31.1.07




Muere un ganador

Sydney Sheldon, para algunos el rey de los best sellers, murió ayer a la edad de 89 años, notician las principales agencias del mundo. Se dice que los 22 títulos de su obra llevaban vendidos 300 millones de ejemplares, y que sus libros se habían traducido a más de 50 idiomas.

Además de figurar en Guinness como el autor más traducido de todo el mundo, Sheldon era el único escritor que ganó los premios Oscar, Tony y Edgar por guiones, adaptaciones y filmes realizados sobre novelas suyas.

“Su carrera empezó en 1937 en Hollywood, California -cuenta El Universal-, donde revisó y colaboró en guiones de las llamadas película de clase B. Después de la Segunda Guerra Mundial, Sheldon volvió a escribir varios musicales para el teatro Brodway y además continuó redactando guiones para la Metro Golden Mayer y los estudios Paramount”.

Desde 1969, cuando se dedicó a la escritura, Sheldon escribió y publicó las 22 novelas señaladas, además de elaborar 28 guiones de cine, ocho piezas de teatro para Broadway y 250 guiones de televisión. Su hija, Mary Sheldon, quiene heredó la pasión por la escritura, estuvo a su lado en el momento de su muerte.

(Sheldon y algunos de sus libros)

Dalí, catálogo razonado


Me entero por el diario ABC que acaba de inaugurarse la segunda parte del catálogo razonado, on-line, de la obra pictórica de Salvador Dalí. La dirección es www.salvador-dali.org, donde podrán encontrar, hasta el momento, todas las pinturas del genio español desde 1910 hasta 1930.

En la Introducción del sitio los peritos aclaran: "el objetivo no ha sido realizar un catálogo de valoración estética de la obra del pintor sino un trabajo de atribución, en el que se ha intentado establecer de una manera definitiva las obras que pertenecen a la producción pictórica de Dalí".

Sin duda un primer paso muy importante hacia el establecimiento definitivo de toda la obra daliana, que tantos adeptos y admiradores tiene en todo el planeta. Vale.

(Desnudo, 1954)

Hora Zero

Y el aserrín ilustrado.
Así se titula este post inolvidable de quien es el cronista bravo de la Lima actual y profunda, periodista digno que siempre escribió lo que quiso en donde estuvo y lo sigue haciendo en su blog www.el-jauregui.blogspot.com. Salud!


Escribe Eloy Jaúregui


1. Lima entonces, era una ciudad que amanecía sus convulsos y digestivos años cincuentas. En aquel tiempo, la avenida Nicolás de Piérola, en el centro de la urbe y conocida por los lugareños como La Colmena ─antes que Camilo José Cela habitara en su propia colmena─, era un acrisolado bulevar donde la modernidad y la elegancia caminaban de la mano en medio de una arquitectura que se construya ante la imperiosa necesidad de establecer una urbe cosmopolita. En aquel entonces, Lima consolidaba una identidad urbanística única. Y sus gentes eran esos limeños que se paseaban por esa Colmena Izquierda ─llamada así desde la Plaza San Martín hacia los rumbos del Este─, pasmándose cada día con los nuevos establecimientos de luminosos escaparates, los flamantes restaurantes de neón, sus estrenados cafés de espejos centelleantes y todos sus rostros y todos sus personajes y todos sus sonidos.

Al llegar al Parque Universitario ─frente a la antigua casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que le había otorgado ese título─ estaba situado un edificio de seis pisos de rasgos adustos. Era el hotel Colmena en la mismísima; hospedaje obligado para los inéditos limeños de nuevo cuño, habitantes precisos del estrenado tiempo de la creciente capital peruana. En las amplias tiendas del primer piso del hotel y gozando de cierto prestigio ya, el Café y heladería Palermo era parada necesaria para hacerse de una legalidad y prez ─-exigencia propia que la quisquillosa Lima solicitaba a sus coterráneos-─, amén de un momento de contrapunto social y unos cremosos helados, más para el espíritu que para el propio cuerpo.

Los inmigrantes italianos que llegaron al Perú desde el siglo pasado y masivamente después de la Segunda Guerra Mundial, se distinguieron en Lima por establecer sus comercios con aquellas esencias de su fibra peninsular: las pastas y facturas, las helados escrupulosamente batidos y por cierto, sus panes y pasteles generosos. La familia Cocchella era de la zona norte de la península italiana, gente trabajadora pero ocasional. El padre de los Cocchellas había llevado con esmero el negocio del Palermo y el hotel, pero sus intereses mayores estaban puestos en la industria metálica. En el verano de 1950, el respetable señor Cocchella, agotado de tiempo, coloca muy a su pesar un aviso en la vitrina principal de la cafetería: Traspaso tienda, precio moderado. Y esa ya es otra historia.

2. Shinjo Kuniyoshi y su esposa Matsu Arashiro, después de observar con sosegada calma sus primeras 24 horas que pasaron en Lima aquel año de 1929 y luego de la travesía inenarrable de 58 días que los trajo desde Okinawa en el Japón, tomaron la decisión más trascendental de sus vidas: aquí nos quedamos, se dijeron y los dos agregaron sólo con el pensamiento y la mirada en ese mismo instante: hasta que la muerte nos separe. Dos hijos habían quedado en Okinawa, dos hijos que luego murieron en la gran guerra y que nunca volvieron a ver a sus padres porque don Santiago había prometido, al cabo de cinco años, regresar en mejor posición económica. Y desde ese mismo día en el Perú, el joven señor Shinjo pasó a llamarse Santiago y la joven señora Matsu tomó por nombre el de Margarita, ambos flamantes vecinos de las rumorosas y festivas calles porteñas del Callao.

Antes, muchos años antes, otras familias okinawenses se habían establecido no solamente en Lima sino a lo largo del valle del Alto Rímac al centro, en las valles de Chancay al norte y Cañete al sur. Casi todos, trabajaban en las duras y fatigosas faenas campesinas. Los que se quedaron a vivir en la capital, al principio como pequeños comerciantes ambulantes y ayudantes, se repartieron con familias y amigos, en los barrios del Cercado, La Victoria, Breña, Rímac y los Barrios Altos. Pero para ese entonces, los años cuarentas, ya se habían hecho de pequeños negocios, básicamente la conducción de reducidas bodegas, peluquerías, bares y cafés.

Los Kuniyoshi no tardaron en fundar una encomendaría, especie de breve almacén, en la industrial y transitada Plaza Unión a donde se habían mudado con el fruto de sus primeras ganancias. Para Santiago Kuniyoshi, luego de los ingratos sucesos de 1940─1945 y que los afecto de sobre manera, la tienda no le fue ajena. Muchos de sus paisanos, convertidos en expertos comerciantes y luego de administrar el reconocimiento general por sus sacrificios, esfuerzos y superaciones propias, no dejaron de apoyar a la emprendedora familia Kuniyoshi que ya para esto había ido creciendo, también generosamente, con el nacimiento de diez hijos.

3. En El Palermo, don Santiago Kuniyoshi inicia el conocimiento de otro tipo de clientes. Todos llegaban a sus mesas de riguroso traje, cargados de libros y papeles, atados a conversaciones exaltadas e interminables que al principio él no comprendía. Pero don Santiago tenia otra facultad a parte de su palmaria tenacidad, le gustaba escuchar y mirar a los ojos. Así, cayó en cuenta que estaba al frente de una clientela clasificada. Cierto, su establecimiento se ubicaba frente a la universidad de San Marcos, la más prestigiosa y antigua de América. Cierto, estas personas eran distintas a aquella que lo frecuentaron en la encomendaría de la Plaza Unión. Cierto, era muy cierto entonces que había que tener otra aptitud y otro trato porque don Santiago estaba de acuerdo con esa máxima que aprendió muy bien y que decía que el cliente siempre tiene la razón.


El aprendizaje fue su acto mayor. Entonces de un tiempo para adelante, al regresar a su casa de la avenida Brasil, su esposa y sus hijos, observaban a don Santiago leyendo profundamente extraños libros, enigmáticas revistas, indescifrables documentos que el cuidaba que extrema reserva. Eran las publicaciones que sus nuevos amigos, aquellos que habitaban el universo de sus dominios, le prestaban u obsequiaban luego de sesudas y grandilocuentes explicaciones. Don Santiago no tardaría en cambiar. Asía se hizo más reflexivo. Si antes pasaba como un tipo silencioso y de palabras exactas, ahora parecía más bien un monje tibetano, confundido como un cliente más en una de los apartados, tratando de explicar el mundo a sus nuevos amigos que el llamaba “los pensadores”. Entonces, uno de sus hijos, el que más lo seguía, que también se llamaba Santiago y que ya asumía las responsabilidades que exigía el enorme Palermo, descubrí el origen de aquel cambio. El señor Kuniyoshi, había descubierto el casi inexpugnable universo de una buena parte de la intelectualidad peruana. Y ahora, el joven Santiago, había comenzado a seguir los atrevidos pasos de su padre.

El Palermo era un establecimiento amplio, el más grande que se recuerde en la zona. La atención era esmerada pero nada especial en los servicios de la cafetería, el restaurante y el bar. En su primeros años, sus 22 mesas familiares, alfombradas de aserrín y tatuada por la efervescencia nocturna, albergaban casi las 24 horas de día a un conjunto que reunía a profesores y estudiantes de la universidad de San Marcos y alguno que otro de la Universidad Católica, la mayoría procedía de las Facultades de Letras y de Derecho. Pero también eran clientes conspicuos, toda la feligresía periodística, porque hasta allí llegaban, al cierre de la edición, toda laya de gente de prensa: redactores y reporteros de La Prensa, La Crónica y El Comercio, los diarios más importantes de aquel entonces.

