30.6.08


Poéticas & Rollos. La pequeña pesadilla

De vez en cuando, Lina me llevaba al teatro de títeres de la Muette, distante unos cinco minutos de nuestra casa. Levantábase el teatrito cerca de la estación y de la bonita estatua de La Fontaine que los alemanes destruyeron tan sin objeto cuando la ocupación. El fabulista miraba, sonriente, a varios de los animales a los que hizo hablar un idioma tan puro, pero Lina y yo no nos deteníamos allí. Cruzábamos la avenida que corre a lo largo de las vías férreas, y nos instalábamos junto a otros niños y criadas, frente al minúsculo tablado. Esperábamos un momento y luego se alzaba el telón, no mayor que una servilleta, con una brusquedad que ya nos hacía estremecer. Entonces comenzaba un drama que a todos hacía reír y del que yo nada comprendía como no fuera que, al final, en medio de los gritos de los espectadores, aparecía una marioneta más siniestra que las otras, vestida de negro, la que llevaba entre sus rígidos brazos un garrote homicida con el que asestaba un golpe y luego otro y luego otro más a su víctima indefensa. Esta, que le volvía la espalda, se doblaba en dos y caía sobre el borde del escenario. Con la boca abierta, mudo de horror, reconocía yo, si así puedo decirlo, la atmósfera del guardarropa lleno de vestidos colgantes. En torno de mí los niños reían, pero yo tenía miedo de la voz de falsete que llegaba desde el fondo del teatro, porque no era una voz humana, y el ruido de los estacazos me causaba gran malestar. Me quedaba quietecito, pero creía ver que se abría la puerta del guardarropa y que aparecía el diablo con los rasgos del pequeño personaje escénico quien, de pronto, se tornaba inmenso. Lo demás transcurría en forma, por demás, confusa. No podría decir que perdía el hilo puesto que jamás lograba asirlo, mas todo lo que me llevaba del espectáculo era una impresión de pesadilla de pequeño formato que súbitamente salía del teatro para expandirse en el aire.

---Tomado de Partir antes del día (1964), a mi ver la mejor novela –con gran carga autobiográfica- de Julien Green, el gran secreto redescubierto (una vez más) de la narrativa francesa del siglo pasado. En todos sus libros, pero sobre todo en este, Green explora el mundo de la niñez y sus terrores, sueños e inquietudes, los que devuelven al lector a un momento clave de la vida.
(Julien Green.)

Xenofobia contra César Hildebrandt

Como todos los lectores de este blog saben bien, César Hildebrant no solo no es santo de mi devoción sino que discrepo en muchos aspectos con su forma de pensar. Sin embargo, no puedo permanecer impasible ante el atropello xenófobo y “sudaquista” que ha sufrido a manos de un caricaturero de La Primera. Va el artículo completo donde Hildebrandt denuncia la discriminación sufrida.

Apellidos extranjeros

Un dibujante que suele ensuciar páginas y que quizás funcione a control remoto desde alguna guarida en el extranjero, se ha permitido ayer incluir el apellido Hildebrandt en la lista de unos supuestos “deportables” que “sobran” en el Perú.

¿Habrá sido respuesta de emergencia a mi columna sobre el sudaquismo y sus piltrafas intelectuales?

No lo sé. Tampoco voy a perder el tiempo averiguándolo.

Lo que sí voy a hacer es responderle a quien encarna la voz del castrismo terminal, ese que tanto influye en algunas esferas “académicas”, ese que no invita al debate sino al duelo de Carita y Tirifilo.

En primer lugar, sorprende que la intolerancia profesional utilice gente de este nivel. Digamos que antes se cuidaba más. Digamos también que hoy hay menos sicarios que se ofrezcan para esa tarea que los colombianos hacen en moto y aprovechando la luz roja del semáforo.

En segundo lugar, no deja de ser divertido que el matón de tintero en cuestión tenga la libertad de insultar el apellido de un columnista que escribe en este diario. ¡Es el anarcosindicalismo en vivo y en directo!

Porque estoy convencido de que Arturo y Martín Belaunde, los propietarios de este periódico, nada tienen que ver con este modo de interpretar la libertad de prensa. Sobre todo cuando quienes permiten el insulto, en nombre de la libertad de expresión, son los que hubieran dirigido el “Granma” desde el Ministerio del Interior cubano. Y porque supongo que cuando alguno de los accionistas de este diario no quiera más esta columna me lo dirá a la cara y sin ningún problema y no me lo mandará a decir a través de un pandillero rápido-gráfico.

El artista en cuestión habla “de los que sobran” y de “la calaña” de los Lanatta Piaggio, los Cerruti, los Lossio...y añade: “hasta podríamos agregarles un Lauer, una Hildebrandt, un Cipriani...”

Y elige esos apellidos porque expresa al sudaquismo hirsuto en todo su vocerío y apunta a que esa supuesta legión extranjera debería de regresar –como represalia a la nueva ley de inmigración de la UE– a la Europa de donde vinieron sus ancestros.

Tamaña barbarie no se veía desde hacía mucho tiempo. La catadura de ese odio, el racismo de este comisario pretendidamente indigenista, sólo pueden provenir del mal humor.

Todos mis lectores saben cuánto y de qué modo discrepo con Martha Hildebrandt, mi media hermana. Pero Martha Hildebrandt no es criticable por apellidarse así ni por proceder de un honrado artesano alemán que llegó al Perú a fines del XIX. Lo es por su conducta política.

Del mismo modo que Kuczynski no es un parásito del lobismo por llevar ese apellido, que es del ilustre padre que se lo dio y que tanto hizo por la investigación médica en el Perú, sino por militar en la orilla de los Chicago Boys.

¿Y Lauer merece alguna objeción genealógica o es que sus columnas son a veces demasiado alanistas, como las del muy telúrico César Campos? ¿Y Cipriani resulta incómodo por tener apellido italiano o por su actitud frente a los derechos humanos?

Hablar de “sobrantes” y de “calaña” para referirse a adversarios que tienen apellidos extranjeros es algo indigno de un humorista con buena educación. Es, más bien, lo que se espera de un bufón del castrismo entubado.

A mí me ha alcanzado la vergüenza ajena viendo ese rincón de “La Primera” de ayer. Y creo que muchos lectores de este diario cada vez más necesario deben haber experimentado la misma náusea.

Con la lógica de este humorista, habríamos tenido que devolver a Europa al Bolognesi del morro, al Raimondi de las puyas y hasta al Caracciolo que explica en parte a don Delfín Lévano Caracciolo, patriarca de las luchas obreras.

Y hubiéramos tenido que deportar al Humboldt de la corriente, al Adolph de “Mañana las ratas”, al Faucett de los aviones, a la Reiche del desierto, al Giesecke de la educación (y a la Giesecke de la historia), a la Gorriti de las veladas, a la Chiappe que se casó con Mariátegui, a la monja Paget (que convenció al almirante Bergasse Du Petit Thouars para que salvara a Lima en 1881), a los Unger de la ingeniería, al Billinghurst de la democracia y al Westphalen de la poesía (sólo para citar unos cuantos ejemplos de extranjería inolvidable).

¿Sabrá este indigenista patronímico –que insulta en español y no en quechua– que el apellido Belaunde es, según su xenofobia de Coquito, de indeseable cepa vasca?

(César Hildebrandt.)
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Límbicas
*Héctor Hernández Montesinos contra J.-F. Fogel. Parece que el poeta chileno y el ensayista y comunicador francés tuvieron un encontronazo en Chile, en torno a la industria naciente del libro digital y sus consecuencias. El autor de Coma es muy duro: “¿Será este el inicio de una neofascismo virtual, un index expurgatorum de una inquisición tecnológica, en el cual ya no podrá haber literatura independiente, subversiva, clandestina a nivel masivo?”, se pregunta en cierto momento, y en otro dictamina que la conferencia que diera Fogel en la Universidad Diego Portales era un “cónclave del fascismo”. Tienen que leer el texto completo de Letras S5.

29.6.08

Incomprensión

Poema de uno de los más interesantes poetas de la nueva generación, junto a Andrea Cabel, Romy Sordómez, Diego Lazarte, Giancarlo Huapaya, Bruno Pollack, ¿alguien más?

Ya las mariposas
negras y rojas
han dejado de volar
en tu pecho en el misterio
como flor
de un día solo

Yo le canto a tu olvido
con mi grito en tus hojas
me marchito
como la madera en las astillas
de eucaliptos
se secaron

En diez mil años
como el hombre en los Andes
las sagradas figuras descifrando
en eterna erosión
las que fueron guardianas
decapitadas

(Salomón Valderrama)

Grande sobre grande

Pero qué aburridos están los diarios en su sección cultural esta semana. Por fortuna encuentro en Babelia una reseña alucinante de Alberto Manguel (Historia de la lectura) sobre George Steiner (Extraterritorial), acaso el crítico literario más importante en lengua inglesa, junto a Harold Bloom. Va completa.



Pecados de omisión
ALBERTO MANGUEL

Un lector puede definirse tanto por lo que lee como por lo que rehúsa leer. "Está ahí como amenaza, no como lectura", decía Severo Sarduy de un ejemplar de Los cipreses creen en Dios que alguien había dejado sobre su mesa. Mark Twain se ufanaba de no haber leído ni Emma ni Orgullo y prejuicio. "La mejor manera de empezar una biblioteca", aconsejó, "es omitir las obras de Jane Austen". "No me desplazo nunca sin mi ejemplar de Clarissa", explicaba Evelyn Waugh cuando lo veían tomar el tren con la voluminosa novela de Richardson bajo el brazo. "Me sirve para mantener la puerta entreabierta".

