9.1.08


El kitsch narrativo y El cielo de Capri

Hace exactamente diez años mi amigo el escritor Enrique Congrains Martins (Kikuyo, No una sino muchas muertes, Lima hora cero) me convocó para editar un enorme proyecto: una enciclopedia temática que reuniera cien diccionarios de los más diferentes temas, desde el fútbol hasta el sexo, desde la literatura hasta el yoga. Trabajé con él durante tres años, en los cuales tuve que encargar a muchas personas la elaboración de diccionarios temáticos. Una constante que tuve que afrontar es que las personas tienden a definir los conceptos de acuerdo con el uso común. Por ejemplo, hubo quien definió la palabra “enervar” como “soliviantar, sacar de quicio”, cuando el significado primero es “debilitar, quitar las fuerzas” (Recién desde hace unos años la RAE recoge, en tercera acepción, el significado común de “poner nervioso”).

Bien, hace poco Javier Agreda publicó una reseña de El cielo de Capri, de Marco García Falcón, donde luego de ponderar la prosa exquisita del aún joven narrador, califica de kitsch al libro. La cita textual:

El cielo de Capri es una buena novela, que se lee con facilidad e interés, y que además acepta diversas interpretaciones. El único reparo que le hacemos es que en algunas páginas la búsqueda de lo estético llega demasiado cerca del kitsch: los gondoleros que cantan incesantemente "una melancólica aria italiana" o el aviador nazi que escribe en el cielo un mensaje en idioma hebreo, para citar dos ejemplos.

Como el reseñista no define lo que es el kitsch, ni mucho menos lo que es el kitsch narrativo, se puede entender que utiliza el vocablo en el sentido común, como sinónimo de huachafo, preciosista, pretencioso... Se me ocurre entonces que sería interesante revisar un poco este concepto de origen alemán que algún equívoco trae a quienes lo utilizan sin conocerlo bien.

Históricamente, el vocablo surgió entre los comerciantes de arte de Munich, a fines del diecinueve. Durante algunas décadas su uso se limitó a este ámbito, para designar al arte imitativo o lo que parecía vulgar y de pésimo gusto en aquella época. Hasta que en 1933 el novelista alemán Herman Broch terminó de delimitarlo en su clásico ensayo “El mal en el sistema de valores del arte”. ¿Qué dijo Broch? Que el problema del arte se había convertido en un problema ético, y que el kitsch, “un producto significativo de la era burguesa”, aparece en nuestro horizonte mental justo cuando la máquina empieza a converger con nuestros contenidos intelectuales. Lo siguiente es textual:

La exigencia ética del artista, como siempre, es producir ‘buenas’ obras y solo el diletante y el productor de kitsch producen su obra buscando la belleza”
(...)
“La esencia del Kitsch es la confusión de lo ético y lo estético, el kitsch no quiere producir lo ‘bueno’ sino lo ‘bello’”.
(...)
“El kitsch es decir, el miedo a la muerte… es reaccionario, ya que es un sistema de imitación”
(...)
“Toda época de desintegración de valores fue también una época de kitsch”



Broch también relaciona la obra de arte kitsch con la búsqueda del efecto (efectismo), y con la necesidad de brindar una atmósfera de seguridad, estabilidad, inalterabilidad, a la realidad. (Los gondoleros venecianos tienen que cantar arias y no otras canciones, por siempre). La novela kitsch, según Broch, describe al mundo como se espera que sea, no como es.

Pero lo más importante de todo esto es lo siguiente: Broch no da una descripción determinada de lo que debe tener una obra para ser kitsch, más bien establece coordenadas más o menos precisas, entre las cuales pueden quedar atrapadas muchas manifestaciones creativas, pero otras puede que no, aunque las apariencias digan lo contrario. Calificar como kitsch a una obra solo por contener un elemento ligado a una de estas coordenadas es por lo menos irresponsable, entonces.

