31.1.08


I Concurso Sinergia - Realidades Alteradas

Mi amigo Sergio Gaut Vel Hartman, de Sinergia, me pide que difunda las bases de este interesante concurso que viene organizando. Chequeen bien y a ver si se animan:


Bases

1) Pueden participar en este concurso escritores de todo el mundo.
2) Los cuentos deberán estar escritos en castellano y tener 1.000 palabras o 7.000 caracteres con espacios como mínimo y 3.000 palabras o 20.000 caracteres con espacios como máximo. Esta regla no admite excepciones.

3) El tema del concurso serán las “realidades alteradas”. Cada participante elegirá qué tipo de alteración experimenta la realidad y en qué clase de espacio o tiempo conjetural decide jugar la trama.

4) Los cuentos de vampiros, hombres lobos, dragones, princesas vírgenes y héroes anabolizados serán descalificados inmediatamente. El propósito de este concurso es promover la narrativa conjetural y proponer una alternativa a la literatura fantástica dominante.

5) El jurado seré yo (Sergio Gaut vel Hartman), entre otras cosas porque no deseo impedir la participación en el concurso de un cierto número de amigos escritores.

6) Los ganadores serán tres, aunque me reservo el derecho de subir la cifra a cuatro o hasta cinco. El propósito es que no queden buenos cuentos sin premio. Cada uno de los ganadores recibirá un paquete de libros y los cuentos serán publicados en Sinergia. En segunda instancia, existe la posibilidad de que los cuentos ganadores sean publicados en una antología, recibiendo por ello una pequeña suma monetaria. Esto depende, claro, de que el libro se haga.

7) Los cuentos deben ser enviados a la dirección de “Colaboraciones” que figura en “Comunicación” en la página de Sinergia (colaboraciones@nuevasinergia.com.ar).

8) El concurso queda abierto a partir de este momento y se cerrará el 29 de febrero de 2008. El ganador se conocerá el 30 de abril de 2008. No se aceptarán cuentos con seudónimo y mantendré correspondencia con todos aquellos que quieran preguntar o comentar algo.

Más información en:

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Límbicas

*Paz Soldán sobre Murakami. Hace poco comentaba acá el artículo de Babelia en donde Murakami explica su relación con la música. Hoy, en su blog Río Fugitivo, Edmundo Paz Soldán ha colgado una versión de un artículo suyo sobre el autor de Kafka en la orilla: ¿Cómo definir el universo de Murakami? La reciente aparición en España de su tercer libro de cuentos Sauce ciego, mujer dormida y el DVD de una película basada en uno de los cuentos de este libro (“Tony Takitani”) nos proporcionan algunas pistas para entender a este autor imprescindible.

30.1.08


El seco lirismo de Herta Müller

Tal vez algunos de ustedes recuerden a esta escritora rumana de lengua alemana, de cuando se realizó en Lima un encuentro internacional escritoras en donde ella participó (pueden ver la nota de José Güich en Caretas). Pues bien, aun cuando no la recuerden, creo que lo mejor que hay de narrativa para leer en este momento en librerías es el libro que, con gran ojo, El Virrey acaba de traer: En tierras bajas (Siruela, 2007).

Se trata de un conjunto de cuentos donde la narradora se sumerge hasta el fondo, con un raro prurito naturalista lírico, en sus memorias de infancia, donde su gente (un pueblo suabo perdido) y su familia (labradores rudos, católicos y silenciosos) aparecen en todo su esplendor no real-maravilloso sino opresivo-maravilloso, con grandes dosis de amargura, dolor e incomprensión.

Müller va apilando frases de una precisión poética pasmosa. Son como profundas incisiones, repujes diestros en la noble piel de un cuero que es la historia de su pueblo, marginado por un gobierno –el rumano- inclemente y dictatorial (recordemos que la Müller tuvo que abandonar Rumania en los 80, por defender los derechos de la minoría alemana en ese país).

Pero si piensan que aquí encontrarán largas descripciones de persecuciones y enfrentamientos políticos o sociales, se equivocan mucho. Al describir con cruel objetividad, casi con ensañamiento, la vida común y silvestre de su familia, lo que la narradora en realidad hace es mostrar la humanidad, la valencia trascendente de su pueblo. Nos describe las ruindades de la vida corriente de los pobres y el lector descubrirá que ello no está nada lejos de la vida de los otros pueblos, de los otros pobres. ¿Por qué no tendrían entonces el mismo derecho que los demás a existir y ser respetados?

Hay tres o cuatro cuentos nucleares en este libro, los cuales están conectados de manera indirecta por una serie de relatos breves –un par de ellos casi licencias lúdicas solamente- que hacen las veces de mamparas, semidivisiones o canales. Aunque la temática no es por completo homogénea entre ellos, la sensación de opresión, de absurdo, de amenaza de escándalo y de ignominia familiar o social, es recurrente.

En “La oración fúnebre” Müller logra reproducir la extraña arbitrariedad de los sueños en una sucesión de imágenes y situaciones que remiten a una tragedia familiar –la muerte del padre- y a la violencia social latente. Al final de "Peras podridas" la niña escucha el jadeo sexual de sus padres y siente que la cama da breves sacudidas. En el largo relato que da nombre al libro, por ratos la narración parece bordear el bucolismo y lo poético descriptivo, pero entonces aparecen ráfagas de un naturalismo directo y obsesivo* (la niña se ha encerrado en el baño a llorar en silencio, “porque no se podía llorar en casa sin motivo”):

Pese a todo, me limpié el trasero con el papel higiénico y miré luego el agujero y vi la caca, en la que se agitaban unos gusanillos blancos. Vi unas bolitas de caca negra y supe que la abuela estaba otra vez estreñida, y vi la caca amarillo claro de mi padre y la caca rojiza de mi madre. Me disponía a buscar también la del abuelo, cuando mamá gritó mi nombre en el patio: en cuanto llegué a su habitación, dejó resbalar la media que se estaba poniendo y me dio una bofetada, contesta cuando te llame”. (pp 59)

Esta es una excelente imagen de la estrategia de Müller. Lo que hace ella es hurgar, huronear en la vida grisácea y opresiva de su familia y de su pueblo de la misma forma en que la niña observa el excremento familiar. Pero al entregarnos el resultado de su trabajo Müller lo hace con tal poesía, con tanta inteligencia narrativa que no podemos sino rendirnos ante su destreza. Es capaz de convertir un liguero que aprieta la carne fláccida de su madre en un plurivalente símbolo social.

Luego de terminar de leer estos cuentos, a contrapelo de lo que pudiera pensarse, el pesar, la conciencia de un problema o el cuestionamiento, no es lo que prima. Uno se queda con palabras como corneja, acacia, azadón, crencha, mazorca, aguardiente, abeto, rondando en la cabeza -y aquí la labor enorme del traductor, J. J. del Solar tiene mucho que ver- mientras que los juegos de niños, sexuales y miméticos; los miedos y odios y amores de la infancia se instalan venciendo condiciones y culturas, dando muestra de que el gran arte se deja comprender siempre, siempre.

*En "El baño suabo" el agua de una tina se va enturbiando mientras, uno a uno, van entrando a bañarse los miembros de la familia. Se describe detalladamente los fideos de la comida que flotan sobre el agua. En otros cuentos se describe el éxodo de piojos de una gallina muerta, el cruel sacrificio de un ternero lisiado por el padre borracho de la niña.

(Herta Müller)
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Límbicas

Microrrelato de Orlando Mazeyra

Vista la gran acogida que ha tenido en LDL la publicación de microrrelatos, el escritor characato Orlando Mazeyra se animó a enviarme tres de ellos para que yo espigara alguno para su publicación. Elegí este:


LA TALEGA

Ese anciano de mirada perdida siempre camina arrastrando una pesada talega color cereza. Los cuentistas del vecindario dicen que adentro lleva tres enormes espejos. Dos de ellos ya están rotos: el primero lo rompió cuando descubrió su primera arruga; y el segundo fue a parar al suelo cuando contempló su primera cana. El tercer espejo sigue intacto… algunos arguyen que su avanzada ceguera le impide dar cuenta del último espejo. Yo creo que se romperá cuando el viejo esté cara a cara con la Muerte.

La idea es muy buena, pero yo habría terminado el cuento en los puntos suspensivos. Tal vez hubiera reemplazado “El tercer espejo sigue intacto” por “El tercer espejo aún sigue intacto, no por mucho tiempo”. No sé. Con todo, el texto es bastante bueno. Gracias a Orlando.

29.1.08


Dos microrrelatos de Ana María Shua

Estos microrrelatos son de una de las cultoras del género más prestigiosas en Hispanoamérica –junto con Luisa Valenzuela. el primero apareció hace unos días en el blog de Fernando Valls La nave de los locos. Ana María Shua ha publicado La sueñera (1984), Casa de geishas (1992), Botánica del caos (2000) y Temporada de fantasmas (2004). Ha visto sus microrrelatos publicados en las más importantes antologías dedicadas al género, como la de David Lagmanovich, La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico (Menoscuarto, Palencia, 2005), y la de Laura Pollastri, El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo (Menoscuarto, Palencia, 2007).


Artistas del trapecio

No tengas miedo, volará, heredó nuestros genes, dice el artista del trapecio. Y desde el punto más alto lanza a su hija, un bebé todavía, por el aire, hacia los brazos de la madre aterrada e infiel. No debería temer: por las artes de su verdadero padre, el mago, la niña realmente vuela. O les hace creer que vuela.