En el mundo de la escritura, confesar los pecados de omisión es harto menos común. Stéphan Mallarmé, en una carta a Paul Verlaine, admitió no haber escrito nunca su obra deseada, es decir, "simplemente un libro, en varios volúmenes, un libro que fuera de verdad un libro, arquitectónicamente sólido y premeditado, y no una colección de ocurrencias casuales por más maravillosas que sean". Y Nathaniel Hawthorne anotó en su lista de proyectos incumplidos este que nunca ejecutaría: "Relatar un sueño que se parezca al curso real de los sueños, con todas sus inconsistencias, sus excentricidades, su falta de propósito y, sin embargo, con una idea central atravesándolo todo. Hasta esta vieja edad del mundo, nada semejante ha sido escrito".

George Steiner, a quien ninguna terra inognita intimida, confiesa en éste, su libro más reciente, siete de tales pecados: siete libros no escritos que intentó exorcizar trazando sus vagos contornos en la página. Sin embargo, Los libros que nunca he escrito no es una antología de deseos incumplidos. Cada capítulo es un mapa lúcido y erudito de cierto lugar que Steiner dice no haber querido o podido explorar a fondo. Misteriosamente, su cartografía basta.

Leer a Steiner me vuelve consciente de la vastedad de mi ignorancia; me vuelvo lo que Robert Browning llamaba "un recogedor de las migas del saber", agradecido por lo que cae de su mesa. El primer libro "no escrito" es sobre el estudioso Joseph Needham de cuya existencia yo nada sabía. Según Steiner, los textos de Needham abarcaban el repertorio casi completo del saber humano, desde la historia de la ciencia hasta la historia del pensamiento, desde la hereméutica y las novelas históricas hasta la biología y el estudio de los cristales. La culminación de los estudios de este sabio inglés fue la obra Science and Civilization in China, un coloso en varios tomos, comenzado en 1937 y acabado por los discípulos de Needham más de medio siglo después de su muerte. "Ninguna bibliografía", escribe Steiner, sin consolarnos, "puede dar idea de la densidad de las percepciones de Needham". Y sin embargo, aún para estos aparentemente infinitos mundos, Steiner encuentra una cartografía útil e inusual. Es Proust quien, asombrosamente, sirve a Steiner como guía para entender el complejo universo de este "arqueólogo de la consciencia". "SCC y la Recherche", explica Steiner (y sabemos perfectamente lo que quiere decir) son "los dos actos más importantes de remembranza, de total reconstrucción del pensamiento, la imaginación y la forma ejecutiva modernos".

Invidia es el título del segundo volumen fantasma. "Me imagino que no son muchos hoy los que leen las obras de Francesco degli Stabili, más conocido como Cecco d'Ascoli". (El "más conocido" se asocia malamente al "me imagino" ya que el pobre Cecco falta desde hace tiempo de las listas de best sellers). Profesor de Astrología en Bolonia, despedido por hereje en 1324, acusado más tarde de haberse atrevido a trazar el horóscopo del mismo Jesucristo, Cecco debe su evanescente fama principalmente a su odio por Dante, contra quien escribió una larga y didáctica epopeya, la Acerba. Sus contemporáneos acuerdan que la mayor pasión de Cecco fue la envidia, nacida quizás del hecho de saberse incapaz del arte del florentino. A partir de esta observación, Steiner nos introduce al problema más complejo de la invidia clásica cuya dualidad, nos dice, se halla reflejada en el vocablo francés envie, que significa tanto "envidia" como "deseo". Esta tensión antagónica aclara en parte los sentimientos de Cecco al leer la Commedia, como quien contempla el cielo sin saber cómo pintarlo. "El hombre", Steiner arguye, "no puede igualar, y mucho menos superar, el poder, la fantasía, el sobrecogedor encanto que sale del taller de Dios. ¿Qué son nuestras pinturas más sublimes comparadas con el amanecer? ¿Qué es nuestra música al lado de la de las esferas celestiales? El Paradiso es la declaración clásica de estas cosas incomparables. La única, aunque indestructible, contradeclaración del hombre es la de las palabras, de la gramática en que está redactado Job. Un lenguaje que Dios tiene que hablar para que lo oigan".

El imaginado libro Invidia nunca superó su condición esquelética porque, como ingenuamente confiesa su autor, el tema rozaba algo demasiado doloroso e íntimo. Es posible que la mayor parte de estos textos deban su estado onírico a ese mismo recato: Los idiomas de Eros, una exploración de la vida sexual de la lengua; Sión, sobre el exilio como parte de la naturaleza del judío y sobre la brillante noción de que "el judío es odiado no por haber matado a Dios sino por haberlo inventado y creado"; Cuestiones educativas, que propone una educación pública centrada en las matemáticas, la música, la arquitectura y las ciencias de la vida, enseñadas, cuando posible, en un contexto histórico; Del hombre y la bestia, sobre sus convicciones "confusas e irracionales" acerca de la relación entre seres humanos y animales. Pero hay más.

"La filosofía", escribe Steiner en su aforístico prólogo, "enseña que la negación puede ser determinante". Tal afirmación, además de ofrecer una discreta justificación al volumen, sugiere algo más, algo profundo y esencial, que Steiner comenta brevemente en el séptimo de sus libros no escritos, Petición de principio. "Lo que he sostenido desde mis primerísimos libros", dice Steiner, "es esto: la 'cuestión de Dios', de la existencia o inexistencia de Dios, y los intentos de dar a esa existencia 'una morada y un nombre' ha sido lo que hasta hace muy poco ha estimulado en buena medida lo más grande del arte, la literatura y las construcciones especulativas. Ha proporcionado a la conciencia su centro de gravedad". Imaginar que él, George Steiner, tiene "algo original, no digamos autorizado, que ofrecer en respuesta", le parece "una impertinencia".

Y sin embargo, su excusatio propria infirmitatis no nos convence del todo. Al mismo tiempo que descarta una "mística negativa", Steiner, resignándose a lo que llama "la fragilidad de la razón", exige el derecho de "sentir intensamente" la ausencia divina. "Se relaciona, y de nuevo me faltan las palabras, con la tristeza, con el abismo que hay en el centro mismo del amor. Tal vez sea algo así como la oscuridad animada por la que un ciego anda tanteando con su bastón en el ilusorio mediodía del mundo. La meditación sobre un 'no Dios' puede ser tan concentrada, tan humilde o placentera como todas las de la teología y el culto aprobados. No desencadena, creo yo, estupidez ni odio. Atemorizador es el Dios que no es". En este espacio mental, espiritual, debemos, dice Steiner, permanecer solos. La fe (o falta de fe) debe ser algo privado. "La publicación", previene el maestro, "abarata y falsifica la fe de manera irremediable".

Lo pudoroso, lo incompleto, lo fragmentario, el don de brindarnos notas para la definición de algo que nunca acaba de ser dicho, definen (en parte) la literatura que llamamos mayor, de manera explícita en Heráclito, en Pascal, en Kafka, en Borges, de manera explícita en otros. "¡Haré tales cosas!", jura el rey Lear. "Aún no sé qué cosas ¡pero serán los terrores de esta tierra!". La amenaza basta. La cubierta del libro muestra a Steiner sentado frente a su máquina de escribir, los ojos fijos en una hoja de papel en blanco. La imagen ilustra el sentimiento del lector al llegar a la última página: estos libros anunciados existen en el acto de concebirlos, en el momento que precede la creación. Poco importa que ese momento no llegue nunca; han sido leídos por nosotros y pertenecen ahora a la biblioteca de nuestra memoria. Que no hayan sido escritos es un descuido sin importancia, un exceso de modestia que podemos perdonar en una empresa intelectual tan ambiciosa, inteligente y jubilosa. -

(George Steiner)

25.6.08


Nueva Editorial


La poeta Tatiana Berger me envía un correo con la nota de prensa de editorial Arkabas, cuyo primer lanzamiento es esta semana. Va.


Con la confianza que suscita el creciente mercado nacional de libros, nace Editorial Arkabas, con el lanzamiento de A mil metros del invierno del escritor Daniel Zúñiga-Rivera, libro de cuentos encabezado por el cuento que da nombre al volumen, el cual fue premiado por Casa de América (Madrid) en 2002 y que es publicado por primera vez en el Perú.

El escritor mexicano Juan Villoro presentaba así la segunda edición del cuento en España: “El protagonista conjetura acerca de lo que le sucede a una chica en un bar; se acerca a ella en la imaginación, fantasea sobre esa vida a un tiempo próxima y lejana, la aísla del entorno, la encapsula en una virtualidad que responde a otra lógica, crea una atmósfera en la que se define a sí mismo por lo que ve o idealiza en la mujer. […] Profunda exploración sobre la naturaleza del deseo, “A mil metros del invierno” revela que las oportunidades perdidas y los instantes fugitivos pueden ser más plenos y duraderos que aquello que nos parece comprobable y cierto”.

La nueva editorial Arkabas se propone publicar y editar todo tipo de literatura, sea que se trate de libros de ficción, folletería institucional o documentos multimedia. Su principio innovador es concentrar todo el proceso de producción con el fin de asegurar la calidad, menores costos y plazos de entrega más cortos.

Según sus socios Gladys Segovia Baldwin (Gerente Editorial) y Daniel Zúñiga-Rivera (Gerente General), respectivamente, “Arkabas quiere ser una alternativa de las editoriales tradicionales, segura de que hay condiciones para que el mercado cultural peruano se incremente dinámicamente difundiendo la obra de nuevos autores. Su propósito es que ellos participen activamente en la publicación de sus libros, recuperando así su inversión y obteniendo utilidades que le facilitarán posteriores publicaciones ya que nuestros servicios no requieren cesión de derechos ni participación sobre las ventas”. Además, como valor agregado, Arkabas ofrecerá servicios especializados de acuerdo al tipo de obra.

El lanzamiento de Arkabas será el jueves 26 de junio en el Restaurante Kaypí (Av. La Mar 825, Miraflores, 8.30 pm) y estará a cargo de Gladys Segovia Baldwin (Gerente Editorial) y Daniel Zúñiga-Rivera (Gerente General), autor de la obra.