Seguimos. Un gran novelista de nuestro tiempo, Milan Kundera, avanzó en la precisión del kitsch dentro de lo narrativo. En El arte de la novela, dijo lo siguiente:

“...el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch. Es una palabra alemana que se extendió después da todos los idiomas. Pero la frecuencia del uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el kitsch es la negación absoluta de la mierda; en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable”.

Duro pero muy cierto. Es por ello que del naturalismo o del expresionismo pueden decir algunos que es mala literatura, desagradable, poco sutil, pero no que sea kitsch. El kitsch narrativo exige no solo una ridícula voluntad de belleza, sino también la necesidad de ocultamiento de las zonas problemáticas de la realidad. ¿García Falcón incurre en esto? Agreda no lo desarrolla ni de lejos. Continúa Kundera:

“El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lágrima dice: ‘¡Qué hermoso, los niños corren por el césped!’. La segunda lágrima dice: ‘¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped!’. Es la segunda lágrima la que convierte al kitsch en kitsch. La hermandad de todos los hombres del mundo sólo podrá edificarse sobre el kitsch”

El rechazo aquí se amplía a lo político. Esa supuesta buena voluntad y búsqueda de un mundo idílico y reconciliado hasta la tontería es definitivamente kitsch. Porque no corresponde con lo existente, porque los niños corriendo por el césped podrán maravillar a algunos o muchos, pero siempre habrá otros muchos que sentirán frialdad o desprecio por esta imagen. Esto se entronca bien con lo que señalaba Broch: la representación de un pasado ideal, estable, inamovible, es sensiblemente kitsch. Con esto último está relacionada la visión amplia que Umberto Eco da sobre el concepto en reciente entrevista de Lire:

Le kitsch est très intéressant car il correspond à une certaine classe. Je ne parlerai pas de classe sociale car je ne veux pas m'appuyer sur l'élément économique. Disons que le kitsch correspond à une certaine classe intellectuelle: une personne peut être très riche, économiquement, mais être, du point de vue intellectuel, un vrai prolétaire. Et vous pouvez trouver des paysans ou des ouvriers qui, intellectuellement, appartiennent à la classe dite supérieure. Ce qui est frappant, c'est que les classes intellectuellement inférieures trouvent beau un objet que les classes intellectuellement supérieures trouveront kitsch, c'est-à-dire laid mais d'une laideur tellement intéressante qu'elle est exposable: l'intellectuel new-yorkais peut aimer les nains en plastique de Walt Disney que l'employé de banque lui aussi trouve très beaux mais que le professeur d'université trouve très laids, et qui redeviennent beaux pour l'artiste homosexuel... Il y a là un cercle sans fin.

Lo que nos quiere decir el autor de Apocalípticos e integrados es que el concepto de kitsch, como el concepto de bello o feo, es nítidamente relativo, que a una determinada persona (o clase intelectual) lo que la otra considera kitsch puede parecerle notable, y aquello que otra estima incomprensible o demasiado elaborado, puede parecer a ojos de una tercera persona como sublime o superior. Lo único asentado parece ser esto –Eco lo dice:

L'art n'a pas pour but de représenter nécessairement ce qui est beau mais de bien faire ce qu'il fait. Il peut être une belle représentation du laid. La première partie de la Divine comédie, de Dante, représente l'horreur absolue. L'art a le pouvoir de rendre aimable la laideur du monde.

El arte no tiene necesariamente por objetivo representar la belleza. Será kitsch, entonces, aquello que busca irreflexiva y unívocamente “lo bello”, lo que se cree que será agradable para los otros (¿el nazi escribiendo en hebreo en el cielo?), pues ese no es el propósito del arte ni mucho menos el de la literatura. Además, podremos calificar como kitsch aquello que estimula efectistamente los sentimientos más inmediatos y poco elaborados (sensiblería), y finalmente lo que se solaza o apoya en la copia (o en la continuidad de lo establecido) y es incapaz de proponerse -o al menos intentar ser- “una obra original y capaz de estimular experiencias inéditas” (Eco).

