29.4.07


Cecilia Jurado publica su primera novela


Una artista en todo el sentido de la palabra. Conocida internacionalmente como fotógrafa, la también artista plástico Cecilia Jurado Chueca (Lima, 1978) acaba de publicar una novela en la conocida editorial onestar press. El libro se titula Madame Frankie Stein, y en palabras de la autora se trata de "una humilde sátira, un cuento de hadas”.


La traducción del libro al inglés –recordemos que Cecilia radica en Nueva York desde hace seis años- estuvo a cargo de Jano Cortijo y Dana Ohlmeyer, y la edición del mismo, en físico y virtual, fue hecha por la propia autora. ¿De qué se trata el libro? Jurado revela:


“Madame Frankie Stein, como se llama el proyecto, es una mujer que se dedica a la investigación de los más bellos insectos, los colecciona, los mira y los admira... En los últimos tiempos he estado observando mucho las diferencias culturales sobre la belleza y sus aproximaciones. Me atrevo a decir que muchos de nosotros —la gran mayoría— somos movilizados aunque sea por un segundo por personas a las que llamaríamos hermosas. Este momento que se asemeja de alguna manera a un momento de climax es breve y tiene un comienzo y un final... Se podría decir que es parte de los placeres más elementales pero que han generado un sistema complejisimo de su utilización para el consumo de todo tipo de cosas y de estilos de vida. La sobreestimación de esta experiencia nos ha llevado a creer que es no sólo importante ser espectador sino que uno debe ser un objeto de deseo”.


Pueden acceder al texto íntegro en PDF aquí. Se trata de una edición limitada de 250 ejemplares. Esperemos que aunque sea algunos lleguen por acá. Felicitaciones, Ceci.

(Portada)

28.4.07

"guardián del hielo"

homenaje al poeta

JOSÉ WATANABE
(Laredo, 1946 - Lima, 2007)




**lectura de su poesía en su voz**musicalización de sus poemas**proyección de entrevistas al poeta**collage de sus imágenes recientes*poetas invitados:



/ JULIO HEREDIA / JORGE LUIS RONCAL / DIEGO LAZARTE / VEDRINO LOZANO / REINHARD HUAMÁN / JOHN LÓPEZ / CÉSAR PANDURO / ALBERTO GONZALES / LUIS BOCELI / EVA VELÁSQUEZ / ANDRÉS TORRES / VÍCTOR CORAL /



........................músico invitado: Miguel Ángel Olivares
...................actor invitado: Gustavo Reátegui
....................... SÁBADO 28 DE ABRIL / 7:00 PM




AUDITORIO PRINCIPAL
Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
(Andrés de los Reyes N.300-Barranca)


ENTRADA LIBRE

27.4.07


El huso de la memoria (i)

Recuerdo que en 1999 fui a su casa de Magdalena, para que me diera una opinión sobre mi primer poemario –el que da título a este blog-, publicado finalmente el 2001 y que le había enviado por correo una semana antes. Lo que esa tarde me dijo José fue en realidad una clase súbita de edición poética de la más alta calidad. Me propuso cambios de todo tipo, todos ellos sutiles y para bien. Dos poemas debían cambiar de sección, y dos secciones debían intercambiar ubicación. Como se trataba de un poemario breve, una sección debía eliminarse, y debía salir un poema -según él muy bueno- que afectaba al conjunto con una temática ajena. Además, me sugirió la eliminación de un par de epígrafes (hay una tendencia a poner demasiados epígrafes en un primer libro), y me pidió que desechara, a priori, un prólogo que venía haciendo un poeta importante cuyo nombre no revelaré nunca. “Los poemarios deben defenderse solos”, me dijo.

A diferencia de otras, lo recuerdo ahora con nitidez dolorosa, esa tarde conversamos de poesía occidental. Nada de haikus ni de zen. Estuvimos unas horas hablando de Ungaretti, de su enorme capacidad sintética, de cómo había sido el maestro del hermetismo europeo y, cruel ironía, de cómo sus discípulos (Salvatore Quasimodo, Eugenio Montale) habían obtenido el Nóbel mientras que él no. Así, intercambiando datos sobre traducciones del autor de La Alegría, fuimos a San Marcos, donde él tenía que dar un recital en la Facultad de Letras. Como siempre, el auditorio estaba lleno de estudiantes que aplaudieron sus mejores poemas (que son casi todos) y salieron satisfechos del recital. Esto siempre pasaba con José. Sabía organizar muy bien sus lecturas.

Luego del recital, me fui a mi casa abrazando mi poemario con sus valiosas indicaciones. Las cumplí todas, al pie de la letra, porque eran atinadas y porque pude reconocer en José la sapiencia de un verdadero grande. Una vez que publiqué el libro, fui a su casa para darle un ejemplar y agradecerle por haber contribuido en su edición. Elogió el libro como objeto –“frugal pero elegante”-, y luego revisó una por una las indicaciones que dos años antes me había hecho. ¡Las recordaba perfectamente! Una vez realizada la comprobación, me felicitó muy brevemente por la publicación y me hizo una pregunta que tal vez fue su mayor enseñanza:

“Bueno, ¿y ahora qué estás escribiendo?”.

Desde entonces sé que lo mejor en poesía siempre está adelante, en lo que vendrá. Los libros ya publicados son de los lectores; los que pertenecen –perentoriamente- a los poetas y escritores, son los que se están escribiendo. Por supuesto, por identificación con su proverbial prudencia, no puse en ninguna parte de Luz de limbo que José había participado en la edición. Recuerdo que algunos amigos me llamaron tonto por ello. Haber tenido ese privilegio y no señalarlo. La verdad, ni siquiera le consulté si podía consignar su nombre (no creo que se hubiera negado). Simplemente me pareció que no debía tomar el buen nombre de José para publicitar mi libro. Eso hice y me fue bien. Conservé su valiosa amistad y me gané su respeto así. Gran poeta y hombre íntegro era. En un país de muchos poetas y pocos hombres íntegros visibles.

(José. La muerte es lo único posible. Es lo inevitable. Preguntarse cómo es posible que haya pasado, es vano. Preguntémonos qué podemos hacer ahora por su obra)

26.4.07

LUTO


El poema 53 de Eternidades, con un leve cambio, necesario, vaya como homenaje primero:

Está tan puro su corazón,

que lo mismo es que muera

o que cante.

Puede llenar el libro de la vida,

o el libro de la muerte,

los dos en blanco para él,

que piensa y sueña.

Igual eternidad hallará en ambos.

Corazón, da lo mismo: muere o canta.


Murió el laureado poeta peruano José Watanabe

Videos de Wata leyendo sus poemas

"Siento que me regalan los poemas" (última entrevista: Pedro Escribano en La República)

Ensayo de Ericka Herbias sobre la obra de Watanabe

Poema gráfico de Denisse Vega Farfán en homenaje a Wata

Lugar del velatorio

Nota de ABC de España

Nota de El Universal de México

La Jornada de México, nota

25.4.07

Putas asesinas de Roberto Bolaño

“Cuando te vayas de este mundo, lo dejarás tan feo y tan triste como cuando llegaste”. Esta máxima atribuida al filósofo alemán Arthur Schopenhauer, parece presidir todos los relatos que contiene uno de los libros más celebrados del escritor chileno Roberto Bolaño. Y no es para menos. Cada una de las treces historias incluidas exudan, desde distintos enfoques y temáticas, una visión desengañada y turbia de la existencia humana, que por fortuna el estilo(1) de Bolaño ha sabido mutar en cuentos de belleza y potencia intransigentes.

Daré para empezar un rasgo general de este volumen, para luego detenerme en algunos cuentos representativos. A contracorriente de lo que afirman, tajantemente, algunos, hay por cierto una secuencialidad en el ordenamiento de los relatos, pero este es más bien temático antes que de estilo. Nadie dudará si lee con atención el libro que los tres últimos cuentos (“Fotos”, “Carnet de Baile”, “Encuentro con Enrique Lihn”) están engarzados por la poesía, y es el último de los nombrados, el que cierra el libro, el más logrado por su carga de nostalgia y sinceridad (por primera vez aparece Bolaño como protagonista); una suerte de homenaje al vate mayor de Chile.

Otra serie, también evidente, es la conformada por “Últimos atardeceres en la tierra”, “Días de 1978” y “Vagabundo en Francia y Bélgica”. Pero no solo porque los personajes de estos relatos tengan por nombres a las letras “A” y “B”, tampoco solo porque rozan la temática política, sino porque el desencuentro, el desarraigo y la ambigüedad producto de una percepción incierta de lo real predominan:

“…algo que a B le parece contradictorio, ¿pero contradictorio por qué?, no lo sabe” (p. 88)

“y B la observa atravesar la sala semidesnuda o semivestida, y eso más los viejos libros del padre desaparecido le parecen una señal. ¿Una señal de qué? Lo ignora.” (p. 89)


Con frecuencia las cosas son y no son a la vez, nos quieren decir algo pero nos abandonan a nuestra soledad de siempre; lo que genera una sensación intensa de ambigüedad y extrañeza:

“unas máquinas que tal vez no son máquinas sino esculturas incomprensibles, el desfile de la humanidad doliente y riente hacia la nada” (p. 90)

“Vestía pobremente, aunque algo había en su ropa que no terminaba de cuajar, una cualidad movediza, como si la ropa estuviera diciendo algo incomprensible desde distintos sitios a la vez” (p. 180)

Los cuentos “Prefiguración de Lalo Cura” y “Putas asesinas” (que da título al conjunto) están emparentados a su vez. El primero es una historia porno sobre un actor llamado Pajarito Gómez y su peculiar vida. La segunda un poco veraz contrapunto entre una mujer asesina, presumiblemente prostituta o fanática, y un ¿futbolista? ¿barrista? que está amarrado y a su merced. El hombre solo puede responder de cuando en cuando, con reacciones corporales, a la larga perorata –demasiado culta para mi gusto (hasta cita a John Donne)- de la mujer(2).

Merece señalarse el recurrente uso de vocablos y expresiones que sugieren extrañamiento, irrealidad en todos los cuentos. "Surreal", "irreal" "extraño" "contradictorio", "incierto", "oscuridad informe", "paisaje extraterrestre", y otros, son puntos de apoyo sobre los cuales Bolaño erige sus parábolas que nada enseñan, sus torcidas y hermosas anécdotas.

