26.3.08


¿Novela o poesía?

Me sorprende cómo todavía se sigue oponiendo en nuestro país la poesía a la novela. Esto sobre todo porque la gama de experiencias en que ambos venerables géneros se han imbricado a lo largo de la historia reciente es profusa y admirable. Piénsese solamente en el Eugenio Oneguin, de Pushkin; en el Omeros, de Dereck Walcott, en los pasajes de aguda intuición poética del Jean Santueil de Proust, o en el estilo lírico y culto de Herman Broch en La muerte de Virgilio. Últimamente el argentino Oscar Taborda ha confeccionado 40 watts, suerte de novela social en verso clásico.

Los ejemplos, por cierto, son muchos más. Está bien, no debe pensarse que aquella estrechez de miras es solo de nuestros críticos literarios de medios tradicionales. En realidad gran parte del siglo pasado fue dominado por una concepción monolítica de la novela. Por ello es que Milan Kundera, en Los testamentos traicionados (1993), presta oído a las críticas a la novela tradicional que vertiera André Bretón en su Manifiesto surrealista.

En ese panfleto dice el autor de El amor loco que la novela es un género inferior; su estilo es el de la información pura y simple; la naturaleza de las informaciones que se dan es inútilmente particular y que las descripciones novelescas son vacías, “superposiciones de imágenes de catálogos”. Y aunque Bretón estaba pensando sobre todo en Dostoievski, Balzac y toda la novela decimonónica al lanzar estos dardos, Kundera le da razón señalando que es la falta de poesía en el texto lo que reprocha el francés a la novela.

Notable esta posición de Kundera. Páginas más allá confiesa además que en sus propias novelas él buscó “los valores poéticos caros a Breton, caros a todo el arte moderno (intensidad, densidad, imaginación liberada, desprecio por los “momentos nulos de la vida”)”. También hay que destacar su defensa brillante de la novela reflexiva (también llamada novela-ensayo) de Robert Musil y de la inclusión de la reflexión histórica en Guerra y Paz, tan criticada en su momento por un grande del diecinueve como Iván Turgueniev.

Kundera, piénsese bien, no aprueba la novela de poeta o la lirización del estilo narrativo –degradaciones facilistas del género novelesco, efluvios deleznables que hay que evitar-; más bien fustiga y combate explícitamente en su libro estos defectos (le da duro a El amante de Lady Chatterley, por ejemplo). Lo que defiende es la posibilidad de que la novela se nutra de la poesía, fagocite la filosofía, trasiegue la historia, todo en aras de su sobrevivencia.

Cuánto le habrán de durar esos tanques de oxígeno a la novela moderna, no podemos saberlo. (Cada cierto tiempo no falta un "atrevido" que anuncia con fanfarria “la muerte de la novela”, pero el cadáver, ay, sigue viviendo). En cualquier caso, tal vez haya que agradecer a Kundera el poner en su sitio a André Breton –uno de los ilustres sobrevalorados, a mi gusto- cuando le recuerda esta paradoja surrealista*:

Esa “resolución del sueño y la realidad” que proclamaron los surrealistas sin saber llevarla realmente a la práctica en una gran obra literaria, se había dado ya y precisamente en ese género que denigraban: en las novelas de Kafka escritas en la década anterior (a la publicación del Manifiesto Surrealista).

*Breton había criticado a la novela en su libro para inmediatamente después ponderar la poesía y la imbricación de sueño y realidad en una realidad absoluta, una superrealidad.

(Herman Broch. Portada de La muerte de Virgilio traducida a nuestra lengua.)
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Límbicas
*"El regreso de los bombarderos". Con ese título en Luces de El Comercio celebran el retorno del grupo B52'S a la música. Me aúno a la celebración.

2 comentarios:

  1. vanessa tello26.3.08

    muy bonito tu blog, felicitaciones

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  2. Anónimo27.3.08

    otra novela que tiene harta poesía es Paradiso de Lezama-Lima. Es un viaje ese libro.

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