(logo)
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LIMBICAS
*IV CONCURSO NACIONAL DE POESÍA. Prima Fermata Literaria 2008. El Comité Organizador invita al público en general a participar en su cuarta edición del concurso-recital Prima Fermata Literaria 2008, el único concurso de poesía de estudiantes para estudiantes. Cierre de convocatoria: 30 de Setiembre. Publicación de los resultados: 24 de Octubre, premiación y Recital Poético: 7 de Noviembre. Auspician: Editorial Zignos. Lustra Editores. Centro de Estudiantes de Literatura (CELIT)-UNMSM. Escuela Académico Profesional de Literatura-UNMSM. Discursiva. Revista de Literatura y Humanidades. Bases acá.

*La brecha y el tono. Uno puede estar de acuerdo (cada vez más), en desacuerdo, o disentir a medias con Chachi Sanseviero. Pero en ningún caso podemos negar la contundente elocuencia de su verbo. (Definitivamente no es una señora preocupada por “el tono y el aliento correctos”): “Una nueva brecha ha sido trazada entre este gobierno y las justas aspiraciones de esos campesinos y comunidades indígenas que –según el nuevo catecismo aprista– deben integrarse o desaparecer porque están tan separados que el Estado no puede ni quiere llevarles salud, educación, infraestructura. Así estamos: el mercado reina y ante él se extinguen las culturas ancestrales y sus fronteras perniciosas de añoranzas arcaicas”. Recomendado en La República.

Zodíaco/jabón/Sao

Lo lindo, y obvio (pero no por eso menos lindo), de Internet, es que pueden pasar cosas sin que salgas de tu casa. Tranquilito en la calidez de mi habitación, revisando unos textos de Enrique Vila-Matas y Alan Pauls para un curso de narrativa hispanoamericana que ya pronto se enterarán (pero matizando con la lectura de mis dos últimas conquistas en poesía: Zodíaco negro, de Charles Wright, y El jabón, de Francis Ponge); así, sosegado, me llega un correo confirmándome una invitación para un importante evento internacional de poesía en Sao Paulo.

Con un poco de suerte, entonces, volaré para allá en agosto, a compartir lo que se pueda con los hermanos de la lengua de Haroldo de Campos, y con otros poetas. En cuanto a lo de Wright: sencillamente desarmante. Es, a secas, lo que me hubiera gustado escribir en poesía hasta hace cinco o seis meses (ahora el poema en prosa me obsesiona). Y lo de Ponge, esa versatilidad, esa alegría para darle dimensión metarreal a un elemento tan humilde como el jabón. Incomparables.
---Pueden encontrar acá una versión del poema "El zodíaco negro" a cargo del poeta nunca bien ponderado Oswaldo Chanove. Postearé con menos frecuencia por estos días; no se preocupen, que luego me nivelo.

(Charles Wright, extraordinario poeta norteamericano.)

La soledad frente a la extraña

Ayer Alonso Cueto publicó en su columna habitual de Perú 21 una reseña muy seductora sobre La extraña, nuevo título recuperado de la equilibrada y poderosa obra del escritor húngaro Sándor Marai. (Ya he dicho algo sobre este escritor antes). Me robo la reseña de Alonso completa:


Acaba de publicarse en español La extraña (Salamandra) que es, sin duda alguna, de las obras más concisas y perfectas de Sandor Márai. Luego del éxito artístico y comercial de otras obras como El último encuentro y La mujer justa, el nombre de Márai se ha difundido en todos los países donde aparecen traducciones suyas. Una suerte curiosa para un escritor que eligió escribir en húngaro (hablaba el alemán perfectamente).

Luego de su exilio de Hungría en los años cuarenta (donde era una figura reconocida), fue completamente olvidado hasta después de su suicidio en 1989, en California.

Solo en los años 90, cuando se difundieron las traducciones inglesas, el nombre de Márai adquirió un público mayoritario. En español, aunque ya había sido traducido, su reconocimiento también ha sido un proceso de los últimos años.

El suicidio de Márai es una consecuencia directa de la muerte de su esposa y de su hijo y de su vejez en un país extraño. De algún modo, toda su obra tiene como tema central la soledad. El largo monólogo que sostiene su protagonista Askenasi con Dios es un ejemplo. A lo largo de las últimas páginas de La extraña, Askenasi interroga a Dios sobre el mal y la falta de respuestas en la vida. Para entonces ha fracasado ya en dos relaciones con dos mujeres y se encuentra al borde de la desesperación. "El diablo está sentado tranquilamente en el infierno sonriendo por lo bajo porque sabe algo sobre ti", le dice a Dios, y luego, "mira, he tenido que subir a este monte para estar a solas contigo y preguntarte".

Askenasi es un solitario porque es un insatisfecho esencial. Su interés ha sido siempre buscar en el amor las respuestas a un anhelo de realización. Ha conocido a muchas mujeres. Piensa que todos los seres humanos solo buscan "un instante", el que se refiere al amor ("vaya palabra", comenta). Desconcertado, confundido por sus fracasos, piensa que tal vez "el cuerpo sepa algo" sobre el misterio de la felicidad. Imagina que la sociedad femenina es una enorme y misteriosa agencia de noticias en la cual, sin palabras inteligibles, sus miembros se avisan y se advierten de los peligros que los acechan.

A diferencia de los hombres, las mujeres están menos solas, y son capaces de organizarse en grupos para resistir a los embates de la soledad. Aislados, incapaces de unirse, suficientes, los hombres están más desamparados.

Una novela de ideas dramatizadas, disueltas en los destinos dramáticos de sus personajes. Una novela de un gran autor.
(Sándor Márai con uno de sus hijos.)

Odi González presenta

Hoy por la noche, el poeta Odi González presente un libro, editado por Santo Oficio, que reúne dos de sus poemarios: Valle sagrado y Alma en pena. El periodista y ex poeta Pedro Escribano le hace una entrevista en La República donde habla del carácter coral de su poesía y -hasta cuándo Señor- de la polémica “andinos”-“criollos”. Dos preguntas:


–Los poemarios incluye íconos: Clorinda, El Lunarejo y Condori Mamani. ¿Conciencias que instalas indistintamente entre indígenas y señores?

–Clorinda Matto siempre fue un referente casi familiar en mi pueblo. El único monumento en la Calca donde viví era el de ella. A su hermosa casa–hacienda íbamos los escolares de paseo. Es una cuestión del entorno donde vives. Y en cuanto a Gregorio Condori, su testimonio me parece de una sabiduría subyugante. Ese es uno de los libros más notables que he leído.

–¿Crees que hay un canon excluyente en la poesía peruana ?

–La exclusión no viene de ningún canon sino de la ignorancia y la soberbia con la que manejan, por ejemplo, los medios que armaron una polémica que no llegó a nada. Creo que, en resumidas cuentas, no fueron dignos rivales. Por un lado los autodenominados "andinos" que no pueden articular ni la palabra "hola" en quechua, y por otro los llamados "regios" que si uno los ve y, sobre todo, los lee, no son tan regios como parecen.

(Odi presenta hoy su poemario en el CC de España a las 6 pm.)

23.6.08


Homenaje a Juan Ramírez Ruiz

El poeta Armando Artega me hace llegar un correo con info sobre el homenaje al gran poeta de Las armas molidas, por el aniversario de su desaparición física.


Juan Ramírez Ruíz en el Rastro de San Francisco
(Lunes 23 de junio, a las 7 pm.)

La revista de poesía Sol & Niebla invita al público de Lima a la presentación de su edición N* 4, que dedica un homenaje al poeta Juan Ramírez Ruíz -uno de los autores fundamentales de la Generación del 70-, al cumplirse en el presente mes de junio el primer año de su fallecimiento.El acto se realizará el lunes 23, a partir de las 7 de la noche, en el N* 262 del jirón Ancash, a 20 metros del antiguo bar Cordano, rumbo a la plazuela San Francisco.

Se ha escogido este lugar porque formó parte del circuito cotidiano del poeta que por 30 años vivió en el N* 444 del jirón Ancash, punto de encuentro de muchos de sus amigos.El homenaje a Juan Ramírez Ruíz estará a cargo de los poetas Juan Carlos Lázaro –director de Sol & Niebla-, Armando Arteaga, Patricia del Valle, Bernardo Rafael Alvarez, Juan Cristóbal y Oscar Málaga.

Juan Ramírez Ruíz, que nació en Chiclayo en 1946 y murió en Trujillo en 2007, fue autor de tres colecciones de poesía: Un par de vueltas por la realidad, Vida perpetua y Las armas molidas. Un mes antes de su muerte declaró que tenía inéditos nueve libros de poemas, los cuales no han sido hallados hasta la fecha.

Lima, junio de 2008
Sol & Niebla

20.6.08


60 años de Adán Buenosayres

Este mes no solo se cumplen ciento ocho años del nacimiento del poeta y novelista Leopoldo Marechal (1900-1970) y treinta y ocho años de su muerte; también llegan a sesenta los años que han pasado desde que viera la luz ese portentoso ejercicio simbólico alegórico publicado bajo el título de Adán Buenosayres (1948).

Revisemos, pues, la recepción que tuvo la novela cuando fue publicada. Eduardo González Lanusa, en gesto que tenía de envidia disfrazada y mediocridad “rigurosa” (para algunos, instigado por otro gran escritor), hizo un acercamiento execrable -que data de 1948- donde redujo toda la novela a imitación chabacana de Ulises de Joyce y vinculó el estilo de Marechal al de Amicis en Corazón, cuando no rebuznó en contra del uso extenso y jocoso que hace el narrador de lo que llama “malas palabras”. No comments.