Sueños asesinados

Antes que declarar cuál es el punto más alto de los cuentos que conforman Putas asesinas, me interesa dar pruebas de lo que afirmé en el inicio. Este es un libro de la desesperanza, del desencuentro, de la pérdida y de la no visión de una salida para el hombre. Algo propio de alguien que ha confiado mucho en sus semejantes cuando joven (ver “Días de 1978”), pero que ha visto finalmente que todo es vanidad, como reza el siempre actual Eclesiastés:

“La certidumbre de que te mueres y de que te mueres por nada, por estupideces, y de que tu vida, la vida que estás a punto de perder, es también una sucesión de estupideces, es nada. Y hasta la certidumbre carece de dignidad”. (p 178)

Lo anterior le dice un amigo al narrador en “Dentista”, mientras beben tequila en una fonda cualquiera. Pero es algo que pudieran pensar, sentir, gritar muchos de los personajes (migrantes, narcos, futbolistas, poetas, loosers, prostitutas, locos) de este libro a no dudar inquietante y profundamente demoledor. Y uno termina pensando si no tiene un mucho de verdad lo que dice Lalo Cura en la primera página del cuento respectivo: “A eso se reduce todo. Acercarse o alejarse del infierno”. La vida como una preparación para la muerte. Nada más schopenhaueriano que eso.

(1) El estudio de la frase bolañiana, clave para comprender ciertos mecanismos de su narrativa, lo trato en un estudio aún no terminado.

(2) El siguiente párrafo ha sido cuestionado por ciertos sectores feministas (me cuenta una amiga poeta): “Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir” (p 122-123). Más que misoginia atribuible al narrador (y por extensión equívoca, al autor), tenemos acá una visión autocrítica (llamémosla así por ahora) de la prostituta protagonista del cuento, sobre su propio género. Algo más común de lo que se piensa si uno conversa con estas personas y no las discrimina.


24.4.07


Nuevos links en LdL + poesía peruana en España – mucho lío


Hace buenos meses que no actualizaba los vínculos de LdL. Dado que ha habido una polémica grande en sus páginas (excesiva hacia el final e interesante al comienzo) he decidido linkear Gran Combo Club, de Silvio Rendón y su orquesta. También los exitosísimos e inalcanzables blogs de Marco Sifuentes (Útero de Marita), Roberto Bustamante (El Morsa) y Desde El Tercer Piso, de José Alfredo Godoy.


Entre los blogs y revistas literarias tengo a Lanzallamas, más que interesante sitio chileno, y La Siega, revista española administrada por Luis Miguel Hermosa, que cierra toda una etapa con poesía peruana inédita: Mauricio Medo, Ana María Falconí y este blogger.


La mesa está servida y la salud de la blogósfera literaria mejora día a día. Qué bueno.


(El Huáscar, escenario de polémico recital de poetas peruanos, en cajita de fósforos. Sin comentarios)

Salomón Valderrama sobre Gerard de Nerval (segunda parte)

El joven vate me envía hoy la segunda parte de esta aplicación de su pensamiento poético a la difícil obra de un poeta inclasificable del diecinueve francés. ¿Simbolista?¿Romántico? ¿Místico? Ningún adjetivo, por más prestigioso que sea, parece atrapar el misterio del autor de Las Quimeras. Vaya como preámbulo de Facción, el libro de mi amigo el "estafado" Valderrama que pronto verá la luz. (Por mientras pueden leer unos poemas de Salomón publicados en Quipu)


Su amor se hizo ausencia ya que en todo lo perdía y así todo lo demás no tenía ningún valor. Se cristalizó con respecto a todo lo restante por eso avoca toda su herencia, la despilfarra, con él único propósito de encumbrar su amor divinizado. Su amor Dios. Omnipresente pero no encarnado. Uno ama lo que pudo ser. En el infierno o en el paraíso. No los dos. Y es que un ser vivo no puede amar a uno muerto al menos no de manera considerada normal. Y me refiero a la consagración del amor en el coito. A la participación mutua en ese acto. En este sentido una violación puede considerarse la realización parcial de un amor; enfermizo claro está. Pero un nivel de amor al fin y acabo. La posesión conexión en otro cuerpo. No así en la necrofilia. Donde el acto es pasivo de una de las partes, pues, está muerta. En ese caso la zoofilia es algo más cercano a ser correspondido. Por el calor corporal en ambos elementos vivos. Al cuanto si analizamos correctamente la acción de pertundear esto es algo mental más que físico y por ello la necrofilia y otras variaciones con receptor pasivo se manifiestan como herencia. E invariablemente con un coqueteo sadomasoquista. Porque con el tiempo toda realización sexual avanza delicadamente en perversión. En relieve esto no es evidente en la poesía y menos si hablamos de un poeta que ya escogió su sello. Mas que tres o cuatro lo verán. Artémis:

La Treizième revient... C'est encor la première;
Et c'est toujours la Seule, -ou c'est le seul moment;
Car es-tu reine, ô Toi! la première ou dernière?
Es-tu Roi, toi le Seul ou le dernier amant?…

Aimez qui vous aima du berceau dans la bière;
Celle que j'aimai seul m'aime encor tendrement:
C'est la Mort -ou la Morte... Ô délice! ô tourment!
La rose qu'elle tient, c'est la Rose trémière.

Sainte napolitaine aux mains pleines de feux,
Rose au coeur violet, fleur de sainte Gudule:
As-tu trouvé ta Croix dans le désert des Cieux?

Roses blanches, tombez! vous insultez nos Dieux,
Tombez, fantômes blancs, de votre ciel qui brûle:
-La Sainte de l'Abîme est plus sainte à mes yeux!

Cuando una mente poderosa está a punto de explotar por la fragilidad de sus recuerdos negativos puede ser tal su concentración y rima irreal por su agotamiento y desaparición que puede concentrar en un verso la totalidad de su existencia y entendimiento, algo semejante sólo se puede dar en aquel que logra abstraerse tan medularmente que alcanza a ver lo verdadero, lo que es. Lo que ocurrió con el primer hombre que volvió los ojos en la carta genética. Donde puede ser que cada uno de esos códigos sea lo más adyacente a una idea de belleza ilimitada. Sin forma, sino sentido puro. Idea de ideas. Debido a su valor mental es que la poesía ha hecho nacer diversas formas de amar y todo lo contrario, aun desprovistos de toda conexión en el espacio y el tiempo. Ejemplos son:

que tu forma fantástica ceñía, / poco importa burlar brazos y pecho / si te labra prisión mi fantasía. De sor Juana Inés de la Cruz. ¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso? / En dónde estás triste noctámbula / Dadora de infinito / Que pasea en el bosque de los sueños. De Vicente Huidobro. Apareces / La vida es cierta / El olor de la lluvia es cierto / La lluvia te hace nacer / Y golpear a mi puerta. De César Moro. Pues ninguno venía, la hermosa / Se dispuso a esperar a lo divino; / Que no cura de tiempo ni camino, / Sino que está esperando y es la rosa.

De Martín Adán. Heredad de variación.

Gérard de Nerval es un complot de serse amor deshecho. Últimamente y para no llorar escribir desmundo.
Anteros: Tu demandes pourquoi j'ai tant de rage au coeur Et sur un col flexible une tête indomptée; C'est que je suis issu de la race d'Antée, Je retourne les dards contre le dieu vainqueur. Oui, je suis de ceux-là qu'inspire le Vengeur, Il m'a marqué le front de sa lèvre irritée, Sous la pâleur d'Abel, hélas! ensanglantée, J'ai parfois de Caïn l'implacable rougeur! Jéhovah! le dernier, vaincu par ton génie, Qui, du fond des enfers, criait: "Ô tyrannie!" C'est mon aïeul Bélus ou mon père Dagon… Ils m'ont plongé trois fois dans les eaux du Cocyte, Et, protégeant tout seul ma mère Amalécyte, Je ressème à ses pieds les dents du vieux dragon.

¿Y por qué nos reconocemos en el poeta? ¿Por qué nos gustan determinados versos y poemas? Sino porque todos buscamos nuestra vida, la de los otros que parece mejor o sinceramente es que todos hemos perdido algo hermoso. Lo que nos hace partícipes de ella. Lo que nos vuelve a entenderla como nuestra fatalidad. Pero el mundo cambia y la valoración instantánea puede ser un remedo de una antigua belleza. Existirán infinitas cosas bellas pero es la tragedia de ver y la tragedia que soporta esa mirada la verdadera poesía. La que es vista en la madriguera de cada uno y allí se despierta la hermosura de contemplar algo secreto y posible. Aun después de mucho tiempo. E inclusive cuando ya esté todo acabado. Porque el poeta, a pesar de todo, augura constante renacer.

En honor a esa consternación inicié este manuscrito con unos versos y voy en pronto de cerrar con todos ellos en homenaje a la poesía y a Nerval. Prisma de nivelación:

Soñares admiratio son ciudades
Fantasmas que comieron de ciertos
Selva descarnar en amante muerto
Infinito de cerrar
Puertas belleza al vacío

Líquido de descansar crepúsculos
Perfección faltar para ¡éntren! existir;
Purpúreo ligazón negar sé escudo
Perla, del morir,
Concierto inerte.

Revivir en horrendas alas para ver.
Después peligros agotar y no morir
Fiera y parques por salir de la palabra…
Atesorar herejías
Del inicio y del fin

Estrépito rezagar fruta de plata
Pulsar rectitud en derruir olvido
Primero de escapar aun por más que vivo…
Deseo de nivelación
Morir fuego.

Terminaré con dos poemas en delación opuesta. Son primordiales para cualquier poética en construcción ya que superestructura la filosofía del poeta. La contradicción. El primero es una confesión de elegido, unigénito, y el segundo una revelación de paz y entendimiento absoluto. Sin embargo parece que no fue suficiente para él ya que se mató. Directamente, o tal vez no, el poeta se sentía como Cristo. Al perder a su madre a los dos años ella pasó a ser una cuestión de fe. Ella era su Dios, sagrado pero también perdido. Hasta olvidado u borrado. Porque no es posible creer en aquello que ya es vago en el tiempo.
Uno cree en lo que siempre recuerda. Uno recuerda lo que entiende.
Por eso su maestría al hablar de Dios en LE CHRIST AUX OLIVIERS (Quand le Seigneur, levant au ciel ses maigres bras, / Sous les arbres sacrés, comme font les poètes, / Se fut longtemps perdu dans ses douleurs muettes, / Et se jugea trahi par des amis ingrats; // Il se tourna vers ceux qui l'attendaient en bas / Rêvant d'être des rois, des sages, des prophètes... / Mais engourdis, perdus dans le sommeil des bêtes, / Et se prit à crier: "Non, Dieu n'existe pas!")[v] Porque el poeta tenía pánico al ver a su madre totalmente olvidada en él. Sólo es posible escribir o disertar ejemplarmente sobre algo siempre y cuando se domine a todos los elementos partícipes. Nadie va a novelar un asesinato creíble con la psicología que implica sino es de probabilidad un buen asesino. Tiene la maquinaria mental. Pues, un hombre no perturbado, para un caso feliz, no alcanzaría ni siquiera a ver belleza en semejante accionamiento y vitalidad criminal. Ni siquiera para evidenciar que algo tan brutal no se debe cometer. O sí, yo, nunca sé el grado de locura del que me lee. Pero es una belleza hablar de arte. Van los poemas.