El jardín de los senderos

Si nunca me extravié en el jardín de los senderos que se bifurcan es porque fui fiel al antiguo proverbio que exige: en la encrucijada, divídete. Sin embargo, a veces me pregunto: la felicidad, ¿no es elegir y perderse?

Decía post atrás que el tomar personajes y temas literarios quedaba muy cómodo y de pronto era más valioso partir de la imaginación "pura" para hacer un microrrelato. Como para demostrar que no hay reglas fijas en este género, Shua trabaja con personajes y temas ilustres con resultados satisfactorios. En cuanto a la definición del género, recuerdo ahora las palabras de Pablo de Santis en una entrevista sobre el tema:

El microrrelato es una especie de arte del efecto, como pueden serlo la poesía o el humor gráfico. Trabaja con la sorpresa y podría decirse que es puro final. La escritura requiere que no haya elementos ni palabras de más. Exige al autor mucha concisión.

(Ana María Shua)
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Límbicas
*Malos modales en Booket. El entrañable escritor Fernando Ampuero -próximo a publicar un nuevo libro en España- me avisa que acaba de salir en la colección Booket de Planeta uno de sus libros más celebrados: Malos modales (1994). Verán en este blog una nota sobre el libro en una semana + -. Felicitaciones.
*Nuevo libro de Andrés Neuman. En el blog El síndrome de Chéjov hay una reseña a la reedición del libro de relatos El último minuto, del escritor argentino -cultor también del microrrelato. Recomiendo que se den una vuelta por este blog.

Los 18 del 90. Poesía de Willy Gómez

Willy Gómez Migliaro nació en Lima en 1968. Profesor y poeta, ha dirigido las revistas de poesía POLVO ENAMORADO (1990-1992) y TOCAPUS (1993-1996). Sus poemarios publicados son ETÉREA, NADA COMO LOS CAMPOS y LA BREVE ETERNIDAD DE RAYMUNDO NÓVAK. Además, poemas suyos han aparecido en diferentes antologías locales y aparecidas en el extranjero, como CAUDAL DE PIEDRA, veinte poetas peruanos, elaborada por Julio Trujillo (Fondo Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México, 2005). Actualmente colabora en las actividades culturales del Bar Yacana en el centro de Lima.



literatura peruana I

nunca mi dolor aún cuando trasmute la palabra en bella constelación o ardiente melancolía y la santa de los viejos devaneos de artista virreinal sea la madre del cordero

las azules gallinas ciegas

las inquilinas o los devorados

bajo las baldosas escondiendo los anillos de oro que los ladrones pasan todavía -mira- de mano en mano sintiendo ese cuerpo trilceano

escritura culminante parece

impar de ciclo creador en el dolor de un estupendo fracaso y en el destierro tan español

dorado en la carne de otros asesinos

cantando contra el fascismo y un solo ejemplo de destrucción:

la loca muerta con el ají girasol no tuvo miedo

ni con los balazos en las nalgas y sus tacones celestes traídos de nueva york

de la escuela negra que spicer lideró en los sesenta incluso después de

la traducción de los bellos poemas-cartas al gato

o el otro campo de concentración sobre la alquimia de un puente que nada soportó

y cayó para que todos los hombres sean hombres sin lenguaje

y fue toda una situación política también la escritura de los heraldos

y hubo otra caída

viniendo hasta trilce como una bella canción de amor

definida por sus cambios formales como primer mar abierto a la noche

de toda su soledad

de toda su angustia

mía si pienso que por este camino de miseria política alguna vez

seguiré plantando árboles

pero lo conocieron bien y amor fue la summa de todos los cuerpos

lo amó la sin razón claro de tanto llanto lo amó

y supe que de entusiasmo en entusiasmo otro peruano la paseó

ah vaya asociación entre ángeles y rosas

(yo en chaclacayo con margarita los vi danzando en una economía planetaria la muerte de alguien que se travestía en su monótona poética)

jajajaja reía alguien desde el jardín

shhh dijo una vecina está pasando el santo que ya no verán

sin embargo son sólo referencias las que oprime mi tristeza

cierto es que toda la amargura imposibilita un canto de amor y comprensión ahora en que los muertos tienen su esquina propia

y es como si paseara en bicicleta por las últimas calles del ángel

de cuerpo en cuerpo a una pequeña eternidad

parece que voy

y en el nombre de todos por dios

éste es oquendo la poesía

éstos los cerebros tumefactos y estériles

éste el viejo salmón wesphalen orinándose en los hospitales

éste es moro cachando en un hotel de méxico a una sola sombra superior

¿eran superiores?

una mueca del cincuenta satírica llorosa alucinada idiota

una mueca del niño de la mariposa

del hígado sangrante y su última canción

una misma forma estéril del silencio de la forma y de los nudos

y de los símbolos cuando su cuerpo lloraba la noche verde azul

una canción del amanecer y de los parques

una calle de roma o del cuzco con las mentadas de madre

una dama embarrada de tártara en la oscuridad del puerto de supe

(ajjj qué perversión desde esta calle qué hermosa sordidez por un instante)

vivimos los estados modernos para desdecir la constelación de la poesía en el perú

desde sus muros abiertos desde sus casas de adobe y el mar sonando

porque todos dijeron alguna vez de sus antepasados

en la trasmutación de la palabra

que los viejos maricones que escribieron nuestra poesía

besaron tu cuerpo

esa oscura composición que ya no cuesta definir

---inédito

27.1.08


Murakami y Saer

No pueden dejar de leer hoy el suplemento ABCD de ABC de España. Hay al menos dos notas inestimables: una de Haruki Murakami sobre la importancia de la música –en específico del jazz- en su estilo, y otra de Ricardo Piglia (La ciudad ausente, Nombre falso) en torno al concepto de amistad en otro grande nunca bien recordado, Juan José Saer. Dice el autor de Kafka en la orilla:

De niño había practicado con el piano, y podía leer suficiente música como para reproducir una melodía sencilla, pero no poseía la técnica necesaria para convertirme en músico profesional. Sin embargo, en mi fuero interno, percibía con frecuencia que una especie de música propia se arremolinaba en una marea rica y poderosa. Me preguntaba si me sería posible transferir esa música a la escritura. Así arrancó mi estilo.

Ya sea en la música o en la ficción, lo más elemental es el ritmo. Tu estilo tiene que tener un buen ritmo, natural y continuo, o la gente no seguirá leyendo tu obra. Conocí la importancia del ritmo gracias a la música, y principalmente por el jazz. Luego está la melodía, que en la literatura significa la colocación adecuada de las palabras para que sigan el ritmo. Si las palabras encajan con el ritmo de modo fluido y hermoso, no puedes pedir más. A continuación está la armonía, los sonidos mentales internos en los que se sustentan las palabras. Y luego viene la parte que más me gusta: la improvisación libre. A través de un canal especial, la historia mana con libertad desde dentro. Lo único que tengo que hacer es dejarme llevar.


Por su parte, Piglia explora la amistad literaria en algunos textos de Saer, en especial en El entenado, Glosa y en algunos cuentos como “En la costra reseca” y “Algo se aproxima”.

Digamos entonces que la amistad es uno de de los núcleos centrales de la narrativa de Saer. El grupo de amigos que se encuentran para charlar y discutir es el tejido básico sobre el que se traman las historias. La amistad funciona en Saer como la familia en Faulkner: define la forma de la narración porque permite enlazar personajes diversos en situaciones distintas a lo largo del tiempo. La estructura abierta de la narración reproduce el juego de encuentros y desencuentros entre los amigos. Hay tensiones, rupturas, reencuentros, historias antiguas, nuevas versiones.

El autor de Plata quemada remite su investigación a su propia relación amical con Saer, de quien tuvo el privilegio de leer el manuscrito de su novela El entenado. La nota periodística, así, se convierte en emotivo testimonio de la continuidad de la amistad a pesar de la desaparición física de Saer:

Nos vimos muchas veces a lo largo de los años en distintos lugares, en distintas circunstancias que se me han borrado ya, pero recordaré siempre el entusiasmo, la ironía y la inteligencia de Saer como uno de los privilegios más grandes que me ha dado la literatura.

Saer tiene (no pienso escribir tenía) el don de la amistad. Siempre será suyo ese esplendor. Y nadie que lo haya leído podrá olvidarlo.

Alma, inclínate sobre los cariños idos.


(Saer)
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Límbicas

26.1.08


Un poema de Juan

¡En una vía agonizante como vidrio demolido
ya perdiste a tu propio lóbrego corazón!
JRR

Ayer de madrugada, una vez más en este mes, releí Las armas molidas, de Juan Ramírez Ruiz. Veo que –tal vez con mejor criterio que el mío- muchos poetas han valorado últimamente su primer poemario, excelente, Un par de vueltas por la realidad. Pero a mí me gusta más, ahora, el último que publicara el gran Juan. Tiene una visión totalizadora, casi cósmica, de la realidad, y refleja al poeta y su oficio como un oculto y extraordinario designio. Enigma puro, historia plena en un libro donde desaparecidos y apariciones, pueblos y regiones, visiones e intuiciones, sobre todo imágenes, amenazan con hacer estallar la mente de un lector desprevenido.


Recuerdo en el verano implacable

Yo no uso este viento- yo lo recojo
Y lo suelto luego limpio
Y no como había llegado.-
Yo doy a la voluntad un cuerpo semejante al mío.

Soy un Chamicuro: mi rostro está lejos
De cualquier lugar-
Mi pensamiento arde solo-
Y mi vida canta entre espesuras
Una canción que ya es mi propio cuerpo:

Para avanzar siembro mi pensamiento-
Para seguir luego de avanzar me llamo
Y acudo junto yendo al confín de mí mismo-

Y luego a cada uno- allá aquí- en su sitio encuentro.