Emir Rodríguez Monegal responde a otro tipo de motivos extraliterarios en su furibundo artículo “Adán Buenosayres: una novela infernal” (1949). El que Marechal haya tenido el pésimo gusto de ser peronista se vuelve motivo suficiente para condenar a la hoguera su novela. La condena, empero, parece rigurosa: “Marechal no se conformó con transponer a un registro personal las incitaciones que su antecedente inmediato le ofreciera (…) El autor quiso repetir las formas más visibles de la gran novela (Ulises) (…) repitió sin ningún sentido los riesgosos enfoques e hizo sonar a hueco la que era, en Joyce, forma plena de contenido”.

Pero si bien ERM tuvo el tino de desdecirse en parte en una reseña veinte años después (“el libro me parece actualmente una contribución importante a una tradición de la novela rioplatense que tiene a esos tres escritores como antepasados –Arl, Biorges, Onetti-“), Noé Jitrik, en una extensa reseña de mediados de los cincuenta pasados, afirma categóricamente que Adán Buenosayres “pudo haber sido una novela definitiva para nuestra literatura y no lo es”. Debido esto fundamentalmente a falta de “homogeneidad”, presencia de “trivialidades” y, otra vez, apropiación de “formas exteriores” de Ulises.


Jitrik ahonda un poco más y encuentra tres motivos que, desde su punto de vista marxista, determinaron el fracaso de una empresa a todas luces interesante: los prejuicios católicos, los prejuicios nacionalistas y los prejuicios personales. Si no supiera (si no supiéramos) que buena parte de las grandes y medianas obras literarias en nuestra tradición están hechas en parte con este tipo de ideas (o con ideas incómodas que es cómodo calificar de “prejuicios”), me detendría un poco más a discutir este punto. De todas maneras me parece la crítica negativa más sólida hecha a la novela.

Por fortuna, Marechal -aunque no lo conocía- tenía a un extraordinario lector de su lado: Julio Cortázar. Como en el caso de Filloy, de Lezama, de Lispector y de Felisberto Hernández, el autor de Rayuela supo ver más allá de la configuración predeterminada de la crítica ideológica de su época. Sopesó bien la novela, señaló virtudes y defectos, y determinó una valía hoy innegable.

Pasado el estigma peronista por el que su novela fue silenciada al unísono por la prensa de los años cincuenta y sesenta*, Adán Buenosayres comenzó a ganar su lugar en las letras argentinas e hispanoamericanas en adelante. Ahora Ricardo Piglia puede confesar sin ambages su “admiración por uno de los mejores libros que se han escrito en esta lengua”. Pero, recordemos: la justa valoración de que goza la novela hoy se la debemos en buena parte a la inteligencia e independencia de Cortázar, valores que le costaron 15 días -según propia confesión- de llamadas anónimas, insultos y amenazas contra su vida por “defender a un peronista”. De hecho que les suena familiar esto último…

*Luego hablaremos de casos locales de silenciamiento por parte de la crítica.

(Marechal en portada. Finalmente la prensa de la época tuvo que rendirse al talento literario. Portada.)
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Límbicas

19.6.08


Poéticas & Rollos. Bodas de Oro de Le Mao

2° Mériadec Le Mao, fallecido a los ochenta años.
La escena que llevaba a cabo, reconocida en el acto por su viuda Rozik Le Mao, era fuertemente conmovedora.
Los esposos Le Mao habían pasado toda su vida en la Bretaña natal, en la ciudad de Plomeur, que, todavía plena de color local y fiel a las viejas tradiciones, mantiene sobre todo en vigencia una curiosa costumbre relativa a la celebración de las bodas de oro.
Toda pareja que llega allí a los cincuenta años de vínculo conyugal, el día del aniversario de su lejano himeneo acude en ceremonia a una misa en Saint-Ursule, la iglesia más antigua del lugar.
A mitad del oficio, el cura, después de una breve alocución, extrae de un precioso cofre metálico un sencillo torniquete grande y viejo, de fieltro de color hierro, y baja del altar hacia los esposos. Ellos se ponen en pie y el sacerdote, colocándolos frente a frente, los hace extender las manos derechas, y unirlas, para poner en seguida el todo que forman entre las mandíbulas abiertas del falso utensilio.
El funcionamiento del conjunto lo aseguran la mariposa, el tornillo y el resorte –este último muy flojo-, los tres de verdadero hierro.
El cura hace girar la mariposa, que, atrayendo el tornillo, acerca poco a poco las mandíbulas; estas, gracias a una juntura corrediza, forman abajo un ángulo variable, de modo que, indoloramente gracias a su blandura, inflingen a los pacientes una presión que simboliza su sólido lazo cincuentenario. Liberados al cabo de un momento, los cónyuges vuelven a sentarse y continúa la misa.
Usado desde tiempos inmemoriales siempre que se celebren bodas de oro, el objeto se llama “Torniquete impropio” a causa del insólito carácter amoroso de su tardía intervención en la vida de los viejos. Su nombre completo brilla explícitamente, en letras hechas de granates, sobre una de las caras del cofre que lo guarda.
Casados desde muy jóvenes, recientemente los Le Mao habían celebrado en Plomeur sus bodas de oro, cumpliendo con el rito tradicional. Y Mériadec se había permitido la tierna travesura de hacer girar él mismo la mariposa del torniquete, usando la mano izquierda, con una fuerza y una insistencia inusitadas, como si quisiera estrechar más aún los vínculos matrimoniales.
Poco después, Mériadec, aquejado de pericarditis, había ido a hacerse atender en París y allí había muerto en los brazos de Rozik.
Y los momentos que revivía en Locus Solus eran aquellos en que el torniquete había cumplido su función.

---Tomado de Locus Solus, novela de Raymond Roussel (1877-1933), uno de los escritores franceses del siglo veinte más reivindicados en los últimos decenios. Quienes iniciaron la revalorización de la obra de este extraño narrador fueron los surrealistas, cuando lo tomaron como uno de sus paradigmas narrativos. Michel Foucault escribió un célebre ensayo sobre su obra, donde afirma que el autor de Impresiones de África “es pariente cercano de todos los inventores, acróbatas, cómicos, ilusionistas, que forman la pequeña colonia de cautivos de Talou, pariente próximo sobre todo del universal Martial , que reina en el jardín de Locus Solus.” El pasaje de los Le Mao corresponde a una serie de 8 episodios de seres oficialmente muertos que son revividos temporalmente por el científico y experimentador Martial Canterel gracias a la inoculación post mortem de resurrectina y vitalio, milagrosas sustancias resucitantes. La versión que aquí utilizo es la de Marcelo Cohen para editorial Interzona (2003).
(Portada, tomada de Luz Electrica.)
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Límbicas
*Blogs y Comunicación. Uno de mis blogs favoritos es Pospost, del poeta Fernando Obregón Rossi. Fernando está anunciando en su último post una conferencia sobre blogs y comunicación en la Universidad Alas Peruanas, y la remodelación de Pospost, esta vez con dominio propio. Vale.

18.6.08


Comparaciones, ideas, poesía

Cuando era adolescente, me preocupaba de una manera algo obsesiva por mis ideas. Creía que era importante que los demás reconocieran su autoría, que respetaran mis ímpetus narcisistas. No había cosa que me ofuscara más que ver a algún poeta esgrimiendo un argumento, un verso, una impresión mía sin citarme. Tonterías. Hoy no me preocupa nada de eso. A donde vaya, vuelco todo lo que pienso, todo lo que siento; sé que de todas maneras lo que valga aflorará, se abrirá paso.

Una de las ideas dominantes en poesía actualmente –pero sus orígenes se remontan bastante lejos- es que los poetas no son comparables, que cada uno es un mundo, un universo aparte, y que todo poeta que se respete impone o trata de imponer una (o varias) poética propia, única en su humildad o grandeza. No es difícil estar de acuerdo con esto si no se está imbuido del autoritarismo marxistoide o del competicionismo ultraliberal.

Tal vez por eso, y por lo indelicado de los términos utilizados, es que me inquietaron unas declaraciones sobre poesía peruana del escritor piurano Miguel Gutiérrez (El mundo sin Xótchil, La violencia del tiempo), vertidas en una entrevista que le hicieran recientemente. Van:

En su libro de ensayos La generación del 50: un mundo dividido (1988) usted ensalza a Jorge Eduardo Eielson, autor de poemas intimistas, por encima de Alejandro Romualdo, recientemente fallecido. Se interpretó que usted estaba en contra de la poesía social. Se dijo que un escritor progresista no debía tener esa posición. ¿Qué opina de estos comentarios?":

Son tonterías. Además, en el libro hay una especie de homenaje a Romualdo, cuando cuento que llegó con una delegación de poetas de Lima -entre ellos Carlos Germán Belli, Francisco Bendezú- y yo asistí al teatro Variedades, de Piura. Me impresionó muchísimo el poema 'Dios material'. Considero que Romualdo es un buen poeta, pero -para mi sensibilidad- Eielson me resulta mejor. Tiene más amplio registro, su aparato retórico es mucho más rico. Además, ha cultivado otros géneros, como la novela. Eso no tiene nada que ver que estoy contra la poesía social, pero si me dieran a escoger entre Vallejo y Eielson, sin duda elegiría a Vallejo.

Si bien el mismo narrador y problemático ensayista más adelante en la entrevista se encarga de confesar –con elogiables honestidad y lucidez- que no tiene sensibilidad para la poesía, no puedo dejar de fijar algunos reparos sobre lo dicho. En primer lugar, Romualdo y Eielson no solo difieren en el “aparato retórico” que usan, que sería lo más superficial finalmente. Difieren sobre todo en objetivos y sensibilidades: terrestres y localizados los del autor de Ni pan ni circo; más globales y existenciales los del creador de Ptyx.

Dejaré como una absurda boutade eso de considerar “mejor” a un poeta porque ha cultivado la novela (bajo ese parámetro Toro Montalvo sería “mejor” que Belli).

