29.12.07



Fernando Quiñones, sus temas

Sería de locos no aprovechar los aportes que dejan en LDL nuestros lectores mayores: Enrique Vila-Matas, Fernando Iwasaki, Fernando Ampuero, Martín Rodríguez-Gaona, más. Hace unos días el autor de Ajuar funerario ubicó a mi admirado Medardo Fraile entre los mejores cuentistas españoles del siglo veinte, junto a Juan García Hortelano y Fernando Quiñones. Al primero de los últimos nombrados yo ya lo había leído, pues tengo sus cuentos completos; pero sobre Quiñones apenas recordaba unas débiles, por lejanas, líneas que le dedicara alguna vez Jorge L. Borges.

Me puse, entonces, a revolver la biblioteca para ver si encontraba algún libro de aquel autor. Me di con un grueso volumen titulado Con el viento sur (1996, 2006). Se trata de una compilación de 30 cuentos hecha por el propio escritor para Alianza Editorial. En el prefacio, Borges cuenta que con su compinche Bioy, y un par de jurados más, premiaron en Argentina, en los 70, un volumen de cuentos de Quiñones de entre un conjunto de cientos de títulos. Revela el autor de “El Sur” que

dos temas –el vino y la tauromaquia- prevalecían en los textos; ambos tendían a alejarnos de ellos. (…) Todos sentimos, sin embargo, que los temas son símbolos y adjetivos. El único tema es el hombre; una obra de Conrad que abarca los siete mares del mundo, no es menos íntima que una novela sedentaria de Proust. Y en los cuentos de Fernando Quiñones estaba el hombre, su índole y su destino.


Mientras preparo un pequeño texto sobre tres cuentistas españoles del siglo veinte (probablemente Fraile, Quiñones y Merino), solo señalaré que, hoy, resulta injusto reducir la cuentística de Quiñones a los dos temas, ilustres, destacados por el argentino. Basta leer los dos cuentos que tengo destinados para comentar acá, “Jasón Martínez” y “La tumba giratoria”, para darse cuenta de que los mitos regenerados y el policial fantástico también le van. Quiñones definitivamente es un grande de un género al parecer muy mal valorado por la crítica tanto en España como acá; razón suficiente para conocer su obra.

(Fernando Quiñones es además un experto en cultura andaluza. Portada de la edición 2006 de Con el viento sur)
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Límbicas
*Luces recuerda a Huidobro. Una nota en El Comercio de hoy cita declaraciones del poeta chileno Gonzalo Rojas, en torno a su amistado con el enorme poeta sureño Vicente Huidobro: “El poeta chileno Gonzalo Rojas, premio Cervantes 2003, recuerda su amistad con uno de los hombres y vates que más influyeron en su obra y del cual no alcanzó a despedirse. "A Huidobro lo conocí a los 18 años, en 1936, y me fascinó. Era tan graciosamente distinto de los animales chilenos. Pituco (afectado), pero no odioso. Tenía incluso título de marqués de García Huidobro", rememora.”

Los 18 del 90. Poesía de Roxana Crisólogo

Tomado de su página web: "Nací en Lima, Perú, soy poeta y activista. Estudié en las escuelas de Comunicación Social y Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Derecho en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Realicé estudios de posgrado en la Universidad de Helsinki en la especialidad de Derecho Internacional. Soy coordinadora de la Red por la Democratización Global (NIGD) en Lima y formo parte del Programa de Estudios sobre Democracia y Transformación Global de la Unidad de Posgrado de la Facultad de CCSS de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos". Crisólogo ha publicado tres libros de poesía hasta el momento: Abajo, sobre el cielo (1999), Animal de camino (2001) y Ludy D (2006). Actualmente reside en Finlandia.


hace días el rottweiler

del vecino nos ladra
y un olor insistente a pescado
parece invadir con su campamento
de palitos y condimentos
descartables y gente
disfrutando
en distintos idiomas
de un alegre globo rojo
en sus cocinas

las casas de estilo inglés
las chimeneas inactivas
los manifestantes que de pura rabia
quieren cercenar el cielo

de un tiempo para acá me siento flotando
en las rejillas y preocupaciones de otros

de un tiempo para atrás
el peso se ha desvanecido
en las pantallas de un televisor

el ruido es un mecanismo más
para entretener mis manos

bolivianas
empujando pesados bloques
de cartón
coreanas
cargando a sus pequeños
tan blancos como barras de jabón

son todas iguales claro
menos tú corrige el taxista

jura que le voy a creer
supone que le voy a estrujar la mano
arrancar una a una más frasecitas
tan estúpidas como esa


cabezas gachas

cabezas negras y apuradas
soledad de asfalto como la mía
cabezas peruanas fósiles
emergiendo de costales de baratijas
medias chinas y baterías coreanas
que los rótulos fantasmales de los grandes teatros
convertían en incontenibles llamaradas de gente

pensé que los había dejado reposando
en las barracas eternas de la desmemoria

a las matronas sin trenzas
repartiendo churros a peso devaluado
bajo la luz hosca de los negocios de comida
a los maniquíes sin mirada
vendiendo tarjetas postales para llamar al perú
a los bolivianos encogidos en poltronas de tocuyo
escuchando radio con la indiferencia
de los mismos maniquíes que una cuadra atrás
me invitaban a detenerme en un hueco oscuro
regentado por un judío agazapado
en un mostrador con olor a tela

mientras que desde otra mirada
una muchacha abre un cartapacio
de cuentas y una multitud húmeda
culebreándose entre mis pies
trasforma sus ojos en gracias indiferentes
que devuelvo por sobre el hombro
en un desdeñoso rehacer
ir y venir partir y regresar
sin palabras

Qué no leer de este año -una humilde sugerencia

En el reciente Babelia, Alberto Manguel se burla suave pero corrosivamente de los famosos recuentos del año de las redacciones periodísticas. Propone, en cambio, hacer una lista de lo que no hay que leer. Tan arbitraria como cualquier otra, la mía, con respecto a este año, incluiría a La felicidad de los muertos (la peor novela de crítico en varios años), Sakra boccata (aunque me parece interesante, y lo defendí en su momento, es de una pretensión lingüística acartonada) y Las benévolas (un bluff insufrible); pero hay algunos libros más de estos, vanos viajes de caza frustrada en el bosque de la literatura. El delicioso texto de Manguel.


Antes del diluvio

Cada fin de año, como pequeños y enérgicos dioses, los editores de los suplementos literarios encargan, a ciertos modestos Noés, la construcción de arcas literarias para salvar del olvido unos cuantos libros recientes.
Menos generosas que su ilustre modelo, las listas de elegidos son necesariamente fragmentarias: suben por la estrecha rampa algún ursino Vila-Matas, alguna Rosa Montero variopinta, un trío de Javier Marías, un Juan Goytisolo solitario y singular. Pocas veces las listas coinciden. "En la literatura como en el amor", escribió el alguna vez ilustre y ahora nada recordado André Maurois, "suele sorprendernos lo que los otros eligen".

Si, como dice el Eclesiastés, "no hay fin de hacer muchos libros y el mucho estudio aflicción es de la carne", entonces para algo servirán esas listas que resumen catálogos y proponen atajos. Las primeras fueron establecidas en Alejandría donde, para guiar a los lectores por los infinitos anaqueles de la Biblioteca, los bibliotecarios propusieron selecciones comentadas de los libros que, en su opinión, eran los mejores en cada área. La autoridad de estos eruditos avalaba sus listas; en estos casos, como bien sabemos, es mejor conocer a la madre del borrego.

Agradezco al listero que me propone, como ficciones magistrales, Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos; La buena terrorista, de Doris Lessing, y la Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges. Pero no es lo mismo que la propuesta venga de mi librero favorito o que la sugiera un cierto coronel Gaddafi. Los libros cambian con sus lectores.

Es que aquello que los lectores eligen no define la fauna literaria, define a sus lectores. Mejores, peores, más importantes, más divertidos, los libros de nuestras listas son el catálogo de nuestras propias calidades, defectos, inteligencia, emociones que cambian con la edad y con la experiencia.

Adolfo Bioy Casares cuenta que en su primer encuentro con Borges éste le preguntó a qué autores admiraba más "en este siglo o en cualquier otro". "A Gabriel Miró, a Azorín, a James Joyce", contestó el joven ecléctico.

Respuestas igualmente desconcertantes aparecen cada mes de diciembre en los suplementos literarios del mundo entero. "Éstos son los autores norteamericanos más importantes de todos los tiempos", proclamó hace algunas navidades la revista francesa Lire: "Raymond Chandler, Faulkner, John Fante". Hace unas semanas, Michel Tournier (que no tenía hasta ahora reputación de idiota) eligió como libro del año en The Times Literary Supplement la nueva novela de Amèlie Nothomb, Ni d'Eve ni d'Adam, que ya había propuesto, naturalmente sin éxito, para el Premio Goncourt. En cierto diario italiano, un célebre crítico de cuyo nombre no quiero acordarme, coronó como el mejor libro de 2007 la obra completa de Dario Fo, "el Shakespeare del siglo veinte", juicio que, si exacto, haría de Shakespeare el Dario Fo del siglo diecisiete. "Sobre gustos no hay nada escrito", escribió alguien que nunca abrió un suplemento literario.

Oscar Wilde arguyó que hacer listas de lo que hay que leer es una tarea inútil o perniciosa, puesto que un auténtico aprecio por la literatura es siempre cuestión de temperamento y no puede ser enseñado. Propuso en cambio listas de lo que no hay que leer: las obras teatrales de Voltaire, la Inglaterra de Hume, la Historia de la filosofía de Lewes... Siguiendo su ejemplo, Mark Twain opinó que la mejor forma de iniciar una biblioteca es evitar las novelas de Jane Austen. Prevenir, dicen, es mejor que curar. ¿Se atreverán nuestros suplementos literarios a tales osadas alternativas?