4. El lugar, atraía por varias razones que no eran por cierto el decorado y su escenografía. Era un café y bar como otros cualquiera que existían en los predios de la universidad, el Parque Universitario o la Plaza San Martín. No obstante, la apacible contemplación que observaba don Santiago y sus hijos, la solícita atención que practicaban los mozos ─Broncano, Linares y Vitelio─ y que satisfacían las exigencias más extravagantes del clientelaje sin mayores dramas, era el encanto que trasuntaba ese Palermo de los años cincuentas. Porque los que llegaban con suficientes reservas económicas, podían ver sobre su mesa una buena botella de pisco peruano; los que lucían un presupuesto regular lograban atiborrar su espacio de cervezas y cigarrillos; los que mostraban exiguos recursos alcanzaba a tomarse algunas tasas de café; y los otros, aquellos que caminaban con los bolsillos vacíos, pues nada, se sentaban sin ser molestados y miraban pasar las horas y el mundo rodar.

De repente se observaba en agitadas reuniones, juntos pero no confundidos, al novelista José María Arguedas y al maestro Raúl Porras Barrenechea, a los poetas Alberto Escobar y Francisco Bendezú, al estudiante de historia Pablo Macera, y al pedagogo Oscar Franco. A los periodistas Pedro Álvarez del Villar y al crítico y poeta Augusto Salazar Bondy. Al filosofo Víctor Li Carrillo y al estudiante de derecho Félix Arias Schereiber. Al sociólogo Aníbal Quijano y al narrador Eleodoro Vargas Vicuña --en el 55, recién llegado de Arequipa--, al poeta Juan Gonzalo Rose y al historiador Emilio Choy, al cuentista Oswaldo Reynoso y al crítico de cine Hugo Bravo, a las estudiantes de Letras --casi musas--, Esperanza Ruiz, Nécida Coronado y Evelina Gayoso. Todos, jóvenes personaje de un gran fresco que podía retratar la convulsa cultura peruana de los años cincuenta, años de la férrea dictadura militar del General Odría. La mayoría, asistentes en fervorosa procesión desde el leyendoso Patio de Letras de la universidad de San Marcos.

Otros, en sistemático ritual académico ─los poetas Pablo Guevara, Leopoldo Chiariarse, Washington Delgado y el escritor Julio Ramón Ribeyro─, llegaban en grupos acicalados desde los claustros de la universidad Católica y atiborraban el lugar con su irrecusable deseo de descubrir el Perú de las ideas y de los dédalos políticos de su coyuntura. hallaban, quién lo duda ahora, en el Palermo, la libertad que no encontraban en los espacios universitario que la sociedad peruana les había entregado para su continuidad. Si el mítico Bolar rejuraba que en uno de los baños había estrechado su diestra --y su siniestra también-- al mismísimo Ernesto Guevara, antes de ser el Che y antes de ser El Comandante, cuando estuvo de paso a la revolución y en moto. Y contiguos a otros escritores y poetas en ciernes, y junto a otros sublimados artistas de las letras y la plástica, y observados y comprendidos por la familia Kuniyoshi que los albergaban, inmigrantes también a su manera, componían un apasionado mosaico con esos otros parroquianos, la mayoría de clientes, foráneos en Lima, llegados desde el interior de las provincias del Perú a tomar posición en una geografía propia como ajena.

5. Cierto, el Palermo se fue convirtiendo en capilla y catequesis, en aula alternativa y universidad de la propia vida. Aquel fue su atractivo y su pudor. Su exclusivo clientelaje sabía bien que ahí iba a encontrar a sus congéneres, a esos seres que vivían preocupados por el origen de las cosas, por la explicación de los fenómenos totales y por el fondo y la forma estética con que explicar que la vida existe de otra manera. Así, se tejían los diálogos profusos y cotidianos, triviales o trascendentes, triunfales o dramáticos, amargos o hedonistas. Y en cualquier momento hacía su ingreso un gran maestro o un irreverente poeta, un profundo filósofo o un cultivado periodista, un anecdótico pintor o un fulgurante novelista, todos reunidos en ese café y bar limeño que el tiempo convirtió en sala magna e institución.


En medio de esa bohemia y tertulia, la familia Kuniyoshi, don Santiago y sus hijos mayores, protagonizaron una función normativa. Se los respetaba como ellos respetaban el resplandor de las ideas que en esas mesas de El Palermo adquirían categoría de fe teológica. Se los respetaba porque el joven Santiago y su hermano Julio, en los años siguientes, persistieron en esa mutua atención y tomaron la posta dejada por el fundador de aquel lugar entrañable para artistas, pensadores y políticos, desde aquellos tiempos de los primeros años de la década del cincuenta. Porque Santiago y Julio, en tiempos posteriores ─ya existía el piano que era tocado por el maestro Freddy Ochoa cuando el Palermo era ya un snack bar─, con su proverbial protección, apoyaron y animaron publicaciones, presentaciones de libros y hasta respetuosas ceremonias para festejar un cumpleaños o la llegada o despedida de algún hijo ilustre de sus mesas.

Suele decirse que el gran poeta peruano Martín Adán fue el primer limeño certificado que inaugura la lúdica costumbre de asistir a el Palermo en las épocas de los italianos al final de la década del cuarenta. Le encantaba el tiempo detenido y el sordo estruendo de las ideas silentes y musicales ─según confesión de aparte─, y porque incluso en su horas más frenéticas ─que las había sobre todo los fines de semana─ era un simple y confuso bar, pero donde nadie lo molestaba ni interrumpía el discurrir de sus imágenes poéticas que escrupulosamente dejaba escritas en finas hojas de servilletas y que el mozo Broncano guardaban con sumiso respeto y para la posteridad.Igual fervor habitaba en los sentimientos del notable pintor Víctor Humareda, quien todas las noches y mucho más en los años ochentas, se acercaba con su carga briosa de colores remojados en los vinos de su mundo cromático y secreto, a domar sus demonios y a contarle cada vez una historia distinta a Julio Kuniyoshi. Así, los espacios del mítico bar, albergaron en su momento a casi todos los militantes de la llamada Generación del 50, constructores de una revista emblemática: Letras Peruanas. Allí también se forjaron grupos y movimientos, los más importantes, aquel de los prosistas del grupo "Narración" en los años sesentas y su revista del mismo nombre. Un lustro más tarde, en casi la misma mesa, irrumpía con su sibilino universo integral el movimiento poético Hora Zero y todos sus manifiestos y toda su zarabanda de lúcidos locos tiernos.

Y el Palermo de la familia Kuniyoshi, en aquel apasionante interregno, pertenece a la infinidad de páginas libres de la literatura peruana. Su nombre y su influencia se lee en la novela de Julio Ramón Ribeyro, Los geniecillos dominicales donde los protagonistas, todos jóvenes iconoclastas y al mismo tiempo revolucionarios e incendiarios, traman cambiar el universo al calor de sus ideas y en el esplendor de sus cervezas. Y ha quedado escrito también en célebres poemas, en cuentos y otras novelas como el marco de referencia de otras épocas, como registro vivencial y generacional ─la llamada Guerra Fría, la Revolución Cubana, la muerte del poeta guerrillero Javier Heraud, la Revolución Cultural china, las revueltas de París y Praga, el Chile de Allende y Pinochet y el Perú, desde los fastos de la dictadura odrista, pasando por la anémica gesta demócrata de Belaúnde y hasta la revolución del General Velasco─ en otras estatuas del tiempo.


A Julio Kuniyoshi, en la lejanía de los años, le compitió la ingrata tarea de cerrar el capítulo de un ilustre pasado de este mítico café-leyenda. Fue una noche de noviembre de 1989 cuando se bajaron definitivamente las puertas metálicas del Palermo. Cuarenta años habían pasado desde aquella vez cuando don Santiago o Shinjo Kuniyoshi había encendido las luces majestuosas de sus aposentos que iluminaron con su calor y resplandor a más de una generación de intelectuales, escritores y artistas, y que alguna vez escribieron en alguna de sus mesas, los versos abrumadores de sus vidas y de sus frescas presencias con las cualidades de los espejos de la memoria.

Yo recuerdo de niño ese fulgor y los estruendos que escapaban desde las entrañas de sus mesas del fondo y me preguntaba qué era aquello que se defendía con tanta pasión. Era el café de los ensueños, decían que decía mi padre, también activo concurrente y emisario de las influencias que de aquel Palermo se tejían para el mito. Después, hasta su barra llegue ya de adolescente a pedir una copa de pisco para el frío de la nueva vida, un picante cebiche para agarrar fiereza digestiva y una cerveza fría para soportar mis primeras calenturas ante la sensualidad de las partes ajenas. Años más tarde, en 1973, mi voz se hizo ronca porque ya instalado en una de sus mesas, y con otros jóvenes poetas del movimiento Hora Zero, gritaba cada vez más fuerte por las tardes, alto gritaba con los puños y de noche, para que el planeta oiga mi templanza y ahí ha quedado su filo y su ternura para rendirle este homenaje.

(Hora Zero en pleno -2006. De pie, puedo reconocer al "Negro" Verástegui vaso en mano, a Eloy con camisa colorada, al poeta Jorge Pimentel (padre del otro buen poeta -e inteligente periodista- Jerónimo Pimentel) abrazando a Tulio Mora y Maynor Freire, y a Fernando Obregón)

30.1.07


¡Compañero Stagnaro!

“Aproximarse al derrotero vital, intelectual y político de Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) contiene una aventura en sí misma. Una aventura que merece ser revisada continua y dedicadamente, porque los pliegues de su pensamiento aún tocan distintas aristas del presente peruano, latinoamericano e incluso mundial”.

Así empieza su nota -publicada ayer en El Peruano- en homenaje al fundador del partido de gobierno, Haya de la Torre, el crítico y narrador Giancarlo Stagnaro, director de la revista virtual El Hablador. (Me parece raro no enterarme de este texto pro aprista de Giancarlo por el informativo Zona de Noticias, de su yunta Paolo de Lima. ¿Cómo se le escapó, tan oportunamente, esa paloma informativa a alguien que registra cada aliento que toma su pata Stagnaro?)

