11.2.08


En el laberinto de Robbe-Grillet

Confieso que la lectura de esta novela corta no me demandó tanto esfuerzo como la de otras del mismo autor: La celosía, Le voyeur, Las gomas. Confieso además que para mí Alain Robbe-Grillet era ante todo un teórico de la novela y aun un filósofo. La lectura de En el laberinto -en excelente traducción de Miguel Angel Asturias y señora- ha matizado esta impresión; la obsesión con la “objetividad” nuvoromaniana no está tan acendrada como en otros textos suyos.

En el curioso prefacio que acompaña a la novela, el mismo autor dice de ella que

Este relato es una ficción, no un testimonio. Describe una realidad que no es precisamente aquella que el lector conozca por propia experiencia (…) el lector deberá ver las cosas, gestos, palabras, acontecimientos, que se le presentan sin tratar de darles mayor o menor significación que la que tienen por su propia vida o su propia muerte.

No hay, pues, teóricamente lugar para el símbolo o la alegoría en la historia del soldado que pasea con un paquete bajo el brazo por una urbe sombría, visitada intermitentemente por la nieve que cubre los objetos y lugares minuciosamente detallados por un narrador que resulta demasiado omnisciente hacia el final del relato como para sostener las famosas tesis de Robbe-Grillet contra el subjetivismo de la novela del siglo veinte.



Quiero decir que el narrador empieza su texto con una descripción pura donde no hay el más mínimo resquicio para que se cuele interiorismo o psicologismo alguno; pero poco a poco va soltando prendas, se ve obligado a hacer concesiones, y termina exponiendo los pensamientos y propósitos internos de su personaje como cualquier novelista subjetivista (o “burgués”, como Robbe-Grillet los llamaba).

Es curiosa y reveladora la forma en que el narrador introduce a su personaje. Luego de más de diez páginas de descripción de exteriores, el ojo del narrador se topa con

una cadera, un brazo, una espalda apoyándose contra la columna del reverbero. El hombre está vestido con capote militar de color dudoso, desteñido, tirando entre el verde y el kaki.

Fíjense que el ser humano es deconstruido en cada una de las partes que, como objetos, aparecen ante la vista del narrador: cadera, brazo, espalda. Esto es perfectamente coherente con la propuesta objetivista aunque lamentablemente no es mantenido a lo largo de todo En el laberinto. De modo análogo, el primer diálogo –esos típicos diálogos cortos, incisivos, esenciales del autor- insertado por el narrador resulta, en su forma de aparición, demasiado explícito y previsible, lo que le da una textura acartonada al pasaje:

El soldado, con los ojos bien abiertos, sigue mirando en la penumbra frente a él, hacia el lugar en que está el niño (…)
Es el chico el que pronuncia las primeras palabras. Dice:
“¿Duermes?” Ha hablado en voz muy baja, como si temiera despertar al que duerme.


Finalmente, malgré lui, Robbe-Grillet, pese a prevenir al lector contra una lectura elaborada del relato, no puede evitar que aparezca en el horizonte del lector –o por lo menos de cierto lector- un dejo de enigma, un amago de simbolización; el soldado y su mínima aventura urbana se convierten al final en una épica ínfima, en una historia cargada con elementos simbólicos (la recurrencia de la nieve, el laberinto citadino, la inminencia de la guerra) como para pedirle al lector que se emascule en su capacidad semántica y se quede en la objetividad que no debe darle a la historia “mayor o menor significación”.

Por fortuna, la literatura se ha impuesto en En el laberinto –lo que modifica además mi percepción de Robbe-Grillet- y la novela termina siendo más interesante, entretenida y rica de lo que su propio autor hubiera querido obedeciendo a sus criterios estéticos.

(Alain Robbe-Grillet. Una de sus interesantes entrevistas, publicada en Milenio)
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Límbicas

Sobre Bombardero. Un dependiente de la librería El Virrey –deberían conocer a este personaje- me confesó hace unos días que las ventas de Bombardero, la esperada novela del poeta César Gutiérrez, estaban por los suelos. Apenas un ejemplar vendido desde que salió a la venta. Hoy Javier Agreda publica una reseña sobre ese libro donde lo califica de “novela vanguardista y posmoderna que opta por la desmesura y la transgresión literaria”. Dice además que Bombardero carece de “trama narrativa, y además del protagonista solo hay otro personaje, Rachel, al parecer la replicante de la película Blade runner”. (Imagínense, como si los pocos personajes en una novela fueran indicio de algo.) Luego de elegir como referente directo de Bombardero a un poemario de Pablo Guevara (La colisión), Agreda asienta que en el libro de Gutiérrez “predominan la ironía y el humor, los juegos de palabras (no siempre logrados), lo lúdico (diagramación, tipografía) y la trivialidad propia de la cultura pop.” El veredicto de su famoso y previsible último párrafo es demoledor: “Demasiado lastre para este Bombardero que, sin desmedro de su originalidad e importancia, no llega a tener el vuelo literario esperado”. No lo duden, esta reseña me ha animado a comprar el libro y tener mi propia lectura. Muchas veces cuando el crítico dice lo contrario, pasa que el libro en realidad tiene vuelo.
Tono de revista Casa de Citas. Esta sí que es una necesidad para el medio literario. La revista Casa de Citas necesita un sencillo para mandar a imprimir su próximo número, así que han organizado una fiesta pro fondos. Les dejo el afiche.

3 comentarios:

  1. Anónimo12.2.08

    Si es grande el autor frances. Coral que opinas de lo que dice leo zelada sobre la narrativa peruana última:
    http://leozeladabrauliograjeda.blogspot.com/

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  2. Anónimo14.2.08

    Con Bombardero si que te vas de lengua y de mala leche coral, porque seguramente tu tampoco vendiste montones de tu novelita al principio, por mas que sea cierto que norma hizo mal el trabajo el lanzamiento, pero igual, ninguna novela es best seller al principio, menos lo será bombardero que es un libro que uno compra sabiendo que será valioso pero con el tiempo. ¿Por qué tendría que ser un boom ahora?

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  3. mi novela se vendió bien. Me malinterpretas, yo iba a que Bombardero es una novela que debe tener más apoyo del público, por el esfuerzo que ha significado, por su temática peculiar en el medio, en fin. Creo que que se merece una crítica más aguda y un público más abierto. Yo apenas empiezo a hojearla, luego daré mi opinión.

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