--Al cierre se me ocurre que quedarían en el interregno de la lectura tipo si llega a mis manos -es decir que no los compraría-: Bombardero (¿será tan buena como cree su autor?), El inventario de las naves (me gustó, pero no tanto como para leerlo de nuevo) y Las obras infames de Pancho Marambio (¿más de lo mismo?). Por cierto, una lista de lo que no compraré no se basa en criterios objetivos, como todas las listas de este tipo.

Si no posteo nada hasta el lunes, feliz año para todos.

(Alberto Manguel, un erudito que no olvida la provocación)
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Límbicas
*¿Kitsch? Mientras preparo mi reseña sobre el reciente libro de Marco García Falcón, los dejo con el párrafo final de la reseña de Javier Agreda en La República: “El cielo de Capri es una buena novela, que se lee con facilidad e interés, y que además acepta diversas interpretaciones. El único reparo que le hacemos es que en algunas páginas la búsqueda de lo estético llega demasiado cerca del kitsch: los gondoleros que cantan incesantemente "una melancólica aria italiana" o el aviador nazi que escribe en el cielo un mensaje en idioma hebreo, para citar dos ejemplos.”. Antes Agreda había ponderado la prosa de MGF.

*Santiváñez sobre Amórfor. En Sol Negro, el sitio de poesía regentado por el poeta Paul Guillén, el también poeta Roger Santiváñez ha publicado un texto, elogioso, sobre Amórfor, poemario que este año publicó Salomón Valderrama.
*Vila-Matas y el 2007. El autor de París no se acaba nunca le dice adiós al año viejo a su admirable manera: “Nada me parece tan plúmbeo como los domingos y como las despedidas de fin de año. Tienen la mala sombra de recordarnos el paso inexorable de los días a pesar de que el Tiempo no sabe que pasa el tiempo. En los domingos, por ejemplo, hasta respirar se convierte en un lamento. Y es que en los domingos uno siente que han dejado de existir las relaciones entre las personas y las actividades de cualquier tipo. En los domingos padecemos el tiempo y es como si todos contuviéramos el aliento y probáramos a ver cómo será el más allá. Los domingos son una enfermedad no visible, como un mal interior, una enfermedad moral. Los domingos son espantosos. Pero aún hay algo peor: las celebraciones de fin de año. Nos recuerdan, al igual que los domingos, que ha pasado una semana más, en este caso, un año. Nos recuerdan el paso del tiempo y, encima, tenemos que festejarlo. Este 2007 me deja una sensación de desagrado notable. En París, creo estar en un lugar apropiado para darle el portazo que se merece, dejarlo ahí sin un adiós, despedirlo a la francesa. O, mejor dicho, a la inglesa. Filer à l'anglaise. No se merece nada mejor este año.”. El País-Cataluña.

Rodrigo Quijano sobre Cecilia Jurado

Oral cute, de Cecilia Jurado, es una indagación sobre la representación y sobre la experiencia sensorial de la belleza, pero también es un trabajo que empaña frontalmente el espejo de las convenciones artísticas. Tanta belleza fotografiada y desenfocada gira en torno a las odiosas comparaciones entre el mundo de la moda y el mundo del arte, y en torno a los raros puentes que los vinculan tensamente, en aquello que comparten y aquello que los distingue apresuradamente.

En ambos casos el acercamiento pictórico que se desprende del borrón digital, y que aquí está enfatizado por los irónicos marcos museales que le otorgan su solemne (y ficticia, pero funcional) carga expositiva, es también una vía de escape de los reinos de la belleza construida y del deseo condicionado.

Y si estas imágenes están concentradas en los rasgos que suelen caracterizar a la belleza en las manos húmedas de la moda –labios carnosos, miradas semi lascivas, etc, etc.-, es sólo como parte de un gesto que busca reforzar la idea de lo comestible en más de un sentido. Una idea del consumo a la que alude el título, no sin ambiguedad erótica, y que sugiere una performance oral, en el bocado difícil de tragar con que arte, moda y publicidad promueven a veces la satisfacción inmediata del deseo así producido, empaquetado y digerido para un discurso y su mercado respectivo.

Cecilia Jurado realiza esta intromisión en los territorios del gusto y sus procesos simbólicos, por medio de su cámara, buscando problematizar los indefinidos límites de estas vinculaciones. De ahí que los rasgos así derretidos en el efecto borroso de las imágenes, o levemente chamuscados y embadurnados en el caso del autorretrato de la artista, sean una manera de aludir al proceso de ese consumo como algo en cierto modo alegóricamente orgánico y a la vez construido en tanto espacio de la mirada, o como espacio del gusto y la degustación en la repartición performática de chocolates. Una intervención que comenta circulación y circuito artístico y mercantil, y que es un movimiento adicional de esta muestra, donde el chocolate es el material perfecto de una analogía para la ilusión de una belleza que se derrite y se hace borrosa al primer contacto con lo real.

--Aún pueden visitar Oral cute en la Galería Lucía de la Puente, en Barranco. Va hasta este lunes 31.
(Jurado)

Lo mejor del 2007. Rajes del oficio

No hay duda de que este libro de entrevistas a los más connotados periodistas peruanos actuales ha sido el má sabroso e interesante de los varios publicados en el género. Su repercusión en todos los medios y en todos los blogs menos en dos que ya conocen, fue envidiable también. El narrador y periodista Enrique Planas escribió sobre el libro de Pedro Salinas en Luces:

Era un viejo proyecto personal: seleccionar a los periodistas que, según él, son imprescindibles para hacerse una idea de lo que realmente está pasando en el Perú. Tras marchas y contramarchas, y después de leer un libro de entrevistas a columnistas del vasco Jesús María Amilibia, una de las estrellas del diario "La Razón" de España, Pedro Salinas (Lima, 1963) dio con el estilo ligero e informal que buscaba. De diciembre del 2006 a setiembre de este año, visitó a veinte periodistas de alta influencia para someterlos a un cuestionario relativamente común a todos, lo que le permitirá al lector contrastar lo que piensa cada uno sobre el oficio, el poder, la política peruana o el humor. Y claro: qué opinan los unos sobre los otros. Y en esta última pregunta, el entrevistador prefiere ver, a distancia, cómo circulan las flores y los puñales.
En el primer volumen de "Rajes del oficio" (Planeta) reúne a los primeros diez periodistas registrados en su grabadora: Álvaro Vargas Llosa, Beto Ortiz, Raúl Vargas, Rosa María Palacios, Aldo Mariátegui, Jaime Bayly, Mirko Lauer, Federico Salazar, Fernando Vivas y César Hildebrandt. En el segundo tomo, por editarse próximamente, esperan, entre otros, Fernando Rospigliosi, Enrique Zileri, Gustavo Gorriti, Fernando Ampuero, Jaime de Althaus, Cecilia Valenzuela, Jaime Bedoya y Mario Vargas Llosa.

William Gaddis nunca muere

El 16 de febrero del 2003, Rodrigo Fresán publicó en Página/12 de Argentina un texto sobre William Gaddis, “El fantasma resucita”, con ocasión de la publicación de dos libros póstumos de ese narrador de culto norteamericano: Agape Agape y una colección de ensayos y escritos “de ocasión”. Desde entonces le he seguido la pista a este monstruo de la novela compleja, del neobarroco de posguerra tan poco conocido en nuestro país, para beneplácito de los engañamuchachos de altura.

Mañana, 29 de diciembre, William Gaddis hubiera cumplido 85 años –nació en 1922, año de la publicación de “El Ulises”, Trilce y The Waste land- y tal vez no hubiera estado nada orgulloso del saqueo a que ha sido sometido su estilo (banalizado hasta las arcadas), su complejidad (convertida en mera confusión) y su admirable ambición narrativa (reducida a sintomatología psicológica). Aquí el texto de Fresán, para que lo tengan muy en cuenta…


Por Rodrigo Fresán

¿Puede resucitar un fantasma? Y de poder hacerlo: ¿Es esto una redundancia, una paradoja, una contradicción o, simplemente, un milagro? En cualquier caso, William Gaddis –neoyorquino nacido en 1922, muerto en 1998, escritor fantasma durante su vida y cada vez más vivo desde que dejó este mundo– es el motivo de semejantes preguntas. Autor de cuatro novelas, Gaddis vuelve con dos libros póstumos. El primero –una breve y curiosa novela-diatriba sobre la historia del piano mecánico y la automatización del arte– se titula Agape Agape. El segundo –que reúne su obra periodística, discursos de agradecimiento a diversos premios, apreciaciones de la obra de Dostoievski y Bellow y, sí, un ensayo sobre las propiedades y peligros del piano mecánico– se llama The Rush for Second Plays: Essays and Occasional Writings. Uno y otro han despertado una tan saludable como tóxica polémica entre los nuevos escritores americanos a la hora de volver a evaluar la figura difusa de este escritor del que en algún momento se creyó era un seudónimo de J. D. Salinger y al que en algún otro se le atribuyó el nombre de Thomas Pynchon como máscara detrás de la cual se escondía.