Stagnaro da cuenta en su encomio a Haya de la Torre, de la premiación del Quinto Concurso Latinoamericano de Ensayo Vida y obra de Víctor Raúl Haya de la Torre, llevado a cabo en el Museo de la Nación.

“Al acto asistieron el presidente de la República, Alan García Pérez; la presidenta del Congreso, Mercedes Cabanillas, y el director de la Biblioteca Nacional, Hugo Neira, entre otras personalidades”, dice solícito Stagnaro. En cuanto al retrato que hace del fundador del APRA, mejor lo posteo completo:

“Retrato de época

Víctor Raúl Haya de la Torre: una vida sin tregua es la selección fotográfica que marca paso a paso la trayectoria del ideólogo aprista. En la década de 1920, el Perú es un auténtico laboratorio de ideas. Es la primera modernización, con la poesía expresionista de César Vallejo y las vanguardias artísticas, el humanismo de Antenor Orrego, la visión procesual de la historia del Perú en José Carlos Mariátegui. Este fue el marco intelectual en que se desenvolvió Haya de la Torre (VRHT).
En 1919, inicia su peregrinaje político cuando es nombrado líder del movimiento estudiantil, que cobra gran importancia por las revueltas contra la dictadura de Augusto B. Leguía. La reforma universitaria es uno de los primeros logros del joven Haya de la Torre, lo cual le posibilitó fundar las universidades populares, que serían –de acuerdo con algunos historiadores– la semilla de su ideología.
En 1923, VRHT parte a México, donde fundaría la Alianza Popular para la Revolución Americana (APRA), un movimiento marcado por una clara oposición a las oligarquías locales y el dominio imperialista. Haya de la Torre promovió que las relaciones hemisféricas se basaran en una clara vocación por la democracia y los derechos humanos”.

Luego de citar a Luis Alva Castro, Stagnaro no pierde la oportunidad de citar las palabras del presidente de turno:

“Para el presidente Alan García, “Haya de la Torre busca la probanza de toda afirmación y razonamiento. Nunca se puso las anteojeras de sus afirmaciones anteriores. Es un pensador científico con una larga vida dedicada a contrastar una y otra vez lo constituido en otras etapas. Fue un devoto cultor de la educación, por cuya gratuidad luchó. Enseñaba a contrapelo de lo que pensaba la gente.”.

¿Qué podemos decir frente a este encomio que las mejores mentes de ese partido de la Av. Alfonso Ugarte nunca hubieran podido hacer? Todo aprista que se precie, sin duda tiene desde ayer una deuda con Stagnaro. El haber pasado por alto las varias alianzas oscuras (y sucesos luctuosos)de los primeros años de vida histórica de ese partido, el desastroso gobierno aprista de los ochenta, y las matanzas por las cuales el país está en problemas con organismos internacionales de derecho, no es poca cosa.

Por eso es lógico pensar que todo militante del partido de la paloma podrá decirle a nuestro “contestatario” narrador: ¡misión cumplida, compañero Stagnaro!

(Giancarlo Stagnaro. Cuando Identidades era dirigido por su otro amigo, Enrique Cortez, apenas el año pasado, su rollo era contestatario y de izquierda. !Cómo cambian los tiempos!)


Agendas narrativas

Continúo con la serie de estudios sobre narrativa peruana reciente, iniciada con un polémico texto del narrador Santiago Roncagliolo publicado la semana pasada. Esta vez es el narrador y crítico sanmarquino Carlos García Miranda quien propone una serie de agendas para entender el proceso narrativo joven peruano. Nombres claves como Oscar Malca, Sandro Bossio, Marco García Falcón y otros aparecen en este texto.

En el presente ensayo se explora la narrativa peruana de los últimos quince años en el marco de las agendas1 narrativas provenientes e periodos anteriores. Para ello, empezamos, sumariamente, refiriendo las agendas que se formularon en décadas pasadas, y luego analizamos cómo éstas se insertan y renuevan en la producción narrativa última.

Agendas canónicas

La historia de la narrativa peruana está marcada por una serie de agendas problemáticas formuladas desde distintos colectivos sociales y lugares de enunciación. En algunos casos, logran ser desarrolladas, convirtiéndose en agendas canónicas, pues, debido al consenso que logran, establecen los temas centrales de la narrativa peruana, y fijan su corpus. Uno de estos casos es el indigenismo. Fue una agenda formulada a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en el marco de los proyectos de estado-nación que por esa época se estaban gestando en el continente latinoamericano. El punto central de esta agenda era la inserción en la plataforma literaria de colectivos sociales y étnicos que hasta ese momento no formaban parte del imaginario cultural peruano. Como ocurrió en otras manifestaciones artísticas, sobre todo en la plástica, en la narrativa el sujeto social insertado fue el indio
2. Asumieron esta agenda pensadores de la talla de José Gálvez, José Carlos Mariátegui, y narradores como Clorinda Matto de Turner, Enrique López Albújar, y los hermanos García-Calderón, que lograron dotarle de sentido y profundidad al tema. Esta agenda es una constante en la narrativa peruana, y cada cierto tiempo es renovada y puesta en vigencia.

Sucedió con José María Arguedas, que logra disolver las imágenes estereotipadas del indio que había producido el primer indigenismo —un indio colonial, que no habla, está feminizado, y requiere del paternalismo del blanco—, y nos propone un indio más dinámico, problemático y rebelde. Más adelante, se producirá otra renovación con las producciones de Edgardo Rivera Martínez, que trata de reconfigurar los escenarios y los temas propios del indigenismo, insertando en él elementos y preocupaciones de la literatura clásica. En su relato Unicornio, por ejemplo, hace aparecer a este ser mitológico en las montañas andinas. Últimamente, en la novela de Laura Riesco, Ximena de dos caminos, se vuelve a dar un giro de tuerca a la agenda que, desde la plataforma de una novela metafictiva, somete a crítica los temas tradicionales del indigenismo.

Otra agenda canónica es la que da origen a la narrativa urbana. El germen de la propuesta ya estaba en novelas como El daño o El Duque de José Diez-Canseco, y en Casa de Cartón de Martín Adán. Pero alcanzará el nivel de proyecto colectivo en los años cincuenta, con los trabajos de Carlos Eduardo Zavaleta, Mario Vargas Llosa y Oswaldo Reynoso. Así como el indigenismo surgió en el marco de los debates sobre los estado-nación emergentes del siglo XIX, la narrativa urbana aparece en el contexto de los procesos de modernización social generados en la década del cincuenta, que cambiará el rostro a la sociedad peruana
3. En esta agenda, el punto central era dar cuenta de un espacio referencial que emergía con fuerza en el imaginario social: la ciudad. O, más exactamente, Lima. Y sobre este espacio, se insertaban nuevas problemáticas y sujetos sociales, ligados a la vida urbana: marginalidad, el mundo privado de los sujetos sociales, el impacto de los medios de comunicación, la drogadicción, nuevas formas de racismo, y, sobre todo, el subdesarrollo urbano.

Agendas no-canónicas

Paralelamente a la formulación de estas agendas, se plantearon otras que no lograron un consenso como el conseguido por las canónicas. A comienzos del siglo XX aparecen dos casos. Primero, el relato fantástico, de Clemente Palma. Su propuesta implicaba insertar la narrativa peruana en la tradición occidental, proceso exitoso en otras zonas de América Latina, como Argentina. Pero en el Perú no resultó. Es cierto que en el tejido narrativo de varios autores se puede encontrar «marcas» de este género, pero no logra constituir un corpus diferenciado de otros, al punto de poder hablar de una narrativa fantástica en el Perú
4.

Una situación distinta se produce con el caso de la narrativa vanguardista, propuesta, también a inicio de siglo, por Adalberto Varallanos. A pesar de su insularidad inicial, la estética vanguardista será uno de los puntos de referencia en la narrativa de los años cincuenta y sesenta, sobre todo en los primeros trabajos de Carlos Eduardo Zavaleta y la primera etapa, «experimental», de Mario Vargas Llosa. De esa manera, la agenda abierta por Varallanos se inserta en la narrativa peruana, aunque no podríamos decir que existe una narrativa vanguardista en el Perú, salvo mencionar casos aislados
5. En ambos, estamos ante agendas no-canónicas, pues se presentan como alternas a las canónicas, sin discutir frontalmente sus contenidos, constituyéndose, debido a su presencia, aunque periférica, como una suerte de latencia en la narrativa peruana.

Agendas anticanónicas

Existen otras agendas que se presentan como anticanónicas. Un caso ejemplar es la que formula en los años sesenta el Grupo Narración. En un periodo dominado por la agenda de la narrativa urbana, sobre todo en la línea desarrollada por Mario Vargas Llosa, a mediados de la década del sesenta un grupo de escritores, entre los que destacaban Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez y Eleodoro Vargas Vicuña, edita una revista llamada Narración. Esta publicación se distinguía de otras de su género, como Mar del Sur o El Dominical del diario El Comercio, por tratar de situarse en una posición alternativa a las publicaciones literarias que, suponían, representaban a los grupos de poder económico del país. Esto último los llevó a desarrollar un programa que intentaba insertar en la narrativa peruana formas como el testimonio y la crónica social, cuya finalidad era evidenciar la situación social y política de los sectores marginales y empobrecidos de la sociedad peruana. Su planteamiento duró lo que les permitió el entusiasmo pues, poco después, al margen de las polémicas internas, los integrantes del grupo insertaron su producción narrativa en las agendas vigentes. Aunque algunos, sobre todo los periféricos del grupo, insistieron en el programa, e incluso, congeniaron el activismo político con su escritura, como es el caso de Hildebrando Pérez Huaranca, autor de Los ilegítimos.
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Narrativa del noventa: renovación, ruptura y proyecciones.

