11.12.07


Hermética

Cada vez que me invitan a escribir una reseña o un ensayo sobre un poemario, hago una lectura previa muy personal del libro. Me limito a sentir la textura de sus hojas, auscultar la diagramación, percibir el olor de sus páginas, y leer en voz alta los pasajes que en una primera impresión me resultan atractivos. Tal vez no puedo decir que la lectura "seria" posterior se vea demasiado influenciada por esta primera impresión, pero de hecho parte del entusiasmo con que trate el libro puede provenir de esta lectura sensorial.

Me encontraba ayer hojeando las suaves páginas del reciente libro de Jerónimo Pimentel, Frágiles trofeos, cuando una breve ¿ars poetica? me hizo recordar –de manera más bien ardua, es cierto- a una anécdota que me contó un joven poeta hace una semana. Me dijo que había asistido a una presentación de libro de un congénere, en la cual el joven autor, ante una exegesis exhaustiva de uno de los presentadores, había soltado este débil reproche: "pucha, yo pensé que era más hermético".

Me pregunto qué tiene que haber pasado en las recientes generaciones para que surja de esa manera una necesidad de complejidad en sus obras. Y de dónde han sacado, por Dios, esa idea de que mientras más "difícil" es un libro, más importante o interesante o "bueno", es. Por cierto, nunca le hecho ascos al neobarroco hoy predominante entre los jóvenes, y mal que les caiga a algunos tengo por revelaciones de este año a libros difìciles de abordar como Ruptura de Heje y Polisexual. Pero vamos, nunca se me ocurriría escribir para que el menor número de personas posible me entienda.

Sin duda un reproche como aquel, más allá de su veracidad, evidencia el inseguro inicio de una búsqueda larga e imprecisa, y acaso, en perspectiva, el abandono definitivo del imperativo mimético y la dependencia del creador con respecto a su realidad inmediata. Pero ese programa tal vez sea necesario debatirlo, afinarlo, finalmente ejercitarlo desde una independencia tipo William Gaddis -a quien un poemita de Cristino Bogado reproducido en varios blogs me ha recordado oportunamente-, y no dejar que se imponga, crudo, como una necesidad irreflexiva, ansiosa y... superficial.

El hermetismo, como cualquier otra opción auténtica en poesía -como la ardua sencillez zen, para poner un ejemplo insospechadamente análogo-, es siempre el resultado de una inmersión profunda, prolongada, en la materia en cuestión. Se trata de un punto de llegada, no de una exigencia inicial. Respetar las etapas, entonces, puede ser una clave.

(HermesTrimegistos. Los escritos que se le atribuyen generaron el hermetismo como corriente de pensamiento. La palabra "hermético", sin embargo, proviene del Dios latino Hermes)
---------------------------------------
Límbicas

5 comentarios:

  1. Anónimo11.12.07

    augusti effio y carlos calderon fajardo acaban de ser finalistas del premio rulfo de literatura

    ResponderEliminar
  2. Anónimo11.12.07

    hermes trisme a pueblo acota
    pero a más detesta
    la cumbre de otro idiota

    su suma dista de bestia
    nueva que jala vida

    loco

    ResponderEliminar
  3. Anónimo11.12.07

    José Pancorvo, hermético de gran talla.

    S.

    ResponderEliminar
  4. Anónimo11.12.07

    eres demasiado duro, Víctor. Es comprensible que los jóvenes oscurezcan su lenguaje para hacerse más interesantes. Lo que no se puede permitir es que un cuarentón haga lo mismo para vender su libro como novedad.

    ResponderEliminar
  5. Anónimo12.12.07

    hermetismo = mucha razón = rómpete el calzón porque es tu único corazón

    loco S.

    ResponderEliminar

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.