UNO ¿Quién fue William Gaddis? Para algunos, el más dedicado y mejor descendiente de Herman Melville a la hora de arponear el infierno blanco y rojo y azul de Estados Unidos. Para otros, el antecedente directo y fundacional de lo que hoy por hoy siguen haciendo con más o menos gracia gente como Don DeLillo, Richard Powers y David Foster Wallace. Meses atrás, el siempre snob y acusador Jonathan Franzen lo rebautizó como “Mr. Difícil” en las páginas de The New Yorker mientras que Rick Moody –quien considera a Gaddis su héroe– se puso al frente de un número de la revista Conjunctions en el que escritores de todo el mundo alaban su memoria y limpian su nombre. Así están las cosas.
La única y pura verdad, como siempre, está en los libros de Gaddis: la monumental novela Los reconocimentos –de 1955 y publicada en 1987 por Alfaguara en un alarde de audacia que le habrá costado el puesto a algún editor– narra con corazón beatnik y cerebro de Bildungsroman europea la odisea de un ex seminarista y aspirante a pintor que primero restaura y enseguida falsifica cuadros jamás pintados de la escuela flamenca. Es su libro más “narrativo”: más de mil páginas a donde irse a vivir y, después, volver cambiado para siempre. Los reconocimentos gustó poco a críticos que –en ocasiones– hasta confesaban por escrito que no se habían tomado el trabajo de leerla. Un dedicado fan llamado Jack Green editó el alegato Fire the Bastards! y pagó avisos de su propio bolsillo para promocionar la leyenda y, sí, había nacido un culto.
Hubo que esperar veinte años para la llegada de J. R.: otra obra extensa y el libro más extremo y “gracioso” de Gaddis. La saga a puro diálogo y nada más –donde ni siquiera se identificaba a los múltiples interlocutores– de J. R. Vasant, niño de once años que se las arregla para involucrar a un número cada vez más grande de incautos y erigir un formidable imperio financiero desde el teléfono público de su colegio durante los recreos. En algún momento, un personaje menciona que está escribiendo algo sobre el piano mecánico. La novela –aunque le pese a Franzen– ganó el National Book Award y le arrancó un “imposible de leer” a George Steiner, quien se apresuró a aclarar que lo decía como elogio. Alfaguara prefirió no traducirla.
Igual destino tuvo Carpenter’s Gothic (1985), la más breve y normalita de sus novelas: romántica y oscura, una love story infeliz y contaminada por los virus del país donde transcurre. Su pasatiempo favorito –título con que Debate publicó A Frolic of His Own en 1995, apenas un año después de su edición en inglés– es una desopilante y paranoica comedia de costumbres escrita con la ayuda de la jerga de los tribunales donde se denuncia la adicción a litigios y abogados del pequeño gran pueblo norteamericano. Una versión posmoderna de Casa desolada de Dickens con la que Gaddis volvió a ganar el National Book Award; sin que esto significara modificar sus costumbres de siempre: salir poco, no dar entrevistas (creía que “un escritor debe ser leído y no visto”), y seguir pensando en que tendría que sentarse a acabar esa nouvelle sobre el piano mecánico que lo venía obsesionando desde su juventud cada vez más lejana. Por fin –justo a tiempo– la terminó. Después se murió.
DOS Gibbs, el narrador de Agape Agape –según Gaddis concluida gracias al descubrimiento de Thomas Bernhard, “un escritor divertidísimo”–, se dirige a nosotros desde su lecho de muerte y no es un narrador feliz. Su cuerpo lo ha traicionado y el mundo es una mierda, dominado por tecnócratas. Y su novela –en la que lleva trabajando años– se deshace en pedazos sueltos e inconexos. Queda poco tiempo para volver a afirmar lo mismo de siempre: la tecnología jamás podrá suplantar la creatividad de los hombres. Así que adiós a la puntuación convencional y hola al libre fluir de conciencia y a la libre asociación de ideas que le permiten al narrador –al recitador, en un casi delirio de agonizante– invocar tanto a Glenn Gould como a John Kennedy Toole, Miguel Angel y Tolstoi a la hora de destilar una última pócima mágica, un tónico para intentar conseguir el “agape”: la sensación de ser uno con el mundo celebrada por los primeros y nada burocráticos escritores cristianos.
No lo consigue, claro. Pero en el fracaso de Gibbs está el triunfo de Gaddis alertando desde el Más Allá sobre la música invisible pero cierta de la entropía: “el colapso de todo, del significado, del lenguaje, de los valores, del arte, desorden y dislocación en todas partes hacia donde diriges tu vista, espectáculos y tecnología y cada niño de cuatro años con su computadora, todos son su propio artista...”. La sensación es la de recibir la imposible última voluntad de alguien que se aleja –más misterioso que nunca– saludando desganadamente con la mano y sonriendo un “Ahora arréglenselas ustedes solitos”.
En eso están ahora Franzen y Moody y buena parte de los escritores de su generación: para bien o para mal, discutiendo y leyendo otra vez al “imposible de leer” William Gaddis. Gane quien gane, Gaddis –como era su costumbre– no hará comentarios al respecto.

(Gaddis, sus epígonos subdesarrollados no lo dejan descansar en paz. Portada de Agape, agape)
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Límbicas
*Luching es Fantomas. Me acaba de llegar a mi correo verdadero una carta del archifamoso y paterísimo de la dupla "Salerón", Luching, conocido por comentar con inteligencia y correcto castellano en cloacas virtuales. Luching me revela que él es el famoso blogger anónimo "Fantomas": "Víctor: como un acto de contrición navideña, ya que a ti es el que más te he atacado, te regalo esta primicia: YO SOY FANTOMAS. Puedes gritarlo al mundo, total, ya me quito para convertirme en "Alias" u otra cosa". Esperemos que no sea una de esas bromas de 28 de diciembre que suelen hacer. Si tienen dudas, dejen su correo en este post y les reenviaré el correo del terrible Luching.
*La Bákula consagra a Dios el TUPA. Esto que parece una broma de crítico por el día de los inocentes, lamentablemente no lo es. Pospost nos informa que los trabajadores del INC han sido obligados a participar en una ridícula misa de consagración de un par de documentos de trabajo internos, bajo amenaza de sanción administrativa. "La cultura en el Perú está en los suelos o en los cielos?", se pregunta con acierto Fernando Obregón.

28.12.07


Los 18 del 90. Poesía de Rodolfo Ybarra

Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha delinquido en poesía acometiendo los siguientes atentados: -“La Túnika de Ankou” Edición de autor. (1989) -“Sinfonía del Kaos” Ediciones Humo Bajo el Agua. (1993) -“Vómitos” Editorial Mantaro (1998) -“Por la Boca, Muertos” Editorial Duodeno (2002) -“Ruptura de Heje” Editorial Caparazón (2006) -“Carne Humana” Editorial VL (2006) -“Construcción del Minotauro” Editorial Zignos (2006)
En el plano teórico ha publicado un panfleto de agitación y propaganda titulado “Las Armas del Escritor” de más de dos mil páginas, y del cual ha salido el primer tomo (primer atentado). En video ha registrado “La Decadencia de Lima” (1998) 1 h. 45``. En música, aparte de haber compuesto más de 100 temas musicales y 3 óperas, ha participado -desde inicios de los noventas- en la campaña de “Terrorismo Musical” con la banda “Distorsión Acida” y apoyado a otras como “Melchor Malo”, “África Caníbal” “Acido” “Plátano Contaminado”, etc. Ha dirigido también un programa de televisión cuasi clandestino en canal 27 UHF bajo el nombre “Degeneración”, programa político-cultural que se emitía los sábados de 1997 y 1998 y que acabó por culpa del déspota, tirano y execrable Fujimori, quien secuestró ilegalmente la antena de Chorrillos. En radio coprodujo “Nuestra Época” que se emitió por Radio Santa Rosa. Ha editado la revista “Via Expresa”, “El Moscón Rojo”, y el fanzine “Acido” corrosivo literario, producido en tándem con el inefable Carlos Rengifo. Como diseñador vintage ha intervenido trajes de Giorgio Armani, recibiendo la aprobación de varias revistas de modas entre las que se encuentran la revista “Facto”. "El Comercio" en su revista “Somos” le dedicó 5 páginas.
La falta de acceso a las editoriales lo ha obligado a participar en oscuros concursos literarios, habiendo ganado algunos y perdido en otros. Ha sido 3 veces finalista (con otros tantos libros) en el Premio Copé de Poesía. Ha ganado el Premio Nacional de Poesía 500 vl organizado por la municipalidad de Lima con el libro “Carne Humana”. Ha dado cientos de recitales en universidades públicas y privadas, en institutos, casas culturales, sindicatos y pueblos jóvenes, así como también en instituciones penitenciarias en los que ha colaborado en talleres artístico-literarios. Ha dictado las conferencias “Una Teoría Para La Contracultura” en el Instituto Peruano-Británico de Miraflores.
En el campo tecnológico-científico ha mejorado la Eolípila de Herón constituyéndola en una máquina compleja que podría ayudar a producir electricidad a bajo precio; así también ha diseñado su propia “Máquina del Orgón” en base a los estudios inconclusos de Wilhem Reich, y que podría detener y curar el cáncer. Sus textos se encuentran desperdigados en un sinnúmero de antologías y muestras entre las que están “La generación de los noventa” editada por la Biblioteca Nacional, “Antología Premio Copé” Ediciones Petroperú, “Revista Aedosmil”, “Revista Homúnculos”, “Encuentro de escritores nuevos” Universidad Científica del Sur, “Antología poética 51 poetas”, “Revista Camión de Ruta”, “Revista K’ollana”, “Polis Lima” Editorial Zeta, etc. En la web circulan decenas de páginas no autorizadas por el autor. Su obra ha cruzado el Pacífico y ha sido invitado como miembro de número por el Instituto Patafísico de Francia.


I

Me he buscado occiso bajo los escombros de la tarde
este día en que no espero a nadie
este día desprendido de su orilla
como un barco en el vaivén de las olas
sin puerto, sin espera
y sólo he hallado una sombra que se niega a sí misma
acompañarme.

Paso los días contando estrellas,
moldeando el aire inexacto entre mis dedos inexactos;
de esta forma pago mis culpas,
no sé si este cielo se repite
al otro lado del abismo,
entre el paso que doy y el paso que dejo atrás
volteando la esquina.
Sólo quisiera encontrar un pedazo de vidrio
y despacio como cualquier loco
desfigurarme el rostro.