---de Las armas molidas, 1996.

(Juan)

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Límbicas

*Denisse Vega Farfán en Correo. La poeta me envía un link donde podemos leer sus lúcidas respuestas sobre arte y poesía (la entrevista es del 19 de enero de este año): “No veo la poesía como una competencia, y tampoco creo en un factor tan efímero y mezquino como la fama, y la poesía debería estar fuera de ello para no impregnarse de superficialidad. Si bien es cierto que las poetas ahora más que nunca están saliendo a flote debido a una lucha contra un obcecado contexto social que las ocultaba, las subestimaba y las oprimía, no quiere decir que la poesía sea de ellas, como tampoco que la poesía sea de los poetas varones; ambos sexos han demostrado y siguen demostrando lo maravillosamente bien que pueden escribir, siempre habrán poetas varones y mujeres que admiremos, y no sólo por su escritura sino también por sus actitudes y posturas.”

*Mariano Ramírez presenta. El recordado Mariano, gran protagonista de las tertulias poéticas de los noventa, presenta hoy su primer poemario, Curvado camino. Los presentadores serán Miguel Maguiño e Hildebrando Pérez y la cosa es en el Jazz Zone de Miraflores a las 7.30 pm. Ahí nos vemos.
*Concurso de cuento de las 2008 palabras. La editorial Mesa Redonda convoca a concurso de cuentos. El tema es totalmente libre. Cada participante podrá presentar más de un cuento, siempre que lo haga en sobres distintos. Los trabajos deben estar escritos en idioma español. Presentar textos en todos los locales de la librería Zeta Bookstore y la cadena Starbucks Coffee. Premios: US$ 1, 000, US$ 500, US$ 200. Información sobre las bases: www.starbucks.com.pe, www.zetabook.com.

25.1.08


Microrrelato de Raúl Brasca

Autor de cuentos y ensayos, este escritor argentino se ha dedicado en los últimos años especialmente a la microficción. En 1989 fundó, con otros cuatro escritores, la revista Maniático Textual que estuvo en quioscos y librerías de Argentina hasta 1994. Ha compilado varias antologías y colabora con bibliográficas en el suplemento de cultura del diario La Nación. Entre sus libros más conocidos están La flor del día (2007), Todo tiempo futuro fue peor (Mondadori, 2006) y Últimos juegos, cuentos propios (Páginas de Espuma, 2005). Pueden visitar su página web. Para Brasca uno de los mayores riesgos del microrrelato es que solo sea el registro de una mera ocurrencia o chiste.

Longevidad

No son las parcas quienes cortan el hilo ni es la enfermedad ni la bala lo que mata. Morimos cuando, por puro azar, cumplimos el acto preciso que nos marcó la vida al nacer: derramamos tres lágrimas de nuestro ojo izquierdo mientras del derecho brotan cinco, todo en exactamente cuarenta segundos; o tomamos con el peine justo cien cabellos; o vemos brillar la hoja de acero dos segundos antes de que se hunda en nuestra carne. Pocos son los signados con probabilidades muy remotas. Matusalén murió después de parpadear ocho veces en perfecta sincronía con tres de sus nietos.

(Brasca, de los más serios cultores del género. Reunió todos sus microrrelatos en el libro publicado por Mondadori).
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Límbicas
*Completo homenaje a Juan Ramírez Ruiz. El blog número uno de la blogósfera peruana, Pospost, ha armado un completo especial con videos de poetas (Dalmacia Ruiz Rosas, Domingo de Ramos, Paul Guillén, los poetas de Hora Zero) leyendo textos del recordado Juan. Vale la pena chequearlos.

Antología póstuma de Wáshington Delgado


Salomón Valderrama Cruz

La palabra en el tiempo (Lustra Editores, Lima, 2007), de Wáshington Delgado, es una ocasión importante para retomar la búsqueda de la calma y la expectación de la maravilla que nos envuelve, que nos hace testigos por crueldad, vida/muerte, por pérdida desde lo insondable, tal creadores de intensidad, de lo que se difumina en la vastedad para volverse otra vez silencio, secreto.

La poesía de Wáshington Delgado Tresierra es, por excelencia, depositaria del reposo sosegado y profundo, una visión catalítica del misterio, y escapamiento de la soledad. Parece que esta poesía llena ese vacío que acumulan los días en su deformación y acabe de la vida. Un día largo, vasto todo, pero que, finalmente, termina. La vida se acaba pero su enigma sigue y delata su poder del instante, delicadísimo, supremo en su ínfima economía que en quietud revela su belleza: una palabra que no escala, que no grita, que invita a saborearla sin amenaza de pierde o de desborde; que se nutre del mar de la tranquilidad porque ya vivió todo.

Esta poesía no va hacia (hacer) un refugio, sino hacia un rescate, hacia nuestro rescate. Busca hasta del peligro su magia, su armonía, su simetría, su belleza que reina apacible hasta en la intolerancia: Yo avanzo por la extensión ilimitada / y me dan pavor las amenazas / del arenal, del cielo y de la fantasía / de mi propio, impaciente corazón. Porque como toda gran poesía verifica su estadio político, que lo emparientan con otros poetas de fuertes rasgos historicistas, como Pablo Guevara (con Hotel del Cuzco y otras provincias del Perú, 1971) o, en menor medida, Rodolfo Hinostroza (ver Contranatura, 1971).

Wáshington Delgado fue un maestro conocedor de la poesía, especialmente de la brasileña, de la que realizó algunas traducciones, como la versión que hizo de Manuel Bandeira y su magistral “Pneumotórax” o de su “Poética” (de Libertinagem, 1930); pero su filiación se enciende y se opone más a la lengua portuguesa con Eugénio de Andrade, al que desafía a contracorriente de sus versos: Já gastámos as palavras. / Quando agora digo: meu amor, / já não se passa absolutamente nada. / E no entanto, antes das palavras gastas, / tenho a certeza / de que todas as coisas estremeciam / só de murmurar o teu nome / no silêncio do meu coração. (De “Adeus”, Os amantes sem dinheiro, 1950). Para que pase algo, para que pase todo.

Una ausencia, que no se puede dejar pasar, para integrar cabalmente esta reunión hecha por Lustra editores, es el poema “Poética” de Parque (1965), con el que cierro esta reseña: Describo el aire / porque en el aire vivo / y porque el sol me alumbra / el sol describo. // Mi voz cautivan / espinos y retamas / porque las vi de niño / y son mi infancia. // Amo la vida / y sus dones me llaman. / Dejo por testimonio / estas palabras.


Pachacámac, enero de 2008.

(El maestro.)

24.1.08


Los 18 de los 90. Poesía de Ana Varela Tafur

Ana Varela nació en Iquitos, en 1963. Poeta, profesora universitaria y promotora cultural, en sus inicios perteneció al grupo cultural Urcututu. Ha sido becaria del Programa Aschberg para Artistas de la Unesco y de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Dirigió la revista cultural Varadero y publicó, en 1991, El sol despedazado. Con el poemario Lo que no veo en visiones ganó ese mismo año el Premio de la V Bienal de Poesía Premio Copé. En el 2000 publicó Voces desde la orilla. Ha dirigido la filial del Instituto Nacional de Cultura de Iquitos. Actualmente reside en Nueva York.


Timareo

En Timareo no conocemos las letras
y sus escritos
Y nadie nos registra en las páginas
de los libros oficiales.
Mi abuelo se enciende en el candor
de su nacimiento
y nombra una cronología envuelta
en los castigos.
(Son muchos los árboles donde habitó
la tortura y vastos los bosques
comparados entre mil muertes.)
¡Qué lejos los días, qué distantes
las huidas!
Los parientes navegaron un mar
de posibilidades
lejos de las fatigas solariegas.
Pero no conocemos las letras y sus
destinos y
nos reconocemos en la llegada de un
tiempo de domingos dichosos.
Es de lejos la ciudad y desde el puerto
llamo a todos los hijos
soldados que no regresan,
muchachas arrastradas a cines y bares
de mala muerte.
(La historia no registra
nuestros éxodos, los últimos viajes
aventados desde ríos intranquilos.)

23.1.08


Diez recursos ingeniosos utilizados en el microrrelato

En el blog La Trinchera se han determinado algunos tips para confeccionar un buen microrrelato. Por ahora los dejo tal cual, y tal vez podamos después discutirlos. Desde ya les digo que hay mucho que hilar en torno a esto. Ayer me decía Antonio Gálvez Ronceros –que tiene no pocos cuentos breves logrados en su haber- que el primer ítem de esta lista desconfía demasiado del poder de la imaginación. Eso de colgarse de personajes hechos resulta muchas veces como muy cómodo.

Por otro lado, veo que hay puntos, como el 7 y el 8, que están innecesariamente disociados, cuando en realidad se trata de una misma operación: el aprovechamiento de formatos preestablecidos. Lo del uso de la intertextualidad, por cierto, es una inmensa obviedad; casi todo microrrelato es intertextual, por esencia. Aquí los puntos de La Trinchera (por cuestión de espacio, he quitado algunos ejemplos)


Recurso 1. Utilizar personajes ya conocidos. Esto le permite al autor abreviar, pues no tiene que describir ni contexto ni personajes: pueden ser bíblicos, históricos, legendarios, mitológicos, literarios, o de la cultura popular.

Recurso 2. Incluir en el título elementos propios de la narración que no aparecen en el texto del relato.