Lo que sí me interesa erigir es la infelicidad profunda de toda comparación poética. Lo que sostiene a una comparación en poesía es un falso entendimiento del quehacer poético y de la naturaleza de la poesía, así, en general. Cuando el entendimiento de lo poético está teñido de las exigencias de un programa o de las falsas necesidades y fuerzas que impone el mercado, el poeta se convierte (mejor dicho: al poeta se le entiende como un jinete montado en el caballo del éxito o del fracaso, metido en una carrera que no solo es inexistente para él, sino que la repudia constantemente, aun cuando por razones editoriales no pueda explicitar ese malestar en público.

La poesía, si algo es en estos tiempos ultrapragmáticos, es el espacio del diálogo irrestricto y rizomático, de la interrelación más allá de autorías y personalidades, de la lucha con y contra el lenguaje, de la competencia con la imagen y el silencio. Ese es su sino, su verdad, y no el de ser víctima de comparaciones vulgares. ¿Qué puede poner en competencia a un De Ramos con un Montalbetti, a un Mora con un Verástegui, a un Ildefonso con un Ñaupari, incluso a una Pollarolo con un Ybarra? Solo sus ideas personales, no sus obras.

Las poéticas personales –hoy más que nunca- son irreductibles, y por lo tanto incomparables. Avanzamos, gracias a internet, los blogs y a la democratización de la publicación y de la información, hacia una creación de nuevo orden, cercana al imperativo lautreamontiano*. Las cosas así, ¿vamos a regresionar hacia un entendimiento de la poesía seudomoderno, comparativo y autoritario?


*El conde de Lautreamont dictaminó hace más de siglo y medio que "la poesía debe ser hecha por todos".

(Miguel Gutiérrez. El narrador maltrata tambien en su entrevista a su colega Iván Thays; dice que nunca lo invitó a su fenecido programa Vano Oficio, y trata al autor de El viaje interior de "ese sujeto". Más allá de mis discrepancias con el aún joven narrador, debo deplorar ese maltrato. Lástima que no se pueda linkear la entrevista.)


Llovet y topamientos sucesivos

Andaba rebuscando en la biblioteca un texto que ayude como introducción para un curso de narrativa hispanoamericana, cuando me topé con un libro del catedrático y crítico catalán Jordi Llovet. Perfecto. Lo leí durante dos días, y aunque adolece de cierto hegelianismo medio posero, tiene capítulos enteros sobre teoría textual y teoría del sujeto que muy bien pueden servir.

Ayer por la noche, luego de terminar el libro de Llovet, cogí un rato Bartleby y compañía (2000), de Enrique Vila-Matas –libro al que suelo regresar, por una u otra razón con alguna frecuencia- para toparme a su vez con la nota 23, donde el bostezante investigador de ese libro se topa en un diario catalán con una reseña literaria de Jordi Llovet donde el crítico confiesa haber abandonado la creación “a causa de su absoluta falta de imaginación”. Reflexiona el narrador:

No es nada normal que un reseñista, en medio de la crítica de un libro, nos hable de sí mismo y nos comunique a bocajarro que renunció a la creación literaria a causa de su escasa imaginación –se necesita, por cierto, imaginación para decir esto- (…) En fin. Hay que reconocer que la imaginación de decir que no tiene imaginación es una sensata coartada para no escribir, está muy bien buscada, es todo un hallazgo.

El libro, me refiero a Bartleby y compañía, como se sabe es un delicioso recuento de los escritores que forman lo que llama EV-M “el ejército del No”, seres radicales, alocados, geniales que se negaron en cierto momento a escribir o a continuar escribiendo. La reseña del hiperhonesto Llovet versa sobre el ensayista, novelista e historiador inglés William Hazlitt (1778-1830), un prolífico crítico que prácticamente no dejó de escribir en ningún momento y publicó su último libro el mismo año de su muerte: Conversations of James Northcote (1830).

(Jordi LLovet. Este profesor de literatura comparada tal vez no publique creación pero tiene una intensa actividad académica y cultural en España: talleres, cursos, seminarios, conversatorios.)
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LIMBICAS
*PRESENTACION LHYMEN 5. VIERNES 20 DE JUNIO DE 2008, SALON DE GRADOS 'ANTENOR ORREGO', FACULTAD DE HUMANIDADES, UNIVERSIDAD NACIONAL FEDERICO VILLARREAL. AV. NICOLÁS DE PIÉROLA 351 (EX-COLMENA). PRESENTARAN LA REVISTA: DR. GONZALO ESPINO RELUCÉ, LIC. NÉCKER SALAZAR MEJÍA, LIC, JORGE TERÁN MORVELI. HABRÁ BRINDIS DE HONOR.

17.6.08


Del poema en prosa I

En el taller que dicta Paul Guillén en Librería Época de Miraflores -las inscripciones se cerraron la semana pasada, por si acaso- , ha surgido un tema recurrente: el poema en prosa y sus posibilidades. Esto a partir de dos constataciones: la mayor parte de los asistentes al taller practica este tipo de poesía, y en general, según el profesor Guillén el poema en prosa atraviesa una suerte de auge a nivel latinoamericano.

En cierto momento traté de explicar la preeminencia de este tipo de texto a partir de la –más supuesta que real- libertad casi irrestricta que el poema en prosa ofrece al poeta. Como que se percibe que el poema en verso exige mayores restricciones y reglas que respetar, y por lo tanto es más limitado para expresar lo que los jóvenes de hoy sienten, sea en Lima, Arequipa, Santiago o Sao Paulo. La violencia urbana actual, la desaparición y/o descentramiento del sujeto, los nuevos medios y sus pliegues, parecen acoplarse mejor con el poema en prosa.

Por otro lado, se ahondó en la diferencia entre poema en prosa y en verso, dejando un poco a un lado esta supuesta diferencia de “exigencia” entre verso y poema en prosa. Se llegó a la conclusión de que el poema en prosa difiere del poema en verso solo por el aspecto formal, por la disposición gráfica del texto. (Esto es importante, pues veo que hay algunos estudios en la red que afirman que el poema en verso es más “musical” y “elaborado”; otros dicen que el poema en prosa utiliza menos figuras retóricas y metáforas . Eso es relativo.)

De otro lado, parece muchísimo más problemático establecer una frontera definida entre el poema en prosa y el microrrelato. Muchos poemas de Ramos Sucre o de Francis Ponge pueden cumplir perfectamente los requisitos -laxos, por lo demás- de lo que se conoce como microrrelato. Me inclino, por ahora, a incluir al microrrelato dentro de la poesía en prosa y en todo caso la dificultad de definir certeramente al microrrelato puede venir precisamente de su falta de independencia con respecto a la creación poética en prosa.

Un rasgo que me interesó precisar tiene que ver con la estatura literaria (no nos hagamos paltas con los términos) del poema en prosa. Recordé que la inmensa mayoría de poemas canónicos en cualquier idioma tienen una estructura verisificada, y que apenas se podía contar uno que otro poema de Una temporada en el infierno, o de Baudelaire, como muestras de la canonicidad del poema en prosa. Pero el poema en prosa no solo sería menos tradicional y canónico; sus objetivos serían distintos a los del verso, más contemporáneos y radicales*.

Parece que quien asume el poema en prosa como medio de expresión aspira a la creación de una unidad textual subvertora que no refleje simplemente un estado de ánimo, una visión o una representación de la realidad. El poema en prosa actual –aprovechando las ventajas del formato narrativo- busca constituirse en una realidad poética íntegra y autosostenida, que sumerje al lector en aquella realidad imaginal aislándolo en mayor o menor medida. En el caso del verso tradicional, uno casi nunca deja de tener la sensación de que está leyendo a "alguien", de que esta leyendo “poesía”; uno muy pocas veces abandona esa distancia crítica.

En fin, algunas reflexiones rápidas, iniciales, sobre un tema que seguiremos desarrollando. (Falta ver cuáles son las exigencias inherentes al poema en prosa.)

*Todo lo anterior, con mucho cuidado, por favor. El terreno es cenagoso. Un ejemplo divertido de la confusión y diversidad de posiciones con respecto al poema en prosa lo constituye la definición de este texto en Wikipedia: "La diferencia entre poema en prosa y poema en verso es que el poema en verso tiene más musicalidad y tiene poco o nada de rimas mientras el poema en prosa es todo lo contrario". Ver entrada completa.
(Portada de Illuminations, de Rimbaud, un clásico del poema en prosa.)

16.6.08


Fuentes de la narrativa

Agustín Prado y Alonso Rabi do Carmo publican una entrevista al autor de Terra Nostra (1975), el mexicano Carlos Fuentes, realizada en la Universidad de Brown recientemente. No tiene pierde, sobre todo la parte en que habla de los narradores jóvenes:

¿Quiénes entre los escritores mexicanos más jóvenes, le interesan?

-He leído a muchos escritores mexicanos jóvenes y me siento muy cerca de ellos: Jorge Volpi, Cristina Rivera Garzo, Ignacio Padilla, Xavier Velasco, Eloy Ross, en fin. Es un grupo muy interesante.

Roberto Bolaño, a pesar de no ser mexicano, ha censado la capital mexicana en Los detectives salvajes. ¿Qué opina de su obra?

-No he leído a Roberto Bolaño.

¿Y de otras regiones de Latinoamérica?

-Colombia tiene una abundancia de buenos escritores como Santiago Gamboa y Juan Gabriel Vásquez. En el Perú, ustedes tienen a Santiago Roncagliolo, que es un espléndido escritor joven. Chile tiene escritores como Arturo Fontaine, Carlos Franz y Sergio Missana, y Argentina ni se diga. Hoy existe una extraordinaria extensión de la escritura latinoamericana que no existía cuando yo era joven. En el "pre boom" éramos seis escritores; en el boom, doce. Si hoy contamos, de Argentina o Chile hasta México, podemos encontrar hasta cincuenta nombres. (sigue leyendo)

14.6.08


120 años de Pessoa

Varios diarios locales se refieren al 120 aniversario del nacimiento de este poeta de tantas variables creativas. La República reproduce a toda página un cable de EFE con últimas noticias sobre un homenaje internacional en Portugal, y Correo publica una notita donde se da cuenta de la intención de los heredores de Pessoa de subastar sus escritos, decisión que ha despertado una férrea oposición y un debate. Acá, humildemente, pego un poema casi desconocido de Alexander Search, como homenaje. Abajo encontrarán una súbita traducción.


