9.8.08


¡Todos son cuentos!

La edición de agosto de Letras Libres viene dedicada íntegramente a la narrativa, con cuentos de Santiago Roncagliolo, Antonio Ortuño, Edmundo Paz Soldán, Alejandro Zambra, Junot Díaz y, entre otros más, la mexicana Guadalupe Nettel, de quien recomiendo el relato “La vida en otro lugar”:

Sucedió hace un par de años, en esa época en la que mi mujer y yo alquilamos el apartamento. Habíamos recurrido a una agencia que nos recomendó un amigo mío y que cobraba comisiones muy razonables. Después de visitar edificios en todos los barrios de Barcelona, seleccionamos dos: uno en la calle Mistral, cerca de Plaza España, y el otro en la calle Carolines, en el barrio de Gràcia. El de Mistral era un espacio soleado, con una pequeña veranda que Alina imaginó inmediatamente como un jardín interior. La arquitectura no era especialmente bonita. Se trataba de uno de esos edificios cuadrados sin demasiado encanto que abundan en esa zona, pero que a ella le parecen amplios. El piso de Gràcia, en cambio, estaba en un entresuelo, en la acera izquierda de la calle Carolines, viniendo del metro Fontana. El edificio era antiguo y con buenos acabados. El ascensor de madera que hacía juego con la puerta modernista, las columnas y los arcos dentro del apartamento, le daban cierta distinción. En pocas palabras, era un piso con mucho estilo, un lugar en el que se podían organizar cenas agradables, una casa de la cual enorgullecerse. Por desgracia, en ese sitio el sol entraba a duras penas y por la parte de enfrente. El patio interior, al que daban las tres habitaciones, debía iluminar los apartamentos de arriba pero no conseguía llegar hasta aquella planta. Ésa fue la razón por la que no lo elegimos de inmediato. En sus ratos libres, Alina trabajaba como ilustradora de cuentos para niños y prefería un lugar luminoso. Durante el fin de semana, le estuve dando vueltas al asunto y me decidí por el piso de Gràcia. ¿Qué importaba la falta de sol si siempre invitábamos a la gente por las noches? Además, Alina no dibujaba tan seguido como para que esa actividad secundaria constituyera una razón de peso. Cuando lo hiciera, podía utilizar una lámpara de diseñador que imita perfectamente la luz del día. Le prometí que yo mismo me iba a encargar de instalarla. (Sigue leyendo)

(Nettel.)

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