El desdichado

Je suis le Ténébreux, -le Veuf, -l'Inconsolé,
Le Prince d'Aquitaine à la Tour abolie:
Ma seule Étoile est morte -et mon luth constellé
Porte le Soleil noir de la Mélancolie.

Dans la nuit du Tombeau, toi qui m'as consolé,
Rends-moi le Pausilippe et la mer d'Italie,
La fleur qui plaisait tant à mon coeur désolé,
Et la treille où le Pampre à la rose s'allie.

Suis-je Amour ou Phoebus?... Lusignan ou Biron?
Mon front est rouge encor du baiser de la Reine;
J'ai rêvé dans la grotte où nage la Syrène...

Et j'ai deux fois vainqueur traversé l'Achéron:
Modulant tour à tour sur la lyre d'Orphée
Les soupirs de la sainte et les cris de la Fée.


Vers dorés
Eh quoi! tout est sensible!
Pythagore
Homme, libre penseur! te crois-tu seul pensant
Dans ce monde où la vie éclate en toute chose?
Des forces que tu tiens ta liberté dispose,
Mais de tous tes conseils l'Univers est absent.
Respecte dans la bête un esprit agissant:
Chaque fleur est une âme à la Nature éclose;
Un mystère d'amour dans le métal repose;
"Tout est sensible!" Et tout sur ton être est puissant.
Crains, dans le mur aveugle, un regard qui t'épie:
À la matière même un verbe est attaché...
Ne la fais pas servir à quelque usage impie!
Souvent dans l'être obscur habite un Dieu caché;
Et comme un oeil naissant couvert par ses paupières,
Un pur esprit s'accroît sous l'écorce des pierres!
Salomón Valderrama Cruz

(Nerval)

23.4.07


Respuesta de escritores jóvenes chilenos a declaraciones de Jorge Edwards

Hace un par de semanas, en entrevista cedida al diario La Tercera de Chile, el escritor Jorge Edwards (Persona Non Grata, Fantasmas de carne y hueso) dio algunas declaraciones incómodas sobre la literatura joven del país amigo. La respuesta no se ha hecho esperar. Un grupo de escritores chilenos ha publicado en blogs y en Letras S5 un comunicado donde se pone los puntos sobre las íes. Aquí lo tienen completo:


Carta a Jorge Edwards de escritores jóvenes chilenos

A raíz de su entrevista aparecida el sábado 07 de abril en el suplemento “Cultura” de La Tercera, titulada “Los escritores jóvenes sólo conocen a Bolaño”, me animo a escribir estas líneas. Y a cuestionar sus apreciaciones. Comparto eso sí en muchos sentidos su opinión sobre cierta escena nacional, pero en otras – particularmente en el titular – creo que sólo evidencia lo que describió muy bien, también en una entrevista, el cineasta Raúl Ruiz, citando a Waldo Rojas, diciendo que las dos tetas de Chile son “el ninguneo y el chaqueteo” (La Nación Domingo, 25 de febrero de 2007). Nadie discute que usted fuera y siga siendo un gran escritor. Que conformó acaso una de las generaciones literarias más promisorias de los ’50, junto a Lafourcade, Teillier, Gertner, Heiremans, Lihn, Giaconi, etc. Todos en la senda de Donoso – sobre todo en la escuela narrativa que inspiraría o abrió el boom latinoamericano, aunque manteniendo las distancias y salvedades con los poetas de ese grupo – muy llanos a la lectura de los clásicos, sobre todo de habla inglesa, a la traducción, la camaradería y el cosmopolitismo que permitía el Chile de mediados del S. XX., con sus respectivos viajes a Europa y publicaciones en el resto de Latinoamérica.
Eso sin dejar a un lado el enorme y necesario trabajo de recuperación en que se ha empeñado, con la obra de su tío abuelo, el gran cronista suicida, Joaquín Edwards Bello.
Señor Edwards, usted tiene un trabajo contundente, el que visto al lado de Donoso puede resultar menor, pero no menos importante y en sí misma es una obra reconocida mundialmente. Nadie lo discute. Y así podría ir hilando o estableciendo pares pero ese no es mi objetivo ahora. Sería una salida fácil, una perdida de tiempo, puro efectismo. Un ejercicio vacuo que removería rencillas innecesarias, aparte de revitalizar prácticas extintas en quienes de verdad escriben, que estarían abriendo la puerta (acaso la ventana) a quienes creen que pisando a otro, pueden llegar a instalarse o trascender. Nada que ver, por supuesto, con aquella saludable noción de tradición y ruptura que es tan bien descrita en Los hijos del Limo para explicar el Romanticismo y la Modernidad. No es el caso. Y por lo tanto, decir que la primera lección moral de quien escribe debe ser: leer mucho y luego dedicarse a escribir. La posta política de ubicación no es medida ni con becas ni con premios, sólo con un oficio honesto de escritor. Sobran excelentes ejemplos dentro del mismo grupo de la generación a la que usted pertenece.
Cuando dice que los jóvenes andan con la boca abierta por ahí y al toparse con un libro de Bolaño quedan deslumbrados, equivoca la jugada. Una, porque subestima la condición del lector joven (soy profesor y no suscribo lo que muchos creen: que los jóvenes no leen o que estamos ante el fin del libro); dos, descree abiertamente de la calidad de quienes escriben actualmente, y por ende cuestiona la naturaleza de ambos y pone en duda la capacidad de asombro frente a obras en verdad – no sobra el adjetivo – deslumbrantes y sin efectismos. (No puedo dejar de pensar en Raúl Ruiz con ese comentario.) Y por último, usted supone que quienes escriben hoy no han leído nada. Nada para usted sería no haber abierto un libro de Kafka, de Donoso y por supuesto de sus propios libros.
No dejo de pensar ahora en Zambra o en Bisama, ambos escritores jóvenes que sí me consta han leído, y bastante. Con quienes no sólo he compartido lecturas, sino que además trabajos y proyectos juntos. Y que sí conocen de literatura europea, americana, latinoamérica, chilena, y hasta de la trayectoria de Gonzalo Contreras, de Collyer, Franz, Fuguet y pueden hablar con soltura de los libros de la Eltit, tanto como de las obras de Lihn, Couve y Wacquez. Así como de cada uno de los libros que fueron apareciendo de Bolaño entre el 1999 y el 2001, tiempo en que saboreamos, basureamos y nos deslumbramos con sus títulos y pudimos reconocer – bajo nuestro agudo ojo crítico – la calidad de su brillante obra. Con su muerte el 2003 vendría a sellarse ese compromiso y tal vez por eso se nos llama o sindica como “los viudos de Bolaño”. A nosotros y a muchos más, obviamente, que somos los que leemos y no dudamos en propagar más que su simple lectura, también la condición y proyecto de escritura, a contrapelo de la realidad y la propia existencia. Absolutamente moderna.
Ahora cuando dice que la Nueva Narrativa no ha sido superada, tiene toda la razón. No quiere decir que los autores nuevos sean los que renuevan la escena narrativa. Nadie, creo yo, se plantea eso. Salvo uno o dos casos aislados, que están condenados por su propia impronta de insolentes a desaparecer o a ser borrados porque sus libros no tienen mayor alcance.
Aunque lo que me molesta verdaderamente de sus juicios y motivan esta carta, es que vuelve a revivir lo ocurrido entre Zambra – Contreras a consecuencia de su publicación por Anagrama. Poniendo, espero sin quererlo, en la línea de fuego otra vez, otra vez, otra vez, las trincheras de los bolañitos, las diamelitas y los donositos. Esa falsa discusión literaria que sólo ha cuajado los egos y destruido el mínimo o incipiente debate literario, imponiendo apenas la frecuencia de sus publicaciones, como mayor forma de vigencia.

No estamos en el campo de batalla de los años ’20 rioplatenses cuando los de Boedo o de Florida – entiéndase los del grupo de Arlt y de Borges – discutían sobre cómo abordar la literatura argentina. No. Estamos a orillas del Mapocho haciendo buches con bencina. Y qué más quisiera yo (y estoy seguro que muchos comparten este juicio) se dieran ese tipo de rencillas, vítores, manifiestos, guerrillas, pugilatos legítimos sobre literatura y no sobre ciertos nombres o falsas tradiciones de escuelas que, no dejan de ser tallercitos u otras camaraderías de ayuda, en muchos casos sólo para la publicación en tal o cual editorial. Dudo que ahora se diga en Argentina que a un lado están los piglianos, los sorianistas, así como los fresanistas con los airistas. De ser así no dudaríamos, se lo aseguro, en salir a la calle y gritar que somos droguettianos, lihneanos, gonzalezverianos, radriganistas, liristas, diazeterovicistas, marinistas, parrianos, bertonianos, cuevianos, millanistas o qué sé yo. Ruido de sables donde no existen los duelos y la esgrima es vista irreductiblemente como un estilístico deporte cortesano.


Sólo para terminar cuando dice “los nuevos quieren ser escritores de un paraguazo”, tiene razón y lo confirmo – cómo no – con una cita de Bolaño: Yo no sé cómo hay escritores que aún creen en la inmortalidad literaria. Entiendo que haya quienes creen en la inmortalidad del alma, incluso puedo entender a los que creen en el Paraíso y el Infierno, y en esa estación intermedia y sobrecogedora que es el Purgatorio, pero cuando escucho a un escritor hablar de la inmortalidad de determinadas obras literarias me dan ganas de abofetearlo. No estoy hablando de pegarle sino de darle una sola bofetada y después, probablemente, abrazarlo y confortarlo. En esto, yo sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo por ser personas básicamente no violentas. Yo también lo soy. Cuando digo darle una bofetada estoy más bien pensando en el carácter lenitivo de ciertas bofetadas, como aquellas que en el cine se les da a los histéricos o a las histéricas para que reaccionen y dejen de gritar y salven su vida.Hasta aquí no más, don Jorge. Se despide de usted afectuosamente,

Roberto Contreras.
Profesor, escritor y editor de
www.lanzallamas.com"

(Edwards)

21.4.07


Beto Ortiz sobre Iván Thays en Somos + Virginia Tech por C. I. Degregori

Luego de varias semanas compro la revista sabatina de El Comercio y me encuentro con dos notas interesantes. Un especial sobre la matanza en Virginia Tech (EE UU), donde Tito Castro, Carlos Iván Degregori y otros reflexionan sobre el hecho. Dice Carlos Iván, con gran sentido común: “Hay gente que pierde la razón en todas partes, pero solo en EE UU pueden tener un acceso fácil a “armas de destrucción masiva”, como le gusta decir al gobierno de ese país”. Degregori, además, hace incidencia en la “soledad de los campus de muchas ciudades universitarias norteamericanas. Paraísos en medio de la nada” donde los estudiantes “viven en una competencia feroz que han internalizado pero que a veces revienta como en Virginia Tech”.
Muy recomendable este Somos. También por una graciosa entrevista al controvertido Beto Ortiz, quien acaba de estrenar programa el lunes pasado. Un par de preguntas relacionadas con la literatura:

¿Qué duele más? ¿Qué te hayan ignorado o que hayan hablado mal de ti?