Recurso 3. Proporcionar el título en otro idioma. Para lograr mayor brevedad, pueden añadírsele también otras funciones al título, como por ejemplo, ubicar rápidamente al lector en otro tiempo o lugar determinado. Así tenemos “Veritas odium parit”, de Marco Denevi:

Traedme el caballo más veloz -pidió el hombre honrado- acabo de decirle la verdad al rey.

(Falsificaciones, 1977, 70)

Recurso 4. Tener por desenlace rápido un coloquialismo inesperado o una palabra soez. Ayuda a la concisión hablar sin ambages, y esto puede tener un efecto humorístico. En el micro-relato titulado “La trama”, Jorge Luis Borges comenta que “Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías”, y después de recordar la famosa interpelación de Julio César a Bruto, “Tú también, hijo mío”, su personaje, un gaucho agredido por su sobrino, exclama “Pero, che!” (Obras completas, 793).

Recurso 5. Hacer uso de la elipsis. Desde luego, se logra mayor brevedad si no se dice todo. Un lector activo se da por entendido. En ese caso, la expresión del desenlace o epifanía no necesita ser explícita.

Desde luego, el relato más elíptico e interactivo, el más recordado por todos, y quizá por eso algo sobrevaluado literariamente, es “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” (Obras completas, 1972, 75).

Recurso 6. Utilizar un lenguaje cincelado, escueto, a veces bisémico. palabra certera. Este es uno de los recursos más obvios para lograr la brevedad, y uno de los más difíciles.

Recurso 7. Utilización de un formato inesperado para elementos familiares. Esta estrategia narrativa ubica el texto sin preámbulos dentro de un código o contexto sorpresivo o en desuso. Se dice que Ambrose Bierce, nacido en Ohio, Estados Unidos en 1842, y precursor en inglés del microrelato, ha influido en la obra de Jorge Luis Borges. Bierce utilizó con éxito el formato de diccionario. Esta es, por ejemplo, su definición de “violín”:

“Instrumento para regalo del oído humano creado por la fricción entre la cola de un caballo y las tripas de un gato”.

(The Devil’s Dictionary of Ambrose Bierce, 1958, 24)

Recurso 8. Utilizar formatos extra-literarios. En general, estos sirven para mantener el texto breve cuando se quiere poner en evidencia lo absurdo de algunos conceptos comunes. Marco Denevi, en este ejemplo, se burla del clásico silogismo si A=B y B=C, A=C . Veamos “Catequesis”:

-El hombre -enseñó el Maestro- es un ser débil.

-Ser débil -propagó el apóstol- es ser un cómplice.

-Ser cómplice -sentenció el Gran Inquisidor- es ser un criminal.

(Falsificaciones, 104)

Recurso 9. Parodiar textos o contextos familiares. Con este recurso se puede lograr la brevedad cuando se quiere hacer un contraste humorístico u ofrecer nuevas perspectivas ante un pensar anquilosado. Se re-escribe la historia o algún pasaje bíblico. Se parodian dichos populares, frases hechas, situaciones o leyendas conocidas. Para lograrlo, el escritor se vale de la paradoja, la ironía o la sátira.

Y por último,

Recurso 10: Hacer uso de la intertextualidad literaria. En un diálogo de libros universal, usualmente se rinde homenaje a escritores del pasado.
(Ana María Shua, notable cultora del microrrelato)

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Límbicas

*Chachi Sanseviero en La República. "Los excluidos son muertos en vida, una fatalidad que habría que erradicar si no fuera un mal necesario. Los obreros, campesinos, mineros, maestros y médicos rurales, los ambulantes, la mano de obra barata, cumplen una función necesaria, pero ellos nunca serán dueños de nada, salvo de su miseria. Todo lo que amamos está en venta. Ya no nos pertenecen nuestras riquezas naturales y arqueológicas. La tierra, el mar, las aves y hasta aire que respiramos ha sido puesto en venta por la soberbia y ambición del nuevo dios de la tierra y depredador del universo." Más.

Gutiérrez mejora

Luego del maltrato sufrido en Essalud –maltrato que siguen padeciendo diariamente cientos de asegurados-, el escritor Miguel Gutiérrez se recupera del cuadro de taquicardia, hipertensión y hemorragia nasal, en Emergencias de la avenida Grau. Hago a un lado las discrepancias para pedir por su pronta y total recuperación. (Ver nota de Pedro Escribano en La República)

22.1.08


Luisa Valenzuela: inmersión total en la escritura

Las chicas de la editorial Sarita Cartonera empiezan el año de la mejor manera: han publicado Taller de escritura breve (2008), un delicioso texto de la autora de La travesía, Cambio de Armas y otros libros invalorables. El texto que se nos entrega formó parte inicialmente de un libro axial para entender la poética de Luisa: Escritura y secreto (2003), pero en sí tiene vida propia; es una compacta compilación de los principales instrumentos que la escritora compartió con el público en el legendario Taller de escritura breve organizado por la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, México.

Las reflexiones de Valenzuela se despliegan en dos líneas imbricadas y separadas durante tramos. Una persigue la exposición de útiles tips para “soltar la mano” y lograr cierto nivel de espontaneidad en la escritura, además de desarrollar algunos puntos relacionados con el acto de escribir: la serendipity de Walpole, la importancia de la búsqueda (más que metafísica, patafísica), la vitalidad de lo lúdico, el amor a las palabras y su manejo creativo.

Pero más allá de esto -que ya sería suficiente- hay una línea que parece exponer la trascendencia de este librito como oculta poética de la escritora. Poética de la búsqueda y del asombro verbal. Arriesgando un poco –y la misma Luisa lo afirma: no hay secretos que sirvan para el verdadero escritor-, podría decir que el texto revela más sobre la libérrima y feliz forma de trabajo de Luisa Valenzuela que sobre cómo debería escribir un narrador en ciernes. Es una poética antes que una propedéutica. No la piedra filosofal para escribir sino un texto sugerente, de ideas feraces que no exceden el terreno literario. Ahora bien, eso tampoco es todo.


Se ha empezado a discutir en este blog el asunto de los microrrelatos, sus linderos y núcleos. Taller de escritura breve trae un par de excelentes precisiones sobre el tema que no puedo resistirme a compartir (luego de citar a Irving Howe y a Roberta Allen, Luisa says):

El microrrelato parecía ser un organismo unicelular, vivo, que logra a veces reproducirse por partenogénesis, transformándose y enriqueciéndose en el camino del cambio hasta constituir un animal múltiple y complejo.


Las figuras y metáforas zoológicas son preferidas por la escritora. Se vale de ellas para explicar mejor sus valiosas intuiciones sobre el escribir. Luego de ponderar el legado –a estas alturas venerable- del Surrealismo y de Alfred Jarry, continúa sobre cómo abordar el acto ficcional:

Conviene trabajar a dos puntas –imaginación y lógica, intuición y razón- en sabio equilibrio, manteniéndose dentro de parámetros comprensibles pero hurgando a fondo dentro mismo de dichos parámetros, escarbado con ganas en las frondosidades del texto por senderos que no son visibles a simple vista.


Los microrrelatos son para Valenzuela como insensatas y breves maquinas de ingeniería diseñadas para dar resultados inesperados. Imaginen relojes que midan, en lugar del tiempo cronológico, la ansiedad, el eros, las visiones, lo secreto, lo oculto, lo violento. El lenguaje, empero y por supuesto, sería el sutil y tremendo impulso, el motor primero (de evidente estirpe aristotélica) que haría que ese todo funcione:

La primera y quizá única (a mi entender) regla del microrrelato, aparte de su lógica y “antonomásica” brevedad, consiste en estar plena y absolutamente alerta al lenguaje, percibir todo lo que las palabras dicen en sus muy variadas acepciones y sobre todo lo que NO dicen, lo que ocultan o disfrazan.

Taller de escritura breve: Sorpresa. Deslumbramiento. Pasión y conocimiento. Un texto que invoca lo imprescindible con frecuencia oculto tras las palabras.

(Portada. Luisa Valenzuela. Portada)

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Límbicas

*Oviedo escéptico. En Perú 21 José Miguel Oviedo se muestra distante de los avances tecnológicos y arremete contra el correo electrónico: “El peor resultado de esa facilidad es que el inmenso caudal de información disponible no corresponde necesariamente con un mejor nivel de la comprensión profunda de lo que se estudia y tampoco con la calidad del lenguaje escrito. El e-mail no solo ha hecho desaparecer el género epistolar tal como lo conocíamos sino que nos ha habituado a la improvisación y al descuido, que se basan en el supuesto general de que los e-mails son solo funcionales y que no tienen ningún valor intrínseco: aparte de virtuales, son perecibles por naturaleza.” Ciertamente, exagera. Nada impide que uno pueda escribir un correo extenso, almacenable y, exagerando, incluso con el viejo estilo epistolar. Yo mismo tengo almacenados cientos de correos que muy bien pueden convertirse en un libro. Los e-mails han hecho más rápido todo, ya es cuestión de cada uno si trivializa ese medio. (De hecho los antiguos telegramas son antecedentes directos del e-mail, pero nunca vi que nadie los pusiera en cuestión en su momento).

*Si quieren seguir explorando sobre el microrrelato -y si piensan que el cuento de Monterroso es realmente el más pequeño del mundo-, pueden leer este artículo de Eduardo Berti en Letras libres de mayo del año pasado.

*Caen las bolsas. Las bolsas más importantes de todo el mundo han caído en un aprox. de -6% de promedio. La situación es verdadermente alarmante según ABC de España.

