11.6.08


La parábola de los ciegos

La obra de Elias Canetti es desde hace muchos años una lectura recurrente para mí. Hojeando el cuarto volumen de la Obra completa publicada por Círculo de Lectores, me di con esta precisa descripción de un cuadro famoso de Brueghel (1525-1569). He leído algunas interpretaciones de este cuadro. La que más me gusta es la que lo ve como una alegoría del poder político, del liderazgo. Pero en sí, la descripción de Canetti ya es lo suficientemente estimulante. Va.


La idea de la ceguera empezó a perseguirme desde que, en mi primera infancia, un sarampión me hizo perder la vista durante varios días. Y un buen día descubrí a esos seis ciegos que avanzan en una línea oblicua unidos entre sí por los bastones o cogidos del hombro. El primero de ellos, que es también el guía, yace en la acequia; el segundo, a punto de seguirlo en su caída, vuelve hacia el espectador toda la cara: las cuencas vacías y la boca que, abierta por el miedo, deja los dientes al descubierto. La distancia que lo separa del tercero es mayor que la que existe entre los otros: ambos se aferran todavía al bastón que los une, pero el tercero ha sentido un tirón, un movimiento inseguro, y, vacilando ligeramente, se ha puesto de puntillas; su cara, que aparece de perfil –solo vemos no de los ojos ciegos-, no trasluce miedo miedo sino que esboza una pregunta, mientras que, detrás de él, el cuarto, rebosante aún de confianza, tiene la mano apoyada en su hombro y la cara mirando al cielo. Su boca, muy abierta, parece esperar de las alturas algo que a sus ojos les está vedado. No comparte con nadie el largo bastón que lleva en la derecha y en el cual no se apoya. Es el más creyente de los seis, lleno de esperanzas hasta en el rojo de sus medias calzas; detrás de él avanzan, resignados, los dos últimos, cada cual satélite del que tiene delante. También tiene la boca abierta, aunque menos; son los más alejados de la acequia, no esperan ni temen nada ni tienen pregunta alguna. Si los ojos ciegos no tuvieran tanta relevancia, habría algo que decir sobre los dedos de los seis, que aferran y palpan de manera distinta a como lo hacen los de la gente que ve, y también sobre sus pies, que tantean de otro modo el suelo.

(Cuadro de Brueghel. El ciego líder y sus satélites (sin alusiones). Pueden ver también El país de Jauja)

1 comentario:

  1. Víctor:
    Como siempre, tus posts ofrecen información que invitan a una genuina reflexión.
    Gracias.

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