--De Construcción del Minotauro. Editorial Zignos (2006)

27.12.07


Lo mejor del 2007. Frágiles trofeos

Dado que publicaré dentro de unos días, en una importante revista internacional de poesía, un pequeño ensayo sobre este hermoso libro editado por Album del Universo Bacterial, me abstendré de comentarlo por ahora en LDL. Los dejo, mientras tanto, con lo que escribió el crítico Ricardo González Vigil en una columna de Luces:

Con su primera entrega, "Marineros y boxeadores" (2003), Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) se dio a conocer como uno de los poetas más talentosos de esta década. Ahora, con "Frágiles trofeos" y "Pequeños poemas para caras largas" (publicados con el esmero y la inventiva que caracterizan al Álbum del Universo Bakterial), se consolida como un autor capaz de erigir un universo propio de símbolos y pulsiones expresivas, abierto a lecturas que nunca agotan su magnetismo sugerente y su imaginación en libertad.
Varias páginas de "Frágiles trofeos" abordan el arte poético de Pimentel. Particularmente esclarecedor es el admirable "Ítaca-Tannhäuser". Zahiere el afán de los críticos de imponer un sentido fijo, develado por el análisis: "Cuesta ver más allá de los categóricos que van tomando posesión del poema. / Suben a él y se apropian de los sentidos como las enredaderas que camuflan las casas blancas" (p. 59). Para Pimentel, Ítaca no es un destino final, sino un rumbo (eco de la invitación al viaje de Baudelaire, al final de "Las flores del mal"); en concordancia, sostiene: "En busca del perfecto comienzo hallé la perfecta forma de no terminar" (p. 59), sabiendo que "la perpetuación es otra forma de inmovilidad" (p. 60).
Fiel a esa concepción, despliega una simbología formidable: la casa y el viaje; las raíces familiares (resulta central que su padre sea el gran poeta Jorge Pimentel) y la vocación poética (destaquemos el notable texto "La fábula del padre y el hijo"); la travesía marina (recordemos los marineros de su primer poemario) y el fluir de los versos (el ritmo se impone a la lógica semántica); y las menciones de animales, no solo los insectos, sino también diversos mamíferos y aves (nótese el diálogo entre un oso y un pájaro, en "Pequeños poemas para caras largas").
Otro campo a explorar: las alusiones a autores y obras, como Blanca Varela en "Origami", Coleridge en "S. XIX", Melville en "El misterio del mundo" y el in memóriam a "Francisco Bendezú". También las resonancias religiosas: "Carta a los apóstatas" y "Oración frente a una muchacha desnuda"; y los referentes históricos: "Macedonia" y "Termópilas".
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Límbicas
*Pronósticos de Mirko Lauer. “Se activa la derecha chilena, para dar los pasos previos a las elecciones del 2009. Definitivamente afecta al Perú, con sectores de la política chilena compitiendo por quién es más duro. Es probable que cualquier avance peruano en La Haya se sienta en la frontera sur, y también en la turbia prensa hiperpatriotera limeña”. En La República, para el año 2008.
*Muere famoso escritor estonio. Vía Perú 21: “Jaan Kross, el escritor más traducido de Estonia y a menudo nominado para el premio Nobel de Literatura, murió el jueves a los 87 años, informó su familia. El nombre de Kross aparecía casi todos los años como uno de los nominados para el premio de literatura, pero el galardón lo eludía. Encarcelado por las autoridades nazis y soviéticas y exiliado a Siberia durante nueve años por las autoridades soviéticas, Kross fue un escritor cuya vida reflejaba la historia de su país.”

Lo mejor del 2007. Algo que nunca serás

Todo cuento moderno es una historia que, o esconde otra más importante y profunda, o se despliega haciendo varios contactos con una realidad contigua no menos importante que la inmediata. Guillermo Niño de Guzmán lo sabe bien. Por ello, libro a libro, se ha convertido en uno de los mejores exponentes del cuento peruano. Con este nuevo volumen no hace sino confirmar esta percepción.
La extirpe interna del autor del insuperable Caballos de medianoche puede incluir a Clemente Palma, Carlos Eduardo Zavaleta y Julio Ramón Ribeyro. La externa es mucho más clara: Hemingway-Cheever-Yates-Carver-Salter. Los cuentos que conforman Algo que nunca serás (Planeta, 2007), confeccionados con jirones de biografía, plantean un diferencial con respecto a sus libros de cuentos anteriores: el elemento fantástico es predominante esta vez. Estas incursiones imaginativas, sin embargo, no son groseras sino sutiles, muy bien dosificadas. En “Montblanc”, por ejemplo, la aparición del diablo en un bar, ante un viajante, se revela por la visión fugaz de una garra, por el recuerdo de un terrible momento de ira juvenil. En “La vida sexual de Borges” el ajuste de cuentas con el maestro porteño se despliega en un viaje casi realista por los canales de Venecia donde un Borges carcajaeante contacta con un felino simbólico. Otros cuentos exploran experiencias del autor transfiguradas por el tiempo, la memoria y el talento (“Viejo ángel de la medianoche”, "El desierto celeste").
En suma, estamos frente a un libro de cuentos muy parejo, donde es difícil aislar una pieza extraordinaria, pero más aún una deficiente. Una regularidad en la virtud donde el estilo cuidado, a veces apasionado -otras muchas sosegado-, que Niño de Guzmán exhibe, es el giro que hace de este volumen algo a la vez distinto y familiar, un notorio avance en el camino hacia la excelencia narrativa.

Medardo Fraile y el mar

Ayer tuve mi primer día de playa. Mientras me apostaba bajo una sombrilla, cerveza en mano y con los cuentos completos de Medardo Fraile en la otra, pensaba en El Mar, no en el que tenía enfrente sino en uno de los relatos que había leído la noche anterior. Se trata de una pieza que Willard Díaz llamaría “cuento epifánico”. Un día de playa trivial que en su desarrollo esconde y revela una suerte de trascendencia que se da a entender al lector.

Un hombre –el narrador- va a un departamento de playa con su mujer. El aburrimiento y algún grado de despropósito los acompaña. Una vez instalados en la arena, mientras la mujer se cohesiona con el entorno y participa con normalidad, el narrador observa el mar, lo ausculta, experimenta una serie de percepciones que son las que dan esa dosis de inquietud, de extrañamiento al relato. Ambos, mujer (y lector) y esposo ven lo mismo, pero el narrador percibe otras cosas en el mar, es una fuente de revelación para él.

Estuve fijándome un buen rato en las olas y nunca eran iguales, y esto me produjo desconfianza, inquietud. Se habla de la monotonía del mar, como se habla de la monotonía de cualquier cosa que no se observa con detenimiento.

Es claro que aquí hay una idea que corre a contrapelo del sentido común. Descubrir que las olas no son iguales equivale a la apertura de un universo nuevo a la vista. Además

el mar parece expresarse con formas superiores a la ola, párrafos y discursos ininteligibles.


Lo observado habla al observador, pero en un lenguaje demasiado elaborado para que haya comunicación plena. Mas esa semicomunicación es la clave del cuento (y de los de su estirpe). Más adelante, el narrador le pregunta a su esposa si no le parece que todo eso es como una idea de Dios, si no tiene una dimensión simbólica. La mujer responde desde el sentido común:

¿Símbólico? ¡Ay, hijo, no sé!
(…)
No hay tanto que entender.

Pero el narrador percibía mucho más:

Yo olía otra cosa además del mar. Olía un secreto más claro que el agua; un secreto que no desvelaría jamás, aunque viviera siglos, y que quizá mi cabeza no pudiera penetrar tampoco.

Voy a señalar la oposición entre sentido común y percepción simbólica en el relato. Retrata acaso esta historia ínfima la consabida ceguera simbólica y por ello trascendente de muchos seres urbanos, que no tienen tiempo, ni ganas (y por último, ni background) de ir más allá de los datos inmediatos de su conciencia. Pero lo más importante, estéticamente hablando, es cómo Fraile puede construir un desarrollo y una historia creíbles con apenas tres o cuatro percepciones peculiares, con ideas sobre las cosas que para mucho pueden parecer incluso retorcidas (hay una descripción del paso de un yate en estos términos):

Mientras pasaba, me pareció un funeral de basura que iba costeando; un prostíbulo flotante con luces amarillas. Iba presuntuoso y solemne con pasitos tontainas o beodos.

En la playa real, ayer, maravillado, pensaba en el ambiguo final de un cuento en el que no pasa casi nada, y trataba de descifrar la gramática del oleaje que Fraile había señalado. Es cierto, las olas no son iguales nunca, parecen incurrir, además, en fraseos, en riffs de elusivo sentido. Observé que el narrador, al final, le da la espalda al mar, igual que en uno de los poemas finales de mi primer libro, Luz de limbo. Me dije que el ruido del mar podía ser en realidad el zumbido colosal de un animal insólito dormido en su interior, que la espuma que se queda en la orilla, la escritura que revela el propósito de todo; que el brillo espasmódico del sol sobre él, los guiños de una deidad cruel e inabordable...

Para no abismarme, me metí al mar. El contacto del agua fría con mi piel me devolvió a percepciones más reales y tangibles. Otra vez, la normalidad lo invadió todo. Pero el mar seguía, sigue, allí. Esperando generoso otras miradas.

*Fernando Iwasaki le roba un tiempo a las fiestas para mandarme unos datos sobre nuestro cuentista: “Hola, Víctor. Medardo Fraile es uno de los grandes cuentistas españoles y un gran desconocido en América Latina. Yo tengo sus "Cuentos completos"(Alianza, 1991) y "Contrasombras" (Pre-Textos, 1998). Medardo es una persona discreta que con el correr de los años ha comprobado que es admirado y reconocido. Es mayor que José María Merino y Luis Mateo Diez, pero no sólo ha influido en ellos sino en narradores más jóvenes como Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961), Juan Bonilla (Jerez, 1966) y Félix Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968). Junto con Fernando Quiñones y Juan García Hortelano, es uno de los cuentistas españoles más sobresalientes del siglo XX.
**Desde España, el poeta Martín Rodríguez-Gaona me envía un comentario: "Este apunte tiene las mismas cualidades que describe en el relato de Medardo Fraile: el paso de la anécdota trivial a lo sensorial, que deriva en la presentación de un concepto trascendente para emprender el descenso a lo material. Es decir, juega con la contenida sugerencia de lo no racional, que le da tanto brillo.Y, efectivamente, hay un juego de correspondencias entre esta nota, el cuento y el poema del que descubre el mar en su habitación en Luz de limbo. Buena literatura."

