2.5.08


El negocio del terrorismo
Sinesio López Jiménez.

Tomado de La República de hoy viernes 01 de mayo
(columna "El zorro de abajo")


Necesitamos ir más allá de los insultos, los vituperios y las descalificaciones; controlar nuestra subjetividad y recuperar la razón para entender el bolondrón que García y el Congreso han armado en torno al MRTA y a APRODEH. Esta exigencia metodológica es necesaria para poner un poco de racionalidad en medio de las pasiones desatadas. Cuando se trata del terrorismo, a los peruanos nos sucede lo mismo que a los franceses cuando hablan de su revolución. Tocqueville, cuyo abuelo fue guillotinado por ser abogado de Luis XVI, afirmaba que no se puede pedir a los franceses que dejen de ser apasionados cuando hablan de la revolución francesa. Y, sin embargo, Tocqueville logró manejarse con objetividad escribiendo uno de los mejores libros sobre el tema: "El antiguo régimen y la revolución".

Más allá de la hojarasca necesitamos ir al fondo del debate actual. ¿Qué se discute? ¿Acaso las ambigüedades de percepción y de comportamiento frente al terrorismo? Esas ambigüedades fueron compartidas por todos los políticos en un primer momento. Son abigeos y no terroristas, dijo un Presidente. En la izquierda, las ambigüedades fueron peores: ¿Es insurgencia revolucionaria o es terrorismo? Pero todo eso fue superado (a veces con dificultades) cuando todos los políticos (derecha, centro e izquierda) reconocieron que SL y el MRTA (que comenzó siendo insurgente) eran fuerzas terroristas, las condenaron y las combatieron.

Lo que se discutió luego fue la forma de combatirlas: con el terror o con una lucha política y militar que respetara los DDHH. Y en eso ni los políticos ni los militares se pusieron de acuerdo. Ahora estamos pagando las consecuencias. Con el terror, sin embargo, la izquierda (y la gente de buena fe) aprendimos que no hay muertes buenas ni muertes malas sino que todas las muertes producidas por el terror eran y son repudiables y debían ser sancionadas con todo el peso de la ley. Aprendimos la ética universal de defensa de la vida. ¿Se discute acaso la apología del terrorismo? En ese campo hubo de todo. Un Presidente llegó a elogiar la entrega, la mística y la heroicidad de los jóvenes senderistas en un célebre discurso en Ayacucho. ¿Recuerda García? Pero todo eso acabó hace rato con la penalización de la apología del terrorismo, lo que ponía en riesgo con frecuencia la libertad de expresión. ¿Se discute acaso la calificación de SL y del MRTA como fuerzas terroristas? Tampoco. Todos (derecha, centro e izquierda y todas las ONG desde luego) sostienen que esas fuerzas son terroristas. Eso está escrito en blanco y negro en la carta de APRODEH que ha originado la histeria de la derecha.

¿Qué se discute entonces? ¿Qué irrita tanto al gobierno, a la derecha y sobre todo a los violadores de DDHH? Hay, por lo menos dos cuestiones que asoman solapadamente en este debate. La primera es si los terroristas o acusados de terrorismo, una vez cumplidas sus condenas, recuperan o no sus derechos civiles y políticos, entre ellos el derecho de participar activamente en la política (siempre y cuando no reincidan). A diferencia de la izquierda y del centro, la derecha parece haber decretado su muerte civil y política. La segunda es si el pensamiento disidente (incluido el marxismo) del catecismo neoliberal y de lo que piensa –si piensa– la derecha es un delito. Para la derecha recalcitrante (incluido García), los disidentes, los opositores, los críticos y los movimientos sociales contestatarios ponen en peligro el desarrollo económico y la estabilidad política y tienen que ser perseguidos, silenciados, insultados, excluidos, penalizados y amenazados con la cárcel.

Una de las formas de hacerlo legalmente es vincularlos al terrorismo (de SL y del MRTA) que ha sido derrotado y que sólo opera en una zona limitada en el caso de SL (el VRAE). Pero la venganza de los denunciados violadores de los DDHH, la histeria de la caverna política, la voluntad de reprimir a los movimientos de protesta, el deseo de neutralizar a los opositores, siendo factores importantes, sólo explican parcialmente el intento de García de resucitar el terrorismo. Mi hipótesis es que estamos asistiendo a una operación perversa: el reequilibramiento de su resquebrajado gobierno apelando al autoritarismo y la recuperación de su legitimidad perdida convocando al terrorismo.

Es evidente que García ha fracasado para las clases populares y pobres. Su falta de eficacia para resolver los graves problemas del empleo, la desigualdad, la pobreza y la corrupción le han hecho perder legitimidad y eso lo expone fácilmente a la crisis política y a la inestabilidad. Busca oxigenarse, recomponer su gobierno y recuperar la legitimidad, aglutinando a toda la derecha, convocando todos los miedos, afiatando las fuerzas represivas, buscando la unidad nacional y aislando a los opositores. La resurrección y la utilización política del terrorismo constituyen la estrategia para lograrlo. Fujimori es el ejemplo. El terrorismo mataba mucha gente, pero a Fujimori le daba vida (política). El terrorismo para su gobierno fue un buen negocio (económico y político) y la justificación del autogolpe de Estado.


(García, de bajada)

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