9.11.08


El viejo Van y Astral Weeks

Recuerdo la calidad melancólica de las sensaciones, las atmósferas tintas pero brillantes que me dio este disco cuando lo escuché por primera vez como a principios de los noventa, bajo recomendación de un viejo rockero quilquense y amigo hoy desgraciadamente desaparecido: “Kilowatt”.

Desde entonces debo haberlo regalado (o perdido) y comprado unas cinco o seis veces, pero siempre vuelvo al Astral Weeks, que va a ser homenajeado como se merece –para mí es uno de los cinco discos de rock más importantes de la historia- en Los Ángeles, por su creador principal, el poeta cantor Van Morrison. La nota de Miguel López es de El País:

Muy pocos sonidos se pueden escuchar hoy tan vanguardistas como los de Astral Weeks, el disco de Van Morrison que estos días cumple cuarenta años. Todas las listas de críticos y revistas especializadas sitúan esta cima creativa entre las mejores de la historia de la música pop. El legendario elepé nunca ha necesitado naftalina para reclutar nuevas hornadas de melómanos, pero su autor ha decidido celebrar el aniversario con dos conciertos en Los Ángeles (ayer y hoy), con cuyo material se editará un disco conmemorativo.

El irlandés grabó las ocho canciones en dos intensas jornadas, con músicos de estudio a los que no conocía y a quienes enseñó los acordes en los instantes previos a la grabación. Quería que improvisaran y expresaran libremente lo que sintieran. En esos días otoñales de 1968, su aliento reventaba cualquier alcoholímetro que osara cruzarse con él. Intentaba así ahuyentar la angustiosa sombra del fracaso vital, y su exorcismo se derramó en los surcos de esta obra maestra cuyos ecos sobrevuelan toda su obra posterior.

"Si me aventurara en el torbellino" son las primeras palabras que el músico lanza con voz sobrenatural en Astral Weeks. Nadie esperaba ese inclasificable sonido que acababa de inventar un joven de 23 años procedente del rhythm and blues y con algún éxito en el pop. El compositor había transformado los vatios de los Them en sinuosos acordes acústicos que besaban las orillas del folk, pero también lanzaban destellos de jazz, soul, blues y guiños celtas.

El León de Belfast vierte amplias dosis de improvisación vocal y eleva a categoría universal sus propias vivencias infantiles. Peter Handke ha escrito que en sus cuerdas vocales anida "el canto de una vieja, una mujer, un niño y un hombre. La voz de un hombre". Evoca las calles de su niñez irlandesa, el dolor por la inocencia perdida y los primeros amores de un pasado que recupera con chispazos de belleza. Morrison persigue un renacimiento interior y allí, a miles de kilómetros de su hogar, entre Boston y Nueva York, "en otro tiempo, en otro lugar", encuentra Belfast para siempre, donde refulge la belleza de los días perdidos.

Pero las letras apenas significan nada si se desgajan de su voz, el instrumento esencial que invita a cuerdas y vientos a transitar por caminos inexplorados; es una garganta que se adentra por territorios musicales arriesgados, edificando instantes irrepetibles. Machaca las palabras, las vacía, las repite y las vuelve a llenar hasta desmantelar el lenguaje y convertir las sílabas en música que alza el vuelo sin más ley que la libertad.

Astral Weeks encumbra a Morrison como el poeta místico en el firmamento del rock. Su profundidad espiritual y la búsqueda filosófica le han situado en una órbita extremadamente personal, repleta de momentos mágicos y trascendentes. Tal vez por ello esta pasada primavera Bruce Springsteen confesó ante el público que este álbum era como una religión para él.

El disco carece de espina dorsal, porque cada canción alberga vida propia y se conecta de forma tan sutil como férrea con el resto. La voz navega desde la placidez de Sweet thing hasta las turbulencias de The way young lovers do para fundirse en el silencio de la inquietante Slim slow slider. En los estertores de 1968, se lanzaron unas 20.000 copias del vinilo, pero Warner no pudo promocionar las ventas con un sencillo: Madame George sobrepasa los nueve minutos; Ballerina y Astral Weeks, los siete; Cyprus Avenue, los seis

... Unos tiempos que rompen las costuras comerciales de su tiempo. Sin embargo, el boca a boca salta todos los obstáculos y el disco cala como una fina lluvia hasta erigirse como un símbolo misterioso de la cultura popular.

(Van, por siempre. En una foto de la época del Astral weeks.)

6 comentarios:

  1. Qué disco más hermoso y más sutil. Fue uno de sus primeros discos en solitario (creo) y su sonido, la forma de construirse las canciones, poco a poco, de ir creciendo, sigue siendo insuperable.

    Un abrazo.

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  2. Anónimo9.11.08

    Gracias Victor por postear sobre el Morrison, y me has hecho recodar de Kilowatt!! qué tiempos, ese disco es alucinante aunque me pone triste siempre.

    C.M.

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  3. Khatty9.11.08

    Una pregunta ingenua: quién es mejor, Van Morrison o Jim Morrison? Desde Los Olivos,

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  4. Anónimo10.11.08

    UNO DE LOS CINCO DISCOS MÁS IMPORTANTES DE LA HISTORIA? NO EXAJERES, CREO QUE SOLO ENTRE LOS BEATLES Y LOS ROLLING HAY DIEZ DISCOS NOTABLES. EL ASTRAL ES BUENO PERO NO TANTO.

    CUCHO

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  5. para mí solo el White album podría comparársele, aunque no soy fanático de los Beatles, y entre los de los Rolling, pues solo el Sympathy, a los últimos les falta la voluntad (lograda) de renovación del Astral.
    Hay otros discos, tal vez el Psycocandy y alguno de King Crimson, y un par de Zappa, y...

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  6. Anónimo10.11.08

    Jim Morrison es como Leo Zelada, Van Morrison es como Yrigoyen, qué pregunta!!!

    crítico joven (pero serio)

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