Epigrama

«I love my dreams», I said, a winter morn,
To the practical man, and he, in scorn
Replied: «I am no slave of the Ideal,
But, as all men of sense, I love the Real.»
Poor fool, mistaking all that is and seems!
I love the real when I love my dreams.


Epigrama

"Yo amo mis sueños", le dije una mañana de invierno
al hombre pragmático, y él, desdeñoso, replicó:
"No soy esclavo del Ideal, sino, como todo
hombre sensato, me gusta lo Real". Pobre tonto,
!confunde lo que es con la apariencia!
Yo amo lo real cuando amo mis sueños.

(Fernando Pessoa en apunte de Moleskinecity.)
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Límbicas
*Casa de Citas. Revista de literatura los invita a la presentación de su quinto número dedicado a la migración. Participarán el grupo de fusión “electrocumbiafrojazz” Radiohuayco, y los destacados investigadores Santiago Alfaro y Teófilo Altamirano. Además, se proyectará un documental del grupo Chaski. La cita es en el Auditorio Dai Hall del Centro Cultural Peruano Japonés el día jueves 19 de junio a las 7:30 p.m. (Av. Gregorio Escobedo 803, Residencial San Felipe, Jesús María).

12.6.08


Microrrelato de Jorge Luis Borges

Tomado del segundo volumen del las Obras completas del escritor argentino, editadas por Emecé (2007). El vocablo que titula el cuento -publicado originariamente en El hacedor- ha sido extraído del Noruego antiguo y alude al fin de la era de los dioses y de los hombres, momento mítico descrito en antiguos textos de la mitología escandinava, como el Völuspá (s. X) islandés y la Edda en prosa de Snorri Sturluson (s. XIII).

Ragnarök

En los sueños (escribe Coleridge) las imágenes figuran las impresiones que pensamos que causan; no sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos. Si esto es así, ¿cómo podría una mera crónica de sus formas transmitir el estupor, la exaltación, las alarmas, la amenaza y el júbilo que tejieron el sueño de esa noche? Ensayaré esta crónica, sin embargo; acaso el hecho de que una sola escena integró aquel sueño borre o mitigue la dificultad esencial.
El lugar era la Facultad de Filosofía y Letras; la hora, el atardecer. Todo (como suele ocurrir en los sueños) era un poco distinto; una ligera magnificación alteraba las cosas. Elegíamos autoridades; yo hablaba con Pedro Henríquez Ureña, que en la vigilia ha muerto hace muchos años. Bruscamente nos aturdió un clamor de manifestación o de murga. Alaridos humanos y animales llegaban desde el Bajo. Una voz gritó: “¡Ahí vienen!” y después: “¡Los Dioses! ¡Los Dioses!” Cuatro a cinco sujetos salieron de la turba y ocuparon la tarima del Aula Magna. Todos aplaudimos, llorando; eran los Dioses que volvían al cabo de un destierro de siglos. Agrandados por la tarima, la cabeza echada hacia atrás y el pecho hacia adelante, recibieron con soberbia nuestro homenaje. Uno sostenía una rama, que se conformaba, sin duda, a la sencilla botánica de los sueños; otro, en amplio ademán, extendía una mano que era una garra; una de las caras de Jano miraba con recelo el encorvado pico de Thoth. Tal vez excitado por nuestros aplausos, uno, ya no sé cuál, prorrumpió en un cloqueo, increíblemente agrio, con algo de gárgara y de silbido. Las cosas, desde aquel momento, cambiaron.
Todo empezó por la sospecha (tal vez exagerada) de que los Dioses no sabían hablar. Siglos de vida fugitiva y feral habían atrofiado en ellos lo humano; la luna del Islam y la cruz de Roma habían sido implacables con esos prófugos. Frentes muy bajas, dentaduras amarillas, bigotes ralos de mulato o de chino y belfos bestiales publicaban la degeneración de la estirpe olímpica. Sus prendas no correspondían a una pobreza decorosa y decente sino al lujo malevo de los garitos y de los lupanares del Bajo. En un ojal sangraba un clavel; en un saco ajustado se adivinaba el bulto de una daga. Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.
Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.


---En la versión electrónica de la (tan borgiana) Enciclopedia Británica (2008), se dice que este periodo apocalíptico está precedido de “cruel winters and moral caos”. Se dice también que el sol se ennegrecerá, que las estrellas se desvanecerán y que la tierra será tragada por las aguas. Luego, habría un renacimiento terrenal. La idea de que los dioses olímpicos sean fugitivos escarnidos por las grandes religiones monoteístas es interesante sin duda. También lo es cómo introduce el narrador la idea de soberbia –indudablemente repudiada por todas las sociedades, occidentales u orientales- como uno de los motivos de que las cosas cambien con respecto a ellos, y se termine determinando su muerte. Muy en segundo plano, al menos es curiosa la forma en que el personaje que tiene el sueño se apoya en una teoría de “degeneración racial” para ilustrar la decadencia de los Dioses, y sobre todo que señale que rasgos de “mulato o de chino” son signos de ello.

(Representación de un juego japonés de rol "masivo online muy adictivo y con pocos requerimientos en recursos de PC" basado en la leyenda. También pueden chequear la discografìa del grupo de black metal noruego que lleva el nombre de Ragnarök.)

11.6.08


La parábola de los ciegos

La obra de Elias Canetti es desde hace muchos años una lectura recurrente para mí. Hojeando el cuarto volumen de la Obra completa publicada por Círculo de Lectores, me di con esta precisa descripción de un cuadro famoso de Brueghel (1525-1569). He leído algunas interpretaciones de este cuadro. La que más me gusta es la que lo ve como una alegoría del poder político, del liderazgo. Pero en sí, la descripción de Canetti ya es lo suficientemente estimulante. Va.


La idea de la ceguera empezó a perseguirme desde que, en mi primera infancia, un sarampión me hizo perder la vista durante varios días. Y un buen día descubrí a esos seis ciegos que avanzan en una línea oblicua unidos entre sí por los bastones o cogidos del hombro. El primero de ellos, que es también el guía, yace en la acequia; el segundo, a punto de seguirlo en su caída, vuelve hacia el espectador toda la cara: las cuencas vacías y la boca que, abierta por el miedo, deja los dientes al descubierto. La distancia que lo separa del tercero es mayor que la que existe entre los otros: ambos se aferran todavía al bastón que los une, pero el tercero ha sentido un tirón, un movimiento inseguro, y, vacilando ligeramente, se ha puesto de puntillas; su cara, que aparece de perfil –solo vemos no de los ojos ciegos-, no trasluce miedo miedo sino que esboza una pregunta, mientras que, detrás de él, el cuarto, rebosante aún de confianza, tiene la mano apoyada en su hombro y la cara mirando al cielo. Su boca, muy abierta, parece esperar de las alturas algo que a sus ojos les está vedado. No comparte con nadie el largo bastón que lleva en la derecha y en el cual no se apoya. Es el más creyente de los seis, lleno de esperanzas hasta en el rojo de sus medias calzas; detrás de él avanzan, resignados, los dos últimos, cada cual satélite del que tiene delante. También tiene la boca abierta, aunque menos; son los más alejados de la acequia, no esperan ni temen nada ni tienen pregunta alguna. Si los ojos ciegos no tuvieran tanta relevancia, habría algo que decir sobre los dedos de los seis, que aferran y palpan de manera distinta a como lo hacen los de la gente que ve, y también sobre sus pies, que tantean de otro modo el suelo.

(Cuadro de Brueghel. El ciego líder y sus satélites (sin alusiones). Pueden ver también El país de Jauja)

10.6.08


Falleció escritor y periodista Jorge Salazar

La nota es de Perú 21 on line. Salazar fue autor de La ópera de los fantasmas, entre otros libros de calidad. Como se recuerda, el escritor fue internado en el Hospital Loayza en setiembre pasado, víctima de una grave dolencia cardíaca.


El escritor y periodista Jorge Salazar falleció en la víspera a la edad de 68 años, debido a una dolencia cardiaca. Sus restos serán velados en la iglesia Virgen de Fátima.
El escritor nació en Lima en 1940 y ejerció el periodismo desde hace cinco décadas. Varias de sus investigaciones fueron publicadas, tal es el caso de La ópera de los fantasmas (1980), en que aborda la tragedia del Estadio Nacional de 1964, por lo que obtuvo el premio Casa de las Américas; o La medianoche del japonés (1992), en la que narra un asesinato cometido por un inmigrante nipón.
Otras obras suyas son Poggi: la verdad del caso (1987) y Los papeles de Damasco (2006). También incursionó en la crítica gourmet, siendo galardonado con el premio Gourmand World Cookbook Awards 2006 por Crónicas gastronómicas.
El año pasado había completado la serie de cuatro libros titulada Historia de la noticia, en la que hacía un recuento de los asesinatos de mayor repercusión mediática en el Perú ocurridos en el siglo XX.
Además de la crónica roja y de su afición a la cocina, también destacó en el campo del periodismo deportivo.

(Jorge Salazar. Descansa en paz.)