En los últimos quince años en la narrativa peruana se han procesado estas agendas en un contexto donde la cultura global ha diluido las relaciones de centralidad y periferia, propias de la sociedad tradicional, inaugurando un tipo de relación que podríamos denominar, provisionalmente, como «rizomática», tomando la noción de Gilles Deleuze
7. En este marco, fenómenos como la globalización, el multiculturalismo y el fundamentalismo terrorista no constituyen eventos externos a sociedades como peruana —periférica desde la perspectiva del modelo tradicional—, sino que están interiorizados y forman parte de sus estructuras, pues en el mundo global no hay centro, sino redes, puntos de conexión entre los diferentes espacios geopolíticos y culturales.

Estos eventos han producido distintas respuestas en la narrativa peruana: por ejemplo, una suerte de «ilusión» cosmopolita se denota en algunos escritores de los noventas, proclives a situar sus narraciones en escenarios globales, como París, Nueva York o Madrid, pero en muchos casos la referencia se reduce a lo toponímico —un listado de calles y zonas—, como en algunos pasajes de las novelas de Iván Thays o los cuentos de Marco García Falcón. Asimismo, el multiculturalismo ha generado la atomización de los espacios referenciales. En el caso de la urbe limeña, novelas como, por ejemplo, Al final de la calle, de Óscar Malca, se leen como literatura del distrito limeño de Magdalena, lugar donde transcurre la historia del personaje. Otras como de Miraflores, La Molina, centro de Lima, San Juan de Lurigancho, e, incluso, espacios de diferenciación social y cultural como la Universidad de San Marcos o la Pontificia Universidad Católica.

El fundamentalismo terrorista, en el caso concreto de Perú, con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y Sendero Luminoso, ha hecho que se desarrollen narrativas que remiten a traumas atávicos, que retoman antiguas dicotomías raciales —blanco y criollo vs cholo e indio—, políticas —apristas vs comunistas, senderista vs MRTA o políticos tradicionales vs políticos chichas—, y de origen —costeños vs serranos, limeños vs provincianos o criollos vs andinos—. Del mismo modo, desarrollan temas ya canonizados, como los mitos precolombinos en el caso de Óscar Colchado Lucio —Rosa Cuchillo—, conflictos sociales de corte político como en varios relatos de Dante Castro —«Parte de combate»—, e históricos coloniales como en algunos cuentos de Cronwell Jara —«Babá Osaín, cimarrón, ora por la santa muerta»—.


En relación a las agendas, observamos que, en principio, las agendas dominantes y su núcleo ideológico perviven, pero con transformaciones en su retórica y forma de exposición. La agenda indigenista se convierte en «agenda andina». Por un lado, se insertan componentes del mundo y la cultura urbana, siguiendo las huellas del relato «Unicornio», de Edgardo Rivera Martínez. Por otro, se introducen problemáticas urbanas en la vida andina, como ocurre con la vida de parejas que presentan los relatos de Barcos de arena, de Fernando Rivera. A ello se agrega una narrativa andina vinculada a los presupuestos del Grupo Narración: aunque sin caer en el documentalismo y el testimonio, busca dar cuenta de manera explícita de la Guerra Interna vivida en el Perú en la década del los años ochenta.

En el caso de la agenda urbana, se retoma uno de los temas que le dio origen en los años cincuenta, el neorrealismo. Ahora, ya no con la intención de dar cuenta de los barrios emergentes —casi con un tinte sociológico— como en Congrains, ni de la novela total, de Mario Vargas Llosa, sino más abierto al tema de la marginalidad juvenil: drogas, violencia callejera, Lima como centro de referencia de su narración. De igual modo, dentro de una de las narrativas de la agenda urbana, la que proyectaba La casa de cartón, de Martín Adán, surgen en el marco de la urbanidad global, muy cuidadosa en el estilo, una literatura que pretende ser cosmopolita y auto referencial. Son narraciones «puristas» cuyas historias ocurren —como ya señalamos— en la aldea global, como Madrid, Nueva York, otros países de Europa o en espacios imaginarios virtuales.

Por otro lado, existe una agenda, evidenciada en el Congreso de Narrativa Peruana de Madrid, del 2005, orientada a insertar este narrativa en los mercados editoriales globales, como España y EE. UU. En esta línea destaca el trabajo de Jorge Eduardo Benavides y su narrativa neovanguardista, que retoma más de un tema y recurso formal de la narrativa de Mario Vargas Llosa. Es una agenda ligada a la profesionalización del escritor planteado por el autor de La casa verde. En esa línea también apunta las obras de Jaime Bayly, que ha logrado sintonizar con un público ávido de estereotipos latinoamericanos, como se denota en su última novela, finalista en el Premio Planeta, Y de repente un ángel.

Una variante muy interesante en esta última agenda es la inserción de la narrativa peruana en los marcos del neopolicial latinoamericano, específicamente en su versión hard-boiled o novela negra, practicada por los norteamericanos Raymond Chandler, Dashiell Hammett y James M. Cain, entre otros. En síntesis, esté género, asumido como la literatura social de fin de siglo, deja de lado los principios del enigma policial, insertando tramas políticas y sociales en sus estructuras, narradas con una prosa de cotidiana, irreverente y proclives de denunciar la violencia dominante en sus sociedades. Casos muy interesantes de esta línea los vemos en novelistas como los colombianos Santiago Gamboa y Fernando Vallejos; los argentinos Mempo Giardinelli, Juan José Saer —no todas sus novelas— y Osvaldo Soriano; los chilenos Gonzalo Contreras, Alberto Fuguet y Roberto Bolaño; y el boliviano Edmundo Paz Soldán. En el caso del Perú, esta línea ha sido seguida por Fernando Ampuero, Alonso Cueto y Santiago Roncagliolo. Como la agenda anterior —seguida por Jorge Eduardo Benavides—, este registro ha permitido que nuestros narradores puedan insertarse con mayor facilidad en los parámetros de la industria editorial en lengua hispánica, cuyo meridiano editorial lo constituye Madrid.

Debido al éxito en el exterior de esta última agenda —varias distinciones en importantes concursos de novela—, se puede prever que los más jóvenes intenten recorrer sus predios, sobre todo bajo la égida de Roberto Bolaño, cuya fuerza narrativa y vitalismo personal ha encandilado a más de uno. Pero eso no evitará que se manifiesten otras líneas narrativas más ancladas en la tradición narrativa peruana, como el neorrealismo de los noventas —de corte urbano y marginal, con referencias al consumo de drogas y al punk rock—, y la narrativa andina referida al tema de la violencia terrorista, con resoluciones mitológicas históricas y sociológicas.

En conclusión, podemos notar que en el arco de los últimos quince años, los noventas se presentan como la década donde se empiezan a reconfigurar de manera frontal las agendas canónicas, no-canónicas y anticanónicas. Surgen mezclas, como el neopolicial latinoamericano, que incorpora preocupaciones de la novela urbana en el marco de género negro; se actualizan —aunque no son hegemónicas— las narrativas fantásticas y vanguardistas, expresadas en forma de novelas autorreferenciales y experimentales; y se renueva —sobre todo por el impacto de la guerra interna en el Perú— la narrativa neo indigenista de los ochenta, incorporándose elementos de la novela histórica. Y, sobre todo, se denota la necesidad de insertarse en los mercados editoriales globales, fundamentalmente, el español. Aunque todavía está por verse plenamente la estrategia a seguir, pareciera que se continuará el camino seguido por los narradores colombianos, chilenos y argentinos, más posicionados en el mercado editorial; es decir, el neopolicial latinoamericano. Un caso exitoso reciente es la novela La hora azul, de Alonso Cueto, ganadora del Premio de Novela Anagrama 2006, y Abril rojo, de Santiago Roncagliolo, que obtuvo el Premio de Novela Alfaguara 2006.

De generalizarse esta «fórmula exitosa», en unos años podríamos estar asistiendo al surgimiento de una nueva etapa en la narrativa peruana, similar a la ocurrida a finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte con su adscripción al realismo —Clorinda Matto de Turner, López Albújar, Ciro Alegría—, y en la década del cincuenta, con la aparición de la novela del lenguaje o narrativa experimental —Carlos Eduardo Zavaleta, Oswaldo Reynoso y Mario Vargas Llosa. El cualquier caso, se desarrolle o no esta tendencia, por su heterogeneidad de narrativas -crítica social, histórica, fantástica, experimental, policial y negra— y su proyección en la producción de los narradores más jóvenes — Pedro Llosa Vélez, Juan Manuel Chávez, Sandro Bossio, Fernando Rivera, Julio César Vega y otros—, habría que considerar a la década del noventa como un punto de inflexión en la narrativa peruana.

* * *
Notas

1 Considero que la palabra «agenda», -proveniente del latín agenda, que significa «cosas que se han de hacer» - expresa de manera más nítida la situación de los proyectos generados en la narrativa peruana a lo largo de su historia, pues se presentan como planteamientos urgentes, inconclusos y en constante revisión.
2 Noción problemática por su origen colonial. Además, un término «inventado» para dar cuenta de un sujeto también «inventado» por los primeros cronistas. A ello, se agrega su recepción negativa en el imaginario cultural latinoamericano, que la asume como una agresión verbal. Más aún, resulta un término que no se condice con la realidad cultural de los sujetos en la América Latina actual. Usamos la noción con estos reparos.
3 Véase Antonio Cornejo Polar, Hipótesis de la narrativa peruana última. En: La novela peruana. 2da edición. Editorial Horizonte. Lima. 1989.
4 Ciertamente, existe, aunque exiguo, un corpus narrativo, liderado por los trabajos de José Adolph, pero no en relación a las mencionadas en el acápite anterior.
5 Mencionaría el caso de Gastón Fernández.
6 Este autor, condenado a veinticinco años de cárcel en octubre del 2005 (http://www.pj.gob.pe/aaa.asp?codigo=23560), militó en el grupo terrorista Sendero Luminoso. [Nota del editor: La situación actual de este escritor es incierta, y no se sabe si está vivo ni se conoce su paradero.]
7 Deleuze, Gilles y Guattari, Felix. Mil Mesetas: capitalismo y esquizofrenia. Valencia, Pre-textos, 2002.