Por todo lo expuesto, parece claro que calificar como kitsch la novela de Marco García Falcón (en realidad cualquier novela) -más allá de la notoria pomposidad de los ejemplos citados por el reseñista- requiere un cuidado y una precisión tales que en general es preferible abstenerse de utilizar esa palabra, bajo el riesgo de ser injustos, o peor, quedarnos cortos en la calificación. Si este es el caso de El cielo de Capri el lector lo tendrá que descubrir en la lectura.
(Portada. Herman Broch)
*Un comentarista anónimo (para algo sirven) me recuerda que en la reseña que le hace Javier Agreda a El camino de regreso de José de Piérola, el reseñista utiliza otra vez, irresponsablemente, el calificativo kitsch. Aquí la cita y el vínculo respectivo:
“De Piérola todavía debe superar algunos problemas que le restan calidad a su obra, como la pobreza de la prosa o lo kitsch de su retórica literaria”.
**Más kitsch. Agreda también endilga este término insultante e impreciso a uno de los mejores poetas de los noventa, Miguel Ildefonso, en esta página: "Los resultados de esta búsqueda no siempre son del todo afortunados pues hay muchas cacofonías y rimas pobres, (“me como mi sed/ me como mi hambre/ me como mi risa/ me como mi Visa”), a las que hay que sumar una ambigua presencia de elementos provenientes de la cultura popular urbana (“Cristo usaba barba/ era flaco como John Lennon/ Y jamás entraba en las iglesias”), y del más descarado kitsch (“Perfect day”, “La neblina es Dios que no dice nada”)".
***Y más kitsch. Con esto termino el tema, mucho vicio. Un amigo poeta me envía este link a una reseña de Agreda sobre Tratado de arqueología peruana, de Roberto Zariquey. Adivinen qué: "...se hace evidente una cierta falta de rigor formal (presencia de metáforas y adjetivos meramente decorativos) y tendencia a un efectismo entre inocente y kitsch".
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Límbicas
*Fernando Iwasaki sobre los blogs. No se dejen sorprender por los manipuladores y lean completo el texto sobre los blogs que el autor de Ajuar funerario –y notable lector de LDL- acaba de publicar en Milenio: “Dentro de nada los blogs políticos, culturales y económicos desplazarán en credibilidad a los medios de comunicación convencionales, porque todo el mundo sabe con qué intereses, ideológicos o confesionales y partidarios o empresariales, están comprometidos los principales grupos de comunicación. Hoy por hoy esos espacios son altruistas y sin ánimo de lucro, pero el día de mañana generarán sus propios ingresos y servirán para crear riqueza".
*Ollé sobre Beauvoir en La República. "Allá por lo años 60, en la universidad San Marcos todos leíamos a los existencialistas, Sartre, Camus y Simone de Beauvoir. Recuerdo que lo primero que me impactó de Simone fue su obra humorística, por su sentido de burla contra lo convencional. Memorias de una joven formal, por ejemplo, es un retrato de la bohemia de la época y de los escritores de todas partes del mundo que recalaban en París. También leíamos las novelas: Los mandarines, La mujer rota. Nos marcó mucho. La pareja que hicieron Sartre y Simone fue una pareja modélica, en el sentido liberal, no tenían un contrato matrimonial, sino personal, que consistía en ser leales y no fieles. La vigencia de Simone Beauvoir se refleja no tanto en su obra, como El segundo sexo, sino en la praxis de su vida. Es envidiable la independencia que tuvo como mujer. Quizá porque era francesa, pero también le tocaron también años duros, como la guerra, pero, con todo, tuvo la independencia que no tuvo, por ejemplo, una escritora latinoamericana". Son cien años del nacimiento de la autora de El segundo sexo.

*Si quieren saber más sobre Broch, pueden visitar
El lamento de Portnoy, blog literario que últimamente comenta la reedición de la trilogía de Broch "Los sonámbulos".
*Alexis Yparraguirre en Luces. Esta entrevista al autor de El inventario de las naves, publicada el domingo en El Comercio, no la vieron los "enteradísimos" blogs informativos. ¿Por qué será?

33 comentarios:

  1. Anónimo9.1.08

    qué cruel eres!

