de locomoción para el hombre de mediados del diecinueve. Un par de páginas después, Baricco conquista una imagen precisa y bella: el tren desbrozando latitudes, a toda velocidad, vertiginoso, y un lector viajando en él, oponiendo al disturbio insoportable del traslado la seguridad de un cono de luz, una página con caracteres fijos, una salida permanente y cierta al amenazante flujo de imágenes y distancias destrozadas que trae semejante viaje.

La fija exactitud de la escritura como sutura de un terror. El ojo que encuentra en las minúsculas curvaturas descritas por las líneas el nítido atajo para huir (…) La velocidad del tren y la fijeza del libro iluminado. La eternamente cambiante multiplicidad del mundo alrededor y el pétreo microcosmos de un ojo que lee. Como un núcleo de silencio en el corazón de una detonación.

Finalmente, los dejo con esta interesante definición de la lectura por parte de Baricco (el énfasis es suyo) :

Tal vez, siempre, y para todos, leer no es otra cosa que mirar fijamente un punto para no ser seducidos, y destruidos, por el incontrolable deslizarse del mundo.

(Alessandro Baricco)
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Límbicas
*Carlos Villanes en loor de Miguel Gutiérrez. “El escritor Miguel Gutiérrez lleva cuatro décadas en la profesión de narrador y crítico, y con su libro El pacto con el diablo. Ensayos 1966-2007 (San Marcos, 558 pp. ), confirma su aportación consecuente y predeterminada por los supuestos dialécticos y sociales en el juzgamiento de la obra literaria.” La República.
*4600 agregados al Diccionario de la Real Academia Española. Pueden ver algunos en la nota correspondiente de ABC.
*Chachi Sanseviero sobre las protestas: “El descontento nace del incumplimiento de un programa, del relego de los sectores más olvidados y en la defensa de los recursos naturales que, en el artículo citado, se insiste en poner en remate. A esos ciudadanos no se puede distraer con falsas expectativas que se esfuman al instante causando indignación y dejando en evidencia a un gobierno que va a la deriva, sin sensibilidad social porque ha escogido marchar al ritmo arrogante de la Confiep.” La República.
*José Carlos Somoza sobre religión. Con motivo de la publicación su última novela, La llave del abismo, ABC publica una nota: “La dicotomía entre creyentes y no creyentes en la que se mueven los personajes del libro alude de hecho a una disyuntiva, la de ciencia o religión, que está avocada a reconciliarse en el siglo XXI. Explica el autor que «vivimos una época en la que la religión tiene de nuevo un papel fundamental en las civilizaciones. El siglo XX, lleno de razón, ha terminado desconsolado y sin respuestas». Somoza, que se describe a sí mismo como agnóstico, tilda de «hipócritas e ignorantes» a aquellos que se sienten incómodos ante la religión, porque «lleva miles de años imperando la conciencia y la vida de las personas».

1 comentario:

  1. Estimado Víctor:
    Buen link el de la nota sobre Somoza. Sus puntos de vista son para reflexionar.
    Saluditos límbicos.

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