9.6.08


Poéticas & Rollos. Poesía y significado

Pero es tiempo de que lo recuerde: la significación no es de ningún modo lo que constituye un poema. Recuerden sus primeras lecturas, sus primeros descubrimientos en poesía. No fue a causa de una significación que se sintieron atraídos, niños aún, por un poema; y no interesados sino emocionados por lo que sentían en él de específicamente nuevo, en el borde exterior de la conciencia habitual. Escuchando “Ariadna, hermana mía” o “Esta noche en Circeto de los altos hielos (…) su corazón ámbar y spunk”, no es un pensamiento, ni tampoco un juicio lo que los perturbó, ni la impresión de que alcanzaban un indicio capaz de permitirles comenzar el estudio de lo que fueron Rimbaud o Racine. No, instantáneamente preferimos el poema, sin saber lo que en él se dice. Antes de medir las metonimias y metáforas trenzadas en su texto; lo preferimos por sus palabras, sus palabras en sí mismas, sus palabras tan evidentes como enigmáticas; las preferimos porque esos grandes vocablos, como de pie en el espíritu, parecen anunciar que designan algo existente de un modo más inmediato e intenso que antes, realmente de otro modo.
(…)
Sostenidas por los timbres, las asonancias, los ritmos, las palabras son en los versos menos los instrumentos para interpretar, conceptualmente, los aspectos del mundo, o construir una escena para el deseo, que, liberadas de sus cadenas, las convocatorias directas y hasta diría silenciosas que le restituyen a la cosa su brillo del jardín del Edén. La poesía no significa, muestra.

---Tomado del ensayo “La comunidad de los traductores”, incluido en el volumen titulado La traducción de la poesía (Pre-Textos, 2002), del poeta francés Yves Bonnefoy. Los énfasis son del poeta.

(Yves Bonnefoy.)
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Límbicas
*María Eugenia López en Antares: La poeta argentina leerá junto con PAUL GUILLÉN - ARIANNA CASTAÑEDA - ALESSANDRA TENORIO - ANAHÍ VÁSQUEZ DE VELASCO - FLORENTINO DÍAZ - SALOMÓN VALDERRAMA - BRUNO POLACK - PABLO SALAZAR-CALDERÓN - GIANCARLO HUAPAYA - ALBERTO ÁNGULO. Día: Jueves 12 de Junio 2008. Hora: 7.00 p.m. INGRESO LIBRE. Antares: Artes & Letras, Paseo de la República 5864 – Miraflores (Esquina vía Expresa/Benavides). Teléfono 444-3672.

8.6.08


Poesía poseída

El poeta Jerónimo Pimentel (Marineros & Boxeadores, Frágiles trofeos) publica en la edición de esta semana de Caretas un sentido y serio texto en torno a la muerte del poeta Alejandro Romualdo. Como los “blogs literarios informativos” no han dejado constancia de este hecho, en especial esa zona de noticias que ya todo el mundo sabe lo sectaria que es, les cuelgo aquí el texto íntegro, que lamentablemente no pueden ver libremente en la red.


Por Jerónimo Pimentel

El atestado policial pide imaginar que la garra del Perú fue la última visita que recibió el poeta Alejandro Romualdo (1926-2008), ganador del hoy desaparecido Premio Nacional de Poesía a los 23 años. Una visita a la que, como acostumbraba el escritor trujillano, no le pudo cerrar la puerta. Frente a eso, uno hubiera querido que el gobierno olímpico le entregue una pensión de gracia al poeta de ‘La Torre de los Alucinados’ y a sus coetáneos geniales aún con vida, pero eso es demasiado para quien sueña con laureles griegos y TLCs con Singapur. La poesía peruana se produce y se exporta, pero no viaja en containers ni se paga al peso ni existe en las cifras macro económicas de la prosperidad nacional.

Uno hubiera querido que los medios con los que otros Estados protegen mínímamente a sus artistas, como premios, pensiones, becas e iniciativas para el mecenazgo privado, hubieran servido para crear un corolario más acorde con un poeta clave en la formación peruana, pero eso sería pedirle al ministro ad hoc que cumpla en verdad sus funciones, o más aún, que piense, y nadie en el Ejecutivo está para eso. Mejor es hacerse el liberal, negar por principio los subsidios a artistas, verlos desfallecer en la miseria y seguir usufructuando en materiales educativos su producción literaria para la construcción de una identidad. El matiz lo dará algún lector disfrazado de burócrata que esperará a que el vate cumpla 80 años para darle una medallita de lata. Un símbolo es mejor que nada, pero también es el recordatorio de una acción efectiva inexistente. Eso fue lo que hizo la Sunat con Javier Sologuren (los recaudadores de impuestos, ¡compasivos!), y ese fue el gesto que tuvo el INC con Romualdo al publicarle ‘¡Ni pan, ni circo!’ a los 78 años. ¿A quién hay que dar las gracias?

En los últimos años los poetas peruanos mueren como peruanos, es decir, mal. Caen atropellados por combis y buses y se les sepulta como N. N. En sus velorios se hacen colectas para enterrarlos. Padecen largos abandonos. Si tienen la suerte de llegar a hospitales, los médicos los desahucian en sus propias narices y ningún enfermero en bata hace siquiera una mueca misericorde que permita soslayar la pena del veredicto. Las últimas pérdidas han sido durísimas: Valcárcel, Calvo, Westphalen, Delgado, Sologuren, Martínez, Bendezú, Watanabe, Ramírez Ruiz, Guevara, Eielson, Romualdo. Fallecen los artífices de una de nuestras tradiciones artísticas más preciadas, muchos de ellos en condiciones de indignidad fácilmente remediables con una asistencia básica (pero hay que tener cuidado en no hacer mucha bulla, porque en Lima la inelegancia es más censurable que la miseria).

Un rápido repaso basta para concluir que nacer poeta en el Perú, más allá de generaciones, estéticas y posiciones sociales efímeras, depara una misma condena. La respuesta simple será crear la maldición de César Vallejo: los sucedáneos de oficio replicarán su padecimiento. La explicación verdadera, sin embargo, está lejos de cualquier mitología y es más bien hiperrealista: si algo no ha cambiado en el Perú es la indolente indiferencia del Estado respecto a quien escribe, o mejor, respecto a todo aquel que no cuente con los medios para escapar de los servicios de auxilio estatal… cuando existen. Y como del mercado no se puede esperar nada, pues en el Perú ni los narradores pueden vivir de sus palabras, llegamos a la conclusión de que la vocación poética está destinada a ser llevada en la frente como una marca de Caín inversa: no promete la inmortalidad, sino el beso frío de una muerte malhadada y segura.

Ahora, ¿de algo sirve la muerte de un poeta? La pregunta es cínica y la respuesta también lo será: al menos mediáticamente el poeta peruano vale más en la tumba que escribiendo. La sentencia se justifica constatando cuántos poemarios han llegado a ser portada de tabloides, “mérito” fácilmente alcanzable por el deceso de uno de sus creadores. Esta falta de correspondencia, que puede ser el indicador clave de una sociedad en la que el artista no puede vivir de su producción y donde el éxito se mide por copias piratas vendidas, es la peculiaridad de un pueblo que celebra enmascaradamente el tánatos, una cultura donde el policial perdió sus rasgos de género frente al costumbrismo hace mucho tiempo. Óscar Málaga: “La poesía cada vez te da menos: en los 50s te ofrecía viajes a los países socialistas, en los 70s un trabajito, en los 80s ya nada, y en los 90s ni siquiera tienes status. Ahora el poeta es un vago, un ocioso, un cholo de mierda” (CARETAS 1867).

La muerte de todo poeta representa una doble tragedia. La primera es distinguible, y la española Carmen Martín Gaite la resume bien: “lo raro es vivir”. La segunda es más gremial, pero no por ello menos vívida: cuando un poeta muere todos los poetas mueren. En cada aliento final hay un último verso no expresado. Un aliado ha caído, una voz calla. El poeta se vuelve metáfora, pero ¿ya de qué sirven?
(Alejandro Romualdo.)

7.6.08


Gabriela Wiener publica

Luego de leer una crónica de la poeta y periodista limeña residente en España en el reciente número de Letras Libres, hice un clic en “aquí” para obtener más información y me encuentro con su libro Sexografìas, publicado por editorial Melusinas este año. Del libro han dicho:


Gabriela Wiener parece haberse convencido de que ser periodista consiste en ser Ulises y Homero a la vez: el encargado de naufragar en pos de una cada vez más lejana Itaca y el encargado de narrarlo unidos en la misma persona. El resultado de esa unión es este libro fascinante.

Juan Bonilla


El libro cautiva porque su protagonista cautiva. Hay que ser una persona especial para escribir sexografías.

Javier Calvo

Gabriela Wiener se pasea por los mundos del sexo como una antropóloga curiosa que visita un planeta de alienígenas: observadora, detallista, divertida, aguda y atinada traductora del disparate de la vida.

Rosa Montero

Lea este libro en la intimidad, con su pareja o con otros adultos previo consentimiento. Léalo usando protección y sin descuidar los jugueteos preliminares. Pero léalo. Gabriela Wiener nunca ha decepcionado a sus lascivos, lujuriosos e insaciables lectores.

Santiago Roncagliolo


Gabriela nos revela en estas crónicas inteligentes, lúcidas y divertidas todo un mundo fascinante porque no tiene miedo a revelarse. Pasen y descubran por qué esta peruana se ha convertido en uno de los referentes imprescindibles de la crónica hispanoamericana actual.

Edmundo Paz-Soldán

La lectura de Sexografías nos produce la perversa pero nada culposa alegría de habernos cruzado con una suerte de Marco Polo hembra y X-Rated. Sólo que en el caso de esta implacable y arriesgada y sabia y llena de gracia viajera y cronista que es Gabriela Wiener, todo parece ser —y es— rigurosamente cierto y verdadero y real.

Abandonad —vale la pena hacerlo— todo pudor al entrar y penetrar aquí: Wiener pone el cuerpo y las palabras; pongan ustedes las manos para sostener y tocar lo que escribe, los ojos para mirarla leyéndola y, más que bien acompañados, gocen de una de las voces —literal y literariamente— más sexys de los últimos tiempos.

Rodrigo Fresán

(Portada.)
Taller de Poesía Librería Época: nuevo grupo
Como se sabe, mañana sábado por la tarde empieza el taller de poesía de Paul Guillén en Librería Época del Óvalo Gutiérrez. Pero hay un nuevo grupo que empieza el miércoles 11 de junio, debido a la insistencia de algunas personas interesadas. Se pueden inscribir en el teléfono 2412951 o en el mismo local: Comandante Espinar 864, Miraflores. Nos vemos por ahí.

