11.10.08


El inquilino negro de Maupassant

Aunque me dicen que hay una edición de las obras de Maupassant que tiene el texto a manera de prólogo, no había tenido hasta ahora la oportunidad de revisar el librito Maupassant y “el otro” (1983), del italiano Alberto Savinio. De él extraigo un pasaje genial:

Hay, no obstante, en esta constante necesidad de agua algo más profundo, secreto, misterioso; quiero decir un hecho psíquico. Hay deseo de lavarse de una culpa, de una mancha, de algo negro, sucio. Maupassant quiere que el agua que se desliza sobre su cuerpo le blanquee (le limpie “metafísicamente”); quiere que lo disuelva como se disuelve el azúcar, que el agua se lleve al “Maupassant” que hay en él. Quiere que el agua, esa gran fugitiva, ese movimiento perpetuo, se lleve lo térreo, lo negro, lo feo, lo bajo, lo vil, lo triste, lo oscuro, lo mortal, y la carne, el pelo, lo gordo, todo aquello que compone al hombre Maupassant. ¿Qué importa revestirse (esconderse) de ropas, ponerse dos botines de charol relucientes como dos conos de hule y puntiagudos cual lápices de dibujo, un traje salido de las manos del bon faiseur, una camisa lavada en París y planchada en Roma, un chapeau–desoie hecho a medida? Maupassant esperaba quizá, “desesperádamente esperaba” que el agua, ese gran pasante, se llevase consigo esa oscura, esa maléfica, esa prepotente criatura que vivía dentro de él, y crecía, crecía, crecía hasta adquirir sobre él un dominio cada vez más grande. Esperaba que el agua se llevase el mal que se iba incubando en su interior y que le corroía, ese inquilino negro, esa serpiente voraz que se había aposentado en su carne y que se enseñoreaba cada vez más de él…

Claro, muchos cuentos del francés no solo abundan en figuras y escenarios marinos, fluviales o lacustres, además de inundaciones, rebalses y otras escenas relacionadas con el agua, sino que siempre hay un ser que acecha, que se cierne –desde adentro o desde afuera–, una proyección fantasmática que le da al texto esa tensión que tanto le han celebrado.

La locura que al final de su vida se llevó el talento de Maupassant (por fortuna, demasiado tarde) es cercada y clasificada por Savinio en un ensayo biográfico que no sé si es más valioso por el preciso homenaje al autor de Bola de Sebo o por sus reflexiones sobre la guerra y otros temas que consigna en su profusa notación aneja.

(The faithful bride, de Alberto Savinio.)

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