Yo creo que no soy amigo de la gente correcta, no tengo los amigos acertados que hay que tener para triunfar. Yo creo que me han ninguneado, pero tampoco pretendo aparecer en antologías o que me inviten a Guadalajara. Pero en Lima todo funciona así, por la argolla, por colleritas...

Dirigidos por Iván Thays, según tú.

No, yo no creo que él las dirija. Thays es una especie de waripolera, un “Pecoso” Ramírez de esa mancha.

¿Tan malo es Iván Thays?

No es malo. Es gracioso porque a Iván lo conozco hace bastante tiempo. El iba de zampón al taller de poesía de nuestro amigo Carlos López Degregori en la U. De Lima, adonde también asistía Rocío Silva Santisteban, Mario Bellatin, entre otras luminarias. Allí nos hicimos amigos.

¿Y qué pasó, entonces?

Cuando publicó su primer libro, Las fotografías de Frances Farmer, yo lo compré con mucha ilusión, lo leí pero me decepcionó. Y como en esa época trabajaba en Caretas saqué un comentario donde dije que Thays más que promesa era deuda. Me contaron sus amigos que allí le dio un ataque de asma emotivo y se fue a la clínica como consecuencia de ese comentario. Y que a partir de allí, me odia.

(Thays en la época de Las fotografías de Frances Farmer. Según Ortiz, una reseña de ese libro en Caretas desató uno de sus odios)

20.4.07



Santo Oficio presenta libro de Patricia Colchado

Como les adelante hace unas semanas, acaba de editarse el poemario Las pieles del Edén, de Patricia Colchado. En una bella edición que hemos cuidado Guillermo Cebrián y este blogger. El libro aborda temas bíblicos desde una perspectiva moderna y en cierto modo hermética, trascendiendo otros acercamientos más previsibles.

La presentación se llevará a cabo hoy viernes, a las 8.30 pm, en el auditorio del Centro Cultural de España. Estará a cargo del poeta José Cabrera y habrá un espectáculo de danza que no pueden perderse. Al final, se compartirá un vino de ley. Nos vemos ahí.

Con una buena asistencia se realizó la presentación del libro de Patty el viernes pasado. Entre los asistentes pude reconocer a Andrea Cabel, Denise Vega Farfán, Agustín Prado, Salomón "El estafado" Valderrama (con quien nos fuimos luego a botar un poco de plata a la ruleta), Carlos Calderón Fajardo et pássim. Se lucieron, en la moderación, el escritor Juan Manuel Chávez; y en la presentación, el poeta José Cabrera Alva. Gracias a todos.

(Poeta Patricia Colchado)

19.4.07


Reseña de Lost city radio en The New York Times + libro de Galloso

Desde hace dos meses, cuando fustigué una pésima reseña de la primera novela del narrador Daniel Alarcón, las lecturas de la misma se han multiplicado en revistas, diarios y blogs de EE UU y Europa. La más importante hasta ahora es la publicada en el Book Review de The New York Times, firmada por Sarah Fay.

“Aunque Granta lo acaba de nombrar como uno de los mejores novelistas norteamericanos de menos de 35 años, Daniel Alarcón me hace pensar no en un novelista sino en el periodista polaco Ryszard Kapuscinski”, comienza la reseña. Dice Fay que Alarcón comparte con el desaparecido maestro de la crónica el “candor y ojo para el detalle”, y que la novela parece una respuesta a un argumento del polaco: “Debe haber un millar de tópicos. Pero al final quedará solo uno: las reminiscencias de la guerra”.

Luego de revelar el argumento del libro y desarrollar brevemente lo que caracteriza a sus principales personajes, empiezan las impresiones sobre Lost City Radio: “Esta novela tiene el mismo vigor que convirtió en una delicia su libro debut, Guerra a la luz de las velas, pero al mismo tiempo carece del punche dramático de aquellos cuentos”. sin embargo -matiza Fay-, esto es tal vez menos una reflexión sobre las habilidades como novelista de Alarcón que una consecuencia de su voluntad de asumir riesgos.

Para la reseñista lo último tiene que ver con el hecho de que el escritor de origen peruano haya intentado entregar una novela compleja narrada con un narrador omnisciente, antes que repetir la fórmula narrativa que le dio buenos frutos con su primer libro. Sin embargo, Fay ve un problema adicional que parece ser atendible:

“Nunca establece una sólida relación entre la historia y este narrador (omnisciente), quien se vuelve cada vez más intrusivo”, dice. No sabemos si con completa justicia, la reseñista también reclama a Alarcón que la parte final de su libro abunde en “caprichosos cambios de punto de vista” dentro de los capítulos, de las secciones e incluso de parágrafos. “Esta táctica también hace difuso el impacto de la guerra”, agrega.

Luego de dejar establecidos reparos estilísticos, que son siempre discutibles, Fay termina su lectura con alentadoras palabras: “Hay lo suficiente aquí para confirmar que Alarcón es talentoso –y sabio- más allá de su corta edad, y que sigue intentando desafiarse a sí mismo y a sus lectores”.

+Acabo de ver en uno de mis blogs informativos favoritos (dicho esto sin sorna), Lado B, que José Antonio Galloso presenta su poemario visual Recortes de la memoria. Los que teníamos la costumbre de visitar su blog (hoy desactivado) sabemos que no puede ser un trabajo cualquiera. Si se pueden dar una vuelta por el Jazz Zone mañana 19 de abril a las 7.30 pm, podrán comprobarlo.

(Alarcón)

18.4.07


Crítica de la razón mimética (II)

Como había adelantado en la primera parte de esta reflexión, corresponde ahora dar un resumen de las principales ideas sobre la mimesis que encuentra Neus Galí en su libro Poesía silenciosa, pintura que habla (El Acantilado, 2006). Encuentra la crítico tres momentos, débilmente delimitados, en la evolución de este concepto de origen griego tan importante para entender nuestra propensión a la mimesis realista. La poesía homérica y la de los líricos griegos arcaicos constituirían un primer estadio, donde debido a la poca o nula importancia de la escritura, el poema será concebido como una manifestación (evidentemente oral) de lo divino, de ninguna manera como una “imitación”de un paradigma o verdad (aletheia), dado que el concepto de original, con el concepto de copia como contrapartida, surgió recién con la aparición de la escritura. La aparición de la escritura coincide a su vez con un fenómeno llamado proceso de desacralización poética, que Galí resume en un párrafo muy sintético pero harto elocuente:

“A lo largo de los pongamos cuatro siglos que separan la poesía homérica del epinicio pindárico la palabra del poeta experimenta un gradual y profundo proceso de desacralización: la poesía pasa de don a tekhne, se profesionaliza, surge el concepto de autoría, los poetas elaboran poemas de encargo” (p 27)

A partir de la introducción y difusión de la escritura es que cambia la relación del poeta, o específicamente el aedo, con la palabra. Si antes el poema era un don divino, una revelación, con la escritura se fija un texto, considerado como “original”, y lo que hacen los intérpretes y poetas posteriores a esa fijación es precisamente imitar (mimesis) el original, con toda la complejidad que implica este proceso. En aquella primera etapa, que implica una sociedad basada en la oralidad, el discurso poético no remite a original alguno, “es palabra en el tiempo, evento”.

En una sociedad basada en la escritura –como la que ya se vislumbraba en los tiempos del poema homérico y de Simónides-, en cambio, al consolidarse la importancia de la palabra escrita se produce una mutación de gran importancia en la percepción de la realidad: el poema, la palabra, son percibidos por primera vez como “un objeto frente a un sujeto”. Con esto llegamos al segundo estadio del concepto de mimesis, el cual coincide con el momento en el cual el poema se configura como texto escrito, fijado, y por lo tanto manipulable, sujeto a transformación y a revisión. Galí precisa:

“Con el establecimiento de un texto homérico definitivo aparece la idea de un “original”, un referente escrito respecto del cual toda variante se entenderá como desviación. Es precisamente esa idea de original que surge con la escritura la premisa básica para el nacimiento no solo de la literatura, sino de un pensamiento teórico acerca de ella”. (p. 39)

Los poetas posteriores al texto Homérico, con Píndaro cono uno de los puntos más elevados en cuanto a creación, producirán textos bajo una idea de original y copia que si bien aún no termina de corromper su idealismo con respecto a los misterios de la creación poética, los entrega a un tiempo radicalmente distinto al vivido por los arcaicos y aedos, que no eran más que mediums (elegidos) de un impulso superior. La poesía se desidealiza con la escritura, pero el poeta se agiganta. Nace el autor y su aureola. La diferencia entre texto fijado y copia, sin embargo, solo cobrará un sentido peyorativo con la intervención de Platón y su famosa y polémica concepción de mimesis. Lo que constituye el tercer estadio anunciado.


El principio del problema mimético

Mimesis viene de la raíz griega mimos, un término oscuro y contradictoriamente tardío, que no está registrado inicialmente ni en Homero ni en Hesíodo, sino en Esquilo, y que Galí prefiere definir como “copia que intenta ser lo más fiel posible a un original y cuya proximidad o distancia respecto del modelo es susceptible de ser valorada”. La teoría del arte (que luego alimentará a la teoría literaria) simplificaría en extremo el concepto de mimesis hasta hacerlo significar “imitación de la naturaleza”, lo que llegaría hasta nuestros días, con los cambios respectivos, como realismo entendido miméticamente.

