4.12.07


The road (tramo final)

En la primera parte de esta reseña había subrayado la dimensión dantiana del relato. Debo decir que hasta cierto punto esta impresión se diluyó en las últimas cien páginas de la novela, donde más bien la tragedia toma un lugar preponderante. Padre e hijo han caminado millas de millas por el camino, se han topado con hombres "buenos" y "malos", han salvado de morir algunas veces. Sobre todo se han dado cuenta de que son capaces de negar la ayuda al prójimo y actuar con egoísmo para salvar sus vidas. (El mundo que queda luego de la gran catástrofe es uno súbitamente salvaje e incivilizado).

Pero hay un problema; el hombre ha sido herido en una pierna. Sabe que va a morir e intenta ocultárselo a su hijo. Una vez que siente que la muerte es inevitable, el padre detiene su marcha (¿hacia dónde?), pero insta a su hijo -que tras años de caminata y sufrimiento ha madurado rápidamente- a seguir el camino.

Quiero quedarme contigo -dice el hijo-.
-No puedes.
Por favor.
-No puedes. Tienes que llevar el fuego.
No sé cómo hacerlo.
-Sí, tú lo llevas.
¿Es real? ¿El fuego?
-Sí, lo es.
Dónde está, yo no sé dónde está.
-Sí lo sabes. Está dentro de ti. Siempre estuvo allí. Puedo verlo.
(Traducción libre)

Esta nota gnóstica final, que abre apenas una sutil salida a un relato obstinadamente cruel con el destino humano, me lleva hacia atrás en la historia, al momento en que padre e hijo encuentran a un viejo con costumbres ascéticas. Hay una discusión sobre cómo podría saber uno si es el último hombre en la tierra.

No creo que podrías saber eso. Solo podrías serlo.
Nadie podría saberlo.
Eso no haría ninguna diferencia. Cuando mueres es lo mismo que si todo el mundo muriera.
-Creo que Dios podría saberlo, ¿es así?
No hay Dios
-¿No?
No hay Dios y nosotros somos sus profetas.

Theres is no God and we are his prophets. Esa una de las claves del libro. Una novela que describe con suma inteligencia, con economía de recursos y un lenguaje austero y poético un mundo purgatorial y amenazante donde la vida (el fuego gnóstico) ha terminado por ser el único valor posible, un valor frágil, reductible, pero al menos una última razón para seguir adelante. Hasta que las cenizas de lo que fue el mundo antiguo terminen de cubrirlo todo, incluso la ternura de los protagonistas.




No deja de ser admirable que la necesidad de contar, la de construir una historia, persista en el ser humano (en el padre) de la misma manera que el primer impulso a ayudar persiste en el niño (aunque nunca puede llevarlo a la práctica). El padre le pregunta al niño si quiere contarle una historia. El niño responde:

No
-Por qué no?
Esas historias no son verdaderas.
-No tienen que serlo. Son historias.
Sí. Pero en las historias estamos siempre ayudando a la gente, y no lo hacemos así en la vida real.
-Por qué no me cuentas una historia?
No quiero hacerlo.
-Okay.
No tengo ninguna historia que contar.
-Podrías contarme una historia sobre ti.
Tú ya conoces las historias sobre mí. Tú estuviste allí.
-Tienes historias adentro que yo no conozco.
Como los sueños, quieres decir?
-Como los sueños, o las cosas que tú piensas.
Ya, pero se supone que las historias deben ser felices.
-No lo tienen que ser.
Tú siempre cuentas historias felices.
-No tienes ninguna feliz?
Se parecen más a la vida real.
(...)
-La vida real es muy mala?
Tú qué piensas?
-Bueno, creo que todavía estamos aquí. Han pasado muchas cosas malas pero aún estamos aquí.
Sí.
-No crees que eso es grandioso?
Está bien.

He leído que la traducción al castellano que se ha hecho de esta enorme novela -dicho sea de paso, no sé por qué aún no llega a nuestras librerías- no es satisfactoria. Debe de ser porque es difícil reproducir las sonoridades bíblicas, cultas, del inglés de McCarthy a nuestro idioma. También porque sin reparar en los pilares dantianos y trágicos de la historia, en sus intertextualidades y guiños literarios (Beckett, sci-fi), estamos en riesgo de convertir la novela en un depósito de languideces y sucesos umbríos. Pese a todo, creo que la cruenta imaginación y la alta poesía de este escritor llegarán de todos modos al lector.
(MacCarthy como insólito invitado en el programa de Ophra Winfrey. Portada de la traducción para Mondadori)
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Límbicas
*Ensayo sobre Vila-Matas en The Quarterlier. "Vila-Matas might very well also be called parasitical. His books exist on the backs of others, and like any truly loathsome parasite they make no effort to hide the fact that their business is that of artfully manipulating their hosts. In basing themselves not only on the work of previous authors but also on the very idea that they are products of writers who cannot write, they seem to perform the ethos expressed by an author Vila-Matas quotes who says that "everything that was profound with regard to broadening the point of view, making it more extensive has been said. . . . The modern man has only the most thankless and least brilliant task left to him, that of filling in the gaps."

4 comentarios:

  1. Anónimo5.12.07

    Déjenme decirles que la carátula está inspirada en la portada de The New Yorker para lo de las Torres Gemelas. Parece que van a tener dificultades con el libro los periodistas culturosos de Lima, son tan "cultos" que ni saben de qué va la carátula. Dame paciencia, Señor, con estas gentecillas.

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  2. Anónimo5.12.07

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  3. Anónimo5.12.07

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  4. J.G. Ballard, Brian Aldiss, George R. Stewart, Walter M. Miller y George Miller are in the road of McCarthy.

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