    Margarita

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  2. señor Coral, con todo respeto debo sentar una queja sobre este post. Creo que usted defiende sin presentar argumentos valederos a la novela del señor García. La reseña de Agreda tiene poco espacio por lo tanto se entiende que no explique lo que es el kitchs y otros conceptos que corresponden a ensayos y no a textos breves. Los ejemplos que da Agre, además son buenos y el mismo Broch lo dice.

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  3. Anónimo9.1.08

    por lo que has expuesto el concepto de kitsch es muy espinoso y tienes razón, no podemos manipularlo de cualquier manera. Resulta muy serio y lapidario calificar a una novela como kitsch, es casi como calificar a su autor de incompetente.

    Fidel K.

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  4. Anónimo9.1.08

    dígame una cosa, Víctor, puede haber críticos kitsch? Tal vez aquellos que cambian sus opiniones de acuerdo con el vaivén de su desorden bipolar como el señor Faverón? Muchos saludos y felicitaciones por este blog tan leído por otros escritores.

    José

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. josé, no sé qué tiene que hacer ese señor en este post.
    Hugo: yo no defiendo la novela de García Falcón, solo he desarrollado un concepto que me ha parecido impreciso en la reseña de Agreda. Broch, es claro, no dice nada sobre El cielo de Capri, sino sobre el kitsch, y la falta de espacio no pasa de ser una débil excusa.
    En general, la recomendación es abstenerse de usar el concepto de kitsch alegremente, porque es problemático.

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  7. Alfredo9.1.08

    no Hugo, lo que hay acá es un ataque sibilino y velado a García Falcón, hay que saber leer entre líneas, sobre todo con Choral-

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  8. Javier Ágreda escribe varios párrafos razonadamente elogiosos sobre la novela breve de Marco García Falcón y en el párrafo final pone esta observación, citada en un comentario anterior de Luz de Limbo: «en algunas páginas la búsqueda de lo estético llega demasiado cerca del kitsch». Un lector competente y que al mismo tiempo lea de buena fe entendería con facilidad que Javier está señalando lo que, según él, es una falla en la novela; no está diciendo que la novela sea un proyecto o un resultado literario “kitsch”. Víctor Coral entiende o elige entender mal algo tan simple y escribe un texto que es cuatro veces más largo que el de Javier Ágreda para demostrar que es erróneo algo que Javier no ha dicho. Es más, el mismo Coral, en su presunta admonición, sentencia: «Calificar como kitsch a una obra solo por contener un elemento ligado a una de estas coordenadas es por lo menos irresponsable, entonces». Sí, pues, un crítico competente y honesto no caería en los errores de lectura que sí comete penosamente Coral.

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  9. Dices que Agreda ha escrito párrafos "razonadamente elogiosos sobre la novela", eso quiere decir que tú has leído la novela de García Falcón, tal vez podrías escribir algo sobre ella, en tu blog.
    Calificar una falla de una novela como kitsch es una afrenta para un creador -como tú no lo eres, es evidente que no comprendes el caso-, y es tan grave que puede ser considerado como un matiz que afecta al conjunto: por lo demás, Agreda dice que pone solo dos ejemplos, es decir que sugiere que hay más.
    Ya lo dije en respuesta a un comentario, lee bien, el post no es ni sobre la novela ni sobre el comentario de Agreda, aunque toca a ambos pertinentemente. El post discurre sobre lo que es el kitsch y el peligro de manejar un concepto tal de manera descuidada. Ambos, post y novela, son solo puntos de partida. Entender otra cosa sí es tener problemas de lectura.
    En fin, tal vez te vaya mejor interpretando a tus amigos bloggers y sus múltiples personalidades dizque chistosas, acá, en este blog, yo trabajo en serio y no tengo tiempo para responder más comentarios insultantes como los tuyos.

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  10. Anónimo9.1.08

    Tengo que coincidir contigo, Coral. Agreda dice textualmente luego de citar los supuestos eleentos kitsch:

    "para poner dos ejemplos."