(El mar. Portada de la edición de Alianza Editorial)
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*Si tienen tiempo pasen hoy miércoles un toque por La Noche, a partir de las 10.00 pm, que se presenta Adriana Cebrián y su grupo Las Amigas de Nadie. Pueden ver acá el visitadísimo fotoblog de Adriana.

26.12.07


Lo mejor del 2007. Unícroma, de Mónica Carrillo

Mi amiga Mónica Carrillo ha escrito uno de los poemarios más interesantes de este año, junto con Polisexual, de Giancarlo Huapaya, y Ruptura de Heje, de Rodolfo Ybarra. Aquí, en su momento, anuncié esta publicación bajo el sello de Santo Oficio, pero me abstuve -como se debe- de hacerle una reseña que, merecidamente elogiosa, hubiera sido también justificadamente discutida. En el último Dominical Marcel Velázquez evita que el libro pase desapercibido para los medios tradicionales. El texto.


Este libro recupera el registro de la poesía política en estos tiempos de mercado, espectáculo y consumo frenético de hamburguesas literarias. Unícroma está formado por poemas y canciones que interpelan directamente la matriz sociocultural de nuestra comunidad: la experiencia de la alteridad. Sus versos y ritmos se anudan con una antigua y dolorosa historia colectiva, pero también contribuyen de forma creativa a la formación de una memoria plural y al reconocimiento de la diversidad. El libro batalla por la descolonización del imaginario y por la configuración de una nueva subjetividad entre los afrodescendientes. El poemario se divide en dos secciones: Carimba y Reggae de Regaeton. En la primera, se agrupan los poemas más elaborados literariamente y que se inscriben en una estética coloquial que mediante juegos de palabras, el distanciamiento y la ironía construye un implacable testimonio de las luchas de los esclavizados y las víctimas del racismo contemporáneo, pero también de los dilemas morales de una activista en un mundo global, el cual se alimenta cínicamente del supermercado de identidades. Humor y dolor, desencanto y esperanza, revelación y ocultamiento, esta poesía se desplaza incesantemente, pero nunca deja de retar al lenguaje fosilizado del sentido común. En la segunda sección, fluyen las canciones con sus ritmos cadenciosos y sus estribillos demoledores. Carrillo ha publicado hace muy poco un CD que incluye varios textos de ambas secciones. En sus canciones, ora poemas recitados en trance vudú, ora restos de oraciones africanas que no podemos decodificar, pero sí comprender, vibra su música que rinde homenaje a los ritmos africanos y sus derivados americanos: el reggae, el reggaeton y el rap. Carrillo es poeta en el sentido clásico del término, es decir, cantora y música. Travesía dura y difícil, pero también valiente y alegre, el texto es el viaje iniciático en pos de la construcción del sujeto afrodescendiente. Desde la niña agredida por la mirada racista "ojos laceraron mi sonrisa", pero que todavía "romántica y triste/ escucha en sus latidos/ balbucear un tambor" (14), hasta las distintas figuras que toman la voz con una intensidad sobrecogedora: la cimarrona que huye en pos del palenque liberador, la mujer que ama y goza de su sexo liberador, la violenta adolescente Mónica la Chaira, la activista social que replica el discurso tradicional de las feministas, entre las más notables. La sabiduría del ghetto, el habla del callejón, la sensibilidad de la favela: la voz lírica no tiene fronteras, existe un panafricanismo que recuerda textos de Nicomedes Santa Cruz. Existe un doble movimiento en el poemario, se expande espacial y temporalmente, pero, simultáneamente, se contrae en lo más íntimo y personal: solo desde adentro se puede representar el mundo. Los pliegues de la identidad individual coinciden con escenificaciones espaciales y culturales múltiples, estableciendo un diálogo que enriquece la expresión poética. El poemario incluye neologismos, voces africanas, palabras en inglés, y representaciones del habla popular, como el popular pa'. En la mayoría de textos hay un equilibrio entre la clave política y la expresión lírica; en muy pocos, la argumentación compite con el discurso poético, riesgos de la estética elegida.Poesía áspera y dura, ritmos desafiantes, versos sin contemplaciones que dibujan una feroz indagación en la identidad y sus simulacros e imposiciones. Se rechaza la mirada y los discursos enemigo o condescendientes, ya que la autoconstrucción del sujeto solo puede provenir de sí mismo, a partir de una interiorización de la trágica experiencia cultural de la esclavitud, pero también de la lucha y resistencia constantes de los esclavizados de ayer y de hoy. Por medio de la voz de Mónica Carrillo y su actitud desafiante cantan sus ancestros. Nuestros ancestros.
(Portada)
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*García Falcón en Luces. Una buena entrevista, aunque algo breve, la que le hace Melgar al Marco García Falcón en el suplemento de El Comercio.

24.12.07


Los 18 del 90. Poesía de Jhonny Barbieri

JOHNNY BARBIERI Nació en Lima el 01 de junio de 1966. Su niñez se vio marcada por la enseñanza budista que su profesor de primaria le impartió por cinco años. Ya en la adolescencia empezó escribiendo poemas de corte social. Poco después ingresa a la Universidad Nacional Federico Villarreal para estudiar Lengua y Literatura en la facultad de educación, fundando en 1990, con algunos amigos, la agrupación poética Noble Katerba. Posteriormente estudia Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos donde en 1995 integraría La Mano Anarka, un grupo de resistencia contra la dictadura y la intervención universitaria. Es autor de los poemarios Branda y la Mesón de los Pandos (1993), El Libro Azul (1996), MAKA (1999), Jugando a ser Dios (2000), Carne de mi Carne (2002), La Virgen Negra (2003) y Libro Hindú (2005).


Diez

Cuatro espaldas decrépitas componen las paredes de mi casa
los ojos miopes son las ventanas por donde entra el verano
con sus viejas trivialidades ya olvidadas
la puerta es una enorme boca con incisivos amarillos
hay una oreja roja diseccionada
una luz tenue dispersa
y un surco de centellas abriéndose paso por donde
crece la hierba
En una de las espaldas he pintado el mar
y sobre ella un navío en llamas
y sobre el navío un caballo de obsidiana huyendo
despavorido por el campo
En mi sala hay muebles de cristal
una mesilla de mimbre
dos candelabros
y una utopía despedazada tirada por el suelo
En la ventana
tengo una estatua de sal de Dios en el horizonte
creando el mundo
allí está la griega mirándonos a través del vidrio
allí están sus grandes ojos buscándonos
de lado a lado por toda una vida
Tengo un perro con espuelas y con la noche rabiosa
es negro
y tiene hormigas en la espalda
En mi habitación hay veintitrés flores petrificadas
un rayo clavado en el suelo
algunas calles desconocidas por donde
voy huyendo de la noche
Tengo por espejo un lago
una hielera de días de invierno
cuatro ranas muertas colgando de la vieja vitrina
Hay un desierto al este por donde sale el sol
por ratos camino a solas
recordando cosas y cosas
hasta que llega la hora de volver
y estoy solo
solo otra vez con un atado de nervios
y un silencio sepulcral
quizás hubiese preferido abandonarlo todo
ir a París puntual a los diecisiete años
casarme con la griega en Santander
dosificar mejor estos martes interminables
Pound estaría mejor acomodado en mi cajón
y yo ya no estaría buscando a nadie
por estas cuatro paredes del cuarto donde me desangro
hasta morir.

22.12.07


Oscar Malca sobre Blanca Varela

La revista Somos publica hoy un recuento de los personajes más destacables del año. En cuanto a las letras, resalta con sumo acierto a Daniel Alarcón –el mejor narrador peruano de las últimas décadas- y a Blanca Varela, nuestra poeta mayor. El editor, Oscar Malca, se animó a escribir sobre la autora de Ejercicios materiales. Aquí unos fragmentos del sentido y merecido panegírico de Oscar:

La poesía de Blanca Varela podrá ser austera en imágenes, pero es de una penetración feroz, cortante en su exploración de las profundidades de la “noche oscura del alma”; y al mismo tiempo muy consciente y ácida con aquello que Arthur Danto llamaría “los abusos de la belleza”: hasta el humor más sutil y malicioso de algunos de sus poemas no cede una sílaba a su clarividente compromiso con las palabras y su visión del mundo.
(…)
Vida y obra, pues, mantienen una coherencia ejemplar en esta querida y extraordinaria poeta. Leerla es un viaje sin retorno hacia esta vida y sus miserias, sus resplandores y sus encuentros con una gracia prometida y apenas alcanzada, vuelta a perder.
(…)
“…porque la poesía, la gran poesía, hoy más que nunca, es un don que se debe recibir como una luz que los seres humanos ya no saben o no quieren aceptar”.

La revista trae también, siguiendo con la literatura, una nota de Enrique Sánchez Hernáni a Guillermo Niño de Guzmán, quien acaba de publicar Algo que nunca serás, volumen de cuento que me apresto a leer este fin de semana. “Creo que podría escribir novelas si pudieses mantener una estabilidad emocional durante largo tiempo; pero mi carácter tiende a ser depresivo; paso por muchos periodos de abatimiento, derrota, escepticismo”, confiesa con honestidad.

(Blanca Varela co n Eduardo Milán y Andrés Sánchez Robayna)
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21.12.07


Narrativas 8: Vila-Matas se va a París

Mientras me recupero del benéfico shock que ha sido para mí la lectura de los cuentos de Medardo Fraile –ya les contaré cuando termine el libro-, les recomiendo el octavo número de la estupenda revista dirigida por Magda Díaz Morales y Carlos Manzano: Narrativas. Viene, como anuncié indiscretamente en LDL hace poco, con un especial sobre Enrique Vila-Matas que es sencillamente ineludible. En la entrevista con Ana Solanes, el autor de Suicidios ejemplares revela que, hastiado, ha decidido dejar su Barcelona natal.


