7.4.08


Poéticas & rollos: Welty, el revés de Faulkner

Acabo de leer Las manzanas doradas, de Eudora Welty, una excepcional narradora del sur de los Estados Unidos a quien admiro desde hace muchos años. La leo y releo con la mayor atención; en sus narraciones las cosas parecen muy sencillas, son insignificancias de la vida cotidiana o momentos terribles que parecen anodinos; sus personajes son excéntricos y al mismo tiempo muy modestos, como lo es el entorno. Uno podrían pensar que estarían desesperados en el minúsculo espacio que habitan, pero es posible que ni siquiera hayan reparado en que fuera de su pueblo existiera otro mundo.
(…)
He comentado en varias ocasiones con amigos escritores las virtudes de esta dama; la conocen poco, no les interesa; dicen haber leído algún que otro cuento suyo que recuerdan mal. Están en lo cierto cuando de inmediato, como a la defensiva, afirman que carece de la grandeza de William Faulkner, su célebre coterráneo y contemporáneo, cuyas tramas y lenguajes han sido parangonados tantas veces con las historias y el lenguaje de la Biblia. Los libros de la señorita Welty distan de ser eso, es más, son su revés: un desfile de presencias diminutas, queribles, tragigrotescas, que se mueven como marionetas trepidantes en alguna mínima ciudad hundida en un sueño divertido y al mismo tiempo cruel…

--Extraído de “La auténtica lectura, la relectura”, uno de los capítulos de la novela El mago de Viena (2005), incluida a su vez en el volumen que acaba de publicar Anagrama bajo el título de Trilogía de la memoria (2008), y que reúne también El arte de la fuga (1996) y El viaje (2001). Juan Antonio Masoliver ha dicho en el prólogo a esta imprescindible trilogía que “la lectura es, para Pitol, una experiencia más de las muchas y singulares experiencias que pueblan su escritura, de la misma forma que la imaginación (…) se confunde siempre con la autobiografía (en su obra)".

Agregaré de mi parte que si puede ser atendible en alguna medida mi división entre escritores de la memoria y escritores de la invención –dos ejemplos clarísimos: Marcel Proust y Jorge L. Borges-, tendremos que clasificar sin remilgos al autor de Vals de Mefisto entre los que creen que “perder la memoria es perder la identidad”, como bien lo trae a colación Juan Villoro (El testigo, El disparo de Argón), en el otro prólogo que acompaña la trilogía, cuando aborda un pasaje de delicioso de El mago de Viena.

(Esta vieja linda es Eudora Welty -1909-2001.)
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Límbicas

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