(García Miranda en Portbou, Cataluña)


No hay espacio para todos


Yo no veo el abismo convertido

¡Yo soy el abismo subido!

Por Salomón Valderrama

Es inevitable pensar en el silencio. Místicos recuerdos cuando las obras, los paraísos y los pensamientos van más allá del verdadero y ordinario cuerpo. Pienso en la trascendencia, en lo que prefigura y determina que de una obra, sí y otra no, florezcan trópicos o clásicos de las nuevas y muy copuladas artes. Y es que, aunque trato, una fuerza extraña me hace recordar, en este instante, a Lautréamont y su esotérica vida o, debo decir, vidas que persiguen, construyen y desbaratan el mismo Laberinto del Minotauro, escondido, en un caracol de matemática belleza o esfinge de Fibonacci o, sinceramente, caos perpetuo. Cierro los ojos y sigo, contemplando, a César Moro ejecutando su parábola; soy testigo cómo desde el fuego adverso, con sus tres manos, arranca un poco de fuego y va a encender la mecha que, indefectiblemente, llegará en la dinamita. Con su vida, su propia y única carne ya extendida para freírla, para reclamar que es esta mecha peruana, que al maligno equilibrio aún vive en Francia. Hablo, hablo sí del culteranismo moderno y de Luis de Góngora y Argote en pie de lucha radical en desvestida Europa, tan fría, bella y máquina o maquina secreta. Agua que te quiero ver manumitida de Megápolis: cuando el oro negro ya no es sino desecho que resta las coordenadas de la luna. Criptología que te amo en el juego, niñas serias, de Gerardo Chávez: alucinación, visión, catarsis superior de un universo natural; especies que vamos en el tiempo y espacios de donde llegamos y partimos. Será tiempo igual a circular o transformar. Es ineludible, ahora, imaginar el anda sin La papa o que la papa aspire, contenga el aire, y tenga que llegar a los cielos olímpicos de La noche estrellada. Iluminar las pampas de estrellas con voces nuevas, lluvias como palabras Julio Cortázar o palabras a sustentar las lluvias que hay, instantes, que es la hora que deje de ser la misma, siempre de apócrifa inocente. Palabra grave, enferma de hacer sentir, siempre, la misma cosa o serán idiotas educandos los que aprendieron en las escuelas el arte de entender. De tener miedo, de no tener la metritud de Carlos Oquendo de Amat:

Tuve miedo
y me regresé de la locura
tuve miedo de ser
una rueda
un color
un paso
PORQUE MIS OJOS ERAN NIÑOS
Y mi corazón
un botón
más
de
mi camisa de fuerza
Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos
veo la calle que está mendiga de pasos.
Así para ser revolución y soledad. Resurrección y eternidad.

(Oquendo siempre)

Commentarios, nueva librería

El poeta y performer Giankarlo Huapaya me hace llegar información sobre la nueva librería del centro de Lima, que él administra. La librería está ubicada a 20 metros del Jirón de la Unión, en el 144 del Jirón Ica, y abre desde las 10 de la mañana.

“Queremos acogerlos con hospitalidad, brindarles una atención personalizada. Venga a Lima, reencuéntrense con sus calles, sus tradiciones, su maravillosa arquitectura y acompáñenos a tomar un café con un libro entre las manos. Los esperamos.”, reza el texto de Huapaya. Vale la pena darse una vuelta.

(Imprima el vale de arriba y obtendrà un 10% de descuento en todos los libros de Commentarios)

Ybarra por tres

Rodolfo Ybarra, el poeta que protagonizara uno de los debates poéticos más comentados que se recuerde en los últimos años va a presentar no un ni dos, tres poemarios hoy a las 7.30 pm en el Centro Cultural de España.

Se trata de Ruptura de Heje, Carne Humana y Construcción del Minotauro. Los presentadores de esta noche, que promete ser para el recuerdo -ya verán por qué lo digo-, son Harold Alva, Luis Fernando Chueca (Ritos Funerarios), David Abanto y este blogger. A mi cargo estará la presentación de Ruptura de Heje, publicado en España por el controvertido poeta Rubén Quiroz (Rotación).

Vino de honor al final. Están todos invitados, no se lo pierdan.


(Ybarra)

29.1.07


De Prada Premio Biblioteca Breve


Convocado por la editorial Seix Barral, este codiciado premio ha ido a parar a las manos de un cazador de premios grandes, el novelista Juan Manuel de Prada, por la novela El séptimo velo.

El jurado estuvo integrado por Luis Alberto de Cuenca, Manuel Longares, Ángela Vallvey, Pere Gimferrer y Elena Ramírez, quienes dieron el premio -de 30,000 euros- a De Prada por unanimidad.


La nota de ABC, donde el ganador habitualmente colabora, dice: "Juan Manuel de Prada nació en Barakaldo en 1970, pero pasó su infancia y adolescencia en Zamora. Con su primer libro, Coños (1995) y los relatos de El silencio del patinador (1995) sorprendió a la crítica por su imaginación y su audaz uso del lenguaje. En 1997 recibió el premio Planeta por La tempestad".


Se sabe que para esta edición sde habían recibido 392 novelas provenientes en su mayoría de América Latina, y por cierto del Perú. Seix Barral publicará el original premiado a fines de febrero de este año.


(De Prada)

Effio, McCarthy, Tola

El artìculo sobre los blogs que hemos comentado no es por cierto lo único interesante de El Dominical de ayer. Enrique Prochazka publica el texto de presentación del libro de relatos Lecciones de Origami (Matalamanga, 2006), de Augusto Effio. En su texto el autor de Casa señala: “sospecho que nuestros jóvenes escritores de ficciones literarias solo leen... ficciones literarias. Nunca mencionan, entre sus lecturas favoritas, nada que no sea ficción. Podemos especular sobre las causas, pero lo que me llama la atención son los resultados. Sus discursos –sus cuentos, sus novelas- son, casi exclusivamente, metaliterarios, recursivos a gran escala.”.

En otro plano, el crítico y novelista Peter Elmore hace una larga lectura de El Camino, reciente novela del narrador Cormac McCarthy (Meridiano de sangre, Trilogía de la frontera). Sobre la escritura de MacCarthy, Elmore dice que es “conmovedora y exigente, se arriesga sin vacilaciones hacia los extremos. De ahí que con frecuencia, los personajes de las ficciones sean viajeros en el desierto, seres enfrentados a la intemperie de los elementos y de la sociedad humana”.

Fernando Ampuero publica también un notable acercamiento a la obra pictórica de José Tola, nuestro más especial pintor vivo. Ampuero plantea: “Tola no hace un arte hedonista ni busca la complacencia fácil. Nadie puede decir (personalmente no recomiendo a nadie que se lo diga al pintor) que lo que él hace es algo bonito. La obra de Tola no es bonita. Puede ser intensa, revulsiva, angustiosa, conmovedora. Número de colección de El Dominical.

(Tola. De Retratos impugnados -2004)

Una década con blogs

Jorge Paredes hace un recuento hoy, en El Dominical de El Comercio, sobre la historia de los blogs, sitios web que han revolucionado la red, sus alcances y objetivos. "Si Internet revolucionó las comunicaciones, podemos decir que los blogs revolucionaron la Internet", dice Paredes y tiene toda la razón.

Desde que Dave Winer fundo en primer blog en 1997, miles de miles de personas en todo el munod no han dejado de compartir pensamientos, sueños, deseos, frustraciones y odios en este medio que parece llegar a su cima en estos años. Paredes revela la mayoría de blogs nacionales se agrupan en Blogsperu.com, Perublogs.com y Perublog.net.

"Una encuesta sobre la blogósfera en castellano (tintachina.com) señala que el 64% de los blogs proviene de España -prosigue El Dominical-, el 12% de Argentina y el 10% de México y el 2% de Perú al igual que de Chile. (...) Algunas páginas peruanas interesantes son: blog.c3 (tecnología), La Nuez (cómics), slayer X (Internet), Moleskine (Literatura), Luz de Limbo (Literatura), Puente Aéreo (cultura), Arte nuevo (artes plásticas), Cucharas (Gastonomía)".

28.1.07


Uncool: el gusto por lo bizarro

Dos investigadores argentinos, Javier Lourenço y Hernando Gómez Salinas, dedican su tiempo por estos meses a rastrear aquello que ya no está de moda, lo que fue dejado atrás o rechazado por los caprichos de lo “cool” y lo estéticamente aceptado por las élites.

“¿Qué pasa cuando lo que está de moda pasa de moda? ¿Cuando lo cool deja de serlo, cuando lo in está fuera y lo out es “lo top”? Frente a estas nuevas necesidades surgió una nueva búsqueda: la búsqueda de lo no cool. El uncoolhunting es la nueva forma de investigación, de la que emergen aquellas tendencias no exploradas por los circuitos de la elite”, afirma Suyay Benedetti en Página 12 hoy.

El uncoolhunting, que parece ser una suerte de movimiento estético además, tiene objetivos muy definidos. Según su manifiesto: “El uncoolhunting observa aquello que no está en las guías de turismo, hurga en el retro (el rescate de lo que alguna vez fue glorioso), lo trash (los márgenes de la cultura de moda), lo bizarro y el mal gusto (todo aquello no posible de ser digerido por el mercado de consumo), lo excéntrico o freak, lo extravagante o pretencioso, lo caro venido a menos, lo barato venido a más”.

Esta, llamémosla tendencia, reivindica lo uncool, lo “marginal”, y de a pocos está teniendo tanta aceptación que en Argentina muchas agencias de publicidad lo toman en cuenta para maquinar sus spots de TV. La nota de Página 12 incluye una entrevista a los investigadores que posteo en sus peguntas esenciales:

–¿Cuáles son los parámetros de lo cool y de lo uncool?