“Exploradores del abismo” es un libro de cuentos independientes pero que pueden ser leídos como un todo, un todo por el que camina ese equilibrista que aparece fugazmente para recordarnos que cada uno de los protagonistas está, como él, caminando por el filo ¿así también se siente usted, como un explorador asomado a un precipicio? ¿Qué ve cuando se asoma a su abismo particular?

En efecto, soy un explorador asomado al precipicio, sí. ¿Qué veo en mi abismo particular? Pues lo que usted quiera, estoy dispuesto a ver lo que usted quiera, porque todo es abismo. Abismo es, sin ir más lejos, escribir textos en los que siempre arriesgo, porque soy consciente de que sin ese peli-gro esos textos no serían nada, es decir, que sólo adquieren sentido gracias a ese riesgo. Ahora bien, no quiero mitificar demasiado lo que hago. Ser un equilibrista como Philippe Petit (cuya con-trafigura, Maurice Forest-Meyer, es ese señor del que usted me habla y que cruza por Exploradores del abismo hilando los relatos) es algo que considero todavía más arriesgado. Aunque en el fondo Petit está haciendo lo mismo que yo, casi un deporte mental: la escritura de nuestras vidas sobre el alambre.

¿Y cuáles son sus armas para atravesarlo, para lidiar con ese vacío?

–Las puede usted imaginar, pero no las diré, no sea que vuelvan a decir que soy demasiado metaliterario y todo eso que dicen en España –sólo en España– donde asombrosamente tan poco cervantinos son. Coincido completamente con Javier Marías cuando señala que este país se ha con-vertido en una sociedad de nuevos ricos con pocos escrúpulos y una moral muy laxa. Por no hablar del grado de ignorancia y, sobre todo, de satisfacción con esa ignorancia. Si eres culto, estás per-dido. Es un país con mucha saña y mucha mala leche, de escasa –por no decir nula– categoría moral. Barcelona, por su parte, era una ciudad que al menos antes miraba a Europa y que tenía vida interesante, sobre todo intelectualmente. Pero la ciudad está espantosa ahora, por muy de moda que esté en el mundo. Está de moda, por otra parte, por esa permisividad que no están dis-puestas a conceder otras ciudades europeas más importantes y más serias. Aquí a Barcelona viene todo el mundo a cagarse a la calle, y hasta les aplauden. La ciudad se ha vuelto un parque temá-tico y no pienso tardar mucho en irme de ella para empezar una nueva y mejor vida.

¿Puedo preguntar dónde le gustaría irse? ¿Al faro de Cascáis, quizá?

Me acuesto temprano. Como Proust, pensará usted. Exacto. Pero se lo digo porque quiero que sepa que ya no salgo de noche, voy a dormir hacia las once. Cuando alguna vez rompo ese horario y voy a alguna cena, se me complica todo. Me ocurrió en Nueva York, hace poco, cuando fui a cenar a casa de Siri Hustvedt y Paul Auster. Yo siempre había soñado en Nueva York, que ha sido siempre mi lugar ideal para vivir. De hecho, antes tenía sueños en los que sentía que era feliz porque vivía en Nueva York. En mi primer viaje a esa ciudad hace diez años, busqué esa felicidad que encontraba en los sueños, pero no di con ella. Ahora recientemente, en mi segundo viaje, la encontré por fin. A medianoche en casa de Paul Auster y Siri Hustvedt. Estábamos en los postres y sentí que era completamente feliz. Estaba en Nueva York, estaba en aquella casa genial. Todo cuadraba. Sin embargo, debido a mi horario y a pesar de mi estado de felicidad, no podía evitar largos bostezos que daban la impresión a mis anfitriones de que podía estar aburriéndome cuando era todo lo contrario. Pero el alma iba por un lado y el cuerpo por otro. Con todo, me quedó muy claro que la felicidad estaba en Nueva York. Es el primer lugar en la lista, pero estoy seguro de que, por comodidad, la ciudad elegida será París, donde lo tengo más fácil todo y que, a fin de cuentas, tampoco está tan mal. Sí, me iré a vivir a París a pensar –como cuando Pessoa estaba en Sintra y quería estar en Lisboa, aunque cuando estaba en Lisboa quería estar en Sintra– que tendría que estar viviendo en Nueva York.

Por cierto, esto no es lo único. Hay ensayos, reseñas, homenajes, y hasta un texto del propio escritor catalán. También, fuera del homenaje, ensayos, reseñas y notas diversas. Un sustancioso número de 150 pp que pueden descargar ahora mismo.

(Carlos Manzano. Magda Díaz Morales)
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*La muerte del editor. El enorme editor frances Christian Bourgois acaba de fallecer y Enrique Vila-Matas me avisa desde París que era su editor -así como el de otros grandes como Bolaño, Sontag, Pound, Tolkien- y que de casualidad se encontraba en Francia cuando ocurrió el terrible suceso. Me envía también este link a la nota respectiva de Le Monde. Se despide avisándome que por el momento no vivirá en París.
*Alan García y su caída libre. Sinesio López nos recuerda algo que habíamos olvidado con el circo del Gabinete nuevo: “A un año y medio de gobierno, la caída de García en la valoración ciudadana es acelerada e incontenible: más de dos tercios de los peruanos y peruanas lo desaprueban, especialmente en el oriente, sur y centro en donde el rechazo se empina hasta el 84%.”
*Piero Bustos, concierto benéfico. La nota es de Sol Negro: "Camaradas tengo a mi madre en el hospital nuevamente está en el dos de mayo fue operada y como ya se imaginaran los costos no los puedo cubrir en su totalidad este viernes en el averno los espero a partir de las 9 de la noche habrá música, chelas y haré una colecta de ante mano mil gracias y mi guitarra está a disposicion de las masas como siempre nos vemos este viernes en el averno. Piero Bustos. Celular 96393429. Del Pueblo y del Barrio. hasta la victoria final".

20.12.07


Los noventa. Poesía de Victoria Guerrero

Colgaré a partir de hoy y cada tres días poemas de dieciocho (18) poetas de los noventa, como sutil homenaje a la mayoría de edad que cumple nuestra generación el 2008. Pasarán por estas páginas Rodolfo Ibarra, Miguel Ildefonso, Roxana Crisólogo, Montserrat Alvarez, Rubén Quiroz, Rafael Espinoza, Victoria Guerrero (quien inaugura la serie) y un etcétera no menos importante. Saludos a todos.

Victoria Guerrero (Lima - Perú). Ha publicado los libros de poesía: De este reino (Los Olivos, 1992), Cisnes estrangulados (Cuernoempanza editores, 1996), El mar, ese oscuro porvenir (Santo Oficio, 2002) y Ya nadie incendia el mundo (Estruendomudo, 2005). Artículos y poemas suyos han aparecido en diversos medios de comunicación escrita. Se ha desempeñado como correctora y editora de periódicos, revistas y catálogos de arte. También está interesada en la fotografía, y su trabajo ha ilustrado revistas de música y discos. Actualmente hace un postgrado en Literatura en Boston. Es directora de la revista de cultura y politica Intermezzo Tropical. Tribu/laciones del sujeto des/centrado latinoamericano.


Muchacha de ningún lugar

Nadie ha caminado tanto hacia dentro.
Ahora tienes 16 años y estás sentada
sobre pétalos marchitos.
Desearías amar a una mujer pero no puedes.
Encerrada en tu habitación tus llantos no cuentan.
Si vieras este rostro seguramente te burlarías.
Qué cínicamente pálido es,
y guarda oscuros secretos de cisnes estrangulados
por el amor.
Si quisiera podría hasta matarte.
Desearías morir entre sus ojos.

--de Cisnes Estrangulados (1995)


Una carta

Querido esposo, antes de que vinieras he visto surgir pequeños animales entre los arbustos. No has visto con qué amor los he alimentado esperando tu llegada. Por las tardes he tomado el tren para llegar al lago más cercano. Todos los niños pisoteaban las hojas secas del bosque al salir de la escuela.
Hay caravanas de niños que esperan hundir sus botas bajo la nieve del invierno. Yo he viajado todas las tardes sólo para oír el crujido de las hojas bajo sus botines polvorientos. Luego te he visto caminando allá lejos, por las calles donde una ola espumosa atraviesa los sueños. Toda la noche he sentido tu asfixia y la tensión de tu cuerpo cabalgando sobre las olas. Pronto tu imagen aparecía como desaparecía. Las aguas arrojaron sal y arena sobre tu orina hirviente. Yo no sabía cómo asirte. Entonces hice muchas fotos tuyas y mías para que al abrirte la puerta pudiese reconocerte. Pero olvidé que la imagen es efímera y tiré una piedra al lago y me volví loca al ver mis otros rostros. Había pasado demasiadas tardes allí. Así que sólo pude reconocerte por la ansiosa asfixia que traes del otro lado.

--De El Mar, Ese Oscuro Porvenir (2002)

(Vicky)
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*Las nuevas joyitas apristas. En el Utero de Marita, Marco Sifuentes incide en el prontuario de los ministros entrantes al gabinete. Resulta que Cornejo fue el hombre del Instituto de Comercio Exterior del primer gobierno de Alan (horror!); y Rosario Fernádez es abogada de Ernesto Schutz (re-horror!).

*Chile reacciona ante nombramiento de Wagner (¿O debo decir: “la diplomacia chilena reacciona”, para que no me tilden de chauvinista y racista? Ja, par de chistosos). El Comercio informa que el canciller chileno reaccionó con prontitud al enterarse que Allan Wagner se encargará de llevar a adelante los reclamos nacionales limítrofes a Chile en La Haya.

