8.5.08


Bianco again

Antes que por sus libros más conocidos –publicados aquí en Perú por editorial Adobe en una colección popular-, Las ratas y Sombras suele vestir, conocía a José Bianco (1908-1986) como el responsable de un puñado de notables versiones castellanas de novelas del nivel de The turn of the screw, de Henry James. Pero una vez que leí aquellos textos, y que hojeé su La pérdida del reino, no pude sino hacerme devoto de este escritor argentino que apenas termina de ser reponderado.

Hoy llega a mis manos, a cien años de su nacimiento y habiéndose cumplido un aniversario más de su muerte el 24 pasado (en un silencio ominoso), Ficción y reflexión (FCE, 2008), una antología de su obra que incluye los libros ya citados y una generosas selección de ensayos y entrevistas que terminan de configurar al escritor como un pensador de primera línea en las letras.
No otra cosa sugiere Jorge Luis Borges en la Página Preliminar que acompaña a esta edición, cuando subraya que (oído a la música)

Quienes hoy se llaman intelectuales no lo son en verdad, ya que hacen de la inteligencia un oficio casi insolente o un instrumento para la acción. Bianco, que sin duda lo es, jamás hace alarde de esa condición y la maneja con parquedad y prudencia. Pocos hombres de letras he conocido con la sensatez de Bianco.

Por cierto, Borges no solo valora a la persona; desliza elogios envidiables a la obra del narrador porteño, cuando dice que sus palabras armoniosas tienen la virtud de no interponerse entre el autor y sus lectores, y cuando repara en que, como lectores, no podemos descreer de sus historias, que imbrican lo cotidiano y lo fantástico de una manera fácil, natural.

Estuve pensando buen rato en las palabras finales que podía consignar sobre la obra de José Bianco. Barajé varias posibilidades, y al final la que más me convenció fue reproducir las palabras que sobre el autor de En busca del tiempo perdido dice el mismo Bianco en “Marcel Proust a los sesenta años de su muerte”), artículo compilado en el libro:

Siempre recordaré la impresión que me hizo Un amor de Swann. Impresión que redundaba en beneficio de uno mismo, porque llegábamos a olvidar la existencia del novelista. Este, al prestarnos su mirada, conseguía desaparecer, y uno creía estar descubriendo las cosas por cuenta propia, lograba sentirse infinitamente lúcido, mezclando a la realidad de todos los días, una realidad (…) más compleja, más rica, más ambigua. (pp 333)

Reemplace el lector el título de Proust por Sombras suele vestir y tendrá lo que quería decir sobre José Bianco.

(Bianco y la escritora Silvina Bullrich, años sesenta.)
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Límbicas

*Melissa Patiño podría salir libre! Todo el detalle sobre la orden de excarcelación en Utero de Marita.

*Querido Lucía se presenta. Y también la No antología del flamante supervisor de marketing de Epensa, Rafael García Godos. Ver afiche:


1 comentario:

  1. Anónimo9.5.08

    me alegra mucho que se haya hecho justicia con lo de Patiño, pero me apena a la vez que ninguna de las poetas contemporáneas haya dicho esta boca es mía con semejante injusticia. Ni Cabel ni Sordoméz ni ninguna otra dijeron absolutamente nada.
    Admirable la posición de Rocío Silva Santisteban en cambio.

    Franco

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