25.1.08


Antología póstuma de Wáshington Delgado


Salomón Valderrama Cruz

La palabra en el tiempo (Lustra Editores, Lima, 2007), de Wáshington Delgado, es una ocasión importante para retomar la búsqueda de la calma y la expectación de la maravilla que nos envuelve, que nos hace testigos por crueldad, vida/muerte, por pérdida desde lo insondable, tal creadores de intensidad, de lo que se difumina en la vastedad para volverse otra vez silencio, secreto.

La poesía de Wáshington Delgado Tresierra es, por excelencia, depositaria del reposo sosegado y profundo, una visión catalítica del misterio, y escapamiento de la soledad. Parece que esta poesía llena ese vacío que acumulan los días en su deformación y acabe de la vida. Un día largo, vasto todo, pero que, finalmente, termina. La vida se acaba pero su enigma sigue y delata su poder del instante, delicadísimo, supremo en su ínfima economía que en quietud revela su belleza: una palabra que no escala, que no grita, que invita a saborearla sin amenaza de pierde o de desborde; que se nutre del mar de la tranquilidad porque ya vivió todo.

Esta poesía no va hacia (hacer) un refugio, sino hacia un rescate, hacia nuestro rescate. Busca hasta del peligro su magia, su armonía, su simetría, su belleza que reina apacible hasta en la intolerancia: Yo avanzo por la extensión ilimitada / y me dan pavor las amenazas / del arenal, del cielo y de la fantasía / de mi propio, impaciente corazón. Porque como toda gran poesía verifica su estadio político, que lo emparientan con otros poetas de fuertes rasgos historicistas, como Pablo Guevara (con Hotel del Cuzco y otras provincias del Perú, 1971) o, en menor medida, Rodolfo Hinostroza (ver Contranatura, 1971).

Wáshington Delgado fue un maestro conocedor de la poesía, especialmente de la brasileña, de la que realizó algunas traducciones, como la versión que hizo de Manuel Bandeira y su magistral “Pneumotórax” o de su “Poética” (de Libertinagem, 1930); pero su filiación se enciende y se opone más a la lengua portuguesa con Eugénio de Andrade, al que desafía a contracorriente de sus versos: Já gastámos as palavras. / Quando agora digo: meu amor, / já não se passa absolutamente nada. / E no entanto, antes das palavras gastas, / tenho a certeza / de que todas as coisas estremeciam / só de murmurar o teu nome / no silêncio do meu coração. (De “Adeus”, Os amantes sem dinheiro, 1950). Para que pase algo, para que pase todo.

Una ausencia, que no se puede dejar pasar, para integrar cabalmente esta reunión hecha por Lustra editores, es el poema “Poética” de Parque (1965), con el que cierro esta reseña: Describo el aire / porque en el aire vivo / y porque el sol me alumbra / el sol describo. // Mi voz cautivan / espinos y retamas / porque las vi de niño / y son mi infancia. // Amo la vida / y sus dones me llaman. / Dejo por testimonio / estas palabras.


Pachacámac, enero de 2008.

(El maestro.)

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