Medardo Fraile

Si el lector digita el nombre “Medardo Fraile” en Google se encuentra con una larga serie de calificativos y expresiones que lo acompañan: “escritor de culto”, “maestro del cuento”, “el mejor cuentista español vivo”, “maestro indiscutible de la narración breve”, etcétera. Desde hace varios años yo sabía de la férrea devoción que tenía este español de más de 80 años entre un buen grupo de escritores hispanoamericanos, pero no fue sino hasta leer el pequeño pero rendido texto que escribió Andrés Neuman sobre él en su web, que me decidí a leerlo. Esto en el 2005. Hoy acabo de conseguir los Cuentos completos de Fraile y me apresto a desligarme por un par de días del blog para dedicarme exclusivamente a leerlo. Luego daré mi veredicto mediante ensayo o reseña, como se debe. Los dejo con el texto de Neuman mientras tanto. (Y, en el siguiente post, con una pequeña pero cariñosa antología de poesía de los noventa)


El cuentista y el mar (Medardo Fraile)

Andrés Neuman

Hace un par de semanas se le brindó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid un feliz homenaje a Medardo Fraile, componente único y postergado de la generación del 50. Autor de pequeñas y oblicuas maravillas como los libros de relatos ‘A la luz cambian las cosas’ o ‘Cuentos de verdad’ (además de dramaturgo y pionero del teatro de ensayo en la posguerra española), Fraile se expresaba en moderno cuando la mayoría de sus contemporáneos narraban con la grandilocuencia de los tiempos pasados. En lugar de escribir con corbata, el hombre salía al cuento en mangas de camisa y se quedaba contemplando el porvenir con una sonrisa jocosa. Quizá por eso nuestra literatura haya tardado tanto en reconocerlo. Al cuentista Medardo Fraile (Madrid, 1925) uno le envidia todo menos la edad. Si a mí se me hubieran ocurrido el título y los relatos de ‘Cuentos con algún amor’, me quedaría tranquilo y me dedicaría a pescar por las tardes, aunque no sé pescar. A semejanza de su definición del género breve, el viejo Fraile nos hace "meditar con suavidad" y nos persuade de cualquier cosa, incluido lo invisible. Lejos del costumbrismo clásico, el suyo es un realismo travieso.

Como señalaba Ángel Zapata en el prólogo a la necesaria edición de sus cuentos completos (publicada en 2004 por Páginas de Espuma), cuando Medardo Fraile describe un bar nos ofrece más bien la ausencia del bar, todo lo casual, aéreo y contingente que puede haber alrededor: todo menos el bar. Su obra es el desarrollo de un minucioso plan de distracción: desviar la vista del centro de las cosas, que suele ser tan evidente como pretencioso, para atender a esas "naderías que todos hacemos". La mirada tierna y elusiva de Fraile podría resumirse en esta mínima observación: "La estuvo mirando tres minutos; dos de ellos los dedicó a la nariz". Desde hace medio siglo, Medardo Fraile insiste en asombrarse militando de palabra contra la monotonía. Ambiguamente triste o sigilosamente contento, Fraile nos llena a sus lectores de luz amable y de perpleja sabiduría. Hay un viejo cuentista remando en el inmenso mar de las pequeñas cosas. Que el tiempo le sea propicio. Y buena pesca para los futuros cuentistas.

(Fraile)

19.12.07


Lo mejor del 2007. Bala perdida

Una pena que frente a este poemario, editado en febrero de este año y obviamente imprescindible dentro de las publicaciones de poesía, hayan primado las viejas rencillas universitarias, los desplantes juveniles y el pagar con agresión el legítimo desprecio de esta poeta auténtica, Montserrat Alvarez, a ciertos críticos literarios, a cierta gentecilla (she dixit). Ya lo ha dicho el también poeta Jorge Frisancho en memorable post:

En sus poemas y sus declaraciones públicas, Álvarez articula y defiende sus opciones como fieramente auténticas, y con ello cataloga, implícita y explícitamente, las opciones de muchos otros —académicos, jornaleros del lenguaje, poetas que de día son (somos) oficinistas— de su contrario. Lo que nos dice es que los inauténticos y los deshonestos somos todos los demás. La posibilidad de que esté en lo cierto produce ansiedad. Y la ansiedad nos obliga a gritar, por toda respuesta: “¡Posera!”
Quizás hemos llegado al punto en el que la ideología romántica de la literatura está pasando a hacerse un impensable. Quizá ya sólo podemos responder a sus demandas e interdicciones, que son las de Montserrat Álvarez, con escarnio e insultos, poniendo en tela de juicio las intenciones del mensajero en lugar de enzarzarnos en una conversación con el mensaje. Si es así, creo que se trata de una pérdida: se nos está yendo algo que ha sido, aunque incómodo, valioso y fructífero durante varios siglos en la literatura Occidental. En todo caso, la insistencia de Álvarez en ese reclamo de autenticidad me parece digna de ser bienvenida, y su visceral rechazo por parte de Faverón me parece sintomático, además de lamentable.

Sobre el poemario en sí -cuyo lenguaje equilibra la poderosa (y conocida) intensidad de la poeta con un manejo perfecccionado de la síntesis- el poeta y crítico mexicano Luigi Amara escribe el siguiente texto incluido en la contraportada de Bala perdida:

Cuando parecía que la poesía había perdido para siempre su acento disruptivo, cuando entre caravanas cortesanas y coqueteos con cancioncitas pop y eslóganes publicitarios ya nadie imaginaba que volvería a entenderse como una acción subversiva, llegan desde Paraguay los poemas de Montserrat Álvarez, poemas feroces, desamparados, que no excluyen cierta añoranza, y en los que quizá resuena algo del ya casi olvidado Aldo Pellegrini –no su dicción, sino su impulso. Como si hastiada del proceso de domesticación que atraviesa la poesía, de esa idea lánguida de dar a la imprenta poemas inofensivos, dóciles, que ronronean en busca de aplausos, Montserrat hubiera optado por un énfasis provocador y al mismo tiempo crítico, por la digresión apasionada, por el descreimiento. Siempre del lado de los que no tienen nada, de los que tampoco tienen a dónde ir, sus poemas, de un ritmo portentoso y una musicalidad antigua, que recuerda la época de las sagas pero con disonancias punk, son artefactos que a la manera anarquista terminarán por estallar en las manos del lector, haciendo saltar por los aires el rancio amor que tal vez todavía profesaba por la poesía decorativa y su lenguaje adormilado.
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*Sanseviero sobre la venta de Wong. Es un placer admirar la lucidez de Chachi Sanseviero en sus columnas de La República. Hoy, por supuesto, deplora la venta de la cadena Wong a Chile y agrega: “El próximo 28 de julio el tradicional corso de Wong se engalanará de banderas azules, blancas y rojas, y las comparsas bailarán al ritmo de una cueca chueca. Pero la cosa recién comienza y algo se cocina en el sur que los ministros callan. Felipillos a destajo le han puesto el ojo al gas y a la petroquímica del Sur peruano. Queda mucho por hablar de esto". Qué miedo.

José Kozer: 6997 poemas

Nadie puede dudar ahora que el cubano José Kozer es uno de los poetas más importantes de nuestra lengua. Su apuesta por la alquimia verbal, mucho más radical y profunda que la de otros vates más premiados y reconocidos que él, es todo un apostolado y una raison d’etre en sí misma. Geovannys Manso Sendán, desde Cuba, le ha hecho una imperdible entrevista (El fulgor de las cosas que mueren) para Lanzallamas, de la cual extraigo algunos puntos esenciales. El que tenga oídos…


La necesidad de corregir

“Yo, Geovannys, cuido mucho mi trabajo: persistencia y proliferación no implican desaliño. Cuido ese trabajo sobre todo a la hora de corregirlo: cuando lo hago soy implacable conmigo mismo (con mi texto) y no lo suelto hasta estar convencido por completo que está como quiero, que no contiene debilidades, soseras ni flojeras, y en particular, caídas. Caídas para mí significan sensiblería y sentimentalismo, baratura: éste es el gran mal de la poesía, de la literatura, y pulula por todas partes, incluso entre los poetas que podemos denominar mayores. Mil veces he estado ante un autor que amo, y me he dicho, ¿pero cómo es posible que aquí incurra en esta bobería, en este lloriqueo retórico? ¿Por qué un escritor tan bueno baja la guardia, no se da cuenta del estropicio, de la flojera en que ha incurrido? ¿Pereza? ¿Descuido? ¿Ganas de salir del paso? No lo sé: sí sé que cuido día a día cada palabra, cada renglón, cada verso que hago. Y si noto un paso en falso, detengo de inmediato el teclear del corregir del texto, y no me doy reposo hasta burilarlo como creo corresponde. Puede que lo haya empeorado, puede que incluso le haya quitado la chispa original, pero si no estoy de acuerdo, en armonía conmigo mismo, con la escritura que corrijo, pugno, lucho, hasta conseguir teclearla (inscribirla) como es debido.”

Las caídas poéticas, el peligro coloquial

“Hay poetas que amo mucho, y justo por el amor y la devoción que les tengo, no les perdono sus caídas. Vallejo, un enorme poeta, y sin embargo, su poema Masa me parece flojísimo, pura retórica; Neruda, otro ejemplo a tener en cuenta: ¿cómo un poeta de su estro, de su altura, puede caer en la bobería politiquera que hace del poema un lloriqueo banal que se rasga las vestiduras y se da golpes de pecho en los que nadie cree? Poesía desaliñada, a la que bien pudo meterle cuchilla, dado que no le faltaban ni talento ni oficio. Ese relativo desaliño no lo encuentro, por ejemplo, en Lezama, cuyo instinto poético lo llevó siempre por buen camino. Ahora bien: quien hace poesía en este momento histórico, y conoce en un sentido lato e histórico lo que se ha escrito a través del tiempo, y en distintas culturas e idiomas, tiene que tener presentes dos peligros: en lo conversacional no incurrir en el registro común y corriente de lo coloquial ya tipificado, registro en el que incurren los llamados poetas de la experiencia en España. No sé de ningún poeta o crítico que respete, que reaccionen ante esa escritura con interés. Es una escritura de masas, de mercado, hecha, dicho en plata, para hacer plata.”