Pero según algunos estudiosos (Koller, Else, Rodríguez Adradós) el concepto remitía arcaicamente no a un original y a una copia, sino a la representación o encarnación de un ser. Tenía que ver entonces con la representación ritual, con la toma de una personalidad determinada durante una ceremonia religiosa. Por extensión, también significaría representar voces y acciones de animales a través de la voz, e imitación no paródica de la voz y el accionar de una persona. Galí tiene dudas atendibles sobre esta serie semántica, y se apoya en el erudito Eric A. Havelock para hacer algunas precisiones importantes:

“Para Havelock la mimesis preplatónica es siempre “simpatética” y, por tanto, hablar en términos de “modelo”, “ejemplo”, representación”, como hace Else, supone tomar prestada una terminología que solo adquiere sentido a partir de Platón”. (p. 100-101)

En efecto, antes de Platón lo uqe llaman mimesis no solo no tenía un sentido peyorativo, sino que se trataba en realidad de la actualización de un evento, era la producción de una realidad única y sagrada, que de ninguna manera remitía a ningún esquema del tipo original-copia. El hombre o aedo, entonces, no imitaba nada –por más que su evento o poema haya estado ya oralmente preestablecido-; más bien encarnaba, se ponía en el lugar de un ente (sea divino, humano o animal). Vivía ritualmente esa vida.

Es en La República donde en verdad se introduce la idea de mimesis como imitación, degradada además, de un original. Luego de estudiar minuciosamente todas las interpretaciones que existen sobre el porqué del maltrato a la poesía que hace el filósofo de La Academia en su famoso libro, Galí asume esta posición: lo que Platón buscaba con esto era resolver la vieja pugna entre filósofos y poetas, expulsando a los últimos de la Ciudad Justa porque imitaban las apariencias y no las ideas eternas (1), y porque fomentaban sentimientos negativos en la gente (mediante sus cantos y representaciones). Sócrates, en boca de Platón, se muestra especialmente severo: la poesía causa la ruina de las mentes porque apela al aspecto irracional del hombre, y lo que se busca en la Ciudad Justa es beneficiar el lado racional y virtuoso del ser humano.

Más allá de estas consideraciones morales, lo que más radicalmente alejaba a la poesía de lo deseable era su indefectible condición de productora de phantasmata (apariencias) y no de cosas reales (onta). Para Platón, el mundo fenoménico no es lo que Es (no es el Ser). Es solo algo que se le parece. Cuánto más trivial será para el pensador entonces una representación o imitación de eso que no es (que es lo que hace la poesía). Como se suele decir, para Platón la poesía participa aún más lejanamente que las meras apariencias (los fenómenos) de lo que verdaderamente existe, de las Ideas.


Primera coda

Sin duda debo apresurarme a suscribir aquí lo afirmado por Galí al final de su largo capítulo sobre Platón y La República:

“El concepto de mimesis constituye uno de los problemas más difíciles y espinosos del pensamiento de Platón. Un análisis exhaustivo del término y sus aplicaciones en los distintos diálogos desborda las pretensiones de este trabajo” (p 345)

Lo que me interesa de todo esto es tener presente cómo el concepto de mimesis originalmente no solo no era unívoco (como en la actualidad bajo la modalidad de realismo), sino que designaba cosa muy distinta a la práctica desmañada de imitar un original fenoménico (es decir, no Real), como Platón nos la presenta. Mimesis era encarnación, tomar el lugar de otro, imitar no peyorativamente (el sentido de “parodia” es tardío, surgido seguramente con Aristófanes), replicar una persona o cosa mediante un arte (tampoco en el sentido copia-original).

Y sin embargo, luego de que el filósofo de los diálogos instaurara aquella concepción reductora de la mimesis, el concepto inició una paulatina y al parecer irreversible degeneración, que atravesando la poética aristotélica se decantó con las teorías neoplatónicas del arte y la creación producidas en el Renacimiento, hasta llegar a los siglos recientes convertida en una forma casi única de asumir la creación literaria y artística en general: la representación. La literatura como representación de la realidad. Veremos en una tercera entrega algunos ajustes a lo aquí estipulado y cómo el siglo veinte habría de traernos alternativas a esta concepción de la creación.

(1) Se nos había enseñado en el colegio o la universidad la gradación platónica de la siguiente manera: Ideas (provenientes del mundo eidético)-Fenómenos (lo llamaremos mundo manifestado o material)-Reproducciones (poesía, pintura, escultura). Pero Galí corrige: la serie es Ideas-Fenómenos-Imágenes. La poesía, de esta manera, sería apariencia de una apariencia, pertenecería irremisiblemente a la esfera ilusoria de lo que aparenta ser un fenómeno.

(Portada del notable libro de Neus Galí)


17.4.07


Los comentaristas de Bolaño en la blogósfera

Algo que constantemente me llama la atención con respecto a la obra del chileno Roberto Bolaño (1953-2003) –del cual vengo leyendo Putas asesinas en estos días- es la cantidad de personas, muchas de ellas jóvenes, que hablan, discuten, se pelean, y en gran medida derrapan sobre su obra, en la blogósfera.

A veces me pregunto si los que opinan tan sueltos de huesos sobre la obra del narrador y poeta sureño, en realidad lo han leído (por lo menos Los detectives salvajes, su novela más llevada y traída). ¿O es que simplemente repiten ideas que flotan en el ambiente tal como un profesor de Pre repite en clase (y fuera de ella) como un lorito sus tonterías?

Pienso en esto al observar el bajón significativo del nivel de los comentarios en el blog de Gustavo Faverón, Puente Aéreo, con su último post, “Roberto Bolaño en Estados Unidos”. Faverón ha mantenido un nivel de discusión elevado desde hace varios meses, con picos óptimos, pero me temo que cada vez que se toca el tema Bolaño inmediatamente surge una gavilla de entusiastas que no saben cómo dejarse peor con lo que comentan.

Me pregunto entonces si es lícito colegir de ello que Bolaño es uno de esos escritores que generan admiradores, fanáticos, fieles, e incluso críticos, que no han leído sus libros (o que apenas los han hojeado), pero que intentan dar a entender que sí porque el autor está de moda, porque piensan que quedan mejor así o tal vez porque la vida y obra del chileno son tan entrañables que no pueden abstraerse de su simpatía.

Faverón ha anunciado una compilación de ensayos sobre la obra de Bolaño, al alimón con Edmundo Paz Soldán. Tal vez con su publicación se revele el secreto de cuánto de bueno y de justificado hay en semejante idolatría al autor de Estrella distante. Tengo para mí que es muy probable que su obra produzca mejores críticos que lectores de blogósfera. De pronto un nuevo punto a tomar en cuenta cuando se habla de un autor sea este: cómo es visto en los blogs, que es cosa distinta a la lectoría en físico y a la de la crítica especializada. Estemos atentos.

(Roberto Bolaño)

16.4.07


Urgencias infelices

Así se titula la columna de Olga Rodríguez Ulloa en Correo hoy, donde prácticamente descalifica la ópera prima de Orlando Mazeyra, Urgente. Necesito un retazo de felicidad. ORU detecta en la prosa del joven escritor arequipeño "cierto toque de ingenuidad, cierta desmesura adjetival que torna la lectura predecible, cansada e intrascendente".

Luego la crítico y directora de la revista literaria Casa de Citas, se centra en lo que llama una de las historias centrales, "Todo comenzó en la universidad", que aborda el racismo y la homosexualidad. A ORU le parece que el cuento tiene "solidez argumental", pero los sucesos del "inverosímil final" le resultan "un tanto insultantes para cualquier lector y lectora competentes".

Finalmente, fiel a su estilo de referirse a elementos extratextuales, Rodríguez Ulloa afirma que Mazeyra ha publicado su libro influido por esa "suerte de precocidad que ataca a muchos de los escritores jóvenes: el apremio de la publicación". "Esperamos que en un futuro las urgencias se aplaquen de otro modo, y que el autor revise sus textos y se asegure publicaciones más felices", culmina ORU con contundencia.

(Portada del libro de Mazeyra)

15.4.07


Robert Fripp

Siempre me ha incomodado la relativa injusticia con que Pink Floyd –sin quitarle sus evidentes méritos- capitalizó casi toda la atención de que los medios de comunicación eran capaces con respecto al llamado rock progresivo. Como que el grupo de Waters, y el Genesis post Peter Gabriel se llevaron a medias la fama que se mereció siempre Robert Fripp y su banda King Crimson.

Por eso me satisface que hoy el suplemento ABCD de España rinda homenaje a este talentoso guitarrista, serio innovador e intelectual abierto a todos los cambios en la música. La prueba de esto último está en lo afirmado por Eduardo Hojman en su nota:
"Entre otros proyectos se encuentran sus colaboraciones con músicos y bandas como Talking Heads, David Bowie, Blondie y la banda de Peter Hammill Van Der Graaf Generator. En 1972, grabó No Pussyfooting, el primero de sus discos junto a Brian Eno, en el que experimentaba, siempre blandiendo la guitarra, con nuevas técnicas de grabación, entre las que se encontraba un sistema de «delay» electrónico y bucles de cinta que más tarde se llamaría «Frippertronics» y que, con nuevos aditamentos digitales, sigue utilizando al día de hoy".

Hay discos de King Crimson que han quedado en la historia como de los mejores elaborados y concebidos entre fines de los sesenta y mediados de los setenta: In the court of the Crimson King (1969), Starless and Bible Black (1973) y USA (1975).

Más allá de los efluvios seudomístico de Gurdjieff, que definitivamente han marcado la visión del mundo de Fripp ("Fripp adoptó desde principios de su carrera una visión que podría llamarse mística, extraída en gran medida en las enseñanzas de George Ivanovich Gurdjieff, en especial aquellas referidas al compromiso total e interior de un hombre con su oficio, y en la sumisión a las enseñanzas de un maestro"), lo que más interesa de este músico es su insobornable búsqueda de la belleza entre los pliegues de lo nuevo. De ahí su pobre presencia en medios no especializados, comparado con otros grupos progresivos.

Otro punto a su favor, tal vez demasiado inflado por la nota de ABCD, es su vocación docente, que lo ha llevado a dictar talleres de guitarra bajo el título de Guitar Craft, una propuesta pedagógica experimental y muy personal , como todo lo que ha hecho Fripp en su vida. "De los cursos «Guitar Craft» impartidos por Robert Fripp salieron grupos notables como el California Guitar Trio y solistas como Trey Gunn (uno de los máximos intérpretes mundiales de stick, ese extraño híbrido entre guitarra y bajo eléctrico), pero su resultado más especial es esa agrupación de entre 9 y 17 guitarristas llamada «The League of Crafty Guitarists», que lleva veinte años recorriendo el mundo", nos revela la nota.
(Fripp)

13.4.07

El culto a las medias verdades + el plano de la baticueva - una nota necro

Cuando me decidí a sacar este blog me propuse tocar temas políticos lo menos posible. Y evitar los líos estúpidos en la medida de lo posible. Lo último lo vengo haciendo, y me divierto mucho. Lo primero, en cambio, se hace cada vez más problemático debido al nuevo juguete retórico de los políticos apristas actuales -digo actuales porque los de antes, los de la Apra rebelde y los perseguidos por la dictadura, no merecen estar en el mismo saco-: las medias verdades.

