10.4.08



Sobre El discurso vacío de Mario Levrero

Esta es una lectura muy personal de El discurso vacío (Caballo de Troya, 2007)*, la inasible novela del escritor uruguayo Mario Levrero (1949-2004). Ello porque soy consciente de que es extremadamente difícil dar una lectura más o menos objetiva sobre el texto: por su contenido autobiográfico, por su forma ecléctica –entre novela y diario y cuaderno de reflexiones-, pero sobre todo por la diversidad de sensaciones que pueden provocar en el lector las ideas allí expuestas.

Luego de leerla un par de veces, con dos apreciaciones en parte complementarias y en parte opuestas como resultado, es fácil deducir que cada cual inclinará la balanza genérica, erigirá sus conclusiones, retendrá sus impresiones, tenderá sus filiaciones, de acuerdo con la apertura que tenga a la temática promovida desde el texto. La competencia del lector como clave enfática.

El discurso vacío –nos revela el autor en su texto liminar- es una novela confeccionada a partir de dos diferentes grupos de textos; uno de orden caligráfico, sin pretensiones literarias, y una historia trivial, casi hogareña, que intenta levantar vuelo en medio de revelaciones oníricas y reflexiones sobre el individuo y su relación con lo trascendente –también hallamos pasajes confesionales donde la enfermedad y las vicisitudes conyugales son expuestos con apreciable apertura.

Al parecer, lo religioso entendido como preocupación íntima (acaso gnóstica) antes que como compromiso moral es una de las coordenadas de la parte titulada Ejercicios. Los pasajes referidos a su valoración y sentido casi proliferan:

Esa es la clave. Recuperar el contacto con el ser íntimo, con el ser que participa de algún modo secreto de la chispa divina que recorre infatigablemente el Universo y lo anima, los sostiene, le presta realidad bajo su aspecto de cáscara vacía. (pp 39)

Me pregunto cuánto tiempo más seguiré tolerando esta forma de “vida”, en la cual se ven desplazadas, postergadas indefinidamente, olvidadas –cuando no maltratadas- las cuestiones esenciales, profundas, verdaderas, auténticas –las razones por las cuales hemos sido creados. (pp. 97)

Recuerdo ahora una casa en Pan de Azúcar, abandonada o bien sin terminar, casi un esqueleto de casa; tal vez haya sido abandonada antes de terminarse de construir. A través del hueco de una ventana salía la rama de un árbol crecido en su interior. (…) Esto es belleza para mí. Como es belleza, y constituyó según creo mi primera vivencia místico-religiosa auténtica, la contemplación (…) de una iglesia abandonada, cayéndose materialmente a pedazos, y con un horrible Cristo de madera sobre el portal. (pp 120)


El grupo de textos rotulados como “El discurso del vacío”, si bien intenta plantear una historia más “tradicional” en torno a la figura de un perro y la dinámica del hogar, también se ve cuestionado por intromisiones reflexivas del narrador acerca de la naturaleza y sentido (oscilantes, precarios) de su narración, en torno a la pertinencia trascendente de aquel empeño.

¿El resultado? Superando por nimias las preocupaciones primarias en torno a si es una “novela fallida” (socorrida muletilla) o si las lucubraciones freudianas del narrador -así como la inclusión de un aparato onírico que atraviesa todo el libro- son felices, estamos frente a un texto cuya complejidad ideológica exige un lector sobrecalificado, y cuyas aristas trascendentes le dan la tónica secreta a un discurso que, visto del lado de la mera historia, puede ser demasiado fácilmente percibido como una recurrente caída en la abulia escritural, la abolición de una dinámica narrativa remarcable o el pasmo de lo no logrado.

Con tales exigencias, emanadas del mismo texto, no extraña que la respuesta mediática e incluso académica a El discurso del vacío al parecer no haya sido la adecuada: el pensamiento crítico predominante (sea deudor de lo “neoliberal” o de lo “neomarxista”, con todos sus matices interregnos) es fundamentalmente ateo (o cuando menos agnóstico), y tiene por lo tanto dificultades para engarzar con este tipo de discursos. El sentido trascendente de la novela a la vez preserva y oculta su importancia real.

*En realidad son apuntes para un ensayo sobre la novela que publicaré este año.

(Mario Levrero en caricatura de zgrabos. Portada)
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Límbicas
*Bellatin. Pueden ver una entrevista a Mario Bellatin en Porta9.

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