El falso barroco

"quienes hacemos una escritura más espesa, más cercana al registro barroco, quienes tenemos la necesidad del vericueto, del oscuro recodo, del repliegue dentro del pliegue, y del desplazamiento brusco, del anacoluto y de la paronomasia, debe cuidarse de no caer justo en la trillada retórica del Barroco. Hacer paronomasias no es hacer poesía. Hacer calambures gratuitos y chistosos no es ser Quevedo, el horrible Quevedo antisemita a quien tanto amo. Llenar un poema de palabras de diecinueve sílabas, de alteraciones sintácticas sin sentido, o de escritura quod escritura, no es ser Góngora o Joyce. Para un cubano, desde adolescente acostumbrado a jugar con las palabras, a hacer chistes lingüísticos, “blagues” o “piadas” durante la conversación, este peligro es grande a la hora de escribir poesía."

Rutina y creación

"El poema, reitero, es el día, el propio quehacer poético, durante su gestación. En mi caso, para que haya una continuidad, tiene que haber una rutina, y ésta se copia a sí misma, con una inclinación de rostro, de testuz: se remeda una y otra vez, dándose con cada amanecer el visto bueno. Me levanto a las seis de la mañana, de inmediato (es parte de un entrenamiento, una costumbre) dejo la cama: orino: me lavo: ayudo a Guadalupe a poner la mesa: desayuno (frugal). Paso al cuarto de baño, hora de corregir. Corrijo, y casi siempre, mientras lo hago, se inicia un poema. Observo que ese poema es distinto al que tal vez haya escrito el día anterior, distinto sólo en el sentido de constituir una variante de lo mismo, una diversidad dentro de la unidad. A una cierta altura del poema lo dejo. Bajo a nadar, o si hace mucho frío, salgo a caminar (todas esas actividades las realizo día a día en compañía de mi mujer). A la hora, hora y cuarto de haber nadado o caminado, subo (afeitado y duchado) y de golpe y porrazo, sin pensármelo dos veces, retomo el poema donde lo dejé. Ahí, lo que suele ocurrir, es que me releo unas palabras últimas, donde el poema quedó aguardando, y sin mayor esfuerzo, continúo escribiéndolo, hasta trancarlo. En ese momento, el poema, firmado, fechado y numerado, pasa a mi cuarto de trabajo, donde permanecerá 24 horas, hasta que al día siguiente lo corrija (curioso esto de corregir en su doble acepción en nuestro país). Hecha la corrección, que suele ser ardua, y que me lleva sin duda mucho más tiempo que el acto en sí de su escritura, lo tecleo (de hecho, teclearlo es corregirlo) y lo almaceno en una de mis carpetas, la mayoría contiene 60 poemas, la totalidad hasta la fecha de los poemas acumulados es 6997, válgame Dios".


El exilio

"Ahora bien, a mí me tocó el exilio, ese largo aprendizaje, útil a muchos niveles, fructífero cuando no nos mata, doloroso siempre pero al mismo tiempo nutritivo. El exilio cuando no encierra y se refugia de modo acomodaticio en el gueto, abre compuertas, permite que muchas luces entren por nuestra ventana. En el exilio se vive la multiplicidad, el auténtico pluralismo, el fuerte contraste. Ese exilio puede llevar al caos, por un lado, y al gimoteo mendaz, facilón, por otro. A mí la idea de nostalgia poética no me dice mucho, la nostalgia en el exiliado suele volverse un negocio, negocio que le permite al exiliado no tener que crecer y enfrentarse con el cambio radical que le ha tocado vivir, y que también les permite a muchos ganar muchos cuartos explotando ese sentimentalismo barato que hace lagrimear al más pintado. Así, exilio es circunstancia a aprovechar, a encarar, y desde ese enfrentamiento, ha de salir, para la persona, un mundo más rico, una experiencia mayor, y para la nación que lo expulsó, con el tiempo, ha de haber un rédito, que sería el del exiliado que regresando aporta ahora a esa nación que no dejó nunca de amar, un nuevo entendimiento: social, económico, político, espiritual."

La lectura

"Leo a mansalva, soy un lector asistemático. Leo a la vez tres o cuatro libros, intercalando poesía, novela, ensayo, diarios, cartas. Leo en inglés y en español, alternando ambos idiomas, durante el día. Desde que me jubilé en 1997, y hasta la fecha, suelo leer unas cinco a seis horas diarias. Por lo general empiezo el día leyendo ficción y/o poesía, luego leo ficción y/o ensayo, y suelo terminar la jornada leyendo algunos poemas y/o escuchando música clásica, una música que va de Bach a Bartók, por poner un par de ejemplos a manera de módulos. En estos días, leo Prepositions, colección de ensayos de Zukosfky, que alterno con la sistemática lectura de los Diarios de Edmund Wilson, diarios que contienen miles de páginas de las que ya he leído casi todas. También leo el extraordinario libro de Claudio Magris titulado Microcosmos, y un libro de poemas de Enrique Lihn. En la repisa en que coloco los próximos libros a leer me aguardan, en relectura, el Richard II de Shakespeare, un libro de los poemas selectos de John Berryman, el último volumen de los diarios de Wilson y The Build-up, volumen de la trilogía novelada de William Carlos Williams que me faltaba por leer. Leer, leer, esa obsesión: lector infatigable, la lectura como Paraíso, el Paraíso en cuanto lectura incesante. El lector cabalista que cavila leyendo, el judío errante que deja de errar afincándose en los libros, y en el Libro. Leer a Cuba; leer es Cuba; leer a Buda, oyendo sus razonamientos, sus palabras incrustadas en un razonable Zen; leer es Buda".

Su obra, grafofilia

"No por vanidad, sino “for the record” aclaro que en estos momentos tengo publicados 42 libros, y que para el próximo año, probable me acerque a la cincuentena. Ahora bien, su pregunta, Geovannys, es fundamental, crucial en quien es prolífico como yo. Créame que tengo plena conciencia de lo que implica esa grafofília a la que estoy sometido, por razones oscuras, por vínculo natural y no por obligatoriedad ni voluntarismo forzado. Tengo plena conciencia del peligro en que incurro. Ahora bien, debo empezar por decir que la mayor parte de los escritores son prolíficos, abundosos. Pero cuando el poeta es abundante, de inmediato el lector alza bandera roja. O sea, Picasso puede hacer millares de cuadros, y no nos sobresaltamos; Bach puede componer, al igual que Vivaldi, cientos y cientos de composiciones, y no fruncimos el ceño ni encogemos los hombros. Repárese en la tradición decimonónica, con sus monstruos de incesante escritura: Flaubert, Balzac, Dickens, Zola, Eça de Queiroz, Benito Pérez Galdós, Tolstoi o Dostoievski, o ya en el siglo pasado, autores como Thomas Mann, Robert Musil, o ese mismo Kafka que decía que no podía escribir y no dejó de escribir (sus novelas sin terminar están terminadas; toda su retacería es escritura en firme y acabada, incluidos sus cartas y diarios)."

La voz

"pocos escritores alcanzan lo que podríamos llamar una voz. Al alcanzarla ocurre un fenómeno que hay que comprender: la voz rige, manda, es si se quiere la “trampa” a la que ya tenemos que someternos. Nadie alcanza en vida dos voces. Malamente se puede aspirar a alcanzar una voz y sólo una. Quienes la alcanzan, y son relativamente pocos, se pueden dar con un canto en el pecho (y soltar su do de pecho o su gallo). Alcanzada esa voz, esa rara avis, lo demás es ir variando escritura, de modo que cada poema, así lo veo en mi caso, es más que un ejercicio, un acto de recurrencia y no de repetición. No es repetición justo porque cada poema, dentro de su tonalidad, su voz, forja y conforma variaciones, y esas variaciones, una tras otra, son las que enriquecen una obra, son de hecho la obra en su totalidad unívoca y variable. No temo incurrir en el agotamiento, ni del contenido, ni de las formas: me siento libre ante la página en blanco, ésta no me produce ni diarrea ni retortijones, no me estriñe ni me capa: por el contrario, me convoca a lo que prefiero llamar la página en lleno. A esa convocatoria acudo, y en el momento de hacer acto de presencia, me entrego. La escritura de poemas se ha vuelto en mí naturaleza. Y un ser humano no puede rehuir su naturaleza. Hacerlo es castrante; hacerlo es de hecho, para mí, una imposibilidad. Me importa, por supuesto, que cada poema, quede burilado como lo mejor que de mí puedo dar en un momento determinado, pero a la vez no me ando con remilgos pensando que esa poesía que hago tiene un destino mayor, que es trascendente, que se leerá en trescientos o dos mil años, a mi qué".
(José Kozer, poeta. portada de uno de sus libros)
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Límbicas

*Jugada maestra del Apra. Me entero por Perú 21 que el Presidente "de todos los peruanos" acaba de confirmar en su cargo a Jorge del Castillo, quien había renunciado luego de sus muy torpes declaraciones del domingo pasado. Tras hablar una hora y media con Alan, ahora salen los dos a decir que mañana darán a conocer los cambios en el gabinete. Es decir que la bochornosa derrapada de Del Castillo mañana será periódico de ayer; quiénes son los nuevos ministros es lo que importa ahora. Qué vivos.
*José Carlos Yrigoyen sobre los poetas en EE UU. En la breve entrevista que le hacen hoy en El Peruano, el autor de Horoskop confiesa: "Alguien me dijo que todo poeta peruano que va a Estados Unidos termina escribiendo sobre la nieve y las ardillas, como los de Eduardo Chirinos. Yo creo que quise fundir la historia pasada del lugar para conseguir una alegoría”. Un friqueado blogger se siente aludido y manda a leer al poeta en su blog. Qué nivel.
*Novela de Giselle Klatic. Borrador editores apuesta por los nuevos y nos trae en esta ocasión la primera novela de esta escritora joven. Los comentarios de Alguien que me quiera estarán a cargo de Mihaela Radulescu e Iván Thays. La cosa es este miércoles 19 de diciembre, a las 7:30pm en el bar Patagonia (Bolívar 164), Miraflores. Vino de honor.
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