5.3.08


Relecturas, reminiscencias, Rímini

Puede que no sea el blogger peruano que más lee –todo es posible en la viña del Señor-, pero sí creo que soy el que más relee. De los 8 ó 9 libros que leo completos en un mes, unos 3 ó 4 pueden ser libros que ya he leído antes, o incluso que ya he releído. Siempre me ha interesado la relectura como práctica y como objeto de reflexión. Por ahora diré que normalmente se trata de una cuestión de tradición y años. Por lo general se releen libros canónicos, los de pensamiento o Filosofía, los de crítica literaria, de hecho, los de poesía.

Por eso me sorprende haber retomado en mis manos, luego de apenas cinco años de haber sido publicado, El Pasado (Anagrama, 2003), de Alan Pauls, y no haberlo soltado hasta terminarlo. Que recuerde, esto casi no me había pasado con una novela contemporánea; me refiero a releerla íntegra luego de tan poco tiempo de publicada. Entre la primera lectura y la que acabo de culminar, empero, hay interesantes diferencias.

Cuando la leí por primera vez, a principios del 2004, me dejé llevar por la historia, por la diestra mano de narrador consumado de Pauls. Me sedujeron la relación de perversidad entre Sofía y Rímini, la construcción tan verídica de un mundo común a los amantes que va haciéndose pedazos a medida que la relación se envilece hasta extremos sadistas, la modernidad de los escenarios y de las prácticas de los personajes. Hoy me fascina cómo construyó sus frases Pauls en esta novela; con facilidad pero cargadas de significación, de ideas. Prácticamente cada página encierra una observación aguda, un matiz inteligente, un adjetivo precioso y preciso, un detalle que ilumina el episodio*. De ahí el placer de la relectura: el descubrimiento de sentidos y luces que en una primera lectura pasan desapercibidos.

Otra de las conquistas de la relectura son las reminiscencias, los puentes que no se cruzaron en un primer recorrido. Observando ahora con más libertad, con más calma los referentes que la novela pone en órbita, me vino a la mente, de manera súbita –como vienen las grandes intuiciones-, la novela Cambio de piel (1967), de Carlos Fuentes. Ya sé, ya sé, hay breñas profundas y extensas entre ambos proyectos diegéticos. Las narraciones son distintas: en segunda persona la de Fuentes, en tercera la de Pauls; en Cambio de piel se narra la historia de dos parejas, en la de Pauls, la de una; en la novela del mexicano se intenta evaluar la historia de México, en la del argentino, tal vez sin querer, se ilustra la perversión de nuestro tiempo sobre la base de una relación amorosa insoportable.


Sin embargo, los puntos de contacto entre las novelas son numerosos. La pintura y el cine tienen mucha importancia en ambas. Tanto los narradores como los propios protagonistas no paran de citar actores y películas de diversos países. Hay una obsesión con la pintura en las dos; con Modigliani y otros clásicos en el caso de Javier –coprotagonista de Cambio de piel, junto con “Dragona”-, con pintores contemporáneos pero sobre todo con Jeremy Riltse –artista posmoderno imaginario- en el caso de Rímini. Y lo más importante: el viaje. El viaje de la pareja de amigos a Grecia, en Cambio de piel es análogo al viaje de los amantes a Austria en El Pasado. Hasta cierto punto ambos sirven para resaltar la condición de otredad con respecto a Europa por parte de los personajes latinos, aunque esto está menos ambiguo y más detallado en la novela de Fuentes.

Finalmente, Rímini. Un personaje inolvidable en la medida en que ha sido capaz de convertir una relación amorosa casi en poco menos que una obra de arte, ha intentado llevarla a la perfección y por lo tanto ha terminado llevándola a la destrucción. Lo que cuenta la novela, su vida amorosa, es básicamente la historia de esa destrucción que, horriblemente, arrastra al protagonista con ella. Puesto al lado de Sofía -suerte de encarnación un tanto abstracta de la obsesión, el mal y la fatalidad que se esconde tras todo amor de este tipo-, Rímini queda más concreto, más sensible –construido morosamente con esa característica precisión expresiva de Pauls- y, consecuencia previsible, más vulnerable. Es el llamado a recibir todo el peso del final de la historia.

Pero esa debilitada condición de Rímini tiene una incomparable compensación. A él y a nadie más esperamos encontrar cada vez que abramos las páginas de El Pasado. Nos estará esperando siempre con el reguero de gotitas de agua a la salida del baño, con su renuncia al amor convencional que a la larga lo destruyó, con sus problemas de traducción –es traductor-, con sus promiscuas obsesiones pictóricas, con su caída libre hacia la degradación. Me atrevo a decir que Rímini será cada vez más real en la medida en que la sociedad moderna se acerque a lo narrado, con minuciosidad de obseso, por Pauls en esta gran novela.

* Acaso mis amigos proustianos se molesten pero en este punto la comparación con En busca del tiempo perdido es inevitable.

**Lo que dijo Vargas Llosa de Cambio de piel en Caretas 363 (noviembre de 1967), mutatis mutandis, puede ser aplicable a El Pasado: "...en su última novela, "Cambio de piel" (que acaba de ser editada en Italia con gran éxito de crítica), la moda es una presencia invasora y constante, en la ambientación de los episodios, en la definición de los personajes, el punto de referencia más usado por el autor. Le digo que, en este aspecto, "Cambio de piel" me parece un testimonio asombroso, casi absoluto, de lo que constituye la moda presente, en la literatura, la pintura, el cine, el teatro, la crítica. Le hablo de los capítulos que trasponen, mediante proezas verbales, películas, cuadros, dramas o teorías de mayor vigencia contemporánea. Yo pienso que él se ha propuesto convertir en ficción todo aquello que, en cierto modo, ocupa la primera plana de la actualidad en diversos dominios culturales y sociales: construir una novela que sea, al mismo tiempo, un manual de mitología moderna.

(Alan Pauls acaba de publicar la novela corta Historia del llanto. Héctor Babenco, nada menos, ha hecho una versión fílmica de El Pasado. Portada)
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Límbicas
*Taller 72. Manuel Munive es el curador de la excelente muestra antológica que se viene exponiendo en el ICPNA de Miraflores. Mas info en Perú 21.

*Lo no leído. No nos angustiemos si no hemos leído casi nada. Pueden darle un vistazo a esta crónica de Manuel Rodríguez Rivero en
El País de hoy.

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