Como bien lo dijo ayer Rosa María Palacios en TV, ahora resulta que la compra de los patrulleros fue un error, la firma de un acuerdo regalón con los cocaleros fue un error, el trabajo con un execrable fujimontesinista por parte de Del Castillo fue un error, y el contrato de Garrido Leca con diarios fujimoristas para sacar noticias a su favor, según el propio Alan García, no es más que un "exceso de celo". Es decir, un error político.

Vivimos, pues, una epidemia de "errores políticos" tan amenazante como los 14 casos de dengue encontrados ayer en un asentamiento humano del cono norte de Lima. Pero la verdad no sé de qué me sorprendo y me indigno. Si la política en países como el nuestro, donde priman los intereses antes que los principios, es un ejercicio continuo e inveterado de la retórica más cobarde y rastrera. Aquella, además, que no solo evita al que comete un delito pasar piola con su "error", sino que es la misma que permite a la oposición recular en sus acusaciones ante amenazas del tipo "si siguen así, cerramos el Congreso y se quedan sin chamba". Si no es así, ¿cómo explicamos la debilidad y falta de convicción ayer en el hemiciclo de los habitualmente rabiosos y radicales representantes "nacionalistas"?

Mientras tanto, algunos bloggers de mucha lectoría venden al público su anomia ("no pasó nada") y pretenden esconderse en su baticueva para no ver el carnaval de horrores del actual gobierno. No. Mejor regreso a mi lectura de Putas asesinas. Por lo menos la visión desganada de la vida, de Bolaño, es auténtica y honesta. Verdades enteras si no eternas.

pd: Ayer murió Kurt Vonnergut, autor de Matadero cinco, Madre Noche, Jailbird, entre otras novelas muy críticas e irónicas con el poder político y las debilidades humanas. ¿Qué hubiera dicho este hombre de los "errores políticos" de la Apra?

ppd: Sobre Garrido Lecca y su errorcito ver este artículo de Lauer. Sinesio López da un ejemplo de análisis político también en La República.

12.4.07


Camilo Fernández Cozman sobre Las máscaras de la representación de Marcel Velázquez + la coda - un reparo

En la flamante revista virtual Letra de Cambio, administrada por Daniel Salas, hallo entre muchos textos interesantes uno a no dudar polémico del profesor sanmarquino de Retórica, titulado "La problemática de algunos estudios culturales al abordad textos literarios". Allí CFC examina comparativamente dos libros (el de Velázquez, citado arriba; El caníbal es el otro, de mi tocayo Víctor Vich, y un texto de Antonio Cornejo Polar sobre la poesía de Melgar). Mi propósito al postear parte de este ensayo es dar a conocer un texto valioso con el cual coincido digamos que en un 80%. Debo hacer constar, sin embargo, un reparo a una afirmación de Camilo: la necesidad parece que imperioso y hasta obsesiva de "huir de todo tipo de reduccionismo". No estoy seguro de que se haya explicado bien qué se entiende por reduccionismo, y menos seguro estoy de que no existan algunas circunstancias en las cuales una visión reductora sea preferible a otras. Aquí tienen la parte sobre el libro de Velázquez. El texto completo también.


MARCEL VELÁZQUEZ Y UNA DISCUTIBLE LECTURA DE RICARDO PALMA


Marcel Velázquez Castro es un destacado investigador surgido en las canteras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La publicación de Las máscaras de la representación significó, entre otros aspectos, el predominio de la investigación literaria que se hace en San Marcos y la continuación de un proyecto de crítica interdisciplinaria que tiene un hito indiscutible en La literatura peruana en el período de estabilización colonial (1580-1780) (2000) de Carlos García-Bedoya Maguiña.

Seamos justos: Las máscaras de la representación es un libro mucho más riguroso que El caníbal es el otro porque manifiesta un cuidadoso trabajo bibliográfico, resume el estado de la cuestión y aporta una visión interesante sobre el estudio del imaginario decimonónico en el Perú, poniendo de relieve el abordaje del sujeto esclavista, “nombre que proponemos para denominar los rasgos comunes del discurso y las estrategias cognoscitivas en la percepción del otro afrodescendiente”.

Quisiera reflexionar en torno a la lectura que hace Velázquez de la obra de Ricardo Palma. No obstante, es pertinente recordar que Palma es un nombre imprescindible al menos por tres razones: 1) Universalizó la narrativa peruana, pues fue el primer autor literario que obtuvo un gran prestigio en España e incluso llegó a ser traducido al chino; 2) Creó un nuevo género (la tradición) que motivó varias decenas de imitadores en Latinoamérica; 3) Empleó, con destreza, la ironía como recurso retórico que lo evidencia como un escritor irreverente, desmitificador de ciertas instituciones oficiales. Pienso que obviamente es el escritor peruano más relevante de la literatura decimonónica.

Ahora bien, no se puede entender a Palma sin la ironía como figura retórica. Pierre Fontanier, en un tratado clásico decimonónico (Las figuras del discurso), decía que la ironía era una figura de expresión que opera sobre la base del mecanismo opositivo. Ella “consiste en decir a través de una burla, agradable o seria, lo contrario de lo que se piensa o de lo que se quiere hacer pensar”.

La neorretórica contemporánea, en el siglo XX, ha profundizado en el análisis de la ironía. El grupo de Lieja considera que la ironía es una figura de pensamiento16 que opera mediante el mecanismo de la supresión-adjunción porque se disminuye información y luego se agrega un nuevo contenido informativo. Por ejemplo, cuando alguien alude a un escritor de pésima calidad diciendo que se trata de un “excelente escritor”, está suprimiendo la idea explícita de la baja calidad del mencionado autor y está agregando el concepto de que este último tiene, supuestamente, una calidad digna de ser tomada en cuenta. En esa oposición, para el grupo de Lieja, radica la esencia del procedimiento de la ironía.

En la retórica general textual, representada por Tomás Albaladejo y Stefano Arduini, la ironía es considerada desde una óptica disímil. Para Arduini, la ironía se sitúa en el campo retórico o cognitivo de la antítesis porque supone, desde una óptica conceptual, una oposición entre dos ideas. Dicha confrontación va mucho más allá de la sintaxis y del proceso substitutivo y de la noción de desvío, pues sitúa a la ironía como un universal antropológico de la expresión: el ser humano como especie se expresa irónica, metonímica o metafóricamente, pero el contenido de la figura retórica varía de cultura en cultura.

Intentemos definir un poco más la ironía. Lauro Zavala afirma que la ironía es “la presencia simultánea de perspectivas diferentes (que) se manifiesta al yuxtaponer una perspectiva explícita, que aparenta describir una situación, y una perspectiva implícita, que muestra el verdadero sentido paradójico, incongruente o fragmentario de la situación observada”19.

Por su parte, Wayne Booth, uno de los que más ha estudiado la ironía, sostiene que cuando la ironía es decodificada de modo pertinente se produce una cierta complicidad entre el emisor y el receptor: “la emoción dominante al leer ironías estables suele ser la de un encuentro, un hallazgo y una comunión entre espíritus afines”.

No niego que puedan haber algunos rasgos racistas en la tradición palmista, secuelas de una época marcada por la exclusión del otro en el ámbito de la producción discursiva; sin embargo, la lectura que hace Velázquez de los textos ficcionales de Palma me parece algo arbitraria, pues desconoce que en la ironía opera el principio de oposición y que un escritor irónico busca la sutileza e imagina la literatura como un acto lúdico. Me parece que Velázquez hace una lectura demasiado seria y extrae conclusiones excesivamente serias de un texto que se plantea como un producto lúdico. Palma desea jugar con el lector y no debemos extraer conclusiones tan severas de la tradición palmista: “El predominio de las voces violentas y ofensivas [en las Tradiciones] revela la incapacidad del sujeto esclavista de aprehender al esclavo sin remarcar además la distancia que los separaba."

Si bien la perspectiva de Velázquez es coherente, no estoy seguro de que un trabajo que busque solo elementos racistas en la tradición de Palma sea tan relevante. Un texto literario es una cuidadosa orquestación de las formas y los contenidos articulados a una determinada visión del mundo. Cuando nos dedicamos únicamente al estudio del sujeto colonial en la obra de Palma dejamos de lado un elemento que me parece crucial desde el punto de vista de los tipos discursivos: la creación de la tradición como género y su aporte en el largo camino de la literatura latinoamericana.

El enfoque de Velázquez es algo reduccionista: deja de lado, en gran medida, el aporte innovador de la tradición como género y se dedica fundamentalmente a captar –meticulosamente, claro está— los componentes racistas en nuestra literatura decimonónica y, en particular, en el pensamiento de Palma.

La crítica literaria es también un ejercicio de sutileza. Me parece que el tratamiento con los textos ficcionales exige un nivel de perspicacia por parte del investigador. No se puede censurar el discurso de Palma porque allí se observan componentes racistas olvidando otros aspectos del insigne tradicionista que son tal vez mucho más relevantes para el estudio de nuestra tradición literaria. He señalado el indiscutible nivel de innovación que existe en la prosa de Palma cuando este crea un nuevo género. ¿Este hecho, acaso, no merece una investigación minuciosa desde la perspectiva de los estudios culturales que señala la pertinencia del análisis de los tipos discursivos, articulados a visiones del mundo y a contextos interdisciplinarios y –más aún— transdisciplinarios?

CODA


Quisiera ser enfático en el siguiente aspecto: los estudios culturales bien llevados pueden ser un instrumento metodológico valioso si respetan la especificidad de la tradición literaria. Rama y Conejo Polar sí le dieron una gran primacía al abordaje de las formas literarias, articuladas a contextos interdisciplinarios y a visiones del mundo. Sin embargo, si los estudios culturales caen en el contenidismo o en obviar el análisis concienzudo del carácter innovador de algunos géneros discursivos como la “tradición”, entonces pueden dar una visión algo sesgada de la ideología que subyace a un texto ficcional. Es decir, creo que es conveniente huir de todo tipo de reduccionismo y hacer una lectura abierta y rigurosa, respetando la pluralidad de significados que porta un discurso literario.

