2.10.08



Con retraso me llega la edición de los cuentos completos de Antonio Di Benedetto editados por Adriana Hidalgo en Buenos Aires. Se trata de una edición de gran formato, muy cómoda para leer, que ayer compré en El Virrey. El volumen trae todos los libros de cuentos publicados por el autor de Zama, además de algunos inéditos. Sobre ADB ya he escrito algo en LDL. No sé cuánto tenga que ver pero esta semana también vi Dolorosa indiferencia, de Aleksandr Sokurov, una película donde dos discursos (uno el de las imágenes de la Primera Guerra Mundial, el otro la historia de la familia que vive dolorosa y díscolamente indiferente a aquella) se entrelazan, dialogando, hasta explotar juntos en la escena final. Notables.
(Portada del libro de Di Benedetto. Escena del filme de Sokurov.)

2 comentarios:

  1. Coral, le dan duro a Faverón en el blog de Ybarra:


    El crítico académico Gustavo Faverón, haciendo gala de una inteligentzia equina dice (quizás mirándose en el espejo) que este bloger es un “ignorante”. A no ser que este concepto no esté claro (revisemos qué dice la RAE), es muy posible que los delirios de este profesor auxiliar (con rasgos esquizoides) estén socabando su precaria lucidez parchada con información libresca sesgada, al menos para un lector acucioso. Por ejemplo (y sólo voy a dar una muestra porque en realidad no vale la pena): “Toda La Sangre”. Antología de cuentos peruanos sobre la violencia política, donde “nuestro” profesor funge de editor y donde para él la literatura de la violencia se circunscribe a: Fernando Ampuero, Jorge Eduardo Benavides, Dante Castro, Óscar Colchado, Alonso Cueto, Pilar Dughi, Nilo Espinoza, Sergio Galarza, Miguel Gutiérrez, Rodolfo Hinostroza, Luis Nieto Degregori, Julio Ortega, Jaime Pantigozo, Hildebrando Pérez Huarancca, Oswaldo Reynoso, Enrique Rosas Paravicino, Carlos Thorne, Carlos Eduardo Zavaleta y Zein Zorrilla, etc.
    Cómo se puede hacer un ensayo sobre la violencia interna y la literatura y no escribir (ignorar) a decenas de autores, quizás más importantes que lo que llaman “canon”. En un comentario remitido a “Puente Aéreo” le apunté algunos nombres para que no esté dando manotazos o lambisqueos sobre los Roncagliolos, los Alarcones, los Cuetos, etc. cito otra vez, a ver si de una vez toma cartas en el asunto y deja de ser IGNORANTE (lea, investigue y luego hable porque en sus ensayos, críticas y post, nunca aparecen los siguientes nombres):
    Fernando Cueto ("Llora Corazón", "Lancha Varada"), Martín Roldán ("Generación Cochebomba"), Julio Durán ("Incendiar La Ciudad"), Rafael Inocente (“La Ciudad de Los Culpables”) o libros de la guerra que hablan de la otra orilla a través de decenas de narradores (en su mayoría presos) como "Desde la Persistencia" o "Camino a Ayrabamba" (quizás tengas que actualizarte o te has quedado con “La Violencia del Tiempo” de Gutiérrez o “Los Ilegítimos” de Hildebrando Pérez Huarancca o en La venganza del Cóndor de Ventura García Calderón, los Cuentos andinos de L. Albújar, Yawuar fiesta de J. M. Arguedas, Los ermitaños de Antonio Gálvez Ronceros, Los gallinazos sin plumas de Ribeyro, La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, etc.)

    Como última reflexión (y ya que me ha caído la banderilla de la “ignorancia”) me parece importante anotar: qué idiomas domina este profesor auxiliar (sabrá algo de latín, sanscrito, griego o copto); qué instrumentos musicales toca (sabrá diferenciar lo que es música atonal de música tonal. Tocará saxofón, clavicordio o le arrancará algunas notas a la guitarra o bajo. Francamente no lo creo); qué ciencias fácticas (factuales) o no fácticas habrá investigado en su vida diaria (sabrá algo de neurorobótica, o lo estaré insultando al citar esta ciencia)
    Dicen que la ignorancia es atrevida (y de vez en cuando muerde como un perro), pero eso a mí me importa un comino (al perro que muerde se le da una estocada en el hocico). Me habían dicho que usted es terco y dado a la jodienda culturosa y virtual (envío de anónimos y despersonalización esquizofrénica acusado por su antípoda Marco Sifuentes); y por eso se había creado un antiblog con respecto a su “Puente Aéreo” (que al parecer para lo único que sirve es para auxiliarlo a usted mismo), sus razones tendrán, pero creo que es demasiado (y por eso no me he sumado a ninguna campaña contra su persona); si usted a las justas balbucea insultos que se le caen de la boca como una sanguaza (una baba ridícula que al único que ofende es a usted mismo) y solo escatima a prenderse como una garrapata sobre su eventual víctima (que por estos días –lastimosamente- es el profesor Huamán).
    No sé si usted, Gustavo Faverón Patriu, se ha dado cuenta de que se comporta no como un profesor correcto, "un académico de Maine", sino como un alumno aniñado, un niñato pequeñoburgués cuyas pataletas se justifican porque sus patrocinadores le pagan los estudios (entiéndalo como quiera).

    Bueno, amigos lectores, es hora de ponerle las orejas al burro. Cosa más fácil cuando se escuchan los rebuznos y roznidos.

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