7.4.08


Hipatia vive

Por Claudia Cisneros.

Uno de los alumnos de Hipatia se enamora de ella. Hipatia resuelve castigarlo. Como símbolo de la materialidad del cuerpo femenino le muestra su paño higiénico, diciéndole: "Esto es lo que amas en realidad, jovencito, y no la belleza por sí misma".

Poco ortodoxo método para espantar cualquier asomo de sueño erótico. Pero resultó. El chico captó la "metáfora literal" y se abocó a las enseñanzas de la maestra. Así era Hipatia, la primera científica y filósofa de la humanidad. Mujer de carácter y fortaleza ética, brillante, hermosa, elocuente. Enseñaba matemáticas, astronomía y filosofía en Alejandría del S. IV, centro mundial del saber. Pero la sabiduría sola no era suficiente para ella (postura visionaria vs. el intelectualismo).

¿Por qué filosofar ayer u hoy? Inútil, vano y vanidoso artificio del lenguaje y sus contenidos, dicen. ¿Por qué el esfuerzo por comprender nuestra existencia está tan desprestigiado? Evidenciar nuestra obtusa visión antropocéntrica e incapacidad para traducirnos el mundo no debiera ser un susto oculto bajo la alfombra. Confrontar nuestra ignorancia debería ayudar a situarnos en mejor contexto y perspectiva universal, a ser menos pretenciosos y más solidarios. Encontrar preguntas, hacer respuestas, es doloroso pero necesario para el arraigo existencial. Mirar como si fuera pasatiempo de intelectuales es un error. Hemos olvidado las preguntas del niño por comprender el mundo, como si pertenecieran a una infancia corporal, cuando refieren a una existencial. El vacío lo reemplazamos con trabajo, religión, política o adicción.

Hipatia fue desollada viva por fanáticos cristianos. No dejemos que las cuentas, los hijos, los encantos, éxitos o fracasos, las vueltas alrededor del sol, sigan perpetrando ese asesinato a la razón.

--Tomado de la columna "En voz alta", publicado hoy lunes en La República.


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