10.2.08


Julián Ríos, auténtico renovador

Como en casi todo ámbito en la vida, en la vanguardia literaria hay de todo: los que son y no parecen, los que parecen y no son, los vanguardistas pour la galerie, los renovadores del diseño gráfico y la tipografía (pero no de lo esencial), en fin, para todos los gustos. Julián Ríos –fiel seguidor del Joyce más duro- debe de ser a estas alturas uno de los más auténtico creadores de la lengua castellana, y su postergación relativa, injusta, ha sido curada en parte por un artículo de Juan Angel Jurista en el suplemento cultural ABCD, del diario ABC, sobre la publicación de su primer libro: Cortejo de sombras.

Hay que decirlo. Lo primero que le acoge al lector cuando comienza a leer este libro es una actitud de sorpresa ante la prosa límpida, cristalina, en perfecta trabazón de forma e intención, y la incidencia en una suerte de personajes que se quieren perfilar definidamente en pocas líneas. Tal es el poder de condensación de este estilo. La sorpresa, por desgracia, no es genuina, sino producto de un prejuicio que viene de muy atrás, pues desde la publicación de Larva muchos han querido ver en Julián Ríos un autor que se acogía al ejemplo de Finnegans Wake para ocultar defectos de escritura o imaginarias carencias de la misma. Desde luego, ello recuerda a esas críticas pedestres que se le hacían al Picasso cubista en el sentido de que pintaba así porque no sabía pintar «bien». No otro fue cierto nivel intelectual de la crítica española cuando, en su momento, se crucificó la obra de este autor. Los argumentos no pasaban de ahí. Además, Larva fue una suerte de marca de hierro candente que condicionó la manera de acoger su obra posterior, dilatada y plural, pero que muchos redujeron a rescoldos, resultantes de aquella gran hoguera que fue la novela citada.

En realidad un golpe de aliento para quienes todavía creemos que al final de todo la calidad y la honestidad del trabajo literario se imponen ante la felonía e hipocresía de vacas sagradas o profanas, bloggers argolleros y esquizos, críticas ad hominen, acusaciones de ignorante político y demás muestras del lamentable nivel de buena parte de nuestro medio literario.

("El crítico que se enfrenta con la obra de Ríos no puede valerse de ningún instrumento ni narratológico ni pragmático. El 'acceso principal' al texto reside en el análisis: Anal Isis interminable' en alografía del 'ayuntamiento verbal'", nos dice Elsa Dehennin en su ensayo -excelente introducción a la obra de Ríos- “La vida sexual de las palabras” según Julián Ríos").
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Límbicas
*Dos críticos sobre Rose. A Pedro Escribano se le ocurrió confrontar las opiniones de dos grandes críticos literarios peruanos: Abelardo Oquendo y José Miguel Oviedo en torno a la poesía de Gonzalo Rose. Ver el artículo La República.

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