20.6.08


60 años de Adán Buenosayres

Este mes no solo se cumplen ciento ocho años del nacimiento del poeta y novelista Leopoldo Marechal (1900-1970) y treinta y ocho años de su muerte; también llegan a sesenta los años que han pasado desde que viera la luz ese portentoso ejercicio simbólico alegórico publicado bajo el título de Adán Buenosayres (1948).

Revisemos, pues, la recepción que tuvo la novela cuando fue publicada. Eduardo González Lanusa, en gesto que tenía de envidia disfrazada y mediocridad “rigurosa” (para algunos, instigado por otro gran escritor), hizo un acercamiento execrable -que data de 1948- donde redujo toda la novela a imitación chabacana de Ulises de Joyce y vinculó el estilo de Marechal al de Amicis en Corazón, cuando no rebuznó en contra del uso extenso y jocoso que hace el narrador de lo que llama “malas palabras”. No comments.

Emir Rodríguez Monegal responde a otro tipo de motivos extraliterarios en su furibundo artículo “Adán Buenosayres: una novela infernal” (1949). El que Marechal haya tenido el pésimo gusto de ser peronista se vuelve motivo suficiente para condenar a la hoguera su novela. La condena, empero, parece rigurosa: “Marechal no se conformó con transponer a un registro personal las incitaciones que su antecedente inmediato le ofreciera (…) El autor quiso repetir las formas más visibles de la gran novela (Ulises) (…) repitió sin ningún sentido los riesgosos enfoques e hizo sonar a hueco la que era, en Joyce, forma plena de contenido”.

Pero si bien ERM tuvo el tino de desdecirse en parte en una reseña veinte años después (“el libro me parece actualmente una contribución importante a una tradición de la novela rioplatense que tiene a esos tres escritores como antepasados –Arl, Biorges, Onetti-“), Noé Jitrik, en una extensa reseña de mediados de los cincuenta pasados, afirma categóricamente que Adán Buenosayres “pudo haber sido una novela definitiva para nuestra literatura y no lo es”. Debido esto fundamentalmente a falta de “homogeneidad”, presencia de “trivialidades” y, otra vez, apropiación de “formas exteriores” de Ulises.


Jitrik ahonda un poco más y encuentra tres motivos que, desde su punto de vista marxista, determinaron el fracaso de una empresa a todas luces interesante: los prejuicios católicos, los prejuicios nacionalistas y los prejuicios personales. Si no supiera (si no supiéramos) que buena parte de las grandes y medianas obras literarias en nuestra tradición están hechas en parte con este tipo de ideas (o con ideas incómodas que es cómodo calificar de “prejuicios”), me detendría un poco más a discutir este punto. De todas maneras me parece la crítica negativa más sólida hecha a la novela.

Por fortuna, Marechal -aunque no lo conocía- tenía a un extraordinario lector de su lado: Julio Cortázar. Como en el caso de Filloy, de Lezama, de Lispector y de Felisberto Hernández, el autor de Rayuela supo ver más allá de la configuración predeterminada de la crítica ideológica de su época. Sopesó bien la novela, señaló virtudes y defectos, y determinó una valía hoy innegable.

Pasado el estigma peronista por el que su novela fue silenciada al unísono por la prensa de los años cincuenta y sesenta*, Adán Buenosayres comenzó a ganar su lugar en las letras argentinas e hispanoamericanas en adelante. Ahora Ricardo Piglia puede confesar sin ambages su “admiración por uno de los mejores libros que se han escrito en esta lengua”. Pero, recordemos: la justa valoración de que goza la novela hoy se la debemos en buena parte a la inteligencia e independencia de Cortázar, valores que le costaron 15 días -según propia confesión- de llamadas anónimas, insultos y amenazas contra su vida por “defender a un peronista”. De hecho que les suena familiar esto último…

*Luego hablaremos de casos locales de silenciamiento por parte de la crítica.

(Marechal en portada. Finalmente la prensa de la época tuvo que rendirse al talento literario. Portada.)
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Límbicas

5 comentarios:

  1. Anónimo21.6.08

    buen tema, sería bueno que tocaras el caso de bombardero que ha tenido elogios de muchos escritores pero la crítica local no le ha hecho caso o la ha subvalorado, en porta9 hay un debate donde se le sigue atacando sin sentido a la gran novela del gran césare guti. salu

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  2. Anónimo21.6.08

    Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  3. Anónimo21.6.08

    un poeta que sufrió durante años el silenciamiento de sus libros es Rafel Espinoza. Aunque en su caso debió ser más bien por incapacidad de la crítica para abordar su obra. Excelente post.

    Fidel K.

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  4. Anónimo21.6.08

    si bien tenemos que estar contigo cuando repudias el maltrato de Gutiérrez a Thays, recordemos que ese narrador silenció en Vano Oficio a muchos escritores, porque no le gustaban sus obras o le parecían desconfiables políticamente hablando, también a ti te silenció.

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  5. El último anónimo se equivoca. Nunca fui silenciado en el programa Vano Oficio, la verdad ante todo. Mis discrepancias con el conductor tienen que ver con acusaciones infundadas en su blog y en el de su compañero de bajezas, Faverón. Pero de eso hace ya tiempo, espero por ellos que traten de cambiar, porque Basta Faverón sigue creciendo.

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