27.1.08


Murakami y Saer

No pueden dejar de leer hoy el suplemento ABCD de ABC de España. Hay al menos dos notas inestimables: una de Haruki Murakami sobre la importancia de la música –en específico del jazz- en su estilo, y otra de Ricardo Piglia (La ciudad ausente, Nombre falso) en torno al concepto de amistad en otro grande nunca bien recordado, Juan José Saer. Dice el autor de Kafka en la orilla:

De niño había practicado con el piano, y podía leer suficiente música como para reproducir una melodía sencilla, pero no poseía la técnica necesaria para convertirme en músico profesional. Sin embargo, en mi fuero interno, percibía con frecuencia que una especie de música propia se arremolinaba en una marea rica y poderosa. Me preguntaba si me sería posible transferir esa música a la escritura. Así arrancó mi estilo.

Ya sea en la música o en la ficción, lo más elemental es el ritmo. Tu estilo tiene que tener un buen ritmo, natural y continuo, o la gente no seguirá leyendo tu obra. Conocí la importancia del ritmo gracias a la música, y principalmente por el jazz. Luego está la melodía, que en la literatura significa la colocación adecuada de las palabras para que sigan el ritmo. Si las palabras encajan con el ritmo de modo fluido y hermoso, no puedes pedir más. A continuación está la armonía, los sonidos mentales internos en los que se sustentan las palabras. Y luego viene la parte que más me gusta: la improvisación libre. A través de un canal especial, la historia mana con libertad desde dentro. Lo único que tengo que hacer es dejarme llevar.


Por su parte, Piglia explora la amistad literaria en algunos textos de Saer, en especial en El entenado, Glosa y en algunos cuentos como “En la costra reseca” y “Algo se aproxima”.

Digamos entonces que la amistad es uno de de los núcleos centrales de la narrativa de Saer. El grupo de amigos que se encuentran para charlar y discutir es el tejido básico sobre el que se traman las historias. La amistad funciona en Saer como la familia en Faulkner: define la forma de la narración porque permite enlazar personajes diversos en situaciones distintas a lo largo del tiempo. La estructura abierta de la narración reproduce el juego de encuentros y desencuentros entre los amigos. Hay tensiones, rupturas, reencuentros, historias antiguas, nuevas versiones.

El autor de Plata quemada remite su investigación a su propia relación amical con Saer, de quien tuvo el privilegio de leer el manuscrito de su novela El entenado. La nota periodística, así, se convierte en emotivo testimonio de la continuidad de la amistad a pesar de la desaparición física de Saer:

Nos vimos muchas veces a lo largo de los años en distintos lugares, en distintas circunstancias que se me han borrado ya, pero recordaré siempre el entusiasmo, la ironía y la inteligencia de Saer como uno de los privilegios más grandes que me ha dado la literatura.

Saer tiene (no pienso escribir tenía) el don de la amistad. Siempre será suyo ese esplendor. Y nadie que lo haya leído podrá olvidarlo.

Alma, inclínate sobre los cariños idos.


(Saer)
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Límbicas

3 comentarios:

  1. Víctor:
    Excelente link sobre Murakami.
    El ritmo está presente en todo.
    En la creación, los ejemplos que ilustran el vínculo entre música y literatura son numerosos, ¿no?

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  2. Lustra Editores en coedición con el AECID-Centro Cultural

    presentan A 1000 o La Vida Muerta, del poeta chileno

    Héctor Hernández Montecinos (Santiago,1979)



    Este libro es el primer título de la serie "novísima poesía latinoamericana" y la presentación estará a cargo de Paul Guillén (Perú), Yaxkin Melchy (México) y Víctor Ruiz Velazco (Editor).



    Día: Martes 29 de enero

    Hora: 6:00 p.m.

    Lugar: Centro Cultural de España

    Saludos
    http://www.acheache.blogspot.com/

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  3. hola Espléndida. Claro, solo recordemos a Cortázar, a Boris Vian, al propio Joyce, que tenía voz para cantar música culta, no una gran voz pero era entonado. De hecho el oído musical y la frecuentación de la música (buena) es beneficioso para la escritura (y ya no hablemos de la poesía).

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