(Portada del libro de Camilo Fernández Cozman sobre la poesía de E. A. Westphalen)

11.4.07


Philippe Jaccottet y un nuevo libro en castellano + una incertidumbre adicional

El último Babelia trae una breve semblanza y una reseña de este poeta suizo de lengua francesa nacido en Moudon en 1925. Extraordinario prosista también, Jaccottet ha visto editados en castellano su novela, calificada como “ontológica”, La oscuridad, y el poemario El ignorante. José María Guelbenzu se ocupa de la novela.

“La novela cuenta el reencuentro entre un viejo maestro y su discípulo; éste, que no ha vuelto a verlo desde hace muchos años, regresa para visitarlo y se entera de que el maestro ha abandonado a su mujer y a su hijo y se ha recluido en un rincón miserable de un barrio marginal de una ciudad (¿París?) al abrigo de todo contacto; se encuentra en una crisis de autodestrucción que ha decidido afrontar solo y escondido en sus últimos años de vida; no ve a nadie y sus allegados han dejado de intentar acercarse a él, pero atiende a la llamada de su discípulo y le recibe”, nos cuenta el reseñista.

Parece que lo que hallamos en este texto es la reflexión sobre el influjo del tiempo en el ser, y la descripción de cómo las certezas o logros espirituales del hombre están siempre en un estado de precariedad permanente. "Después de haber aparecido como fuente de luz, la muerte se convierte en la verdadera oscuridad", confiesa el poeta, encarnado en un ex maestro “vencido y temeroso de la oscuridad”, cuya última y más certera posesión –años antes había logrado un estado de serenidad- “quizá son las palabras”.

Pero aún desde la oscuridad y la confusión, la pérdida de vínculos, el maestro sigue enseñando. Mediante el diálogo con su discípulo, ambos llegan a la conclusión de que la clave de la derrota del maestro es “el deseo de tenerlo todo; lo que le derrota es el orgullo, la aspiración de absoluto porque, paradójicamente, lo coloca en una situación de indefensión ante la realidad”.

Admirable la capacidad de comprensión de Guelbenzu cuando señala a la terrible incertidumbre en que vive el hombre contemporáneo como tema central del libro. Jaccottet (ver unos poemas) habría logrado plasmar en su novela corta “una verdadera ontología propuesta y resuelta en forma de literatura. No fácil, pero fascinante”, sentencia el periodista de El País. Una ontología para estos tiempos. Yo tengo una incertidumbre adicional: ¿llegará el libro a Lima?

(Philippe Jacottet. Junto con Yves Bonnefoy, el mejor poeta francés vivo.)

10.4.07


Migrante, ciudad y tránsito en El Paso de Miguel Ildefonso

Claudia Arteaga es una poeta y crítico peruana que como muchos jóvenes migró a EE UU en busca de oportunidades de estudio. Antes había fundado acá la revista Casa de citas, junto con su esposo Fernando Toledo. Hoy Claudia me envía un ensayo sobre El Paso, del poeta Miguel Ildefonso, que publico íntegro. Claudia promete más colaboraciones de este tipo para LdL.
El Paso es la primera incursión narrativa de Miguel Ildefonso[1]. En un nivel formal, esta irrupción es interesante y ágil por la múltiple elección genérica que nos lleva del tono poético al cuento, del ensayo a la crónica o bitácora de viajes; ello en concordancia con las experiencias fugaces y culturalmente híbridas del sujeto migrante, cuya presencia es central en el conjunto de relatos[2]. El discurso planteado en torno a este y al espacio que penetra es medular en esta colección, ya que el sujeto se construye a sí mismo a través de la reformulación del entorno que transita. Este trabajo aborda el rol del migrante como productor de discursos en su afán por simbolizar un espacio distinto y construir su identidad a un nivel performativo. Esto sucede sin entrar en necesario conflicto con su posición marginal que es usada para criticar las estructuras de dominación que experimenta como subalterno, a la vez que ello supone una estrategia de integración en un espacio fronterizo que promete –aunque no siempre con éxito– no enajenarlo.

La ciudad de El Paso se presenta como un espacio de tránsito constante, en el que permanentemente fluctúan y se entremezclan códigos de diversos lugares. La mayoría de las ficciones del libro se ubican en las afueras de El Paso, ya sea en Ciudad Juárez –de preferencia– o al interior de USA. Por ello el título más que una referencia literal a la ciudad del mismo nombre alude a la actividad constante de exploración y aprendizaje ejecutada por el migrante. Por ejemplo, cuando los personajes se sitúan en El Paso este es referido como un desierto y el migrante para re-conocerse en él acude a discursos previos:

Este jueves, en el crepúsculo de El Paso, sí, la ciudad de la película de vampiros de Tarantino o la de la residencia de Corman Mc Carthy, Cyndy y yo esperábamos exhaustos, en la estación, la hora de partir. (71)
El Paso no era una ciudad muy literaria. Antes de arribar, Camilo sabía de ella lo que había encontrado en Williams Carlos Williams, Jack Kerouac y Carlos Fuentes... (92)

La ciudad fronteriza como desierto es un referente vacío que precisa ser simbolizado para resistir el desarraigo y hacerse de un lugar. En general, el migrante de El Paso reinventa la realidad acudiendo a un imaginario multicultural, circunstancia de una subjetividad en pleno contexto posmoderno, que presenta entre sus rasgos claves –a decir de Jameson– el consumo masificado de imágenes.

Desde niño me gustaron las canciones folk norteamericanas: el country. No sé a que se debe ese raro gusto para alguien que es del sur de América; de hecho algunas cosas aparecen de la nada, sin que intervenga la herencia genética o la influencia familiar. Sospecho que ha de haber sido por algunas películas que veía en la tele. Y es que yo no veía mucha televisión. Los pocos momentos que me permitían hacerlo eran para ver el western de John Wayne o de la serie El Gran Chaparral (…) Yo no soy un fanático de nada, solo digo que me gusta el country porque viene al caso, así como, por otra parte, me gusta Beethoven o Pink Floyd o Chacalón (11).

El imaginario es percibido a manera de espectro no jerarquizado de distintas figuras culturales (“yo no soy fanático de nada”). La cita plantea que la constitución del sujeto no está anclada al lugar de procedencia y tampoco se adscribe a la familia como institución educadora. La subjetividad es más bien asumida como un campo heterogéneo que escapa a cualquier esencialismo nacional o letrado. Por ejemplo, en “Los Cuatro de El Paso” y en “El quinto Beatle” el migrante y sus compañeros de universidad fingen ser el legendario cuarteto, con lo que se opta por un modo de filiación, dado aquí por la cultura pop, que sustituye a los lazos tradicionales de la familia y nación. En El Paso, si bien no hay un rechazo abierto a la familia ni a lo nacional, el migrante construye y se adecua a nuevos códigos de pertenencia que aseguran su inclusión en un espacio que intenta hacer suyo, ya que es conciente del reacomodo que sobre la realidad ejerce el imaginario cultural masmediático, letrado o popular. De este modo, transitar por la frontera es cultivar la diferencia. Al ser conciente de esto, la actitud del migrante es carnavalesca y performativa
[3]. Ello se ve en la construcción recurrente de escenarios durante la ruta (“Yo recitaba a Adán, a modo de ejercicio, para agarrar ritmo antes de escribir, o, como en aquella noche, para acompañar mis pasos” 19), así como en la adopción frecuente de la jerga mexicana y los encuentros sexuales transitorios.

tú no eres de aquí, ¿no?”, me preguntó la mujer que atendía en la barra. No, le dije, soy de Oaxaca. Chaparro, cabezón, nalgón, oaxaqueño cabrón, le canté. “Mentiroso, no eres oaxaqueño”. Ok, me agarraste, tía, soy de Sinaloa, respondí con una sonrisa convincente. “Pos sí, ese modo de hablar es de allá” (55).

Por otro lado, los espacios a los que se accede en el paso por la frontera componen una atmósfera marginal de bares, burdeles y calles inciertas, propia de una modernidad fallida que permite el afloramiento de los síntomas invisibilizados por la fantasía del sueño americano, que el migrante hace notar desde una posición determinada no por la nacionalidad específica que ostenta –la peruana– sino por su ser hispanoamericano. Nuevamente, lo hallamos lejos de cualquier constreñimiento nacional o cultural pues lo hegemónico en su identidad es su situación de migrante hispano en territorio norteamericano, lo que, dicho sea de paso, no impide que simpatice con expresiones culturales de ese país, pues, básicamente, su reacción es contra el sistema económico y político.

Todos ellos, mexicanos, chilenos, hispanos en fin, odiando a “este país” pero resignados a tratar de quedarse en él para no tener que volver a la jodida vida de antes. Es por eso que Camilo se aferraba a la idea de Yuknapatawpha de Faulkner o a la ruta 66 de Jack Kerouac o a los subterráneos de Lou Reed (99).

Como es notado en la cita anterior, su posición termina articulando grupos de otras regiones (los white trash, negros, hispanos, orientales) que también viven el desarraigo y el tránsito.
El bus, con su cargamento de razas, se va adentrando en silencio por el hilo eléctrico de la tierra, entre pueblos, vallas, cerros, desiertos, ranchos, y en todo lugar, como para no sentirnos perdidos hallamos siempre un Mc Donalds, un Wendy’s, un Taco Bell, un KFC o un Burger King en los grifos. El ritual supremo de la civilización consiste en que todos bajemos a este gas station –nos dicen que tenemos quince minutos, otras veces más–, y entremos a comer hamburguesas con papas fritas, acompañadas con inmensos vasos de gaseosa. Este ritual norteamericano se hace en cualquier lugar de la gran nación; todo el país está construido en cualquier lugar de este ritual, para eso conquistaron el Oeste y juntaron a los indios en unas reducciones: la obesidad de la obediencia (39).