6.6.08


Felisberto Hernández y el agua sagrada

Una lectura de “La casa inundada”. En la calidez de mi habitación, en un silencio tibio que es a su manera como estar rodeado de agua (placental, digamos). Una lectura que me arroja una serie casi continua de pequeñas sorpresas, de escándalos del pensamiento, nimios. Tengo a la mano algunos de los mejores diccionarios de símbolos, por fortuna. Reviso, en cada uno de ellos, la extensa y ordenada simbología de aquel elemento esencial. El más completo en este punto es el monumental Diccionario de los símbolos (1999) de Chevalier-Gheerbrandt, que sintetiza los sentidos del agua en tres grandes ámbitos: fuente de vida, medio de purificación, centro de regeneración. El agua es además –y esto está relacionado con aquellos significados- la materia prima por excelencia, la suma de todas las posibilidades de lo existente, la muerte final de todo lo creado (los diluvios).

Nada de eso, extrañamente, da una idea completa de lo que parece sugerir el relato de Felisberto Hernández; todo ello, a su vez, de algún modo alude al texto y a su historia. Comenzaré entonces por esto último, pues no hay duda que tendré que vérmelas yo solo, sin ayuda simbológica, contra semejante reto narrativo. Hay una mujer que vive y domina en una demencial residencia completamente inundada de agua. La mujer tiene una relación especial con ese elemento, una suerte de militancia o afiliación religiosa a él. El narrador protagonista es invitado a pasar una temporada en la casa. Es escritor, es perceptivo, es abierto. El relato es el minucioso recuento de todas las peripecias que ese escritor pasa en sus dos breves temporadas en aquella casa, de donde es desalojado y vuelto a alojar, hasta su desagüe (impropio decir “destierro”) final.

Nueva relación. El narrador establece poco a poco una relación de dependencia con la mujer. El narrador, paulatinamente también, es introducido en lo que llamaré una nueva relación con el agua. Me refiero no solo a una relación más allá de lo práctico con ese elemento, sino a un entendimiento superior de su naturaleza y de sus posibilidades:

Ella quería que el agua se confundiera con el silencio de sueños tranquilos, o de conversaciones bajas de familias felices (…)También quería andar sobre el agua con la lentitud de una nube y llevar en las manos libros, como aves inofensivas. Pero lo que más quería es comprender el agua (…) el agua lleva dentro de sí algo que ha recogido en otro lado y no sé de qué manera me entregará pensamientos que no son los míos y que son para mí. (pp 262)*

El narrador llega a recordar, con cierto nivel de precisión, algunos avances de la mujer entorno a su comprensión distinta del agua, en acuerdo a la idea general de que “hay que cultivar los recuerdos en el agua, que el agua elabora lo que en ella se refleja y que recibe el pensamiento”. (Como se ve, hay una dinámica especular con el agua, a ser desarrollada o desentrañada –emergida.). Un arroyo, por ejemplo, le parece que “corre con una esperanza desinteresada y nadie puede con ella”; pero si el agua que corre no es generosa, entonces puede empozarse y ese pozo ser “como la cabeza de un loco”. Esta nueva relación con un objeto de la realidad, por más prestigioso que sea, tiene un clímax cuando la señorita Margarita, luego de haber desfogado un llanto nostálgico, vuelve a su obsesión con las aguas quietas:

Yo debo preferir, seguía pensando, el agua que esté detenida en la noche para que el silencio se eche lentamente sobre ella y todo se llene de sueño y de plantas enmarañadas. Eso es más parecido al agua que llevo en mí; si cierro los ojos siento como si las manos de una ciega tantearan la superficie de su propia agua y recordara borrosamente un agua entre plantas que vio en la niñez, cuando aún le quedaba un poco de vista. (pp. 251)


Lógica ritual. No estamos aquí, es claro como el agua, en el terreno de la realidad causal, ni siquiera plenamente en el de la ficción convencional. Pero tampoco se trata de un mero fantaseo onanista o de un rol onírico de hechos inconexos o lejanamente asociados. Hay un rigor distinto en este relato donde lo ritual ejerce un poder de cohesión que la lógica formal y aún la ficcional no han llegado a establecer (o se ha desestimado que establezcan). Poco importa que el narrador anuncie inconvenientemente el reinicio de la historia que quiere contar desde otra perspectiva

Pero ahora yo debo esforzarme en empezar esta historia por su verdadero principio, y no detenerme demasiado en las preferencias de los recuerdos. (pp 237),

pues el lector ya está engagé con la suave obsesividad con que el narrador empieza a seguir hasta el final las instrucciones rituálicas, casi chamánicas, de esa enorme y oscuramente maternal mujer. Las restricciones que implementa en la casa, la sutileza enigmática con que maneja la relación con el narrador, sus elaboraciones conceptuales sorprendentes y de una extraña poeticidad, las arduas ceremonias acuáticas a que somete a su invitado, apuntan secretamente a la implementación de una lógica sacra (en el más amplio sentido) que tiene que ver con una visión religiosa de la realidad y, obvio, del agua:

y a medida que el relato avanzaba el agua se iba presentando como el espíritu de una religión que nos sorprendiera en formas diferentes, y los pecados, en esa agua, tenían otro sentido y no importaba tanto su significado. El sentimiento de una religión del agua era cada vez más fuerte. Aunque la señora Margarita y yo éramos los únicos fieles de carne y hueso, los recuerdos de agua que yo recibía en mi propia vida, en las intermitencias del relato, también me parecían fieles de esa religión; llegaban con lentitud, como si hubieran emprendido el viaje desde hacía mucho tiempo y apenas cometido un gran pecado. (pp 252)

De hecho la ruptura por parte del narrador de un delicado trance ceremonial -que incluía la adoración de un sugerente “chivo blanco de barba parado sobre sus patas traseras”- desencadena su expulsión de la casa inundada y el final de su relación con la mujer, y del cuento en sí. No es, pues, la desconfianza, el escepticismo (manifiesto veladamente por ahí) o la desilusión (acaso esbozada en las páginas finales) surgidos en él lo que determina el final del juego sagrado, sino el incumplimiento de una liturgia secreta e inmarcesible.

Estrategias expresivas. ¿Cómo hace Felisberto para equilibrar en el nivel expresivo la alucinante tarea de hacer creíble semejante historia? El espacio no me deja explayarme, así que solo señalaré dos rasgos complementarios: recurre, cuando es conveniente, al uso de expresiones que introducen una profunda subjetividad e incertidumbre en el relato:

“tuve la impresión de que…”


“no sé por qué tenía miedo…”

“yo pensaba que…”

“aquella región me pareció…”

No sé por qué causa, Alcides…”

“y no sé en qué pensamientos andaría cuando…”



Y cuando es adecuado a su personal estrategia narrativa, el relato se vuelve afirmativo, seguro, de un gran rigor descriptivo y asertivo.

Me dijo que me invitaba para el atardecer a una sesión de homenaje al agua. Al atardecer yo oí el ruido de las budineras, con las corridas de María, y confirmé mis temores: tendría que acompañarla en su “velorio”. Ella me esperó al pie de la escalera cuando era casi de noche. Al entrar, de espaldas a la primera habitación, me di cuenta de que había estado oyendo un ruido de agua y ahora era más intenso. En esa habitación vi un trinchante. (Las ondas del bote lo hicieron mover sobre sus gomas infladas, y sonaron un poco las copas y las cadenas con que estaba sujeto a la pared.) Al otro lado de la habitación había una especia de balsa, redonda, con una mesa en el centro y sillas recostadas a una baranda…” (pp 258)

Me eximo de registrar aquella elaborada ceremonia de homenaje al agua. Ha sido descrita con fruitivo detenimiento, con un detallismo tan vívido que el pasaje se destaca como si la ambigüedad y la falta de certidumbre del narrador constituyeran la aleación en la que se engasta la joya (litúrgica) de aquella ceremonia final -más que onírica, más que “surrealista”, más que paranoide-, para mostrarse en todo su fulgor. Un fulgor religioso, sin duda.

*Todas las citas son de la sexta edición de las Obras completas publicadas por Siglo XXI (2000).

Comentario de Enrique Vila-Matas (y foto): "Leyendo tu nota sobre Felisberto y el agua, me ha venido a la memoria una cita de Abel Bonnard sobre el agua y los peces:


"El mundo de los peces es una fiesta sin alegría; maravilla los ojos dejando indiferente el corazón".

Para no perder la costumbre, mando otra foto de mi nueva etapa. Un abrazo. Enrique"


No está demás recordar que Abel Bonnard fue un poeta y novelista francés del siglo veinte, autor de Elogio de la ignorancia (1926) y otros títulos tal vez olvidados.


Comentario de Fernando Ampuero: "Muy buena tu nota sobre Filisberto. Yo descubrí tarde a este autor, hace cosa de diez años, gracias a un artículo de Julio Cortázar, que lo enzalzaba y prácticamente lo reconocía como su antecesor directo. Me impresionó sobre todo el cuento que citas, La casa inundada, un texto en el que el lector flota suavemente a la deriva, pero con el pulso acelerado. Filisberto tiene la veracidad de los sueños, en el momento justo en que los estamos soñando. Por varias partes yo encontré vasos comunicantes con mi cuento Malos modales, donde también hay una mujer y una casa al borde del mar que, en días de mareas altas, se inunda. Esa casa, que quedaba en La Punta, existió y yo la visité mucho. Las olas rompían estrepitosamente contra la puerta falsa e inundaban lo que había sido el garage de los botes, zonas ya inutilizadas. La familia de La zurda ocupaba solo la parte delantera de la casa.
Gran abrazo, Fernando."




(Felisberto Hernández. Portada. Enrique Vila-Matas.)
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