    En otras palabras, puede poner más ejemplos, pero en ese texto solo le interesa citar dos.

    Tal vez lo que quiere Reátegui, Coral, es que tú señales más ejemplos de kitsch en la novela. pero ese no es el propósito de tu post, es claro eso para todos.

    Fidel K.

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  11. Anónimo9.1.08

    a mí que me digan cualquier cosa, pero al que me dice que escribo cosas kitchs, lo mato.

    Poeta del Azfalto

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  12. Anónimo9.1.08

    No pues, Coral de repente podría citar más ejemplos de kitsch en la novela de García Falcón, hasta convertir la afirmación de Agreda en una "verdad", pero eso significaría negar la relatividad del concepto de kitsch, que es lo que entiendo que ha querido subarayar en su post. Hay que saber leer.

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  13. ta bien, victor, el 80 por ciento del texto es sobre el kitsch y su uso, lo de la reseña y la novela es solo una partecita, qué tanto se quejan.

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  14. Neto9.1.08

    A ver, a ver. Si la idea es partir de la cita a Agreda, debemos ir por partes. En el texto dice que "algunas páginas" están "demasiado cerca" del kitsch. Esto quiere quecir que el reparo se encuentra en algunas zonas del libro y, lo que es más importante, no llega a presentarse del todo. "Demasiado cerca". Es clarísimo, no?: esas páginas aludidas no caen finalmente en el error señalado, aunque, según la percepción de Agreda, estén cercanas a ello.

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  15. Neto9.1.08

    A ver, a ver. Si la idea es partir de la cita a Agreda, debemos ir por partes. En el texto dice que "algunas páginas" están "demasiado cerca" del kitsch. Esto quiere quecir que el reparo se encuentra en algunas zonas del libro y, lo que es más importante, no llega a presentarse del todo. "Demasiado cerca". Es clarísimo, no?: esas páginas aludidas no caen finalmente en el error señalado, aunque, según la percepción de Agreda, estén cercanas a ello.

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  16. Sonia Luz9.1.08

    Creo que deberías linkear la reseña de Agreda. Yo lo que veo es un comentario bastante elogioso a la novela y un único reparo que parece ser menor en relación a los méritos del libro...

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  17. -"Sonia luz", la reseña de Agreda está debidamente linkeada desde el principio. Nadie ha dicho que el comnetario no sea elogioso, pero me pregunto cómo te sentirías tú si alguien, sin mediar argumentos, calificara uno de tus bellos poemas como kitsch.

    -Neto: lo que es clarísimo es que Agreda culmina su comentario con esta frase:

    "para poner dos ejemplos"

    Es decir que puede poner más, y yo también lo podría hacer, pero ese no es el punto. El punto es que con eso Agreda sugiere que hay más zonas kitsch en el libro.

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  18. Anónimo10.1.08

    Agreda siempre me ha parecido un reseñista bastante tibio, por decir lo menos. Y el calificativo de kitsch se lo ha endilgado antes ya y muy alegremente a otros autores, como a José de Piérola en su reseña de "El camino de regreso". Haces bien en ponerlo en su sitio. Hay gente que lo considera una autoridad y por lo visto está muy lejos de serlo.

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  19. Una lectora10.1.08

    Una pregunta Victor. Con lo que mencionas en tu post me ha dado interés leer la novela. Vale la pena comprarla? He buscado información sobre el autor y en general tiene muy buenos comentarios...

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  20. el comentarista anónimo deberá citar la parte correspondiente de la reseña de Agreda sobre el libro de de Piérola, sino tendré que borrar su comentario.

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  21. Anónimo10.1.08

    Sevido: "Segunda parte de una trilogía novelesca sobre la violencia política –la primera fue Un beso de invierno, ganadora del Premio Novela Corta 2000 del BCR– El camino de regreso ha sido señalada por Miguel Gutiérrez y Ricardo González Vigil como una de las dos mejores novelas publicadas hasta ahora sobre este tema, junto con Retablo de Julián Pérez. No obstante, De Piérola todavía debe superar algunos problemas que le restan calidad a su obra, como la pobreza de la prosa o lo kitsch de su retórica literaria"

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  22. "lectora": lo digo al final de mi post, el lector tendrá que sacar sus propias conclusiones, leyendo el libro.