21.1.08


Los 18 del 90. Poesía de Diego Otero

Diego Otero ha publicado los poemarios Cinema Fulgor (1998) y Temporal (2005). Es redactor cultural, especializado en plástica, de El Dominical de El Comercio. Ha publicado artículos, poemas y traducciones de poesía estadounidense en revistas extranjeras: Quimera y la fenecida Lateral; también en La mujer de mi vida y varias revistas locales de importancia. Nació en 1973.


El bisabuelo

A la memoria de
Luis Navarro Neyra


Ingmar Bergman entró a mi
habitación (no recuerdo exactamente, pero
supongo que dejé la puerta abierta cuando
fui a sacar la basura)
y me dijo:
“El espejo
se ha destrozado, pero
qué reflejan los restos”.

Entonces le puse mute al
televisor y le respondí en perfecto
sueco:
a lo mejor reflejan la historia
del padre de mi abuela. Lo único malo
es que de él solo
conozco algunos datos, las páginas de un libro
de poemas que se perdió en
el tiempo,
una foto de periódico,
y un punto final
y repentino:
la muerte pintándose los labios
con un lápiz de pólvora.

“¿Qué literario, no?”, comentó Bergman,
y después se quedó callado, mirando la muda sucesión de
imágenes
en la pantalla.

En ese instante
se apagaron todas las luces de la ciudad
y no se me ocurrió nada mejor
que cerrar los ojos
e intentar dormir.

Cuando desperté
estaba en Ica,
parado frente a un algarrobo
que hundía sus raíces en el borde de un enorme
acantilado.

El árbol parecía prenderse de la tierra
con una especie de
estática desesperación.

Y entonces (no sé cómo)
recordé los versos del bisabuelo
y los repetí en voz baja:

“Si a veces me ha invadido
esa nostalgia de la edad primera,
por ti ha sido, algarrobo solitario,
nacido en la pendiente de la cresta”.

Luego vino un viento atroz
que sujetó las palabras que salían de mi cabeza,
las remeció y
desgarró
como si fueran ramas enfermas,
y las arrojó al abismo.

Sentí como si me hubiesen sellado los labios y sentí
el arrepentimiento:
alguien creándome una boca
a cuchillazos.

Pasado el vértigo,
solo puedo decir que últimamente sufro de insomnio
y que sobre el bisabuelo no sé
mucho.


Es más,
los datos que conozco son escasos e inconexos:
una tesis de 1904 que defendía los
derechos
de la mujer,
González Prada escribiendo con letra oscura y
rigurosa
la palabra anarquía.
El periodismo, el miedo,
los murmullos
de los hombres que frotaban, como excitados,
la esfera dorada
del poder.

El bisabuelo murió a los 32 años,
en la puerta de su casa.

Un pariente conserva el sombrero de copa
que llevaba ese día:
está intacto, salvo por el agujero
circular
de la bala.

(tomado de Temporal)
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Límbicas
*Cueto sobre El cielo de Capri. Elogiosa la reseña que le hace hoy en su columna de Perú 21 el autor de La batalla del pasado al segundo libro de Marco García Falcón. Con inteligente precisión, Cueto habla de algunos excesos líricos en el narrador, que de ninguna manera mellan la eficacia del relato. Vale.

Tres poemas de Juan Ramírez Ruiz (1946-2007)
Mirko Lauer.


El poeta y periodista de La República publica hoy en su columna -con su inteligencia habitual- tres textos de Un par de vueltas por la realidad, de Juan Ramírez Ruiz, en el entendimiento de que el mejor homenaje a un creador es estudiar y hacer conocer su obra.


TERESA
(Está sucediendo)

Teresa / mujer de treintiocho años / (sola entre millares) / quiere tener relaciones / con cualquier hombre, / en cualquier lugar / y a la brevedad posible. / Se anticipa / (y esto es un asunto grave) / le queda poco tiempo / y además / ya perdió toda la serenidad.

JUANA CABRERA
(También esto aún acontece)

Juana Cabrera se ha quedado en la calle. / Su casa ha sido demolida mientras brillaba el sol. / Hubo orden judicial y por supuesto el Juez ha estado presente / y ha constatado los destrozos que han hecho los demoledores. / Y yo la he visto, yo he conversado con ella y / ella ha vivido allí por décadas con hijos marido y hermana. / Ha trabajado toda su vida. Tiene libreta electoral y un solo gusto / los discos de El Satanás de Cuba, especialmente ése "si tú supieras / las ansias que tengo de verte" y el otro "Vereda Tropical". / Y ahora Juana Cabrera está en la calle y ha vuelto a recordar / el maremoto del 42, el sismo del 66 o la caravana de damnificados / o la multitud (que conversaba en las noches) afligida / por esa guerra que terminó en dos horribles hongos. / (Y esto es un asunto grave) / Juan Cabrera va a dormir en plena calle. / Va a tener hambre y frío otra vez. / Y seguramente va a perder peso.

810 GONZÁLEZ PRADA - SURQUILLO
TELÉFONO 284225 ISABEL TELLO VARGAS

Voy a la casa 810 González Prada-Surquillo / y te encuentro o me dan razón de ti Isabel. / Llamo al 284225 teléfono de la vecina / porque tú no tienes, cosa que no es rara en el Perú, / y me hablas tú o me hablan de ti Isabel. / Pero yo no quiero que me den razón de ti / No quiero que me hable de ti / quiero hallarte a ti, hablarte, caminar contigo, / contigo alquilar un carro, / traerte aquí a San Diego / y en mi habitación mientras fumo / ayudarte a desnudar / y luego amarnos con ternura / como dos dulces / y tiernos / seres humanos.
[De su libro Un par de vueltas por la realidad, Lima, Hora Zero, 1971]

(Poeta Mirko Lauer)
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Claveles rojos para Juan Ramírez Ruiz

Ahora que no faltan quienes apenas vieron una vez a Juan y escriben como si hubieran sido sus amigos de toda la vida, ahora que los buitres y mitificadores de siempre desempolvan sus plumas sanguinolentas, ahora que no falta un infame que quiere convertir un homenaje decente en un "¿desagravio póstumo?", vale escuchar a alguien que sí conoció de verdad al poeta. Podemos discutir el enfoque de este testimonio, no su honestidad. Va sin editar.


X Rodolfo Ybarra

Recuerdo la primera vez que vi a Juan, recién se iniciaba la década de los noventas y fue en aquel recital en la antigua Biblioteca Nacional de la avenida Abancay en el que leía Carlos Oliva junto a otros poetas jovencísimos de nuestra recién inaugurada generación. Al fondo, junto a la puerta de ingreso, estaba JRR sentado a un extremo, solo, contemplando el vacío, la altura del techo, el espacio silencioso, las columnas churriguerescas y como marco la roída cortina guinda con blondas doradas, escuchando el eco ahuecado, catedralicio, puesto que no había más que cinco personas en todo el recinto, todos poetas. Su imagen de clochard, -cabello desordenado, ropa ajada, fumando un cigarrillo crío- y su atención para con el aedo que leía me hicieron pensar por algún momento en que se trataba del padre de alguno de los que se presentaba esa noche; y en cierta forma -literariamente para muchos de mi generación- lo fue. Pater literae o pater poiesis.

En algún preciso instante, entre los interregnos del recital y cuando uno de los poetas le pasaba el micro al presentador, nos quedamos mirando y me saludó amablemente como si me conociera a lo cual respondí con el saludo levantando la mano. Vi que cargaba un saco o bolsa cuyas protuberancias rectilíneas y rectangulares hacían denotar que se trataba de libros, revistas, material bibliográfico. Unos meses después lo encontré en el otrora bar “Las Rejas” del jirón Quilca. Algún poeta parroquiano nos presentó y me sorprendí cuando dijo que era Juan Ramírez Ruiz, a quien yo había leído en la adolescencia primera, a los diecisiete años, tanto sus “Palabras Urgentes” en la revista-manifiesto que un amigo me pasó; “Un par de vueltas por la realidad”, y, su “Vida Perpetua”, hasta ese momento uno de sus mejores logros, donde aplicaba la mecánica cortazariana, los poemas saltados, numerados y dispuestos aleatoriamente, guarismos en los que se descubría algún posible o intrincado poema, algún infinitesimal verso, además de ciertos criterios surrealistas como el azar y la probabilidad. Y también vanguardistas, sobre todo en esos poliedros versiculares, esas imágenes sacadas de la geometría no euclidiana. Nos tomamos unas cervezas hablando de poesía, entre insultos y exabruptos, altavoces y escupitajos, luego de que se nos acabara la plata -yo, en un acto de rebeldía y desdén crematístico no trabajaba, y Juan tampoco, en lo que formalmente se conoce como trabajo- y luego, también, de recíprocos insultos coprolálicos (tú no eres nadie, yo soy un poeta, yo soy el que soy, tú eres el leoncito poeta y tú el perro poeta, y tú la rata poeta, entonces quién es quien, escribe nomás y no jodas, etc.) nos pedimos un par de “medias reses” o sea ron con gaseosa, y terminamos abrazados bajo la lluvia de ese invierno garuesco en Lima.

