21.1.08


Los 18 del 90. Poesía de Diego Otero

Diego Otero ha publicado los poemarios Cinema Fulgor (1998) y Temporal (2005). Es redactor cultural, especializado en plástica, de El Dominical de El Comercio. Ha publicado artículos, poemas y traducciones de poesía estadounidense en revistas extranjeras: Quimera y la fenecida Lateral; también en La mujer de mi vida y varias revistas locales de importancia. Nació en 1973.


El bisabuelo

A la memoria de
Luis Navarro Neyra


Ingmar Bergman entró a mi
habitación (no recuerdo exactamente, pero
supongo que dejé la puerta abierta cuando
fui a sacar la basura)
y me dijo:
“El espejo
se ha destrozado, pero
qué reflejan los restos”.

Entonces le puse mute al
televisor y le respondí en perfecto
sueco:
a lo mejor reflejan la historia
del padre de mi abuela. Lo único malo
es que de él solo
conozco algunos datos, las páginas de un libro
de poemas que se perdió en
el tiempo,
una foto de periódico,
y un punto final
y repentino:
la muerte pintándose los labios
con un lápiz de pólvora.

“¿Qué literario, no?”, comentó Bergman,
y después se quedó callado, mirando la muda sucesión de
imágenes
en la pantalla.

En ese instante
se apagaron todas las luces de la ciudad
y no se me ocurrió nada mejor
que cerrar los ojos
e intentar dormir.

Cuando desperté
estaba en Ica,
parado frente a un algarrobo
que hundía sus raíces en el borde de un enorme
acantilado.

El árbol parecía prenderse de la tierra
con una especie de
estática desesperación.

Y entonces (no sé cómo)
recordé los versos del bisabuelo
y los repetí en voz baja:

“Si a veces me ha invadido
esa nostalgia de la edad primera,
por ti ha sido, algarrobo solitario,
nacido en la pendiente de la cresta”.

Luego vino un viento atroz
que sujetó las palabras que salían de mi cabeza,
las remeció y
desgarró
como si fueran ramas enfermas,
y las arrojó al abismo.

Sentí como si me hubiesen sellado los labios y sentí
el arrepentimiento:
alguien creándome una boca
a cuchillazos.

Pasado el vértigo,
solo puedo decir que últimamente sufro de insomnio
y que sobre el bisabuelo no sé
mucho.


Es más,
los datos que conozco son escasos e inconexos:
una tesis de 1904 que defendía los
derechos
de la mujer,
González Prada escribiendo con letra oscura y
rigurosa
la palabra anarquía.
El periodismo, el miedo,
los murmullos
de los hombres que frotaban, como excitados,
la esfera dorada
del poder.

El bisabuelo murió a los 32 años,
en la puerta de su casa.

Un pariente conserva el sombrero de copa
que llevaba ese día:
está intacto, salvo por el agujero
circular
de la bala.

(tomado de Temporal)
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Límbicas
*Cueto sobre El cielo de Capri. Elogiosa la reseña que le hace hoy en su columna de Perú 21 el autor de La batalla del pasado al segundo libro de Marco García Falcón. Con inteligente precisión, Cueto habla de algunos excesos líricos en el narrador, que de ninguna manera mellan la eficacia del relato. Vale.

2 comentarios:

  1. Armando22.1.08

    Parece que Cueto, con su habitual inteligencia y precisión, puso las cosas en su sitio. El cielo de Capri es una muy buena novela y lo que alguien imprudentemente llamó "kitsch" es un defecto menor, formado por "algunos excesos líricos".

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  2. Anónimo22.1.08

    imprudencia, claro, algo que alguien responsable que se llame crítico, no puede cometer.

    Fidel K.

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