8.10.08


Novela del espacio

Me gustaría que hubiera lugares estables, inmóviles, intangibles, intocados y casi intocables, inmutables, arraigados; lugares que fueran referencias, puntos de partida, principios:

Mi país natal, la cuna de mi familia, la casa donde habría nacido, el árbol que habría visto crecer (que mi padre habría plantado el día de mi nacimiento), el desván de mi infancia lleno de recuerdos intactos…

Tales lugares no existen, y como no existen el espacio se vuelve pregunta, deja de ser evidencia, deja de estar incorporado, deja de estar apropiado. El espacio es una duda: continuamente necesito marcarlo, designarlo; nunca es mío, nunca me es dado, tengo que conquistarlo.

Mis espacios son frágiles: el tiempo va a desgastarlos, va a destruirlos: nada se parecerá ya a lo que era, mis recuerdos me traicionarán, el olvido se infiltrará en mi memoria, miraré algunas fotos amarillentas con los bordes rotos sin poder reconocerlas. Ya no estará el cartel con letras de porcelana blanca pegadas en forma de arco circular sobre el espejo del pequeño café de la calle Coquilliére: "Aquí consultamos el Bottin" y "Bocadillos a todas horas".

El espacio se deshace como la arena que se desliza entre los dedos. El tiempo se lo lleva y solo me deja unos cuantos pedazos informes:

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva: arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.

París, 1973–1974

–––Fragmento final, titulado "el espacio (continuación y fin)", de Especies de espacios (Montesinos, 2000), de Georges Perec. No solo hay novelas del lenguaje –es decir, aquellas en que el autor ha enfatizado sistemáticamente no la trama, ni la historia ni la "construcción de personajes" sino el movimiento autoconstructivo de la palabra, que vuelve sobre sí misma y encuentra en esa dinámica autónoma su sentido más esencial –pero no el único– y de la cual Abrapalabra es la mejor muestra; también puede haber novelas del espacio, donde la "historia" es un pensar recurrente, tiernamente obsesivo, de lo que significa el espacio para el narrador: una agradable dispersión de fragmentos que buscan apresar a su vez una percepción fragmentada de la vida y del recuerdo. (pd: les recomiendo el remate de librería La Familia de Diagonal; allí conseguí esta joya de novela que, como todo lo que de verdad crea, no se deja apresar por correosos esquematismos críticos.)
----Ja ja. Lo que el odio le hace decir a cierta gente... Aquí pueden revisar un ensayo sobre Abrapalabra de Luis Britto García visto como una novela donde está el lenguaje "representándose a sí mismo". Allí pueden encontrar esta cita del "palabrero" Michel Foucault:

"Pura y simple manifestación de un lenguaje que no tiene otra ley que afirmar –en contra de los otros discursos– su existencia escarpada; ahora no tiene que hacer otra cosa que recurvarse en un perpetuo regreso sobre sí mismo, como si su discurso no pudiera tener como contenido más que decir su propia forma." En fin.
(Portada. Pueden ver aquí una novela del olvido, otro gran tema.)

5 comentarios:

  1. Anónimo8.10.08

    Faverón dice que te lee
    cada seis meses pero salta como una liebrecilla cada vez que lo hincas. Qué dependencia por Dios!

    Rosita

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  2. Anónimo8.10.08

    He leído "Bombardero" en la edición de ediciones Norma que está incompleta pero ha sido sufi para ver que el hombre maneja su verbo de lo mejor y no importa si no hay historia ni personajes logrados como piden, pues la poesía de la violencia que se manda es de puta madre. Me gusta su lenguaje.

    Carlos Sánchez Ruiz
    San Marcos - CC SS

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  3. La ensayista habla de un aspecto ritual del lenguaje y

    "A partir del siglo XIX el lenguaje se repliega sobre sí mismo, adquiere un espesor propio, despliega su historia, sus leyes y una objetividad que sólo a él pertenecen. (p.289)"

    la importancia del lenguaje es notable, no sé cómo se puede negar eso.

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  4. Anónimo9.10.08

    Faverón dice que no lee a sus enemigos pero a cada rato cita las cosas que dice el tal Ybarra, dice que no te lee pero a cada rato repara en lo que escribes. Quién lo entiende, oye.

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  5. Sí, pues, ahora uno de sus "walter" egos que comentan en su blog dice que Abrapalabra es un !libro de cuentos!

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