Las calles las aromaba el humo de las fritangas y choncholíes que emergía de una carreta ubicada en la esquina entre Cailloma y Quilca. Fumones, lúmpenes, escritores, rockeros encuerados, mujeres en tacos agujas, perros embarrados con violeta genciana avanzaban por la estrecha calle. Desde ahí nos encontrábamos casualmente, tanto en “Las Rejas” como en el “Queirolo”. Recuerdo alguna vez, reunidos -otra vez bajo el mismo techo-, el mozo iba y venía con heladísimas botellas y los vasos flotaban entre las manos, con un humo grisáceo fungiendo de éter; a un costado, en unas mesas arrejuntadas, estaba un grupo de poetas: Carlos Oliva, Juan Vega, Josemári Recalde, Juan Ramírez Ruiz; y en otro: Hudson Valdivia, Grober Gambarini, Kilowats. Muchos sueños y ganas de vivir en aquella época. Cachuca cantaba nostalgia provinciana…



En una ocasión me encontraba conversando con una amiga dentro de este último local y apareció repentinamente Juan enlentado, cabellos revueltos, sudoroso, con aires de haber descubierto algo extraño, alguna fórmula poética de alguna angelical procedencia, y de pronto, señalando con el dedo a mi amiga cuando yo pensé que iba a decir ¡Eureka!, empezó a gritar, dando resoplidos: “puta”, “puta”, “maldita puta” (durus est hic sermo). Me quedé pensando un momento, estaba en un dilema (¿qué es lo que debía hacer?, ¿qué era lo más correcto?), y me puse de pie decididamente. Cuando los comensales, ayayeros de la petimetre, haciendo círculo, se preparaban para el espectáculo, abracé a Juan, (cálmate Juan, te estás confundiendo de persona, no te preocupes hermano, todo está bien, no hay de qué preocuparse, normal, normal, tú eres poeta y quizá nosotros simples mortales, no te podemos juzgar, no se nos está permitido, no te preocupes, hagamos un brindis, sí, eso está mejor…), lo llevé a una mesa aparte y le puse una cerveza (¡salud, poeta!). Antes de irme solo aquella noche, porque mi amiga se había molestado aduciendo que no era capaz de defenderla, vi a Juan miccionando en la mesa de un grupo de bardos mientras daba estruendosas carcajadas (¡ah, cojudos, aquí ya no hay poetas, no hay nada, ociosos!…).

No sé si esos actos eran provocación o simples “excentricidades”. Dicen que la palabra “locura” patológica se debería emplear para personas de espíritu chato, para los artistas lo correcto sería la palabra “excéntrico”. Juan obviamente hubiera descreído de esto, que más resonancias tiene a los diálogos de Zavalita con el zambo Ambrosio; y no podría decirse que JRR fuera un desclasado o un poeta irracional como alguna vez escuché por ahí. Muchos se han atrevido a hablar de delirium tremens y de locura, e incluso de posesión (¿exorcismo?) o de alguna extraña manía. Nada de modales, ni el “Manual de Carreño”, ni “Ese Dedo Meñique” de la Holler Figallo. Quizás a su manera Juan era el escritor engagement, comprometido con su escritura y con su vida. Tanto su poesía como su persona, era en alguna forma un peligro para la delicatesse, un puñetazo a las narices levantadas que no se querían juntar con él, no era nice, mucho menos invitarlo a algún evento “porque podría malograr el show” y después “qué iba a decir el público”. “Horror vacui”. Hipocresías de espíritus innobles y reptiles.

En otra ocasión me encontré con él a plena luz del día -pensaba que Juan era un espíritu nocturno, gótico, un ángel de Pasolini. Me equivoqué. ¡Me equivoqué?- lo vi bastante preocupado y me contó que se había olvidado en el taxi, luego de un viaje relámpago a Chiclayo, un libro totalmente inédito que superaba las doscientas páginas y en el que había volcado años de trabajo e investigación, le propuse que pusiéramos un anuncio en el periódico o que pegásemos en los muros del centro de Lima un aviso donde constase la pérdida, además de alguna ficticia o improbable recompensa. Para ello, y luego de escribir a mano el anuncio sobre el reverso de un paquete de cigarros, nos citamos al día siguiente; por cierto el poeta nunca llegó, días después lo volví a ver y me dijo que me olvidara del asunto y que trataría de reescribir el libro saliera como le saliese. Nunca más se volvió a hablar del tema.

En cierta ocasión, conversando en San Vicente de Cañete con el poeta Enrique Verástegui, me “confesó” que él había iniciado en las matemáticas y en la escritura a JRR. No contento con esta “confesión” (y no es que me gusten las intrigas, pero siempre me gusta llegar a la verdad, aunque sea de manera silogística o confrontacional) fui un día a buscar a Juan y le comuniqué el rollo, a lo que él me dijo que fue al revés: “Verástegui es lo que es gracias a mí”. Bueno, rollo de poetas dije, y nos fuimos a tomar. Aquella noche acabamos en la “cámara de gas”, ubicado cerca de la avenida Alfonso Ugarte. Una garra negra de uñas largas nos acercó un extraño líquido verduzco que burbujeaba en una bolsa plástica.

Hubo tiempos relativamente largos en que el poeta no hablaba, se mostraba catatónico y se limitaba a observar y a beber todo el licor que le pudieran acercar. Con las justas se movía de su asiento para ir al baño, o ante el saludo cumplidor de algunos solo levantaba la mano para llevarse el cigarrillo a la boca. Imagino que eran momentos de introspección y de silencios casi típicos en su psicología y su modus vivendi. En cierta forma, y aunque no lo hubiera aceptado, se estaba convirtiendo en una suerte de mito viviente y no es que fuera un convidado de piedra, Juan estaba y no estaba en la realidad. Quién hubiera podido decirnos qué es lo que pasaba realmente por su cabeza. Quizá simplemente estaba construyendo versos o corrigiendo ritmos, cadencias, estructuras o qué se yo.

La última vez que vi a Juan, hace algunos meses, estaba bastante delgado, se había afeitado la barba y lucía un sacón largo color crema y una gorra de lana, estaba parado afuera de “La Rockola” de Quilca, como aguardando en la puerta de un centro materno- infantil, nervioso, impasible, titubeante, esperando a que alguien lo invitara a entrar, y nos dimos un fuerte abrazo, le dije que me esperara, que iba a entregar unos textos a un editor y regresaba por la misma. Cuando salí, ya no estaba, busqué por calles aledañas. Había desaparecido literalmente para siempre. Luego vendrían los continuos mensajes que rebotaban de uno y otro lado por internet, avisando de su pérdida, y que su hermano José había iniciado una intensa búsqueda en Chiclayo. ¿Cómo un poeta se podía perder? Salvo que esto no estuviera precisamente referido a su situación física. Muchos temían lo peor. Un comunicado firmado por Hora Zero apagaba todo tipo de esperanzas: nuestro amigo había partido el 17 de junio, arrollado por un camión. Según confirman las noticias, su cuerpo fue hallado en el cementerio de Huanchaco, gracias a una identificación de huellas digitales. Un canal local mostraría por primera vez en televisión la foto de JRR. Paradojas de la vida.



Sé que en estos momentos debería estar escribiendo de su poesía y de sus “Armas Molidas” –que, amablemente, lo editó Jorge Luis Roncal-, o de sus teorías sobre el poema integral o de sus innumerables peleas literarias -con guantes verdaderos, pero con protectores para no afectar la integridad del contrincante-, con los otros supérstites horacerianos, pero lo cierto es que no logro comprender –o quizás sí, pero me cuesta- por qué un creador, un espíritu dotado de magia necesitaba de ciertos resabios de sordidez, de cierto spleen y anosmia, o como dicen los cátaros todo es ficción, nada existe, y por eso los cristianos heterodoxos los eliminaron porque ellos salían a pelear con espadas ficticias, puesto que sus enemigos también deberían ser ficticios, arrojados a una carne de cañón indescriptible. Idealismo ortodoxo. Poesía pura.

Debería también aquí hablar de los reclamos a un Estado farsante, un Estado plutócrata y verdugo donde los políticos confunden cultura con celulares y que nada hace por sus artistas y descuida y pisotea a sus mejores hijos y solo se acuerda de ellos cuando se mueren. Por ello sería inaceptable que el INC o alguna otra institución burocrática de fintosa culturalidad se presente a hacer algún homenaje tardío a JRR. No se podría permitir. La sociedad necrofílica tiene que acabar.

Debería también sindicar con el índice y con todos los dedos de la mano a quienes lo vejaron y lo mantuvieron en la mordaza impidiéndole, de alguna forma, participar en lo único que a él le interesaba y por lo cual se desvivía: la literatura, la Weltanschaung literaria. ¿Por qué muchos ahora se rasgan las vestiduras y lloran con lágrimas de cocodrilo? Ahora se habla de algunas viudas y pelonas literarias, hasta ha aparecido por ahí algún monaguillo que quiere cargar la cruz y otro que clama a gritos por ser crucificado y se irroga el nombre de nuestro vate. ¿Acaso alguna vez les interesó realmente Juan Ramírez Ruiz, el poeta, el escritor, el ángel caído que transitó por este mundo de infamias intolerables y de epifanías ridículas? Ahora se rifan sus vestiduras y dicen “creerle” porque al final “no hay novia fea, hijo idiota, ni muerto malo”. Sicofantes. Basta ya de traficar con el dolor. Basta ya de hipocresías. Basta ya de querer tapar el sol con un dedo y de fingir la búsqueda de una justicia que sólo se remite a la unidad indivisible.

Debería también recordar que no es casual que sobre su tumba, la tumba de un buen rapsoda, se pusiera paradójicamente las siglas NN. ¿No es acaso esto la metáfora o alguna novedosa figura literaria de cómo se premia en este país a la sensibilidad creativa? Sin seguro de vida, sin pensión, sin jubilación, sin ningún tipo de reconocimiento ni asistencia, muriendo como alguna vez lo dije, parafraseando a JRR, “a la intemperie”.

