12.5.08


Punta Negra

Ayer me dejé caer por la librería El Virrey para comprar Métodos, el delicioso texto –no sé si llamarlo poema/ensayo, diario/novela, reflexión lírica o qué- del poeta francés Francis Ponge que ha publicado Adriana Hidalgo en Argentina. Cuando iba a pagar, con su respectivo y jugoso descuento, ese libro tan buscado, reparé en un librillo preciosamente editado, de exiguas páginas, que estaba a un costado en la caja.

Se trata de Playas (Underwood, 2008), la reciente entrega de un escritor peruano que, por fin, está sonando cada vez más fuerte entre el público y los conocedores: Carlos Calderón Fajardo. Como desde hace mucho tiempo una de mis grandes deudas literarias era escribir un post sobre este autor, me leí de un tirón el par de cuentos que allí se incluyen. Me gustó “Punta Negra”. Verán por qué.

En el umbral de su vejez, un escritor se sienta en su casa de Punta Negra a dar cuenta de su estado de ánimo y revelar algunas cosas relacionadas a la muerte de Hortensia (¿la esposa? ¿la mujer encargada de la casa?). El narrador nos regala previamente con una lectura de Un descanso verdadero, de Amos Oz (ojo con el título). En ese libro el viejo escritor espiga esta frase levemente enigmática: “como las aguas que cubren el mar”.

Cierto. Lo que uno ve son las aguas, el mar queda siempre oculto, apenas insinuado, como una inminencia que por lo general nunca termina de actualizarse. Esa es más que una frase; resume una poética, la poética que CCF quiere hacernos conocer con el cuento. Por cierto, hay una historia adicional, algo cruel, extraída del mismo libro de Oz, mas

¿es esa historia tan importante como la frase con que empieza y finaliza el relato? La historia de los tres personajes escondidos en un sótano y que empujados por el hambre se comen, semicrudo a un gato “tiñoso”´puede ser un semiclímax, una subida de tono que preludia y enmarca la gran revelación sonora del final: la historia de la desaparición de Hortensia en el mar.

Luego de ese suceso trágico, el Deterioro se apodera de toda la escena. Deterioro material de la casa del escritor, al no estar Hortensia para mantenerla. Deterioro espiritual del ser humano, por la tristeza y la ausencia de ella. Un lógico desvanecimiento vital cierra el cuento, con una espera tal vez no tan inútil como podría creerse.

Reviso lo dicho y quedo apenas convencido. Como la frase de Oz lo sugiere, hay algo más debajo de las aguas que he revuelto. Tal vez me ayude entonces la simbología:

Hortensia puede ser la vitalidad que, al abandonar al escritor, lo arroja al descuido, a la soledad y finalmente a la muerte (la productiva y la concreta, se entiende). La casa es la vida física del hombre, que, ausente la voluntad de vida, es carcomida, rápida e inexorablemente, por la acción degradadora del tiempo. Los hijos, ¿serán el talento del escritor, sus ideas, sus proyectos que lo abandonan en cuanto falta el impulso vital para escribir?

El mar, finalmente, ¡adivinaron!, es lo epifánico, la verdad oculta, la respuesta que siempre se insinúa pero que nunca llega. La iluminación que el escritor espera, mustio, al final del relato, cuando se queda ahí "la noche entera contemplando el mar bajo las aguas”.

(Carlos Calderón Fajardo. Paisaje de Punta Negra en foto de José Antonio Galloso. Con un poco de suerte podrán encontrar un ejemplar de Playas –que incluye otro cuento, “Playa Ballena”- en la mencionada librería. Solo tienen que dejar sus datos para llevárselo.)

*El autor de El huevo de la iguana me envía un amable correo donde me cuenta que actualmente vive en Punta Negra y que, tal como lo había intuido yo, en el cuento "está expresada mi poética, la forma cómo entiendo la literatura, pero también lo que me angustia, mi vida cotidiana, mi casa que es mi país que siento que se deterora mientras yo miro las aguas del mar." . Calderón Fajardo me cuenta además que "Punta Negra" es "un resumen de lo que soy en este instante o lo que siempre he sido". Unos amigos me dicen, por otro lado, que en La Católica y en algunos centros culturales también se puede encontrar Playas, completamente gratis.

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Límbicas

*The Paris Review. En El síndrome de Chéjov comentan la flamante edición de la famosa revista literaria, que trae entrevistas a grandes entre grandes: Cheever, Céline, Faulkner, etc. La edición estuvo a cargo de Ignacio Echevarría. Esperemos que llegue a Lima aunque sea una.

1 comentario:

  1. Anónimo14.5.08

    Yo tambien lei los cuentos, se nota que son escritos por alguien de edad adulta, se siente la sensibilidad de alguien mayor, con toda la sabiduria que eso refiere, muy buenos.

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