24.5.08


Poéticas & Rollos. Anagnórisis

Salió de la casa de la cartomante tambaleándose y se detuvo en el callejón oscurecido por el crepúsculo; el crepúsculo que es la hora de nadie. Pero ella estaba allí, con sus ojos ofuscados, como si el instante último de la tarde fuese una mancha de sangre y de oro casi negro. Toda esa riqueza del ambiente la recibió como la primera mueca de la noche que, sí, sí, era honda y opulenta. Macabea permaneció quieta y aturdida, sin saber si atravesaría la calle, pues su vida ya había cambiado. (…) De pronto todo era muy, muy y tan amplio que sintió ganas de llorar. Pero no lloró, sus ojos brillaron como el sol que moría.
Entonces, cuando dio el paso para bajar de la acera y atravesar la calle, el Destino (explosión) susurró rápido y goloso: ¡ahora, ahora, ya ha llegado mi hora!
Enorme como un trasatlántico, el Mercedes amarillo la atropelló; en ese mismo instante, en algún lugar único en el mundo, un caballo se irguió en respuesta con la carcajada de su relincho.
(…)
Estaba inerme en el borde del pavimento, tal vez descansando de las emociones, y vio entre las piedras del arroyo un capín flaco de un verde como el de la más tierna de las esperanzas humanas. Hoy, pensó ella, hoy es el primer día de mi vida: he nacido.

La hora de la estrella (Siruela, 2000) es una de las novelas más breves de Clarice Lispector, la formidable escritora brasileña de origen ucraniano. El fragmento corresponde al final, trágico y "sencillo”, de Macabea, una joven de origen humilde que va a la ciuda a buscar su destino. La misteriosa relación entre el atropello y el relincho de un caballo en un "lugar único en el mundo" tiene que ver con un sentido de lo que llamaré metacorrespondencia, tal como la concibe Lezama en algunos de sus libros (en especial Las eras imaginarias), y como, si recuerdo bien, lo comenta Borges en algún ensayo o entrevista. Anagnórisis es revelación, conocimiento de la verdad última.
(Retrato callejero de Clarice Lispector. Sao Paulo.)

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