27.12.08


Michaux persiste/su vox existe

En mayo próximo se cumplirán cien años de la muerte de este gran escritor, dibujante y explorador de los abismos de origen belga y lengua francesa. Es uno de esos creadores que, con el tiempo, no han hecho más que crecer y asentarse en mi Olimpo personal, a diferencia de, por poner ejemplos picantes: Luis Hernández, Antonio Cisneros, Alejandra Pizarnik o Andrés Caicedo, quienes han perdido considerable interés, para mí, a medida que han pasado los años y se ha asentado la madurez (no tanto como para no seguir admirando, sin embargo, a Cortázar y Hesse, autores con frecuencia vinculados a la adolescencia.)

La reseña de Alberto Hernando sobre Retratos de los meidosems (Pre-Textos, 2008) trae una cita precisa del filósofo Gilles Deleuze sobre el autor de Ecuador:

No es exactamente un pintor, ni siquiera un escritor, sino una conciencia: la sustancia más sensible descubierta hasta la fecha para registrar las fluctuaciones de la angustia de la existencia día a día, minuto a minuto.


Pero la angustia que explora Michaux no es la corriente, la que es producto de las circunstancias vitales extremas o de los infortunios. Es una angustia que responde a un abismo casi cósmico, e interpela sobre la naturaleza y sentido mismos de lo existente. Así lo hace en Conocimento por los abismos y Miserable milagro, tremendos libros de metaliteratura donde la experimentación con sustancias psicotrópicas (mescalina, peyote, hongos) nos dejan en el umbral de lo trasnmisible pero inquietante.

Es bueno saber, entonces, que la estupenda colección de obras completas La Pleiade, en Francia, planea terminar de publicar las obras completas de Henri Michaux el año que viene. Una buena noticia nos recibe en el umbral del 2009. los dejo con un poema suyo:


HE NACIDO AGUJEREADO

Sopla un viento tremendo,

No es sino un pequeño agujero en mi pecho,

pero sopla en él un viento tremendo.

Pueblecito de Quito, tú no eres para mí.

Yo necesito odio, y envidia; ésta es mi salud.

Es una gran ciudad la que necesito.

Un gran consumo de envidia.

No es sino un pequeño agujero en mi pecho,

pero sopla en él un viento tremendo,

En el agujero hay odio (siempre), espanto también e impotencia.

Hay impotencia y el viento está cargado de ella;

fuerte como los torbellinos,

rompería una aguja de acero,

y no es más que un viento sin embargo, un vacío.

¡Caiga la maldición sobre toda la tierra, sobre toda la civilización,

sobre todos los seres en la superficie de todos los planetas, a causa de este vacío!

Un señor crítico ha dicho que yo no alimentaba odio.

Este vacío, he ahí mi respuesta.

¡Qué mal se está, ay, en mi pellejo!

Siento la necesidad de llorar sobre el pan de lujo de la dominación y del amor,

sobre el pan de gloria que está afuera.

Siento la necesidad de mirar por el cuadro de la ventana,

que está vacío como yo, que no se alimenta de nada,

Dije llorar; no, es un barreno a frío, que barrena,

barrena incansablemente,

como sobre una viga de haya en la que 200 generaciones de gusanos se hubiesen

legado esta herencia; "barrena, barrena..."

Esto ocurre a la izquierda, no digo que sea el corazón,

Digo agujero, y no digo más, es rabia y contra ella no puedo,

Tengo siete u ocho sentidos. Uno de ellos: el sentido de lo que falta.

Lo toco y lo palpo como se palpa una madera,

una madera que sería más bien una gran selva de esas que ya no se ven en Europa

desde hace mucho.

Y esto es mi vida, mi vida en medio del vacío.

Si este vacío desaparece, yo me busco, enloquezco y eso es todavía peor.

Yo me he construido sobre una columna ausente.

¿Qué habría dicho el Cristo si hubiese estado hecho de este modo?

Hay algunas de estas enfermedades que, si se las cura, no le dejan nada al hombre.

Muere pronto, era demasiado tarde.

¿Puede acaso una mujer contentarse solamente con odio?

Si es así, amadme, amadme mucho y no dejéis de decírmelo,

y que alguna de vosotras me escriba.

¿Pero qué significa este ínfimo ser?

Casi no lo había advertido,

Ni dos nalgas ni un gran corazón pueden llenar mi vacío,

Ni ojos llenos de Inglaterra y de ensueños, como suele decirse.

Ni una voz cantante que dijese completivo y calor.

Los estremecimientos encuentran en mí un frío siempre alerta.

Mi vacío es un gran glotón, gran moledor, gran aniquilador.

Mi vacío es algodón y silencio,

Silencio que todo lo detiene.

Un silencio de estrellas,

Y aunque ese agujero es profundo carece totalmente de forma.

Las palabras no lo encuentran,

chapotean a su alrededor,

Siempre he admirado a esos que por creerse revolucionarios se consideraban hermanos.

Hablaban los unos de los otros con emoción; chorreaban como sopa.

Eso no es odio, amigos míos, eso es gelatina.

El odio es siempre duro,

hiere a los demás,

pero también desgarra al hombre en su interior,

continuamente.

Es el reverso del odio,

Y no hay nada que hacer. No hay nada que hacer.
(Dibujos y pintura de Michaux.)

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