10.11.07


Europa Central en contrapunto de reseñas (De Prada-Fresán)

De acuerdo, se trata de un mamotreto. De acuerdo, su autor le resultará probablemente tan desconocido como a mí. De acuerdo, ni siquiera se trata de una novela, sino de una especie de gran digest histórico-narrativo. De acuerdo, el libro incurre en prolijidades y desafueros, y hasta incluye cincuenta páginas de apretadas notas al final. De acuerdo, quien lo ha escrito es un grafómano enloquecido, un control freak que aspira a volcar sobre el papel el universo entero. Pero Europa Central es literatura de la que impone sus propias reglas, desentendida de modas y modos: manantial, fluvial, oceánica.

Vollmann es, para ciertos reseñistas y afines, lo que se dice un escritor excesivo cuando lo que en realidad ocurre es que se trata de algo mucho más interesante: un escritor sin límites ni fronteras, ya sean temáticas o geográficas.

¿Sobre qué trata Europa Central? Diría que sobre la supervivencia del espíritu en medio del horror; o de cómo el espíritu, forzado a resolver dilemas morales irresolubles, forzado a perecer en la trituradora de las tiranías más sórdidas, aún encuentra aliento para ennoblecer su sacrificio.

Vollmann –a diferencia de muchos de sus contemporáneos, para buscar un par tanto en preocupaciones como en calidad habría que ascender hasta el viajero y visionario Denis Johnson– es un escritor poco y nada conocido para los lectores en castellano. De su amplia obra apenas fueron traducidos –en El Aleph, a mediados de los años noventa– Historias del mariposa, Para Gloria y Trece relatos y trece epitafios. De ahí que la publicación de Europa Central –ganador del confiable National Book Award en el 2005, uno de sus mejores títulos y, como los anteriores, otra novela-en-relatos, el formato que mejor y más frecuentemente maneja– no sólo sea un poco común acontecimiento sino, también, una ocasión para celebrar al mejor nobelista de su generación.

Todos estos personajes pugnan denodadamente por sobrevivir al infierno que habitan; todos ellos, de algún modo, resultan chamuscados, a menudo calcinados en su llama; pero de la combustión de sus vidas aflora siempre un hálito de desesperada, invicta humanidad. Vollmann narra sus peripecias desde una perspectiva que es la vez distante, casi gélida (con frecuencia entrega la voz narrativa a comisarios políticos) y empática, de una empatía que no llega a ser nunca arrebatada pero que, por ello mismo, alcanza cotas de infrecuente verosimilitud.


esta novela de Vollmann es una de esas magnas novelas (como, cada una a su manera, Ragtime o La marcha de E. L. Doctorow, Poderes terrenales de Anthony Burgess, Monstruos de buenas esperanzas de Nicholas Mosley o la Tetralogía Pyat de Michael Moorcock) cuyo tema es el modo en que la histeria de la Historia afecta a personas reales y estas luego afectan a personajes imaginarios que son los que acaban afectando a la Historia. De ahí, los espasmos, las intermitencias, las seducciones, los rechazos y el modo en que los acontecimientos se ordenan en maniobras militares o en arreglos sinfónicos

A la postre, consigue mostrarnos que las elecciones morales no son la consecuencia de frías determinaciones o rígidos principios, sino de una turbamulta de motivos entre los que se incluyen los condicionantes ambientales, la supervivencia del instinto, la interferencia de los sueños, la ardorosa rebelión del espíritu frente a una realidad oprobiosa.

La obstinada vida. Europa Central navega entre un piélago de atrocidades para rescatar los restos de un naufragio. Allá donde el mundo se convierte en una escombrera, allá donde la muerte voraz devora a millones, también florece, de algún modo tortuoso y numantino, la obstinada vida. Vollmann alterna las precisiones militares y los remansos líricos, la erudición histórica y el excurso alucinatorio; los más variados ingredientes le sirven en su vasto propósito de dilucidar esa fibra de humanidad invicta que sobrevive al desastre.

Y sí, claro, por supuesto: en Europa Central Vollmann es excesivo otra vez. Pero lo es porque de lo que aquí se trata es de plasmar en detalle los excesos –algunos nobles, muchos infames– que el hombre comete en nombre de ocupar un sitio, de agregar algunas melodiosas notas en estado de gracia, a la desgraciada y ensordecedora partitura de la Historia. Vollmann coge la batuta para dirigir a fondo ese tema, ese desafío que también es el suyo y –sin límites ni fronteras, tanto con la cabeza como con el corazón– sale de escena triunfante por amor al arte.

Una epopeya desmedida, superlativa, que chapotea en barrizales de sufrimiento y desesperanza, hasta atrapar un rayo de fugitiva luz; una epopeya que sólo puede permitirse un titán de las letras. Deténganse a leerlo.

Europa Central consigue ser, sí, en exceso, una de esas contadas y reverenciables ocasiones en las que el iluminado y luminoso oficiante predica, por fin, con el mejor de los ejemplos.


Para los que seguimos de cerca las mejores reseñas de literatura en medios hispanoamericanos, es singular que dos grandes lectores tan distintos como Rodrigo Fresán (Letras libres, citas en cursiva) y Juan Manuel de Prada (ABCD, citas normales) hayan coincidido en algunos elogios -y también en señalar los excesos- de Europa central, el novelón con que William T. Vollmann ganó el National Book Award el 2005 y que acaba de salir a la venta en castellano, por Mondadori. Miren, si la novela es la mitad de lo que dicen estos señores, deberían encargarla ya. Alta y vasta literatura.

(William T. Vollmann. Portada)
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Límbicas
*Oquendo sobre Enrique Carrillo. El crítico de La República rescata a un escritor injustamente olvidado. A tener en cuenta.
*Jorge Wiesse en el Dominical. Les recomiendo la nota de hoy domingo en el suplemento de El Comercio sobre los 100 años de Soledades, de Antonio Machado. Wiesse es un gran conocedor de la poesía.
*Se fue Norman Mailer. “Norman Mailer, el hombre que a los 25 años irrumpió en la escena literaria estadounidense con "The Naked and the Dead" y publicó decenas de libros originales y alborotadores falleció hoy en Nueva York a los 84 años de edad. Un fallo renal fue la causa de su muerte en el Hospital Monte Sinaí tras un periodo en el que estuvo delicado de salud y después de ser operado del pulmón, informaron hoy sus representantes.” El Universal.
*Publicarán novela póstuma de Cabrera Infante. Vía La República: "La ninfa inconstante, la novela que dejó acabada y sin publicar el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), probablemente se publicará a principios de 2008, informó hoy el diario español El País".
Onetti. No pueden dejar de leer la nota de Juan Cruz hoy en Babelia. Un homenaje al autor de La vida breve con datos interesantes, como que el próximo libro de MVLL tiene como protagonista al enorme narrador uruguayo.
Carlos Carlín y un error subsanable. En Perú 21 leo hoy que el cómico nacional ha dedicado su columna, por enésima vez, al monstruo de la tele, la bruja Bozzo. El problema es que atribuye el destape de la manipulación de la niña a Prensa Libre, cuando todos sabemos que el descubrimiento fue de los chicos (¿o grandes?) de Malasangre. Dale duro a la tía, Carlín, pero rectifica.

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