1.12.07


El cuento, ¿ya fue?

Luis Antonio de Villena, poeta muy fino, ha publicado un artículo en Babelia donde se pregunta si existe un arte que no sea minoritario, a la luz del segundo o tercer plano que ocupan en la actualidad dos actividades creativas de gran belleza y precisión (cuando se logran): el cuento y el corto cinematográfico. Dice el poeta:

En España hace ya mucho tiempo que cuando un autor, incluso conocido, lleva un libro de cuentos -o de relatos suele preferirse, no sólo para aquilatar sino quizá también para meter menos miedo- a su editor, éste se sobresalta. Le pagará menos anticipo, desde luego; probablemente la tirada será bastante menor y el problema (dicen) está en los lectores. Según esta generalizada teoría al lector español le gusta poco el cuento como le gusta poco la poesía. Prefiere -pese a la cultura de la imagen- una gruesa novela-río que le dé lectura unas vacaciones enteras...

Si esto es cierto en España, pienso, debe de ser más cierto por estos desolados lares. De hecho hay muy pocos cuentistas que se dediquen exclusivamente al género que hizo famosos a Chéjov, Maupassant y Poe; la mayor parte de ellos, si no todos, invaden o se pasan al territorio de la novela –con vario resultado. En cuanto al lector, tal vez encuentre en la novela esa otra vida que la realidad hosca le niega, tal vez la sensación de completud, prestigio y peso que muchas novelas otorgan –a veces solamente por la cantidad de páginas que tienen- sean más atractivas que la súbita epifanía, que los pequeños y perfectos trama y personaje desarrollados en un cuento de valía.


De Villena cita a Borges, que en efecto no escribió nunca una novela –creo recordar que la menospreciaba ligeramente aun-, pero me parece que el ejemplo puede jugar en contra. Si Borges no escribió novela y hoy es conocido mundialmente, ¿no es claro que sí se puede trascender con el ejercicio de ese noble género?, se podrá preguntar el lector. Creo que parte del problema puede haber surgido cuando los diarios y muchas revistas dejaron de publicar cuentos. Sabemos que muchos escritores norteamericanos y europeos, y en Hispanoamérica la cosa no era muy distinta hasta cierto momento, no solo publicaron cuentos sueltos sino que llegaron a vivir de eso –ahí están John Cheever, Scott Fitzgerald, J.D. Salinger.

Estimo que para un lector de diarios serios o revistas no es difícil leer un cuento que está incluido en la edición normal, ofrecida al mismo precio de siempre. Pedirle que compre un libro de relatos, en cambio, plantea una situación mucho más complicada, fundamentalmente porque un buen libro de cuentos es casi una rara avis dentro de la gran producción editorial. Un Dublineses, El hombre ilustrado, El llano en llamas, Catedral, Caballos de medianoche o Cambio de armas es un oasis de coherencia y esplendidez en un páramo de libros de cuentos normalmente irregulares, sosos, intrascendentes, contrahechos (la mayoría). Y en esta percepción entran tanto los países latinoamericanos como los del otro lado del Atlántico.

Miren hacia atrás, hasta el siglo diecinueve o dieciocho si quieren, y díganme si hay, siquiera, la mitad de libros de cuentos tan buenos como novelas del mismo periodo. Hoy la diferencia es mucho mayor aún. No parece, pues, haber salida por el momento: el gran placer que un buen cuento puede dar a un lector no puede competir con las sensaciones que, casi a priori, una novela, al margen de su calidad, le puede dar al mismo. La de estar leyendo lo que esta hot es una de las principales. Suspendo mi opinión sobre este punto.

