16.2.08


G. K. Chesterton y su Maya

Maya, la doctrina tradicional hinduista, no es ilusión como se suele decir. Es más bien el mundo tal como está manifestado, la pluralidad que emana de la realidad plena y única: la unidad. Lo que llamamos realidad, así –siguiendo a los clásicos hindúes como Shankara Acharya-, será en todo caso primaria, inestable, impermanente, y para los hinduistas es deber del hombre librarse de esa forma de sentirla y verla para acceder a lo más importante: la no dualidad, la unidad con lo divino.

Vista la delicadeza de matices de este concepto filosófico, no es extraño que en el hemisferio occidental se lo haya malentendido y/o tergiversado a lo largo del tiempo. sí puede resultar sorprendente, en cambio, que un escritor católico ortodoxo como G. K. Chesterton, el eterno admirado de Borges*, autor de, entre muchos libros, El candor del Padre Brown y Ortodoxia, comprenda perfectamente la verdadera naturaleza de Maya (vale decir, simplificando, de la Realidad).

Digo esto último a la luz de mi reciente lectura del texto que cierra un alucinante volumen de relatos titulado El hombre que sabía demasiado (2007), editado nada menos que por Acantilado, de España. El protagonista de “La torre de la traición”, Bertram Drake, acude a un viejo ermitaño, el padre Stephen, para que lo ayude a resolver el enigma de un asesinato aparentemente sin sentido y de la desaparición de unas famosas joyas. Dice el padre Stephan, místico y sabio mundano (no hay contradicción en ello):

-¿recuerda usted, cuando nos vimos por última vez en aquel teatro, que yo le dije que siempre me gustaba tanto la pintura del telón como las escenas de la comedia? Recuerdo que era un paisaje pueblerino con un puente y que yo sentía que me hubiese gustado poder acodarme en el puente y mirar dentro de las casitas. Y luego pensaba que desde cualquier otro punto que lo mirara había de ver que no era otra cosa que un trapo pintado. Así es como siento acerca de este mundo, tal como lo veo desde esta montaña. No es que no sea hermoso, porque, al fin y al cabo, una cortina puede ser hermosa. No es ni siquiera que no sea real, porque, al fin y al cabo, una cortina es una cosa real. Lo que hay es que es delgada y que las cosas que tiene detrás son el drama verdadero.” (Enfasis mío)



Es extremadamente difícil que podamos encontrar una definición mejor de Maya en la literatura y aun en la Filosofía occidentales. Y tal vez Chesterton mismo -paradoja del paradojal escritor- ni siquiera se lo propuso (aunque a juzgar por su erudición religiosa es posible que sí).

*"Podría haber sido Poe o tal vez un Kafka; pero el prefirió –y le estamos agradecidos por su opción– ser Chesterton, y optó valerosamente por la felicidad o simuló haberla encontrado. Pasó de la fe anglicana a la católica, basada, según él, en el buen sentido. Infirió que lo extraño de dicha fe está en armonía con lo extraño del universo, así como la peculiar forma de una llave se adapta perfectamente a la forma especial de una cerradura. En Inglaterra, el catolicismo de Chesterton perjudicó su fama, ya que la gente insiste en reducirlo a mero propagandista católico. Lo fue innegablemente, pero también fue un hombre de genio, un gran prosista y un gran poeta. La literatura es una de las formas de la felicidad; tal vez ningún escritor me ha dado tantas horas felices como Chesterton”.

(Gilbert Keith Chesterton. Los que quieran profundizar, sin perderse en divulgadores y tergiversadores, en las doctrinas hinduistas pueden leer aquí algunos estudios de Shankara en inglés)
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Límbicas
*Lorenzo Helguero gana concurso de novela del BCR. La nota de La República avisa que el poeta de los noventa ha recibido el premio por su novela Entre el cielo y el suelo. Más información.¨
*Rescatando al escritor García Hortelano. “Escribió muchísimo; no había un solo texto entregado por él que no estuviera corregido y recorregido, obsesivamente. Entre sus normas de cortesía estaban las de escuchar y la de corregir. Le parecía un insulto entregar sus artículos con una falta, con una tachadura, y volvía una y otra vez sobre los folios hasta que los entregaba limpios como la patena. Los trataba como si fueran cuentos, dice Izquierdo, buscando que la ironía y la historia mantuvieran la inquietud del lector, hasta resolverse en una reflexión o en una broma que adelantaba en las primeras líneas. ¿Y cómo escribió tanto? "Porque a veces sus amigos estaban ocupados", dice María Ampudia, su mujer desde 1962 hasta su muerte. Y como los amigos estaban ocupados, él volvía a casa del trabajo, se situaba en su escritorio, rodeado de libros y de memoria, y se ponía a escribir, como si estuviera hablando. Pero también escribía prólogos, informes, crónicas de viajes, artículos periodísticos, daba conferencias, hacía bolos (con Juan Benet, con Manuel Vicent, con Luis Carandell...); María le decía: "Pareces la Dolores, no le dices no a nadie".” Extraordinaria semblanza de Juan Cruz sobre el escritor Juan García Hortelano en Babelia de El País de hoy.

4 comentarios:

  1. Hola, Víctor:
    Buen post sobre Chesterton.
    La única Maya que conocía era la abeja; no te rías, pero es verdad.
    Gracias por la información.
    Saludos.

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  2. Víctor:
    Para conocimiento público de quienes lean tu bitácora, debo informar que he restringido la publicación de los comments de contenido obsceno o insultante no porque pretenda limitar la libertad de expresión de quienes desean opinar en este blog, sino por motivos que emanan del origen y finalidad de esta página.

    Los únicos comments publicados bajo este post han sido aquellos donde no encontré indicios de insulto ni alusiones groseras. A diferencia de mis blogs anteriores (Malas palabras y Ajos y cebollas), Diario de Ginebra no aspiraba a alcanzar sino a un público bastante estrecho de amigos y familiares, además de quienes, expresando con entero respeto sus opiniones, desearan hacerse amigos del Diario colaborando con sus comentarios. En lugar de la polémica pública, se buscaba promover un diálogo más íntimo y, por ello, más limpio de interferencias, sean spam o fracturas en la convivencia.

    Si dada la ocasión, abriera otro blog como los antes citados, no dudaría en volver a emplear la caja de comentarios como tribuna abierta a todo tipo de opiniones, incluso las más repulsivas, sin embargo, he preferido mantener este espacio ajeno a esas discusiones.

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  3. Hola Espléndida. Muy divertido tu comentario. En realidad me arriesgo al tratar de definir por aproximación la Maya, pues es algo así como el swing occidental; cuando hablas de él, ya no estás en él. Saludos.

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  4. Anónimo17.2.08

    el señor Gallardo debería aclarar la veracidad de la carta de Alexis Iparraguirre que publica en su blog.

    Honey

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