La civilización es una fantasía ideológica; un producto hegemónico deconstruido constantemente en pleno trayecto. El viaje es planteado –una vez más– como modo de exploración, conocimiento y reformulación del entorno y de la subjetividad. Por ejemplo, en “La ventana de Greyhound”, el personaje durante un viaje en una carretera de Texas se obliga a la abstracción para dosificar la pesadumbre:

en vez de hundirme más en mis tristes pensamientos, me sentía más leve, casi como si flotara: de este modo el peso de las ideas se difuminaba. Y lo mismo veía que sucedía con el resto de pasajeros, sus tribulaciones iban perdiendo gravedad, hasta que el bus parecía no tocar el suelo ... Y después, todo lo que se podía hacer en ese asiento de Greyhound lleno de cuerpos fantasmales, pasajeros que roncaban o que hablaban consigo mismos, viviendo con los ojos cerrados una pesadilla que era real, que por el sueño americano que desde chicos les habían sellado en el inconsciente ignoraban que era real. (14)

En la cita el narrador se asume un fantasma como los demás, pero a diferencia de ellos es conciente de la pesadilla encubierta por el american dream. Esta actitud pone en crisis la estrategia intentada por el migrante: a saber, la capacidad de reformulación de sí mismo. Aquí el migrante de Ildefonso teje su fantasía o veladura sin dejar por ello de tener conciencia del conflicto (o trauma) que subyace en ella:
Las imágenes se rompieron como corresponde a las almas rotas. Por eso le fue fácil al viento llevarse mi nostalgia del desierto. Janeth besándome como yegua en celo (yo revolviéndole los cabellos rizados). Janeth jadeando (yo tapándole la boca). Janeth durmiendo en mis brazos (yo mirando las pocas estrellas visibles). (14)

El personaje femenino en casi todos los cuentos representa un medio para contactar al migrante con el entorno a través del placer, además de guiarlo en la ruta en caso de significar un recuerdo ingrato que llama al cambio y la travesía. En “La ventana de Greyhound”, el personaje intenta escapar de esa pesadilla que se torna real. Sin embargo, la veladura no funciona del todo. Mientras ocurre el contacto corporal las percepciones se desvian paralelamente. En ese vacío que se abre entre la fantasía y aquello que se resiste a formar parte de ella se va fundando una pulsión de muerte. Líneas atrás, antes del párrafo citado, el personaje asocia la línea recta de la carretera con el “camino de la muerte”. Hacia el final del relato, repite la figura para referirse a sí mismo en pleno tránsito: “La ventana era lo único que me decía que aún estaba vivo; que, aunque toda mi vida había sido un camino recto tras otro, aunque yo también ahora era un fantasma, lo que estaba pasando allí era real, estaba sucediendo” (14, el subrayado es mío).
El personaje no puede evitar ser un fantasma, dejarse seducir por una pulsión de muerte, la de la inclinación perpetua al cambio de quien está y no está al mismo tiempo en un solo lugar. “Estar vivo”, en este cuento, implica mirar hacia fuera, lo que lleva, paradójicamente, a asumir la propia extrañeza: “Ya no estaba en el Paso. Ya no estaba en Lima. Ya no estaba ni aquí ni allá, ni arriba ni abajo: estaba en ninguna parte. Y desde ese mismo lugar es que ahora escribo esto” (14). Si bien la constatacion del vacío coincide con el fin de la escritura de este cuento, con la imposibilidad de seguir diciendo sin tener una posición, un lugar en el “afuera” desde el cual poder representar con seguridad, implicado en esto está la manera en como es asumida la posición subalterna, ajena a toda posible simbolización y como instancia no localizable, que no puede enunciar por sí mismo y más bien se presenta ‘afantasmado’. Este es un momento en que la fantasía o el placer que el sujeto pueda adquirir para anclarse de manera transitoria se torna insuficiente.
En el relato “Vamos al Noa Noa”, Dante, el protagonista, luego de una borrachera, pelea e incendio que destruye el lugar del título, confronta su soledad:

Antes de salir cerré la ventana para que el sol no siga entrando por las puras. Bajé y pedí mi documento. ¿Dante?, preguntó el de la recepción; sí, respondí. Y me dirigí a la salida con paso lento. Su chica se fue hace una hora, me dijo el portero al abrir el antiguo portón de madera. Afuera, otra vez el sol inmenso, apenas me dejaba ver el desierto. Di unos cuantos pasos, obnubilado. Y así, rápidamente, como si hubiera entrado al verdadero sueño, ya me encontraba en el mismo desierto. Con la misma velocidad aquel sueño se fue transformando en una pesadilla, en un llano en llamas con los huesos regados y los retazos chamuscados y las mujeres calcinadas y los fantasmas de Juárez implorando otra vez…¿Adónde voy? ¿Y ahora, dónde voy?, decía yo también al darme cuenta de que el destino otra vez había dejado de existir (60-61).

La mención al “verdadero sueño” refiere a aquella verdad que escapa a la fantasía, la cual había construido la realidad como un espacio de contacto y placer (Dante conoce a Paloma Angélica, mujer voluptuosa, con la que va al conocido bar). Dante –con esta denominación, Ildefonso juega aquí con la alusión literaria de su segundo nombre– afronta lo Real del infierno, aquel incendio que vuelve ceniza al Noa Noa y su fantasía. De allí que pase a identificarse con la pregunta nunca respondida acerca del destino incierto de los desaparecidos, de esos fantasmas sociales que son las figuras anónimas de los subalternos. Es la conciencia de este Real –aquella verdad perturbable que escapa a la simbolización, según lo plantea Lacan– lo que hace que el protagonista se dé cuenta de su descentramiento, de su no estar en ningún lugar. Es así que el imaginario se vuelve fibroso permitiendo que por él se cuelen el desconcierto y el extravío.

Otro ejemplo similar es “El príncipe”: el protagonista es un obrero explotado que regresa a El Paso con el objetivo de olvidar a Claudia, su ex - enamorada. Allí el personaje narrador se encuentra con varios personajes de telenovela, que integran una fantasía fabricada bajo los efectos del alcohol con que busca dosificar la ausencia de Claudia y su soledad:

Caminaba entre prostitutas, entrando y saliendo de “La Flor del Valle”; “El gallito”, “El Vaquero”, el “Club Pedregal”, “Las Piscas”, “La Capital”, “El Puerto”, bailando con María Félix una de los tigres del Norte, con Silvia Pinal otra de la Banda El Recodo, con Angélica María la de los Tucanes de Tijuana y, al final, con Lucía Mendez aquella de los Rieleros del Norte… (15-16).

En “La ventana del Greyhound”, “El Príncipe”, “The Prince Machiavelli’s (i)”, por citar algunos cuentos, existe un goce ocasionado por el desarraigado, una pulsión de muerte que el sujeto trata de eludir a través de encuentros sexuales ocasionales. En ese sentido, son los cuerpos femeninos los que registran el paso de los personajes y juegan a ser metáforas del territorio que se penetra y que propicia el juego con la diferencia.
En la segunda parte del libro, la temática migratoria se traslada al Perú, al mundo del migrante costeño, de los mendigos y ninguneados sociales (“Cruz marcada” y “Bar candela”) y, de allí, al interior del país (Cuzco, Ucayali, Pasco). El viaje al interior es metáfora de una introspección donde la anécdota sigue siendo el formato predominante, así como los bares y las experiencias amorosas, las marcas dejadas durante la ruta. El relato “La luz del mundo” es el único de asunto familiar en el libro, que cierra la colección hablando de aquellos que no se fueron. El cuento empieza con una clara referencia a Pedro Páramo de Juan Rulfo: “Vine a Chacayán porque me dijeron que aquí vivió mi abuelo” (129). Es la escritura de Rulfo la que media y va moldeando la experiencia del viajante en la tierra de sus antepasados. Chacayán se parece a Luvina y, por momentos, a Comala: “Como si trataran de no confundirse con una aparición o un sueño, primero se quedan en silencio mirando; luego recién se saludan” (131), “...luego volteo a preguntarle a la anciana si es que había por aquí un riachuelo, pero ella ya no está. Mi abuela tampoco está allí donde se sentó a descansar” (132).
El Paso cierra con una vuelta a los orígenes asociado a un deseo de reposo y estabilidad. La elección final es por la casa materna y por el paraíso perdido de la infancia: “Solo escucho el canto de las hojas de los eucaliptos y la voz de una niña que está jugando por ahí, entre otras casas abandonadas más abajo. Y aquí me quedo a vivir siempre” (132). Ya en “Ayahuasca”, el antepenúltimo de esta colección, se había formulado esta inquietud: “La ayahuasca me había conectado con una fecha perdida de una infancia soleada, convertido en un pájaro exiliado del paraíso, detenido en la antena de una azotea en Apolo, buscando una sombra donde descansar” (125). Este “pájaro exiliado” es el migrante que ha ido de El Paso a Chacayán. El deseo tras la travesía doble (de EEUU a Perú y de la costa a la sierra) ha sido, en suma, intentar hacerse de un lugar para compensar la agonía por el “¿Adónde voy?”. En ese sentido, las ciudades y, más claramente, los pequeños lugares (bares, burdeles) son semiprivatizados para que el contacto y el placer sean posibles. Así, la nación como un conjunto de dispositivos que dotan de identidad al individuo ha sido aquí desterrada por muchos lugares que, en cambio, terminan siendo afectados por una subjetividad movida por la incansable inquietud de “pertenecer”. De allí que curiosamente Ildefonso prefiera mencionar siempre a Apolo, su barrio, en lugar de La Victoria(4) o Lima como el lugar de su escritura.

Notas

[1] Miguel Ildefonso nació en 1970 en Lima. Es considerado una de las voces más importantes de la poesía peruana de la generación del 90. Antes de El Paso, con el que ganó el V Concurso Nacional de Cuento “Premio Asociación Peruano Japonesa” (2004), publicó los poemarios Vestigios, Canciones de un bar en la frontera, Las ciudades fantasmas, M.D.I.H, entre otros. Curso una maestría en Creative Writing en University of Texas at El Paso. Este libro está inspirado en esta experiencia.
[2] El libro contiene relatos de distinto calibre: algunos pueden ser calificados convencionalmente como cuentos, mientras que otros son pequenos relatos que no proponen necesariamente una historia. De hecho, hay una relación entre esta narrativa heterogénea y las experiencias múltiples y desiguales dadas en pleno desplazamiento.
[3] Performance en el sentido referido por Judith Butler: el de una imitación no exacta, en cuya diferencia se puede percibir un espacio de agencia de la subjetividad.
[4] La Victoria es el distrito limeño en donde se ubica el barrio del autor, Apolo.


Bibliografía general:

Ildefonso, Miguel. El Paso. Lima: Estruendomudo, 2005.
Beverly, John. Subalternidad y representación. Debates en teoría cultural. Trad. Marlene Beiza y Sergio Villalobos – Ruminott. Verveuert: Iberoamericana, 2004.
Cornejo Polar, Antonio. “Condición migrante e intertextualidad multicultural: el caso de Arguedas”. Revista de crítica literaria latinoamericana. Ano XXI, N 42. Lima-Berkeley: 1995. pp. 101 – 109.
Cornejo Polar, Antonio. “Una heterogeneidad no dialéctica: sujeto y discurso migrantes en el Perú moderno”. Revista Iberoamericana. Vol. LXII, julio –diciembre (1996). pp. 837 – 844.
Zizek, Slavoj. El sublime objeto de la ideología. México: Siglo XXI, 1989.


(Miguel Ildefonso, a la derecha, junto a un par de pupilos)
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