Por último, cada vez es más cierto que un libro de cuentos excepcional es casi tan raro como una novela desastrosamente escrita. Hay mucha gente en estos tiempos que sabe escribir novelas decorosas, cumplidoras, pero muy pocos escritores con la paciencia y el amor para cuajar un libro de relatos memorable. Por eso la pregunta del título. Una novela notable, en cambio (vaya esto como necesario equilibrio), es algo cada vez menos raro, y hay quienes reinciden en lograr una, para alegría de sus lectores (McCarthy es buen un ejemplo que he comentado aquí).
*Un amable y oportuno correo de Enrique Vila-Matas me avisa que De Villena no nombra en su artículo libros de cuentos españoles que son decididamente claves, y que tampoco es que esté tan de capa caída el cuento como aquel poeta afirma. El autor de El mal de Montano me cuenta que acaba de "agotar con Exploradores del abismo la primera edición, de 20.000 ejemplares, que son muchos ejemplares, creo, sobre todo para un libro de cuentos". Muy cierto, tal cantidad de ejemplares en solo unos meses es cosa seria; con ello la cuestión del poco éxito del cuento actualmente, termina centrándose en el buen ejercicio del género, que me sigue pareciendo raro, un lujo que solo escritores de la talla de Vila-Matas se pueden dar.
*El narrador Fernando Iwasaki me recuerda en correo personal que si bien De Villena es un buen poeta, no es cuentista, y tal vez no conozca el tema a fondo. Me envía además un vínculo a un sitio especializado en cuento: El síndrome Chéjov. Excelente.
*Fernando Ampuero nos recuerda algo importante sobre la novela y el cuento. Copio íntegro el comentario del autor de Puta linda. Atención:
"A diferencia de la novela, el cuento y el poema son las únicas obras literarias que tienden a la perfección, una instancia del espíritu que se asienta y fortalece en la brevedad. Por eso, para mí, la únicas novelas perfectas son aquellas narraciones cortas que pueden leerse como cuentos. Ejemplos: Desayuno en Tiffany, La casa de la bellas durmientes, El corazón de las tinieblas, El viejo y el mar, Estrella distante, etc. He terminado una nueva novela y ya la envié a mi agente en España, y ahora sigue la larga espera y la incertidumbre. Los lectores de la agencia y de algunas editoriales están muy entusiasmados, pero eso no basta. Recién empieza, al parecer, una cierta brujería que la tendrá rodando de editorial en editorial, en busca de la mejor opción.
Entretanto, sí, avizoro un verano distendido dedicado a lo que yo considero el verdadero placer: la escritura y reescritura de cuentos. En los días libres, o cuando mis trabajos alimenticios no me apremian, mi receta es escribir un párrafo y pegarme una zambullida. Si en un día de verano entro a nadar cuatro o cinco veces, eso significa que tengo cuatro o cinco párrafos escritos. Si me tumbo en la terraza a tomar el sol, eso significa horas de reescritura. El resto del tiempo, por supuesto, lo dedico a leer.
Gracias por reproducir en tu blog mi pequeño cuento Claudia. Estoy trabajando ahora sobre ese formato, más corto que la mayoría de mis cuentos, y que quisiera que fuera una miscelánea: cuentos lúdicos, irónicos, realistas, negros, góticos y hasta de ciencia ficción. (En este último género, si los llego a cuajar, te convocaré como lector). La maravilla de escribir cuentos es que uno siente que tiene todo el tiempo del mundo. Empiezo un texto y lo termino en poco tiempo, y luego me abandono a la ingrávida dicha de "arreglar". Un gran abrazo."


Chéjov. Portada original de Cathedral, de Raymond Carver)
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Límbicas
*El círculo invensible (SIC) en el Dominical. Una nota de Raúl Fernández sobre el reciente libro del "chino" Domínguez, con textos del poeta Reynaldo Naranjo. Me imagino que el verdadero título del texto debe ser El círculo invisible.
*Ocho poemas de Baudelaire. Traducidos por el maestro José Emilio Pacheco. Ver en Confabulario.
*Enrique Planas entrevista a Guillermo Niño de Guzmán. Se acaba de publicar el nuevo libro de cuentos del escritor. Hoy en El Comercio.

14 comentarios:

  1. Anónimo2.12.07

    pienso que siempre será una paradoja que un género breve sea menos popular que uno extenso como la novela, precisamente ahora que se supone vivimos una edad de la imagen y toda la moña. Interesante post. Saludos desde Madrid.

    Tano

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  2. Anónimo2.12.07

    supongo que sobre todo te refieres al cuento del siglo XX y al actual, porque si hablamos del cuento clásico tendremos que pelear. Todavía muchas generaciones futuras seguirán leyendo "Decamerón" y "Las mil noches y una noche".

    Fidel K.

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  3. mónica2.12.07

    Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  4. mónica2.12.07

    el verdadero lujo es tener como comentaristas-colaborador de tu blog a Enrique Vila-Matas, guau, qué envidia!!!!

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Anónimo2.12.07

    "el hombre ilustrado", de dónde es eso?

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  7. Sí, Mónica, debemos agradecer a Enrique que visite este blog con frecuencia.
    El hombre ilustrado es un libro de cuentos de Ray Bradbury, para mí superior al mentado Crónicas marcianas. También habría que nombrar a más peruanos: Ribeyro, Valdelomar, Gálvez Ronceros, Zavaleta...

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  8. Yo creo que la crisis económica ha influido en algo. Al encarecerse los libros, el lector tiene que pensar con la billetera (o mejor dicho, el monedero), y acaso erróneamente, puede pensar que le saca el jugo a su dinero comprando una novela (generalmente de gran extensión) en lugar de un libro de cuentos de cualquier autor.

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  9. J. Ninapayta debe estar en tu lista de peruanos también.

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  10. es cierto, Daniel, yo mismo pienso más de dos veces antes de comprar un libro de cuentos; encontrar uno redondo, con la mayor parte de cuentos buenos, puede ser una odisea literaria.
    Sí, Espléndida, Ninapayta también.

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  11. Anónimo3.12.07

    la novela del arequipeño César Gutiérrez será el último misil contra el género en el hemisferio occidental. Luego de ella la literatura no volverá a ser la misma y los que sigan escribiendo cuentitos tendrán que navegar en el olvido más cruel. Warning!

    Characato

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  12. Anónimo3.12.07

    en ese comentario se nota que Ampuero está dedicado a la escritura, qué bacán!, si todos se centraran en producir como él y dejaran de hacerse propaganda o pelearse, estaría mejor nuestra literatura.

    Carmen Sánchez M.

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  13. Estupenda entrada. Muy interesante descubrir este blog. Enhorabuena.
    Un saludo del Canibalibro.

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  14. muchas gracias por visitar el blog a Canibalibro.

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