5.11.08


El canto del lince

La semana pasada se cumplió un aniversario, en renuente silencio cultural, del nacimiento del poeta Ezra Pound (1885–1972), acaso no el mejor, pero sí el de más influencia sobre sus contemporáneos en el siglo veinte. Tomé, en consecuencia, los Pisan cantos (publicados exactamente hace 60 años, en 1948) y los abrí en cualquier lugar para leerlo y conmemorar su poesía.

Recalé en el canto LXXIX, conocido como "El canto del lince" por algunos estudiosos, el que comienza con

Luna, nube, torre, una mancha de la estatua*
De la misma blancura participan


Y continúa con este bello antipiropo, dicen que parafraseado de Lovelace:

No te hubiera amado ni la mitad de lo que te amo,
si no hubiera amado a La Mujer.


Pero el fuerte del canto está en su segundo estadio, donde el poeta rinde pleitesía a uno de los animales más queridos por él, así:

Oh Lince, amor, mi precioso lince,
Vigila mi bota de vino,
No pierdas de vista mi alambique rural
Hasta que en este whiskey entre Dios,

(...)
(...)
Oh lince cuida de mi fuego
(…)
aleja la filoxera de mis viñas
(…)
Oh lince vigila este huerto,
Guárdalo del surco de Ceres

Para terminar, con aprehensión poética:

Oh lince guarda mis vides
Mientras bajo la hoja mis uvas se inflaman
Helios** ha llegado a nuestra montaña
Rojo brillo en el manto que forman las agujas del pino
Oh lince guarda mis vides
Mientras bajo la hoja mis uvas se inflaman.

No tengo que decir que la traducción está hecha a paso de lince.

*En el original dice "batisttero", un monumento de Pisa.
**Dios del Sol en la mitología griega. En el original con caracteres griegos.

(Lince.)

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