J. L.: –Desde lo uncool no hay parámetros porque no hay reglas, en cambio dentro del cool hunting hay como categorizaciones. Todo lo uncool sorprende mucho más porque viene de registros que no existen.
H. G. S.: –El verdadero cool hunting es el descubrir todo aquello que todavía las marcas no vieron que está pasando. Lo cool está saturado: ahora hay que apropiarse de lo kitsch.

–¿Cuando lo uncool empieza a ser tendencia no pasa a ser cool?

H. G. S.: –Eso lo hemos discutido largamente... consideramos que un parámetro de lo uncool es que siempre está fuera. Siempre va a haber cosas que son cool y cosas que no son cool, por eso no se agota.
J. L.: –Quizá en cinco años lo uncool va a ser lo cool de hoy, por eso lo uncool siempre va a ser mucho más amplio. Lo cool es lo que llega y lo uncool no es sólo lo que casi llega, sino también lo que quedó completamente descartado.

–¿Por qué el nombre de lo que hacen tiene el mismo de lo que se quieren distinguir, pero negado?

H. G. S.: –Eso es por una cuestión con Internet, con los buscadores. Obviamente si sos del mundo de los cool hunters y querés estar a la vanguardia ponés la palabra en un buscador, por eso el nombre de nuestro sitio.
J. L.: –Claro, no es que seamos distintos a todo lo que está. Esto es sólo una parte de la tendencia, nosotros organizamos la tendencia de la no tendencia. No es que estemos completamente afuera, nuestro target es el mismo de los que están en el cool hunting”.

(Pintura "bizarra". Sin comentarios)
Primus

Disfruten al mejor bajista del rock contemporáneo en breve pero contundente solo.



Lipovetsky hipermoderno

El suplemento Babelia de El País es normalmente un surtidor de cultura y modernidad en el que siempre abrevan los mejores blogs literarios. En la edición de hoy se publica una reseña sobre el reciente libro del pensador francés Gilles Lipovetsky, Los tiempos hipermodernos.

Se trata de una suerte de diálogo con el filósofo Sébastien Charles sobre los tiempos de metamoralidad y aceleración del futuro que vivimos. Si la preeminencia del sujeto y la transitoriedad fueron los referentes concretos de lo que se llamó –no sin fundados rechazos- era posmoderna, hoy más bien es el futuro el que se actualiza constantemente en el presente, de forma incontrolable, y la fragilidad de un centro pensante y perceptor en un caos de “dispersión de conductas” y “excesos”, se hace evidente.

Dice la nota: “El autor sentencia que la época posmoderna, ya anticuada, ha acabado y que estamos ante el inicio de la hipermodernidad. El exceso y la incontinencia serán ejes dominantes. Desde ahora hay que ir a más. Todo va más deprisa de lo que es factible controlar. La época hipermoderna es un indeterminado vaivén entre polos opuestos. Lo insustancial se codea con lo austero, la permisividad con la contención. Si lo posmoderno implicaba la emancipación del individuo de un destino impuesto para acometer una realización identitaria, en el hipermodernismo el hombre es reencarnación de un Narciso inmaduro, desorientado y atormentado por el ennui (hastío), la saturación de opciones y el hundimiento de las reglas”.

Esto último del hundimiento de las reglas es clave –lamentablemente- para entender los tiempos que corren y ciertos sucesos de la blogósfera -tanto la "oficial" como la cloaquense- que pronto tendrán un detenido examen en este blog. Esperemos que llegue este libro a nuestras bellas costas.

(Lipovetsky)

Poetas & Cía

Eyaculación volatilígena de los ángeles del abismo para sepultar a los gusanos infames que asolan el sagrado plumaje de la poeiesis.

Un grupo de poetas, entre los que reconozco a mi amigo el poeta piurano Jorge Castillo Fan, ha formado un colectivo interesante y ha elegido las páginas impagables de Letras S5 para debutar con el texto que posteo a continuación. Visiten la página chilena, esta suerte de texto fundacional va acompañado de información sobre los integrantes y su honda poética. Realmente estimulante.
“Vamos deshilvanando el fragor subterráneo de las calles en esta encrucijada donde la vida nos va tensando sus emociones más profundas. Como esas adolescentes (tiernas hierbas que se asoman a nuestros ojos) que inventan con sus sonrisas un encuentro lucígeno con la naturaleza y, de repente, en la distancia nos convocan un incendio supremo de palabras. Y en la distancia nos reconocemos como seres inconformes, insubordinados, en medio de la hediondez, la tiranía y el espanto. Seres que auscultan el reino de la solemnidad telúrica, de la redención mayor, de las alusiones a la comunión de todos los mártires, de todos los engendros encendidos que disparan sus pasos alrededor de las significaciones mayores. Así nos vamos deificando en un molde que nunca sabrá nuestra dimensión. Pues somos una herencia de fuego que ha encendido su propio cauce. Porque hay que salvar la Poesía. Hay que salvar el Arte. Hay que salvar la Literatura. Hay que hacer de ellas la nave astral que recorra todas las pieles y todos los laberintos de la náusea y el detritus. No podemos permitir que los sátrapas de la mediocridad y los farsantes de siempre mancillen la pureza y el rostro etéreo de las musas subterráneas. De las náyades de nuestros terrenales y locos corazones. Por eso con nuestras trenzas de viento atravesamos senderos y laberintos siderales. Secuestrando siempre los colores ignotos. Porque el Sol nos envuelve con sus latigazos de fuego y sus latigazos de ternura. Y por eso nuestra poesía y nuestra imaginación está hecha para la más centelleante de las cabalgatas. Y de las aventuras inmarcesibles que nadie podrá sojuzgar. Porque somos el disparo de la luz entre los meandros. Entre los labios de las chicas. Entre las faldas de las novias. Y entre el extravío de los chiquillos almibarados. Porque somos ese designio tungsténico atravesando las brumas de tu mente. Somos los hijos legítimos de la Poeisis registrados en el ayuntamiento solar. Y de ahí que las ruedas de esta máquina de hacer gladiolos tipo Charlie nos va llevando a todos los territorios donde la Literatura cobra su verdadera identidad y su verdadero plumaje. Igual que las aves nocturnas que dominan tus sentidos. Algo así como si de repente los ojos de Luzmar se asilaran en las riberas de tu sueño. Como esas partituras que se transmutan con el olor de las violetas y de las aguas silvestres venidas del centro ígneo de este planeta. Lugar del universo que nos fue prodigado para ser los poetas azules. Los Poetik's. Los ángeles del abismo. Los que reinarán con sus diademas de granizo y rocío. Con sus ojos de polvo y de leche fresca. Como seres atravesados por la inflorescencia de todos los campos salvajes e indómitos. Por eso hemos saltado las siete notas para tejer otras pieles. Otras escamas sobre los oráculos de esta cobra incandescente. Porque esta es la hora azul de la vindicación suprema de la poesía. Donde sepultaremos todos esos garabatos protozoarios y hediondos escritos por el mongolismo y la infamia. Por eso esta trinidad flamígera eyacula sobre tus latidos estos engendros cocidos en el abismo logarítmico de nuestros ojos internos. Porque la mutación epidérmica de la Poeisis nos fue asignada en el último sínodo de las pasiones ignotas. De las fiebres indevelables. Aquí estamos. Como un pene en erección eterna. Lejanos del pestilente gruñido de los plagiadores. De los poetastros que publican adefesios literarios damnificando los cerebros. Porque cada gota de nuestros cabellos es la humedad que alimenta la ontología de estas cartas y de estos textos que son como los clavos de una madrugada en nuestras interminables libaciones. Por eso hemos sido elegidos para ser tripulantes de esta nave astral. Y de la metamorfosis de la literatura y de todo el arte sublime. Pues aquí la Poeisis tiene sus vástagos contados. Y esos son los Ángeles del abismo. Todos los Ángeles del abismo que tienen sus alas purpurizadas en el fragor de las iras benditas y supremas.
(Castillo Fan, poeta)

27.1.07


Broch poeta

Para los que hemos leído La muerte de Virgilio (hay una traducción notable en Alianza Tres) no es tanta la novedad de la publicación de los, secretos, poemas del novelista austríaco Hermann Broch. En la novela citada, el también ensayista despliega una suntuosidad de lenguaje poco comparable en el siglo veinte. Allí lo lírico está puesto al servicio de lo histórico, pero en grandes tramos lo trasciende y lo sobrepuja con prestigiosas imágenes. Como no he leído nada de su obra poética aún, dejo el texto completo que Jaime Siles publica en ABCD.


“En mitad de la vida. Poesía completa.

No sé hasta qué punto el lector común y no familiarizado con la lengua y la literatura alemanas será capaz de comprender las variaciones y variedades de las distintas naciones que en ellas se expresan. Pero, aunque así sea, una cosa ha de quedarle clara: que la literatura escrita en Austria -sobre todo, la de los siglos XIX y XX- supone un territorio tan marcado que se reconoce no sólo por las peculiaridades de su lengua sino, sobre todo, por una serie de obsesiones y de temas que, por serle propios, caracterizan tanto su anatomía filosófica como su configuración mental.
Obras como las de Hoffmannsthal, Trakl, Roth, Wittgenstein, Broch, Musil, Jandl, Thomnas Bernhardt o Jelinek demuestran que un rasgo común a todas ellas es el escepticismo lingüístico de herencia schopenhauereana que, leído a la luz de Gerber, Nietszche actualizará y que tuvo en Fritz Mauthner su máximo representante filosófico.

