29.12.07


Los 18 del 90. Poesía de Roxana Crisólogo

Tomado de su página web: "Nací en Lima, Perú, soy poeta y activista. Estudié en las escuelas de Comunicación Social y Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Derecho en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Realicé estudios de posgrado en la Universidad de Helsinki en la especialidad de Derecho Internacional. Soy coordinadora de la Red por la Democratización Global (NIGD) en Lima y formo parte del Programa de Estudios sobre Democracia y Transformación Global de la Unidad de Posgrado de la Facultad de CCSS de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos". Crisólogo ha publicado tres libros de poesía hasta el momento: Abajo, sobre el cielo (1999), Animal de camino (2001) y Ludy D (2006). Actualmente reside en Finlandia.


hace días el rottweiler

del vecino nos ladra
y un olor insistente a pescado
parece invadir con su campamento
de palitos y condimentos
descartables y gente
disfrutando
en distintos idiomas
de un alegre globo rojo
en sus cocinas

las casas de estilo inglés
las chimeneas inactivas
los manifestantes que de pura rabia
quieren cercenar el cielo

de un tiempo para acá me siento flotando
en las rejillas y preocupaciones de otros

de un tiempo para atrás
el peso se ha desvanecido
en las pantallas de un televisor

el ruido es un mecanismo más
para entretener mis manos

bolivianas
empujando pesados bloques
de cartón
coreanas
cargando a sus pequeños
tan blancos como barras de jabón

son todas iguales claro
menos tú corrige el taxista

jura que le voy a creer
supone que le voy a estrujar la mano
arrancar una a una más frasecitas
tan estúpidas como esa


cabezas gachas

cabezas negras y apuradas
soledad de asfalto como la mía
cabezas peruanas fósiles
emergiendo de costales de baratijas
medias chinas y baterías coreanas
que los rótulos fantasmales de los grandes teatros
convertían en incontenibles llamaradas de gente

pensé que los había dejado reposando
en las barracas eternas de la desmemoria

a las matronas sin trenzas
repartiendo churros a peso devaluado
bajo la luz hosca de los negocios de comida
a los maniquíes sin mirada
vendiendo tarjetas postales para llamar al perú
a los bolivianos encogidos en poltronas de tocuyo
escuchando radio con la indiferencia
de los mismos maniquíes que una cuadra atrás
me invitaban a detenerme en un hueco oscuro
regentado por un judío agazapado
en un mostrador con olor a tela

mientras que desde otra mirada
una muchacha abre un cartapacio
de cuentas y una multitud húmeda
culebreándose entre mis pies
trasforma sus ojos en gracias indiferentes
que devuelvo por sobre el hombro
en un desdeñoso rehacer
ir y venir partir y regresar
sin palabras

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