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  23. Anónimo10.1.08

    Ta buena la de Agreda. Cuando quiere cagar a alguien le pone de lo kitsch.

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  24. señor Coral, luego de leer todo lo comentado aquí, sobre todo la cita del comentario del señor Agreda a la novela de José de Piérola, no tengo más que retractarme y darle la razón. Se nota que el señor Agreda utiliza sin ningún cuidado el vocablo kitsch y con eso perjudica, voluntaria o involuntariamente, a los autores. Saludos.

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  25. Pero al decir que Piérola es kitsch Agreda se quedó corto. Copio un par de citas de El camino de regreso:

    "Más de una noche le había bastado levantar la mirada hasta las
    torres de la iglesia para caer por el tobogán de la memoria"

    "Fernando correspondió el abrazo besándola en el pelo... el gesto a
    medias de quienes se sienten unidos por la goma invisible de una
    atracción física nunca confesada."

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  26. ¿Y? ¿Eso te da para calificar su estilo de kitsch? Te puede disgustar ese estilo, a mi también, pero no podemos calificarlo de esa forma. Lee primero el post y entiende que calificar de kitsch a una novela o a una prosa es una operación muy problemática e injusta, pues el tèrmino es extremadamente relativo, como bien lo señala Eco.

    Otro: Agreda siempre utiliza el término en la frase final de su reseña, la que cala más en el lector.

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  27. Lector de la REPUBLICA10.1.08

    Lo que pasa es que Agreda esconde su medianía, por no decir su mediocridad, en el breve espacio que le dan y sobre todo en el uso de palabras-cajon de sastre como kitsch.

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  28. Anónimo10.1.08

    entonces, según el crítico Ágreda, cada vez que alguien utiliza una metáfora o una figura en una novela, inmediatamente se convierte en kitsch. O sea que Vargas Llosa, Arguedas, Scorza, el mismo Broch son kitsch, qué loco, nadie se salvaría con ese criterio.

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  29. Rosita10.1.08

    No soy una experta en literatura pero me gusta leer y leí con mucho agrado "París personal" por recomendación de una amiga de la universidad. Acabo de terminar "El Cielo de Capri" (se lee rapidísimo) y me pareció muy buena, tal vez un poco trágica pero muy buena. El autor para mí tiene una gran pluma y eso de que lo llamen kitcsh me pareció muy injusto. Ha hecho usted muy bien en precisar las cosas. Se nota que conoce el tema o que se ha tomado el trabajo en investigar. Voy a seguir leyendo su blog.

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  30. Rosita10.1.08

    No soy una experta en literatura pero me gusta leer y leí con mucho agrado "París personal" por recomendación de una amiga de la universidad. Acabo de terminar "El Cielo de Capri" (se lee rapidísimo) y me pareció muy buena, tal vez un poco trágica pero muy buena. El autor para mí tiene una gran pluma y eso de que lo llamen kitcsh me pareció muy injusto. Ha hecho usted muy bien en precisar las cosas. Se nota que conoce el tema o que se ha tomado el trabajo en investigar. Voy a seguir leyendo su blog.

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  31. Anónimo10.1.08

    Señor Coral, ¿ktsch no tendrá una acepción de pomposo, aburrido y dictatorial? Si es así el señor Agreda es una reseñista bien pero bien kitsch.

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  32. Anónimo10.1.08

    Lean el ultimo post de Leo Zelada sobre Neón, alli de deschava y menciona a todos, es una bomba.

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  33. Querido Víctor
    Con mucho DESAGRADO encuentro que alguien se había tomado "mi representación".

    El comentario que aparece en esta págino NO ME CORRESPONDE.
    Como podrás ver, no señala el enlace con mi blog.



    Entiendo perfectamente el sentido de tu respuesta y la suscribo.
    Un abrazo
    Sonia Luz Carrillo

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