Experiencia del nazismo. De él derivan casi todos ellos porque la reflexión sobre los límites del lenguaje es algo que, de diferentes modos y maneras, les atraerá. Gran parte de la obra de Hermann Broch es una insistencia y reincidencia en ello. Y, por eso, su obra narrativa -como la dramática, la ensayística y la poética- tiene como centro y objeto de su órbita tanto la materia y condición de lo expresable como la conciencia de aquello que el lenguaje nunca puede expresar. Y ello, no por naturaleza sino por historia: porque el Imperio austro-húngaro fue, dentro del continente europeo, el más sometido a todo tipo de tensiones por la triple crisis -de sujeto, de identidad y de lenguaje- que, a lo largo del siglo XIX y principios del XX, en él se da y que, desde entonces, ha acompañado siempre a lo moderno. Broch puede ser visto como un claro paradigma de ello. Su poesía, pues, sigue las líneas de un sistema y se inscribe en los ejes de una bien instaurada y conocida tradición que Broch asume e interpreta, porque, en su caso, el escepticismo lingüístico austriaco se combina con la experiencia histórica del nazismo y la persecución y el exilio producidos por él.

Y ese es el punto en que Broch amplía el recetario de la tradición anterior a él que, en la interpretación de ella que su obra hace, sobrepasa los límites de un problema conceptual y metafísico para convertirse en uno de los signos de la angustia de la modernidad. Si su novela ya era en sí muy significativa, su poesía ni le va a la zaga ni lo deja de ser: el lector encontrará en ella un hirviente magma en el que las ideas y las percepciones están en continua ebullición y en el que el lirismo sensitivo-intelectual que lo envuelve, pone en conflicto el yo con la palabra, y a ésta con su sistema mismo de representación. Broch tematiza la quiebra del sentido haciéndola visible en el lenguaje, pero ni lo niega ni lo anula porque su nihilismo no llega a ser total: hay en él un latido de esperanza y hasta una cierta fe en la realidad. Su desesperación no es ontológica sino histórica, como su título Die Idee ist ewig (La idea es eterna) y sus mismos poemas dejan ver.
Ocultación del yo. Clara Janés lo explica en su acertado prólogo: según ella, Broch se sintió atraído por el perfecto mundo de las matemáticas e intentó que el lenguaje poético fuera capaz de «hacer audibles y visibles unidades cognoscitivas», y que la cosmogonía órfico-pitagórica y la «lógica del arte» llegaran a alcanzar una «verdad transformada en conocimiento». Su estudio sobre Hoffmannsthal es un espejo de sí mismo, ya que mucho de lo que dice de la obra de aquel podría decirse de la suya. Clara Janés subraya, entre otras rasgos, éstos: «La ocultación del yo subjetivo» en aras «de una exposición lírica» hecha «por medio del objeto» y «la necesidad de identificación del artista con el no-yo».

No deja a un lado su interés por la poesía popular -lo que Broch llamaba la «tarea bautismal de la poesía»- ni el proceso de simbolizaciones seguido hasta llegar al símbolo total. Broch, traumatizado -como todo el final del siglo XIX- por la desesperación derivada de la atomización del mundo hecha por la ciencia y la consiguiente pérdida del sentido de -y de la comunicación con- la totalidad, aspiraba -como Mallarmé- a una síntesis científico-musical que religara el yo con el profundo sentido de las cosas.

Conocimiento de la muerte. Para Broch -como advierte en su novela La muerte de Virgilio- el lenguaje sólo es el «interregno del conocimiento terrenal», y la poesía, la única actividad humana «que sirve para el conocimiento de la muerte». Como advirtió Hannah Arendt, «ser poeta y no quererlo ser constituyó el rasgo característico de su personalidad, inspiró la acción dramática de su obra más importante y se convirtió en el conflicto central de su vida».
Montserrat Armas y Rafael-José Díaz han traducido los cincuenta y tres poemas que, en sentido estricto, componen la obra poética de Broch, y -con buen criterio- han dejado fuera tanto los poemas suyos de ocasión como los incluidos dentro de otras de sus obras, y las versiones que hizo de Eliot, Joyce, Spender y Whitmann, así como también sus colecciones de aforismos.
Su traducción es rigurosa y fiel, y da cuenta de un poeta que no concibió estos textos como libro ni como partes de nada que no fuera su pensamiento y él. Y eso es lo que el lector en ellas encuentra”.
(Facetas de Broch)

Cueto en el Hay Festival

Conversé con Alonso por teléfono y apenas tuvo tiempo para contarme que se iba a Cartagena de Indias en Colombia, a un festival literario, antes de regresar a Lima y embarcarse inmediatamente para Trujillo, a la Feria del Libro de esa ciudad. Intrigado, decidí navegar un rato en busca del festival que convocaba al autor de Amores de invierno. Lo que encontré fue esto:

The Hay Festival

Hay-on-Wye es un pueblo de mercado situado en el Brecon Beacons National Park (Parque Nacional de Brecon Beacons). Cuenta con una población de 1300 habitantes y 39 librerías. Su festival, que atrae a 80.000 lectores de todo el globo, fue descrito por Bill Clinton como "el Woodstock de la mente". Desde 1996 el equipo del Hay Festival ha organizado festivales de gran éxito en Italia, Brasil y Londres y ahora trae su propio sello de hedonismo libertario a Cartagena”.

Las mesas donde estará nuestro amigo son dos. Una para mañana sábado, donde conversará con Jorge Volpi, Vicente Molina Foix y Fernando Toledo sobre las particularidades de novelar la historia. Y otra para el domingo 28, donde con Antonio López-Ortega Enrique Serrano y Efraím Medina hablará sobre el género de la narración breve.

Esta versión del festival ha convocado a grandes estrellas internacionales no solo de las letras sino también de la música. Bob Geldof dará un concierto en Cartagena dentro del marco de festival. Un abrazo a la distancia.

(Alonso Cueto)

26.1.07


Pizarnik


He hallado a la vida mezclada

Entre los colores de la muerte

Al amado entre los rojos violentos

De un canto vacío

Nadie sabe que las últimas bocinas

Que se oyen en las calles

Son las de mi corazón

Que existe una piedra que extiende los brazos

Para abrazar el ardiente musgo de mi aliento

Nadie me ve cabalgando desnuda

Sobre el lomo tibio y esmeril de la poesía

Cuando el silencio me dispara en la boca

Y el horror vomita mi luz ensangrentada

Con los molidos cráneos de mis sueños.


(Poema de Denisse Vega Farfán, la mejor poeta del 2000)


Duchamp, la biografía

Pocos personajes en la historia del arte han sido tan decisivos como Marcel Duchamp (1887-1968), que cuando llevó el inodoro a la galería en 1917 inauguró una nueva dimensión del arte contemporáneo. Una biografía suya, por tanto, no podía ser una cualquiera y eso lo tuvo bien claro desde el principio Judith Housez, quien según Le Point ha hecho un trabajo magistral con la vida del artista francés.

“El retrato elaborado por Judith Housez es el de un hombre de rostro impasible, vestido de negro en traje de buen corte, cigarro o pipa en boca, que se desplaza sin esfuerzo por las corrientes artísticas del siglo veinte. Una concentración intensa lo dispensa de los habituales prolegómenos de la creación”, dice la nota del semanario.


Es de remarcar que esta biografía le hace en algún modo justicia en Francia a Marcel Duchamp, quien nunca fue profeta en su tierra mientras vivió, y su arte, que rompió literalmente los marcos de la pintura tradicional, no tuvo la repercusión en su país que tuvo, por ejemplo, un movimiento coetáneo suyo como el Cubismo.


(¿Demasiado genio?)

Lauer y Vallejo

El poeta, novelista y periodista Mirko Lauer ha escrito una columna en La República motivado por la lectura de la poesía del autor de Trilce que se llevará a cabo mañana en la Biblioteca del Congreso de norteamericano. A continuación la nota:

"Este viernes habrá una lectura de la poesía de César Vallejo en la Biblioteca del Congreso, Washington. Sirve para recordarnos que hasta la aparición del boom y el post-boom narrativo Vallejo era lo más famoso de nuestra vitrina literaria. Probablemente siga siendo lo más duradero y lo más convocador.

Desde hace más de un año una asociación de amigos de César Vallejo hace activismo en torno de su obra, con el beneplácito de una parte del establishment literario parisino. A diferencia de las celebridades de hoy, Vallejo no solo tiene lectores, sino también seguidores, de su vida, de sus ideas, de la sacrificada ética que representa.

El caso de Clayton Eshleman, su mejor traductor al inglés, es emblemático. Publicó una versión de buena parte de su poesía y, descontento con su trabajo, empezó de nuevo. Su segunda versión ganó el premio Pulitzer de traducción y creó un nuevo público de lectores de Vallejo. La lectura del viernes es parte de ese interés.

Desde el punto de vista del marqueteo contemporáneo, Vallejo es un autor antiguo: poeta por lo general difícil de desentrañar sin ayuda crítica, comunista militante, pensador brillante pero con raíces en el siglo XIX. Medido con la vara de hoy, un profesional sin éxito en vida. El propio culto que lo siguió en la muerte ha envejecido mucho.

El primer lanzamiento de su poesía fue a partir de la máquina de propaganda de la III Internacional, luego de su oportuno fallecimiento en 1938. Pero la calidad de los versos sobrevivió ese pedestal, como sobrevivió a su propia dificultad. La presencia de Vallejo en el mundo es hoy un fenómeno estrictamente poético.

En el espacio peruano a la calidad se suma una leyenda de rasgos reales: el origen provinciano, el exilio, la penuria parisina, la militancia en la guerra civil. Aquí un público considerable lee unos cuantos poemas seductores, sobre temas universales como la muerte, el sufrimiento, la separación de la familia.

Da la sensación de que los cenáculos de entusiastas literarios de fuera tienen más presente al poeta que el público peruano, que sin embargo compra sus libros en cantidades considerables. Como si aquí solo fuera un poeta de los estudiantes, y de los propios poetas que encuentran en él un inspirador nivel de excelencia.