Muchos escritores amigos y no muy amigos han empezado a discutir sobre el verdadero valor (literario) de JRR y su calidad de artista. No estoy seguro de hasta dónde más pudiera haber llegado el espíritu creador de Juan, lo cierto es que de seguro a él no le hubiera importado mucho las opiniones de nadie y de seguro nos hubiera mandado a la misma merde al modo de Jarry, como hizo con Raúl Zurita, el que se echó ácido en los ojos para no ver la realidad poética que se proyectaba en el cielo, el Zurita emocionado ante el poeta de hierro y hormigón, el poeta cofundador de Hora Zero a quien se acercó para saludarlo y estrechar su mano. Tampoco le importaban los desaires, los ninguneos, la bofetada o la patada de nadie, porque él sabía que había algo intocable dentro de su persona, algo de inmenso valor que solo un verdadero escritor, un verdadero artista podría reconocer dentro de sí.

Ahora muchos jóvenes poetas –y me incluyo- como en el cuento “El bagrecico” del maestro Izquierdo, quieren saber mayores detalles, signos, indicios reveladores de Juan Ramírez Ruiz, nuestro mitológico Juan, y les (me) digo como les dicen todos sus amigos, los que realmente le apreciaban: que lean su poesía, que lean sus libros, (que se saque fotocopias, que se escriba a mano, como hice yo cuando en la BN no me quisieron sacar copia del libro completo por razones del “copyright”). Acaso no nos dimos cuenta de que sus libros nunca se reeditaron, ni que nadie se preocupó por incluirlo en la curricula de las universidades o por lo menos de los colegios. Que descubran ahora en sus libros su calidad humana, su esencia, su luz, sus giros, su simbología, sus delicados manejos del verso y sus proyecciones, sus descubrimientos, sus nobles locuras. Ahí está Juan, nunca se perdió, siempre estuvo ahí, proteico, vital, con el puño hacia arriba. Solo fue a dar un paseo, “un par de vueltas por la realidad”. Acerquémonos a escuchar y leer al poeta.

Ahora prendo una vela para ti, Juan Ramírez Ruiz; espero que te alumbre, amigo, poeta. Que suenen las trompetas de Jericó. Que doblen las campanas de las iglesias. Que se icen las banderas a media asta. Que se disparen los doce cañonazos. Que todo el mundo cargue su negro crespón. Que se desempolven los trajes negros, los trajes de luto. Que se silencie el mundanal ruido. Que se entone “La pasión según San Mateo” de Bach, los Cantos goliardos del siglo XII o “Cuando los santos van marchando” de Armstrong. “Agua Rosada” del Picaflor de los Andes. Música de clavicordio. Quenas. Pututos. Tarkas. Violines. Charangos. Pianos y arpas. Un momento deténganse todos. Un minuto de silencio. Ha muerto un Poeta.
Dejo estos claveles rojos para ti.

19.1.08


Casa tomada
A Julio Cortázar y Ryan Adams

El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán (1967), autor de Río fugitivo, El delirio de Turing y Palacio quemado, entre otras novelas y libros de cuentos, me autoriza a publicar un microrrelato que le vino luego de escuchar una canción de Ryan Adams y revisitar un famoso cuento de Cortázar. El texto inicia la publicación en LDL de una serie de microrrelatos de diversos autores.


Edmundo Paz Soldán

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Nos habituamos tanto que entramos a los cuarenta años y seguíamos viviendo en ella y nadie se daba cuenta. Venían algunos hombres a sacar los muebles de la casa, pasaban a nuestro lado y no nos decían nada. Irene se ponía muy triste, se acurrucaba en mis faldas y me pedía que les dijera que la casa no estaba en venta. Yo acariciaba su pelo y le pedía que se calmara.

La casa se fue vaciando de muebles. Los primeros días nos pareció penoso. Tratábamos de recordar cuándo había pasado la casa a posesión de nuestra familia. Yo bailaba solo por el piso de madera y ella hacía como que firmaba los papeles de la compra. A partir de ahora sería sólo nuestra.

Cuando Irene soñaba en voz alta yo me desvelaba enseguida. Ella me preguntaba qué había pasado en el auto aquella noche. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. ¿Qué pasó en el auto aquella noche? No lo sé, no recuerdo nada. Por favor, diles que la casa no está en venta. Yo la abrazaba y le pedía que se calmara. Cálmate, cálmate, cálmate.

Cuando volvían las parejas jóvenes y las familias y paseaban por el zaguán con mayólica y el comedor, la sala con gobelinos, la biblioteca y los tres dormitorios grandes que quedaban en la parte más retirada, la que miraba hacia Rodríguez Peña, y por el pasillo con su maciza puerta de roble, Irene me insistía que les dijera que la casa no estaba en venta. Yo la besaba y le decía, sonriendo, travieso, que podíamos disfrazarnos con unas sábanas y asustarlos. Después nos echábamos en el piso de nuestro dormitorio y ella, mi amor, rodeaba con su brazo mi cintura y besaba mi alma. Yo le pedía que se calmara y luego salíamos a la calle. Nos tentaba irnos, cerrar bien la puerta de entrada y tirar la llave a la alcantarilla. Pero no podíamos. Y volvíamos y les gritábamos a todos que se fueran, que no tomaran la casa, que no estaba en venta. No nos hacían caso, pobres diablos. Y ella lloraba y yo le pedía que se calmara.

18.1.08


José María Merino: el microrrelato

Me pidieron un ensayo para una revista española y no se me ocurrió mejor idea –dado que acababa de conseguir, por fin, los cuentos reunidos de J.M. Merino- que plantear como tema un tipo de entidad recurrente en tres cuentos españoles del siglo veinte, de tres autores que a mí me fascinan: Fernando Quiñones, Juan García Hortelano y JMM. El ensayo podrán verlo en su momento, por ahora los dejo con algunas perlas de una extensa entrevista que le hicieron al autor de La orilla oscura en un blog realmente invalorable para los amantes del cuento: El síndrome Chéjov.

La microfición, el microrrelato, el minicuento, o como quiera que debamos llamarlo –a mí me parece que la multiplicidad de denominaciones es muestra de que el género está en período de refundación y debate- amplía las posibilidades expresivas de la literatura, pero no deja de ser un aspecto más de la narrativa, y es lógico que sus motivos respondan a los habituales y comunes de la ficción. Yo suelo trabajar con el tema de la desidentificación, el doble, el invisible, lo onírico, la memoria confusa y tramposa, las sombras de lo cotidiano, lo metaliterario, y es natural que aparezcan en mi narrativa, sea de la extensión que sea.

La diversidad de denominaciones a mí también me parece un síntoma más o menos claro de indeterminación. Se ve claro en el caso de la nouvelle, novela corta o relato largo, como ya he discutido aquí.

En este campo (el de la microficción), la breve extensión es a veces una coartada para la pura ocurrencia, la hojarasca verbal o el chistecillo. Yo defiendo que la narratividad, es decir, el movimiento y la tensión dramática, tienen que estar presentes, aunque el género sea muy flexible, y permita una libertad extraordinaria. Pero si no hay movimiento, no hay cuento ni minicuento. Y me producen bastante perplejidad los textos que a veces leo y releo en algunas antologías, que siendo sin duda microtextos, no son en absoluto microcuentos.


Inestimable aclaración. La mayor parte de las antologías de microrrelatos terminan siempre por incluir textos que responden a criterios extraliterarios –en el sentido de que no se avienen con lo que debe ser un texto de ese tipo. Sea por amiguismo, por cumplir un determinado número de microrrelatos compilados o por no dejar de lado a un escritor “reconocido” (pero también porque no abundan los microrrelatos con acción y tensión dramática).

No tengo autores preferidos en el campo del minicuento, sino cuentos o textos narrativos que me fascinan, desde el soñador/mariposa de Chuan Tzu a algunos de Kafka, Dino Buzzati, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna o Itsvan Orkeny…pero en materia de cuento literario no me canso nunca de leer y releer todos los que encuentro de Chéjov, todos los de Maupassant y unos cuantos de Clarín, de Andersen, de Kipling, de Somerset Maugham, de Fredric Brown, de Philip K. Dick, de Faulkner, de Cortázar, de Julio Ramón Ribeyro, de “Isak Dinesen”, de Wenceslao Fernández Florez, de Medardo Fraile, de Carmen Laforet…y, por supuesto, Las Mil y Una Noches.

Como siempre, en las listas de este tipo faltan –y algún atrevido diría que sobran- nombres, pero la calidad de la mayor parte de los convocados dice algo sobre la seriedad con que se maneja en terreno tan difícil Merino. Finalmente, frente a una extraña pregunta (el haber confiado en “una editorial joven y volcada en el relato como Páginas de Espuma para publicar su minificción”). JMM responde con claridad:

Del mismo modo que no creo que haya géneros grandes o pequeños sino autores mejores o peores, y que me parece positivo todo lo que pueda amplíar los horizontes expresivos de la literatura y del arte en general, apoyo toda iniciativa editorial nueva, si pienso que es digna de ello. Mi primer contacto con Páginas de Espuma fue con motivo de su primer libro, Relatos sobre el mar, hace siete años. El editor, Juan Casamayor, me enseñó el original, una antología que me pareció preparada con ambición y talento, y escribí un prólogo para él. Luego he escrito para él algún otro prólogo, pues su línea de entrega al cuento literario, tan difícil de mantener, merece toda mi simpatía. Tengo confianza en sus ideas y convicciones sobre el proyecto y en su capacidad para desarrollarlo. Desde luego, si en el cuento “algo está cambiando editorialmente” y los jóvenes cuentistas encuentran posibilidades de publicación, es gracias a editores como Juan Casamayor.
(José María Merino. Portada de su reciente libro)
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Límbicas
*Portuguez y sus retratos. Leo en La República de hoy que "el artista Bruno Portuguez inaugurará hoy su exposición "100 retratos de viento y de fuego", en que presenta su visión de personajes ilustres peruanos. La cita tendrá lugar a las 7 pm, en el C.C. San Marcos. Av. Nicolás de Piérola 1222, en el centro de Lima." Entre los retratados están Vallejo, Mariátegui, Arguedas y Gálvez Ronceros.
Homenaje a Juan Ramírez Ruiz en el Yacana. La Escuela de Lima del Bar Yacana dedica su fecha de recitales poéticos del día de hoy a la lectura de la obra de mi hermano Juan Ramírez Ruiz. Será a partir de las 7:30 pm. Asistirán los hermanos del poeta, Bertha y José, y otros familiares suyos. La Escuela anuncia además que todos los viernes del mes de febrero realizará conversatorios, testimonios y lecturas de la obra poética de este autor. Los interesados enviar ponencia, ensayo, testimonio y/o artículo a escueladelima@hotmail.com. El material reunido será publicado en libro.

17.1.08


Los 18 del 90. Poesía de Xavier Echarri

Nació en Lima en 1966. Su libro Las quebradas experiencias y otros poemas (1993) tal vez sea uno de los más logrados de la década de los noventa. Actualmente es profesor de la Universidad de West Georgia (EE UU).


Apartamento

El cajón del velador es un osario de ángeles,
Del parquet brota pasto,
Del caño salen lágrimas,
La ducha sabe.

La claraboya nos sostiene del cielo, y el cielo, raso, se
comba.
(Por ahí podría entrar un venado si es que
simplificara su cabeza).
El cuadro es un vacío sin marco.
La televisión un médium de masa.

La cortina revienta contra las rocas.
Los muebles se sacuden el polvo y hacen turno ante la
cola del baño.
Las sillas, en cuclillas, meditan.
La refrigeradora interrumpe su ronquido, y la nevera se
calienta.
Los parlantes tienen la lengua afuera.
El tocadiscos se inyecta, el disco pide a gritos
una camisa de fuerza.
El teléfono entra al baño.
El despertador siente que se le viene.
El foco es
pera triste:
Di.


La herrumbre del rostro (fragmento)

Desciende, ser, siente el polvo que gime en la herrumbre del rostro.
Siente la brisa pulverizada en lágrimas, del rostro, siente el
sabor de las cadenas.
"Animal entre los hombres, conoces bien tus límites, el rigor de
las necesidades".
Y todo lo que deseaba, la fruta roja, la dulce mezcolanza, al
punto
Se le concedía ¡ah! bajo olas oscuras que agitaban el cielo.

Sabes que vives enredado en la maraña de una imaginación despierta
siempre
Y sacudida por millones de átomos que sangran al chocar,
Y chocan, se desprenden, chocan, se desprenden, todas las
formas en su más intima sustancia.
¿Opondrás a la muerte una máscara irónica, apenada, hastiada,
espantada?
¿Te dolerá perderlo todo, lo vivido y lo soñado, lo que pudo
ser, lo que no debió ser?
El engaño teñirá tus pupilas sobre un piso que se desmorona a cada
paso,
Y perderás uno a uno los dientes, los escrúpulos, y la belleza
Será sólo un recuerdo y un ansia, un recuerdo y un ansia, sin
objeto.

Es fría la tarde, y los miembros desnudos que la imaginación
recorre
Son agua fresca entre los dedos torpes, y no hay nada, nada que
esperar.

Ir detrás de la sensación, por la sensación y el cansancio,
Y la sensación que siempre se pierde más allá de la puerta:
"No esperábamos mucho, pero hasta ese poco nos ha sido negado.
Somos
Esos barcos encallados en la roca por la feroz tormenta, esas
casas de piedra que el tiempo desmorona,
Y entre cuyos escombros huesos secos se hacinan".

Desciende, ser, toca tus bajos fondos. Escucha el viento que silba
en las cabezas huecas.
"Déjame pastar en el abrevadero de tu cuerpo. Déjame figurar entre
los rostros cuyos cuerpos amas".
Desciende más, siente el polvo que gime en la herrumbre del rostro.

¿Nos zumban los oídos o es el mundo el que zumba?
¿Qué sensación se aprieta en nuestros músculos, contrae levemente
nuestras pieles,
Se anuncia y nos recuerda que permaneceremos sobre la tierra negra?
El mar azulino rebrilla en la distancia de los ojos.
El sol todo lo toca: las olas, las playas y las rocas.
¿Qué cadáver husmea en los rincones?
El recuerdo de un rostro que los años cuartearon en el polvo,
La mirada congelada de espanto, el vacío más profundo y más blanco.

Cargas la barca de leños demasiado pesados. La corriente
cristalina de tu espalda arrastra flores y hojas secas
Entre paredes tapizadas de verdura.
Limitado, separado del resto, clausurado, caminas mirando las
veredas,
Los parques, las esquinas, absorto en el fluir de carros
y de rostros ambiguos en su expresión de
agitado cansancio.
Argollas, brasas cristalinas, aprietan carne contra carne, y del
choque el humus negro reverdece.

¿Vivirás entonces? ¿Alguien te tenderá la mano sin el cuerpo,
el cuerpo, sin la mano?
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Límbicas
*Entrevista a JRR. Pueden leer en el blog de Paul Guillén una entrevista al poeta de Las armas molidas, publicada por primera vez en el libro de Wolfgang Luchting Escritores peruanos, qué piensan, qué dicen.
*Atonement candidata a mejor película británica. Leo en El Comercio que el filme Atonement, de Joe Writh, nominada a catorce premios equivalentes al Oscar y basada en la famosa novela homónima de Ian McEwan, es favorita para llevarse el gran premio de la Academia Británica. Pueden ver la nota de El Comercio (que olvida a McEwan) e info sobre el filme.

Fotografía de Cajamarca

Ayer me reuní con Guillermo "el Plomo" Cebrián, director de Santo Oficio. Mientras conversábamos sobre la posible publicación de una real bomba literaria -lo que sería la primera trilogía de fantasía heroica escrita por un peruano, ya les contaré más detalles en su momento-, me alcanzó un bello libro de fotografías que acaba de publicar. Se trata de Cajamarca, un siglo de fotografía (1850-1950), de Verónica Janssen Samanez, editado bajo auspicio de Antares Artes y Letras y la minera Yanacocha.

El libro compila una serie de notables retratos, fotos de bodas, paisajes, escenarios militares, calles pueblerinas en los cuales prima la calidad y el nivel artístico de las imágenes. Vale aclarar que el volumen refleja la muestra fotográfica que hiciera la autora en la galería del ICPNA Miraflores en el 2002. El recordado Fernando Silva Santisteban, en el prólogo:

Nuestra autora ha logrado configurar un corpus excepcional de fotos que perennizan hechos importantes, distinguen a personajes ilustres, recuerdan inauguraciones entusiastas, registran visitas memorables y atesoran escenas familiares. En las páginas de este libro y en las fotografías que contiene palpita la historia de nuestra tierra y siguen viviendo nuestros muertos.

Mención aparte merecen la impecable resolución de las imágenes y el generoso formato de un libro que refleja de manera espléndida una profunda investigación sobre los inicios de la fotografía en el país.

(Portada)

16.1.08


Frágiles trofeos en México

Uno de los poemarios más importantes publicados el año 2007 en el Perú es Frágiles Trofeos (AUB), de Jerónimo Pimentel. Periódico de Poesía, la sólida revista especializada en poesía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en su número de enero, me ha publicado una reseña donde abordo algunos aspectos simbólicos de un libro que sin duda debió merecer mayor atención local. También pueden leer, al final del texto, una generosa selección de textos del poemario.

“En Frágiles trofeos la simbología desplegada no está al servicio de una ornamentación del discurso, por cierto, pero tampoco se concibe como guiño unívoco al lector; más: es un escenario de fecundación, una tierra labrada sobre la cual la simiente simbólica va a explotar en plantas vigorosas, vivas, que sin embargo esconden —como lo harían las enredaderas— una casa en ruina perpetua, una idea del mundo (y del hombre) en disolución, un naufragio perenne:” Seguir leyendo.

Periódico de poesía también trae, a manera de rescate, tres poemas de Antonio Cisneros publicados por la revista en su primera época, en 1988, y una entrevista al polémico creador paulista Arnaldo Antunes, titulada “Uno no tiene que hacer nada: basta con ser lo que uno es, y ya”. La sección de traducciones tiene a Eugenio Montale, Sylvestre Clancier y Geoffrey Hill. La notable entrega de este quinto número cierra con poemas inéditos de Osvaldo Aguirre, Carmen Ávila, Christian Barragán, Mario Campaña, Federico Díaz-Granados, Silvio Matonni, Antonio Rivero Taravillo, Jordi Villaronga, Carlos Vitale.

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Límbicas

*Pospost poético. Si hay un blog que ha asumido con seriedad y respeto la muerte de mi amigo Juan Ramírez Ruiz, ese es Pospost. Pueden ver actualmente dos videos donde los poetas Jorge Pimentel y Enrique Verástegui leen poemas de Un par de vueltas por la realidad, el gran poemario de Juan.
*Festival Poético en Villa. El poeta Giancarlo Huapaya me envía este afiche:
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