Sin embargo Vallejo tiene cosas importantes que decirle al Perú del siglo XXI. Cosas como la solidaridad humana, la densidad afectiva de los círculos familiares, la lucha del Perú contra las limitaciones del lenguaje, la dignidad de las mayorías pobres. Leer a Vallejo es retomar la larga marcha por una justicia social en el Perú".

(Lauer)

Vila-Matas again

Durante las celebraciones por el “Día de la Fundación pro Real Academia Española” se entregó al autor de El mal de Montano un premio de la docta institución, y se hizo un homenaje, a cargo del catedrático Gonzalo Sobejano, a Francisco Ayala, por sus cien años de vida.

La nota de ABC cuenta que Vila-Matas “vertebró su discurso en torno a «El hechizado», un cuento del propio Ayala. El autor de Doctor Pasavento (la novela premiada) defendió la voz y la palabra del «escritor de verdad, ése que es independiente del poder y que asume su oficio como un trabajo moral, porque escribir bien es una manera de ser moral con uno mismo. Es hoy, además, una actitud moral, porque se ve obligada a estar en oposición a la corrupción reinante entre los emisarios de la nada que habitan en los centros de todos los imperios». Destacó igualmente el premiado, quien asume que practica una «literatura de investigación», el valor de la experimentación, «que es la marca de la gran literatura».

Esta última afirmación de Vila-Matas es resaltada por ABC, pero a mí me parece más importante subrayar lo que recomendó como tarea al escritor de hoy el autor de Lejos de Veracruz: «debe consistir (su tarea) en enfrentarse a esos emisarios de la nada y combatirlos para no dejar a la Humanidad en manos de la muerte. Porque digan lo que digan, la escritura puede salvar al hombre. Hasta en lo imposible». Los emisarios de la nada, uhmmmm.

(Lúcido Vila-Matas)


Gálvez Ronceros inédito

Los que frecuentamos al escritor, no nos sorprendemos de que los homenajes merecidos que recibiera el autor de Historias para reunir a los hombres (1988) el año pasado, se prolonguen hasta este, con la edición 24 de la Gaceta Cultural del INC, donde AGR publica un adelanto de novela.

Se trata Marleny era el prostíbulo, un delicioso recorrido por el mundo prostibulario de cierta provincia, donde Gálvez Ronceros explora con la misma capacidad lingüística de que dio fe en Monólogo desde las tinieblas (1975), el universo oral y mental de un anciano del lugar. Mejor les dejo un fragmento:

"Quien tenía esha maña era la madre del gobernador, cuando ya era vieja y que en shus mejores tiempos fue mujer de la vida. Shí, mujer de la vida, quién no lo shabe. Y shi usté no lo shabe, como pareshe, le diré que hashe shincuenta años ella trabaja de putasha en una casha de esha calle que le dishen Camal, allá en la vieja shiudad...".

(AGR en su casa -foto: Mabel Gálvez)

25.1.07

Volpi director de TV estatal

La nota de El Universal es elocuente: “El escritor mexicano Jorge Volpi fue nombrado hoy director de la cadena de televisión pública Canal 22, informó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Volpi, abogado y con una maestría en letras mexicanas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca (España), obtuvo en 1999 el Premio Biblioteca Breve y el Deux Océans-Grinzane Cavour por su novela En busca de Klingsor.

Esta novela, que ha sido traducida a veinticinco idiomas, inauguró una trilogía de obras recientemente que continuó con El fin de la locura y concluyó con la novela No será la tierra.
Volpi ha desempeñado también cargos en organismos encargados de la administración de justicia y ha sido consejero cultural en Francia y director del Instituto de México en París”.

Cabe resaltar que este novelista mexicano es nacido en 1968, y participó de la última feria de libros de Lima, realizada en julio pasado. Volpi es tal vez el escritor joven más exitoso profesionalmente de Latinoamérica, conocido por su vocación democrática e inclusiva. Todo un ejemplo a seguir, ¿no les parece?

(Volpi)
Feria de la marihuana

Encuentro en el blog de Santiago Roncagliolo esta delirante nota sobre una Feria de Marihuana en Barcelona, España. El tiro es no vender la droga (por que está penado) sino regalarla. ¿Pero entonces qué se gana?, dirán. Vender todo lo relacionado con su consumo y producción. Imperdible.


“-¿Saben lo que ustedes necesitan, chicos? Ustedes necesitan un vaporizador de marihuana. Va a cambiar su vida.

-Ya, pero es muy caro. Quizá debamos conformarnos con una pipa de agua.

-Piénsenlo: con un vaporizador, necesitarán menos hierba, porque las dosis se pueden reutilizar entre 3 y 6 veces. A la larga, se ahorra dinero.

Los dos clientes se miran, indecisos, y fuman un poco más, paladeando los resultados. Uno de ellos lleva el pelo como una alfombra enrollada. El otro tiene unas profundas ojeras y acné. Pero mientras consideran juntos su decisión, parecen un matrimonio joven ante el funcionario que tramita la hipoteca. Examinan el producto que humea frente a ellos y hacen cuentas para calcular si se lo pueden permitir. Los vaporizadores cuestan 410 euros, pero hay uno digital por 180. La chica del mostrador, sobriamente vestida, les explica los planes de financiamiento y pagos a plazos. Parece que los va a convencer.

La feria Highlife Barcelona de comerciantes y productores de marihuana se ha puesto corbata. Este año, los folletos comerciales son sobrios y elegantes, la mayoría impresos en papel couché, y el público tiene más nivel adquisitivo. La descripción de cada variedad de hierba parece la etiqueta de un vino: Martha my dear disfruta de un vigor híbrido sorprendente... sativa temprana de tonalidad verde oscuro brillante y tonos rojizos con un bouquet dulce. Igual que el año pasado, puedes pasar a dar una calada gratis por la tienda de De Verdamper BV, pero ahora está en una esquina, detrás de un cartel. Lejos del look rasta, un hombre autodenominado The king of cannabis luce en la foto como un Patrick Swayze maduro y galanesco, con una sonrisa impecable y un traje de vendedor de aspiradoras, promocionando su segundo curso para cultivadores en DVD. La feria quiere resultar seria y natural, normalizar el producto para apartarlo de los estereotipos.

Debe tener éxito, porque el número de tiendas y la gama se han ampliado: más productos para fumar –desmenuzadores, papel de liar transparente, pipas- y más moda con tela de cáñamo y motivos alusivos. Sobre todo, más oferta tecnológica de lámparas fluorescentes, temporizadores, medidores de humedad y fotómetros para controlar el cultivo en interiores. La tajada más sustanciosa de este negocio es la que se dedica a esconderlo. Por 300 euros, te llevas un ingenioso armario para cultivos con capacidad para cincuenta macetas: su fachada tiene apariencia de un mueble de madera, para que tu mamá nunca sospeche lo que lleva dentro.

La feria se sostiene en un extraño retruécano legal: no está permitido vender marihuana, pero sí regalarla. En el interior del recinto de La Farga –a media hora en metro del centro de la ciudad- se fuma, se cultiva y se intercambia. Pero si alguien te encuentra vendiéndola, te puede denunciar a la policía. Eso tampoco sería tan grave, la verdad. En la calle hay agentes de la guardia urbana, pero se limitan a aclararles a algunos despistados que sólo se puede consumir en el interior del local.

Highlife Barcelona es el mejor ejemplo de que todos los tabúes tienen precio. Si quieres una revolución, haz que se ponga de moda. Uno no se pregunta “¿Esto es bueno o malo?” sino “¿Dónde está el cupón de descuento?” Lo único que nos disgusta es lo que no podemos comprar. Si entra en el mercado, cualquier producto o actividad se abrirá paso en una sociedad, porque generará grupos de aficionados con algo que compartir, lugares de reunión y pequeños o grandes negocios. Hay ferias de marihuana y festivales porno, como hay mercados de armas, fruterías, tiendas de artículos nazis y jugueterías, y en cada uno de esos lugares se encuentra y se conoce gente con intereses comunes.

Por mi parte, estoy tratando de organizar un festival anual que convoque a toda la gente que toma cerveza frente al televisor. He diseñado ya dos productos para los stands: el control remoto con posavasos y el cojín para hemorroides con reposapiés incorporado. Piensen en todo el público potencial a mi disposición. Me voy a hacer rico".

(Marihuana, Mona Lisa y un extra)

Kapuscinski se fue

Quien fuera considerado el mayor periodista del siglo pasado, y uno de los mejores escritores del mismo (fue candidato al Nóbel de Literatura varias veces), el escritor polaco Ryszard Kapuscinski, falleció a los 74 años ayer, informan diarios de todo el planeta.

El Universal de México reseña apretadamente algunos de sus libros: "publicó libros clásicos del periodismo mundial como La guerra del futbol, en donde a través de espléndidos reportajes abordó conflictos en América Latina y África; El Imperio, un gran fresco sobre la Rusia soviética y Ébano, monumental obra en la que amalgama textos sobre África. Estos volúmenes se convirtieron en textos básicos para los estudiantes de periodismo de todo el mundo. La mayoría de su obra es una combinación de la gran historia con la pequeña de cada individuo, un análisis fino y pormenorizado de hechos y reflexiones".

¿Qué decía el maestro sobre el a veces ingrato oficio del periodismo? "La nuestra no es profesión para egoístas -decía-. Es una profesión visible y se ejerce abiertamente ante los ojos de la sociedad, que reconoce a los buenos de los malos periodistas. Esta profesión es necesaria para el funcionamiento de la sociedad moderna. No hay sociedad que funcione sin periodistas".

Ganador de innumerables premios, Kapuscinski fue ante todo un referente de moral y ética para todos los periodistas del orbe. Por su apego a una verdad que él sabía inasible por completo, pero que comprendía a su vez como reto: "El mundo es tan complicado y contradictorio que nos movemos en una situación muy difícil de describir. Construir este mundo es una tarea fascinante, pero muy dura. Nunca podremos decir que hemos tenido éxito, sólo podemos acercarnos".

(El maestro)
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